
El “oro blanco” ha endeudado a los campesinos.
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“Aunque la mundialización
no se elija, al menos ha de ser aceptada por lo que implica. La dosis impuesta a
Africa tal vez sea un poco fuerte; si la mundialización no se traduce en igualdad
para todos, menos aún ha de
ser la dominación
del más débil por el más fuerte.”
Gertrude
Mongella,
ex miembro del Parlamento de Tanzanía, Secretaria General de la Conferencia
de Beijing sobre la Mujer (1995)
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Indicadores
básicos
Población
(millones, 1998): 11,3
PNB (miles de millones de dólares): 2,6
PNB por habitante
(en dólares): 240
Población por debajo del límite de la pobreza a 1$ diario (%): 61,2
Fuente: Informe sobre
desarrollo humano 2000, PNUD. |
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En Burkina Faso los campesinos
se han agrupado en una federación —la FENOP— que les ayuda a afrontar la liberalización
del sector y a relacionarse con el movimiento campesino mundial.
Ousséini Ouédraogo, bien cumplidos los 40, conserva
su fuerza física y moral bajo sus espaldas de leñador. Es él
quien coordina los programas de la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas
(FENOP),
estructura creada en 1996 y hoy presente en todo Burkina Faso a través de
sus 197 delegaciones, 500 asociaciones de base y 400.000 miembros.
Ingeniero agrónomo, Ousséini Ouédraogo se bate por los agricultores
burkinabeses. En ese país saheliano, cerca de 80% de la población vive
de la tierra. Pero la situación de los campesinos es precaria debido a una
mecanización agrícola casi inexistente, al analfabetismo y al bajo
rendimiento de los cultivos. La exportación de algodón supuso en 1998
los dos tercios de las divisas del país, unos 170 millones de dólares.
Ese mismo año la ganadería representó el 15% de las exportaciones
(casi 4 millones de dólares).
“El campesino”, dice Ouédraogo, “tiene derecho a ser respetado. Trabajamos
para revalorizar su situación, para defender sus intereses. Cuando en algún
sitio nos necesita, siempre estamos presentes.” La FENOP está librando su primera batalla contra un “enemigo
interior”. Desde 1997, un grave conflicto la opone a la Sociedad de Fibras Textiles
(SOFITEX),
que reina sobre el sector del algodón y tiene el monopolio de los insumos
y la comercialización. La gente está desanimada pues es como si una
oscura maldición se hubiese abatido sobre el “oro blanco”. Las orugas han
invadido los campos de algodón y, lo que es peor, los pesticidas proporcionados
por una filial de SOFITEX son ineficaces. Cada año los campesinos tienen que endeudarse
hasta el cuello al comenzar la temporada agrícola y ahora se sienten acorralados.
Algunos han optado por marchar hacia el exilio y los ha habido que se han suicidado.
Acudiendo a la opinión pública, Ouédraogo y los suyos invitaron
a un órgano de prensa privado, Le Pays, a visitar el terreno. La SOFITEX contraatacó
organizando para otros periódicos giras de propaganda a la zona algodonera.
Fue entonces cuando la FENOP recibió el apoyo inesperado de L’Indépendant, dirigido
por el periodista de investigación Norbert Zongo (asesinado el 13 de diciembre
de 1998). Esta muerte hizo estallar la ira acumulada y el gobierno, para calmar la
situación, condonó todas las deudas contraídas para comprar
pesticidas. Entre campesinos nadie recuerda que el Estado hubiese dado marcha atrás
debido a la cólera popular.
La FENOP
está orgullosa de esta victoria. Pero hay que seguir luchando, esta vez en
el frente más amplio de la liberalización del sector y del comercio
agrícolas. A partir de los años 80, las políticas de ajuste
estructural han cercenado duramente las ayudas a los agricultores (abonos subvencionados,
formación, etc.). Por lo demás, la baja de los derechos de importación
ha contribuido a aumentar la competencia entre los productos nacionales y extranjeros
en el mercado interno. Los acuerdos intergubernamentales concluidos en enero de 2000
para la política de integración regional de Africa Occidental reforzaron
la tendencia a la baja de los aranceles aduaneros. Como ocurre con frecuencia ante
este tipo de situaciones nadie ha consultado antes al campesino.
En ese contexto, la FENOP ha emprendido dos batallas: contra la banana de Côte d’Ivoire
y contra el arroz asiático, símbolos por antonomasia de la liberalización
de los intercambios. Pero la lucha contra la banana de Côte d’Ivoire parece
ilusoria. Aunque sea menos buena que la pequeña burkinabé, esa fruta
tiene mejor aspecto y resulta más barata. Producida en grandes explotaciones
modernas, disfruta de condiciones climáticas más favorables. La batalla
contra el arroz asiático —que se impone en perjuicio de los cereales locales—
parece un poco mejor orientada, aunque a condición de desenredar los hilos
de la corrupción. “Hicimos una investigación”, cuenta Ouédraogo,
“y comprobamos que la tonelada de arroz cuesta en el mercado de Uagadugu 25% menos
de lo que debería si los importadores respetaran todos los impuestos”. Añade
que el arroz burkinabé “es de mejor calidad, pues procede de cosechas recientes,
mientras que el importado tiene a veces de 7 a 10 años. No cabe duda de que
para conservarlo hubo que añadirle productos químicos, pero muchos
consumidores lo ignoran”.
Según sus dirigentes, la FENOP combate para que los productores no sean los convidados de
piedra en la boda de la mundialización y sepan penetrar en los mercados con
futuro. Está ahí para informar y preparar a los campesinos y produce
y divulga películas por las antenas de la televisión nacional sobre
sectores con buenas expectativas como el de los productos oleaginosos: cacahuete,
karité, sésamo. Pocos son en efecto los campesinos que saben que este
último arrojó hace dos años un beneficio de unos cuatro millones
de dólares, ganancia obtenida gracias a la calidad del sésamo burkinabé
(paradójicamente cultivado sin abonos, por falta de medios), en un momento
en que los productos “biológicos” están de moda en Europa y en Asia.
La apertura de las fronteras nacionales tiene a veces aspectos positivos. Pero, hay
que tener cuidado en no vender el alma al diablo. “Defendemos una suerte de agricultura
ciudadana”, explica Ousséini, “como José Bové en Francia. Por
lo demás, en septiembre de 1999 adoptamos una moción de apoyo a ese
campesino, entonces encarcelado.” No se trata de la guerra del Sahel contra Mc Donald’s,
pero las organizaciones campesinas preparan sus armas. Frente a un Estado que procura
dividir y denigrar al movimiento campesino, la FENOP sabe que necesita aliados. A principios de julio de 2000
participó en la creación de una organización regional de los
movimientos campesinos de Africa Occidental y mantiene contactos con Vía Campesina,
un movimiento de apoyo a la cultura y la lucha de los campesinos.
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