|
“Hemos observado a menudo
que el mundo se encogía con el desarrollo de medios veloces de comunicación
y de transporte. En cambio, lo cierto es que el mundo se agrandaba en la medida en
que millones de personas marginadas durante siglos por la civilización dominante
se abrían camino en la sociedad moderna.”
Martin
Luther King Jr, Dirigente religioso y activista en favor de los derechos civiles
(1929-1968)
|
Si en las sociedades humanas
todas las respuestas son específicas, las preguntas son comunes

http://www.fph.ch
http://www.echo.org |
Tras el tiempo de oposición
vino el período de la participación crítica en los foros mundiales:
ahora la sociedad civil quiere proponer alternativas.
Al comienzo se experimenta esa sensación, tan frecuente,
de impotencia. Nace de una paradoja, enunciada con menor o mayor claridad pero presente
por doquier: para sobrevivir la humanidad va a tener que emprender transformaciones
muy profundas pero los “grandes actores” políticos y económicos, prisioneros
de sus intereses, de su miopía y de sus compromisos no tomarán iniciativa
alguna. Conclusión: son los simples ciudadanos los que habrán de organizarse
a escala mundial para pasar de la impotencia a la resistencia, luego al compromiso
y a proponer alternativas.
A esta constatación hay que añadir otras tres. La primera constituía
la razón de ser de la fundación Charles Léopold Meyer1 —la Fundación
para el Progreso del Hombre (FPH), creada en 1982: vincular la lucha por mejorar el mundo
con la reflexión sobre ese mundo. Nuestras sociedades, que nunca habían
sido tan ricas ni tan sabias, parecían incapaces de dar satisfacción
a las aspiraciones y necesidades fundamentales de la humanidad. Por consiguiente,
era preciso relacionar la reflexión con la acción, el progreso del
conocimiento con el progreso humano.
En sus comienzos, la fundación respaldó actividades que ligaban lo
uno y lo otro, originales pues para la época. Se trataba, por ejemplo, de
ayudar a montar en 10 regiones del Brasil un mecanismo para recoger saberes tradicionales
y confrontarlos con los conocimientos científicos, o de reformar la enseñanza
de la agronomía en Tanzania para que respetase más el mundo campesino.
La ejecución de esos proyectos nos llevó a dos descubrimientos: Por
una parte que si en las sociedades humanas todas las respuestas son específicas,
las preguntas son comunes. De pronto cobramos conciencia de que en cada uno de esos
proyectos iniciales se habían planteado las mismas interrogaciones, que se
deslizaban como hilos rojos de un extremo a otro del planeta, de Norte a Sur y de
Este a Oeste. Hilos rojos disimulados a menudo por la complejidad, en algunas situaciones
concretas, de los determinantes estructurales y la compartimentación de las
mentes, de las instituciones y de los campos del conocimiento.
Esas preguntas comunes han pasado a ser la materia de nuestros programas y en que
se funda la prioridad dada a su entrada en la red. Equipar a algunos de nuestros
colaboradores con ese formidable útil de ayuda potencial a la democracia que
es Internet se ha convertido en una de la prioridades de la Fundación.
Segundo descubrimiento: el conocimiento más útil a la acción
nace de la propia acción, es decir, de la experiencia de uno mismo y de la
de los demás. Pero esa experiencia tiene que se captada y capitalizada. De
ahí la necesidad de vincular los flujos de información con las bases
de datos, de crear un instrumento de comunicación y de inteligencia colectiva:
a partir de 1986 la fundación construyó poco a poco un banco internacional
de intercambio de experiencias, estableciendo para empezar una norma común
para ordenar la información y poder intercambiarla. Esta “mutualización
de la experiencia” se aplica hoy día a ámbitos tan diversos como la
geopolítica de las drogas, la exclusión en Asia, la intervención
en suburbios en el Norte de Francia o las experiencias educativas innovadoras en
el Brasil. Se apoya en 8.000 fichas proporcionadas por individuos y organizaciones
locales, nacionales y regionales, instituciones, laboratorios y ONG. La Asociación de alcaldes
de China estudia adoptar nuestras normas. Estos medios, que permiten que algunos
miembros de la red lleguen a ser, en su esfera, más competentes que los expertos
reconocidos, es una de las claves de la entrada de la “sociedad civil” en una tercera
fase de su historia. Tras los tiempos de la oposición, tras los tiempos de
la participación crítica en las grandes conferencias mundiales, ha
llegado el momento de poner en contacto las alternativas que se buscan, se piensan
y se inventan de un extremo a otro del planeta para dar tiempo a la iniciativa. El
tiempo para pensar localmente, a partir de realidades específicas de cada
cual, es el tiempo para actuar mundialmente.
Esta unión constituida de manera perdurable, en aras de una meta común
pero respetando al especificidad de cada cual, es la verdadera base de la Alianza
para un mundo responsable, plural y solidario. Surgida en 1993, agrupa hoy día
afiliados de 115 países. Su último proyecto es “contribuir a la formalización
y la puesta en práctica de una ‘gobernabilidad mundial’ adaptada al desafío
del siglo XXI”.
1. Charles Léopold Meyer (1881-1971), filósofo,
químico y filántropo, realizó también inversiones a largo
plazo… Son sólo los beneficios que da su patrimonio los que alimentan el presupuesto
de la fundación, cuya cuantía asciende a unos 8 millones de dólares
anuales.
|