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2. Los nuevos ciudada
| Lejos de Seattle | Igorots en la escena mundial | Tradición indígena y mundialización | La ira de la gente del campo | Pescadores modestos contra peces gordos | La lucha de clases vista desde Silicon Valley |
Reconstruir la relación

Pierre Calame, director de la Fundación para el Progreso del Hombre (FPH)

“Hemos observado a menudo que el mundo se encogía con el desarrollo de medios veloces de comunicación y de transporte. En cambio, lo cierto es que el mundo se agrandaba en la medida en que millones de personas marginadas durante siglos por la civilización dominante se abrían camino en la sociedad moderna.”

Martin Luther King Jr, Dirigente religioso y activista en favor de los derechos civiles (1929-1968)








Si en las sociedades humanas todas las respuestas son específicas, las preguntas son comunes



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http://www.fph.ch
http://www.echo.org

Tras el tiempo de oposición vino el período de la participación crítica en los foros mundiales: ahora la sociedad civil quiere proponer alternativas.

Al comienzo se experimenta esa sensación, tan frecuente, de impotencia. Nace de una paradoja, enunciada con menor o mayor claridad pero presente por doquier: para sobrevivir la humanidad va a tener que emprender transformaciones muy profundas pero los “grandes actores” políticos y económicos, prisioneros de sus intereses, de su miopía y de sus compromisos no tomarán iniciativa alguna. Conclusión: son los simples ciudadanos los que habrán de organizarse a escala mundial para pasar de la impotencia a la resistencia, luego al compromiso y a proponer alternativas.
A esta constatación hay que añadir otras tres. La primera constituía la razón de ser de la fundación Charles Léopold Meyer
1 —la Fundación para el Progreso del Hombre (FPH), creada en 1982: vincular la lucha por mejorar el mundo con la reflexión sobre ese mundo. Nuestras sociedades, que nunca habían sido tan ricas ni tan sabias, parecían incapaces de dar satisfacción a las aspiraciones y necesidades fundamentales de la humanidad. Por consiguiente, era preciso relacionar la reflexión con la acción, el progreso del conocimiento con el progreso humano.
En sus comienzos, la fundación respaldó actividades que ligaban lo uno y lo otro, originales pues para la época. Se trataba, por ejemplo, de ayudar a montar en 10 regiones del Brasil un mecanismo para recoger saberes tradicionales y confrontarlos con los conocimientos científicos, o de reformar la enseñanza de la agronomía en Tanzania para que respetase más el mundo campesino.
La ejecución de esos proyectos nos llevó a dos descubrimientos: Por una parte que si en las sociedades humanas todas las respuestas son específicas, las preguntas son comunes. De pronto cobramos conciencia de que en cada uno de esos proyectos iniciales se habían planteado las mismas interrogaciones, que se deslizaban como hilos rojos de un extremo a otro del planeta, de Norte a Sur y de Este a Oeste. Hilos rojos disimulados a menudo por la complejidad, en algunas situaciones concretas, de los determinantes estructurales y la compartimentación de las mentes, de las instituciones y de los campos del conocimiento.
Esas preguntas comunes han pasado a ser la materia de nuestros programas y en que se funda la prioridad dada a su entrada en la red. Equipar a algunos de nuestros colaboradores con ese formidable útil de ayuda potencial a la democracia que es Internet se ha convertido en una de la prioridades de la Fundación.
Segundo descubrimiento: el conocimiento más útil a la acción nace de la propia acción, es decir, de la experiencia de uno mismo y de la de los demás. Pero esa experiencia tiene que se captada y capitalizada. De ahí la necesidad de vincular los flujos de información con las bases de datos, de crear un instrumento de comunicación y de inteligencia colectiva: a partir de 1986 la fundación construyó poco a poco un banco internacional de intercambio de experiencias, estableciendo para empezar una norma común para ordenar la información y poder intercambiarla. Esta “mutualización de la experiencia” se aplica hoy día a ámbitos tan diversos como la geopolítica de las drogas, la exclusión en Asia, la intervención en suburbios en el Norte de Francia o las experiencias educativas innovadoras en el Brasil. Se apoya en 8.000 fichas proporcionadas por individuos y organizaciones locales, nacionales y regionales, instituciones, laboratorios y
ONG. La Asociación de alcaldes de China estudia adoptar nuestras normas. Estos medios, que permiten que algunos miembros de la red lleguen a ser, en su esfera, más competentes que los expertos reconocidos, es una de las claves de la entrada de la “sociedad civil” en una tercera fase de su historia. Tras los tiempos de la oposición, tras los tiempos de la participación crítica en las grandes conferencias mundiales, ha llegado el momento de poner en contacto las alternativas que se buscan, se piensan y se inventan de un extremo a otro del planeta para dar tiempo a la iniciativa. El tiempo para pensar localmente, a partir de realidades específicas de cada cual, es el tiempo para actuar mundialmente.
Esta unión constituida de manera perdurable, en aras de una meta común pero respetando al especificidad de cada cual, es la verdadera base de la Alianza para un mundo responsable, plural y solidario. Surgida en 1993, agrupa hoy día afiliados de 115 países. Su último proyecto es “contribuir a la formalización y la puesta en práctica de una ‘gobernabilidad mundial’ adaptada al desafío del siglo
XXI”.


1. Charles Léopold Meyer (1881-1971), filósofo, químico y filántropo, realizó también inversiones a largo plazo… Son sólo los beneficios que da su patrimonio los que alimentan el presupuesto de la fundación, cuya cuantía asciende a unos 8 millones de dólares anuales.