
L’Etat des lieux
(El Estado de la cuestión). |
¿Cuál es
nuestro papel, el de las ONG? ¿Y en nombre de qué
podemos exigir una “gobernabilidad mundial”, nueva base democrática indispensable
de la mundialización o globalización?
Las
ONG no nacieron ayer. Pero en los
últimos decenios, al calor de los combates que agitan nuestro “mundo mundializado”
por el neoliberalismo, se han multiplicado y diversificado, y su notoriedad y su
visibilidad han aumentado.
¿Quiénes son los actores protagonistas de la globalización?
Los gobiernos (la política) y el mercado (la economía) son los pilares
en que se sostienen la organización y los modos de producción de las
sociedades modernas. Ahora bien, ¿quién puede cambiarlos legítimamente
sino las propias sociedades?. Son los ciudadanos quienes constituyen el pueblo, la
nación o el país. No son ni los gobiernos, ni sus estructuras estatales;
ni sus dirigentes de empresas, ni su mercado. Nuestro blanco estratégico,
como ONG, es pues la propia sociedad
civil.
Tenemos como objetivo el lograr que la escala se plasme una sociedad civil planetaria,
requisito previo a la afirmación de una nueva forma de mundialización:
una “gobernabilidad mundial”. Nuestra tarea es estimular la reestructuración
democrática del proceso acelerado por el liberalismo y la desregulación,
interviniendo en el debate público, haciendo hincapié en la noción
de ciudadanía mundial. Las posturas que adoptamos en el diálogo político
y las formas de presión que ejercemos no surgen de la nada. Aúnan las
tendencias, los deseos y los grandes movimientos de la opinión pública,
cuya emergencia y formulación favorecemos.
Toda la acción de las ONG descansa en una opción
sumamente precisa: dar prioridad a la movilización social y a la presión
pública en las grandes negociaciones que se desarrollan en las esferas del
poder. Por eso, los acuerdos que concluimos y las alianzas que concertamos conciernen
ante todo a las organizaciones y los movimientos representativos de la sociedad civil.
Con ese fin, creamos foros, coaliciones y redes que pasan por encima de las fronteras
(de los Estados) nacionales. De ese modo, podemos pensar de manera global, establecer
relaciones entre lo particular y lo universal, intercambiar experiencias y mantenernos
regularmente informados.
Pues hoy en día el modo de constitución y de funcionamiento del poder
planetario, monopolizado por las grandes organizaciones multilaterales, es antidemocrático.
Es inadmisible que, en su forma actual, esas organizaciones pretendan encarnar la
democracia y la ciudadanía universales. En efecto, la única legitimidad
posible es la que emana del voto. Ahora bien, no todos los ejecutivos nacionales
que actúan en las organizaciones nacionales son elegidos por sufragio popular.
Y están lejos de representar la diversidad de las fuerzas sociales que componen
sus pueblos.
Innovar
y convencer
¿Significa
esto que a nosotras, las ONG, que se supone encarnamos la
sociedad civil, nos correspondería representar a esos pueblos?. Es decir,
¿que nuestra ambición se resume en conquistar un lugar en el seno de
un futuro nuevo orden democrático mundial?. Así, ¿deberíamos
aspirar a participar de pleno derecho en la nueva estructura de gobierno tripartita
—poder político, empresas, sociedad civil— como algunos anhelan? A mi juicio,
todo ello sería un engaño; es más, perderíamos buen parte
de nuestra utilidad y legitimidad.
En efecto, la razón de ser de las ONG no es la conquista del poder
ni del gobierno, sea mundial, nacional o local. No estamos constituidas como los
partidos políticos, aunque nuestras acciones sean públicas y parezcan
muy politizadas. Ni siquiera podemos pretender ser representantes de la sociedad
civil puesto que ésta no nos ha confiado ningún mandato de ese tipo.
Entonces, ¿qué queremos? Concienciar, convencer, movilizar, educar,
hacernos eco, proponer, innovar y apoyar políticamente a diversos grupos de
la sociedad civil y, muy en especial, a los más desfavoreci-
dos. Queremos ser portavoces de ideas y valores, de críticas y propuestas
concernientes a la justicia social, del mejor reparto de la riqueza, del respeto
del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y la exclusión social.
¿Quiénes somos? Modestos actores, cuando se nos compara con otros pilares
de la sociedad civil, como los sindicatos o las organizaciones profesionales, o incluso
con organismos que emanan del Estado o del mercado. Pero somos también, y
eso es una novedad, “grandes” actores porque nuestra misión y nuestra esfera
de acción no se limitan a una sociedad determinada, ni a una economía
nacional o un Estado en particular. La tarea que nos hemos fijado es vincular lo
local con lo global —es decir, con lo universal, con todo lo que es común
a la humanidad. Los derechos humanos, la crisis social, la protección del
medio ambiente, todas esas cuestiones son mundiales. Las abordamos a partir de situaciones
concretas, pero siempre con una perspectiva global.
Por último, ¿en qué se basa nuestra legitimidad? En la calidad
de los valores, los principios y los ideales que defendemos. En la pertinencia y
la importancia de las cuestiones que planteemos, en la inventiva de que hagamos gala
y en las propuestas que formulemos. Nuestra única legitimidad es nuestra capacidad
para desarrollar un pensamiento orientado por la acción, que esté a
la altura del deber ciudadano que queremos cumplir.
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