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3. El poder reinventado
| Gobernabilidad: tiempo de cambios radicales |
ONG: un pensamiento y un contrapoder

Candido Grzybowski, sociólogo, director del Instituto de Análisis Sociales y Económicos (IBASE), Río de Janeiro, Brasil.
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L’Etat des lieux
(El Estado de la cuestión).

¿Cuál es nuestro papel, el de las ONG? ¿Y en nombre de qué podemos exigir una “gobernabilidad mundial”, nueva base democrática indispensable de la mundialización o globalización?

Las O
NG no nacieron ayer. Pero en los últimos decenios, al calor de los combates que agitan nuestro “mundo mundializado” por el neoliberalismo, se han multiplicado y diversificado, y su notoriedad y su visibilidad han aumentado.
¿Quiénes son los actores protagonistas de la globalización? Los gobiernos (la política) y el mercado (la economía) son los pilares en que se sostienen la organización y los modos de producción de las sociedades modernas. Ahora bien, ¿quién puede cambiarlos legítimamente sino las propias sociedades?. Son los ciudadanos quienes constituyen el pueblo, la nación o el país. No son ni los gobiernos, ni sus estructuras estatales; ni sus dirigentes de empresas, ni su mercado. Nuestro blanco estratégico, como O
NG, es pues la propia sociedad civil.
Tenemos como objetivo el lograr que la escala se plasme una sociedad civil planetaria, requisito previo a la afirmación de una nueva forma de mundialización: una “gobernabilidad mundial”. Nuestra tarea es estimular la reestructuración democrática del proceso acelerado por el liberalismo y la desregulación, interviniendo en el debate público, haciendo hincapié en la noción de ciudadanía mundial. Las posturas que adoptamos en el diálogo político y las formas de presión que ejercemos no surgen de la nada. Aúnan las tendencias, los deseos y los grandes movimientos de la opinión pública, cuya emergencia y formulación favorecemos.
Toda la acción de las
ONG descansa en una opción sumamente precisa: dar prioridad a la movilización social y a la presión pública en las grandes negociaciones que se desarrollan en las esferas del poder. Por eso, los acuerdos que concluimos y las alianzas que concertamos conciernen ante todo a las organizaciones y los movimientos representativos de la sociedad civil. Con ese fin, creamos foros, coaliciones y redes que pasan por encima de las fronteras (de los Estados) nacionales. De ese modo, podemos pensar de manera global, establecer relaciones entre lo particular y lo universal, intercambiar experiencias y mantenernos regularmente informados.
Pues hoy en día el modo de constitución y de funcionamiento del poder planetario, monopolizado por las grandes organizaciones multilaterales, es antidemocrático. Es inadmisible que, en su forma actual, esas organizaciones pretendan encarnar la democracia y la ciudadanía universales. En efecto, la única legitimidad posible es la que emana del voto. Ahora bien, no todos los ejecutivos nacionales que actúan en las organizaciones nacionales son elegidos por sufragio popular. Y están lejos de representar la diversidad de las fuerzas sociales que componen sus pueblos.

Innovar y convencer
¿Significa esto que a nosotras, las ONG, que se supone encarnamos la sociedad civil, nos correspondería representar a esos pueblos?. Es decir, ¿que nuestra ambición se resume en conquistar un lugar en el seno de un futuro nuevo orden democrático mundial?. Así, ¿deberíamos aspirar a participar de pleno derecho en la nueva estructura de gobierno tripartita —poder político, empresas, sociedad civil— como algunos anhelan? A mi juicio, todo ello sería un engaño; es más, perderíamos buen parte de nuestra utilidad y legitimidad.
En efecto, la razón de ser de las O
NG no es la conquista del poder ni del gobierno, sea mundial, nacional o local. No estamos constituidas como los partidos políticos, aunque nuestras acciones sean públicas y parezcan muy politizadas. Ni siquiera podemos pretender ser representantes de la sociedad civil puesto que ésta no nos ha confiado ningún mandato de ese tipo.
Entonces, ¿qué queremos? Concienciar, convencer, movilizar, educar, hacernos eco, proponer, innovar y apoyar políticamente a diversos grupos de la sociedad civil y, muy en especial, a los más desfavoreci-
dos. Queremos ser portavoces de ideas y valores, de críticas y propuestas concernientes a la justicia social, del mejor reparto de la riqueza, del respeto del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y la exclusión social.
¿Quiénes somos? Modestos actores, cuando se nos compara con otros pilares de la sociedad civil, como los sindicatos o las organizaciones profesionales, o incluso con organismos que emanan del Estado o del mercado. Pero somos también, y eso es una novedad, “grandes” actores porque nuestra misión y nuestra esfera de acción no se limitan a una sociedad determinada, ni a una economía nacional o un Estado en particular. La tarea que nos hemos fijado es vincular lo local con lo global —es decir, con lo universal, con todo lo que es común a la humanidad. Los derechos humanos, la crisis social, la protección del medio ambiente, todas esas cuestiones son mundiales. Las abordamos a partir de situaciones concretas, pero siempre con una perspectiva global.
Por último, ¿en qué se basa nuestra legitimidad? En la calidad de los valores, los principios y los ideales que defendemos. En la pertinencia y la importancia de las cuestiones que planteemos, en la inventiva de que hagamos gala y en las propuestas que formulemos. Nuestra única legitimidad es nuestra capacidad para desarrollar un pensamiento orientado por la acción, que esté a la altura del deber ciudadano que queremos cumplir.