Le Courrier

sommaire dossier
d'ici... opinion notre planete
ethiques signes connexions dires
Un barrio a la reconquista de su imagen
Fotos del taller Balalaika (Jamel Béribèche, Morad Boukhemerra, Samia Chibout, Joël Diorflar, Mestûre Güler y Nadya Kreite). Texto de Sophie Boukhari, periodista del Correo de la UNESCO.
En Mulhouse (Francia), jóvenes de familias de inmigrantes ofrecen una imagen tranquila de su suburbio “difícil”.

Tenemos que ser muuuuy buenos con la periodista.” A Romain, 19 años, le gusta hacer reír. Y conoce el valor de la imagen.
El y todos los muchachos entusiastas del taller de fotografía Balalaika de Bourzwiller (ver recuadro en la p. 8) se sometieron de buena gana –e incluso con interés– al juego de preguntas-respuestas de la reportera. Parecían contentos de hablar, de ser escuchados, de mostrar su trabajo. Felices de ser conocidos, y reconocidos.
En “Bourtz”, barriada de unos 15.000 habitantes donde alrededor del 40% de la población vota por el Frente Nacional (extrema derecha), esos jóvenes de los suburbios “conflictivos” de Mulhouse, en su mayoría de origen magrebí, dicen con sus imágenes lo mismo que con las palabras.
“Tienen una visión apacible de la vida. Rara vez fotografían los coches quemados”, señala Eric Vazzoler, el fotógrafo profesional que dirige el laboratorio. No, dicen los muchachos, la foto no los ha “salvado de un universo algo sórdido” como han afirmado ciertos medios de información. Pero es cierto que cada cual obtiene algo de ella, según sus necesidades. Les da satisfacciones y confianza en sí mismos. Les ha hecho perder el miedo a la mirada del otro, les ha abierto un nuevo universo social y cultural, nuevas fantasías.
Como muchos jóvenes, los de Mulhouse están ansiosos de conocer a otras personas, de vivir experiencias insólitas. Pero también son inestables. Desgarrados entre el apego a los suyos y el afán de partir a la aventura. Divididos entre el amor a la fotografía, que exige seriedad y responsabilidad, y el amor a secas, que los lleva por otros caminos. He aquí algunas de sus impresiones.
Samir, 16 años, sigue cursos de formación profesional (chapistería).
“Hace dos años que me dedico a la fotografía. Lo retrato todo, a mi familia, pero principalmente a los amigos. Siento un auténtico placer. Después de haber hecho fotos, ya no ves las imágenes de los demás como antes. Se observa con más detenimiento, se busca el mensaje.”
Samia, 22 años, estudiante de gestión.
“Con Eric hacemos las tomas, revelamos. Tenemos que ser serios y aprender la técnica. Hemos visto que podíamos hacer todo nosotros mismos y, además, nuestro trabajo es reconocido.
En los artículos escritos sobre nosotros, dicen: ‘gracias a la foto, salieron adelante’. No es así. Todo el mundo puede venir al taller, pero no todo el mundo viene. Y no porque vivamos en un barrio difícil necesitamos forzosamente ser salvados. En un periódico afirmaron que para nosotros quemar coches era el pan de cada día, pero no es cierto.
Si se interesan por nosotros es porque venimos de un suburbio. La gente se dice: ‘Miren de dónde vienen, y sin embargo consiguen hacer fotos’. O bien se dicen: ‘¡Las barriadas son así!’... o se valen de nuestros ojos o piensan que nos han salvado.
La foto me permitió conocer gente nueva. Antes, jamás habría ido a las exposiciones. Ahora entro, observo y hablo con gente de otro medio social.
Un día, un fotógrafo de Alemania me telefoneó para comprarme una de mis fotos. Estaba encantada. Mi padre y mi madre también. Se lo contaron a todo el mundo. Más adelante, me gustaría tener mi propio laboratorio, si logro reunir los medios necesarios. Pero nunca lo tomaría como un oficio. Es demasiado duro.”

Nagi, 26 años, técnico comercial en una empresa de mantenimiento.
“Llegué de Túnez hace cuatro años. No tenía amigos. Allá, a veces tomaba fotos y aquí he seguido haciéndolo. Es un pasatiempo que me ha permitido descubrir cómo vivían las personas aquí, conocer gente. Me gustaba el ambiente del laboratorio aunque haya habido momentos de tensión con Eric. A veces, no aceptaba sus observaciones. Pero, aunque soy testarudo, entendí que tenía mis defectos.”
Kamel, 19 años, sigue cursos de formación profesional (mantenimiento mecánico e informática)
“Desde muy pequeño me gusta todo lo que sea imagen. De niño soñaba con ser realizador. El taller de fotografía es una gran oportunidad. Cuando supe que no era caro, cinco dólares al año...
La foto es macanuda. Para sacarlas conoces a gente diferente, que no pertenece a tu clase social. Y el laboratorio es también una forma de divertirse. Disfrutamos mucho juntos.
Antes miraba una foto y no me decía nada. Ahora puedo criticar mis imágenes y las de los demás. Aprendí a defender mi mirada, mi trabajo. Rara vez tiene uno oportunidad de mostrar lo que hace. Contribuimos a cambiar la imagen de los jóvenes.
Cuando digo que me dedico a la foto, todo el mundo se extraña. Si dijera hip-hop, les parecería algo normal, pero la foto les deja K.O. La gente se dice: “es un chico serio”. Y me tienen menos miedo.
Un día no me dejaban entrar en una disco porque no les gustaba mi pinta de árabe. Cuando mostré mi cámara y les dije que hacía fotos para la revista del barrio, se me abrieron las puertas. Otro día, trabajé para un artista de body paint (cuerpo pintado) y me pagaron. Me sentí reconocido.
En cuanto hay un curro, me lanzo. Quiero ganarme la vida así, pero no con retratos ni como reportero, sino más bien con la foto artística, que te permite ser libre, encontrar un estilo propio, tener un nombre.”

Sandrine, 18 años, sigue cursos de formación profesional (gestión-empresa-administración)
“Por fin, hay algo que me apasiona. Antes apenas hacía nada. Ahora tengo un grupo de amigos. Lo más difícil es aceptar las críticas de Eric y de los demás, porque me identifico con las fotos que hago. Ahora tengo un poco más de confianza en mí misma.”
Jamel, 24 años, alumno de la Escuela de Bellas Artes de Mulhouse
“Yo soy el que hace todos los graffiti del barrio. Los firmo Serio porque la S, la E y la R son las tres letras que domino mejor y porque se parece a “sérieux” (NDLR: serio en francés). Al principio, quería dedicarme a la música. Pero el material es caro, así que me lancé a la pintura.
Saber fotografía me vendrá bien para mis estudios de Bellas Artes. Y además la imagen es algo que me interesa. Pienso en ella todo el tiempo.”

photo

“La carrera improvisada”.


photo “Concierto de La Baze”.


photo “Juegos de barrio”.




photo “Negro, blanco, árabe”.

photo “Mi hermano leyendo el Corán”.


Fotógrafos del Balalaika

El fotógrafo de arte Eric Vazzoler, 37 años, estaba harto de dar tumbos por París tratando de vender su obra, dedicada a la ex Unión Soviética, cuando aceptó hacerse cargo de un “proyecto cultural de barrio” (PCQ) en un suburbio del norte de Mulhouse (este de Francia). El ministerio de Cultura francés lanzó este tipo de proyectos para “reducir la fractura social”.
“Me iba a quedar siete meses, pero voy a cumplir cuatro años aquí”, declara Eric, que se prepara a partir. Su PCQ, el único que se ha prolongado tanto tiempo, ha acumulado los honores: exposiciones en Francia y en el extranjero, un lugar destacado en la prensa, libro en preparación, etc.
“Es un tipo difícil, exigente, ¡pero qué profesional! Y puedes llamar a su puerta hasta las 11 de la noche para pedirle carretes”, afirman al unísono. A él, que vive en el corazón del barrio, el triunfo no se le ha subido a la cabeza. “Cuando llegué, no había nada. Colmé un vacío. Y sólo tengo a la elite. Los que son demasiado turbulentos no soportan el ambiente estudioso del laboratorio.” Y añade con su ternura un tanto hosca: “Sus fotos tienen una muy buena factura. Tienen un estilo y autenticidad en la mirada, generosidad. A su edad, yo imitaba a los maestros, mientras que ellos no sufren ninguna influencia.” Sí, la suya.