
Manifestación en Minsk
el 26 de abril de 2000, aniversario de la catástrofe.
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Para Vassili Nesterenko
(físico, ex director del Instituto de Energía Nuclear de la Academia
de Ciencias de Belarrús, director del Instituto independiente Belrad), las
consecuencias de Chernobil amenazan la supervivencia del pueblo belarruso.
Usted afirma que el
balance de Chernobil no sólo ha sido minimizado por las autoridades de su
país, sino también por las organizaciones internacionales…
El Comité Científico sobre los Efectos de las Radiaciones Nucleares
de las Naciones Unidas (UNSCEAR) se remite a los datos del Organismo Internacional
de Energía Atómica (OIEA), que representa al lobby nuclear. Además,
el OIEA se refiere a Hiroshima y Nagasaki. Ahora bien, en el Japón la reacción
termonuclear se desarrolló exclusivamente en la atmósfera, el suelo
no fue contaminado. En cambio, tras el incendio de Chernobil los territorios circundantes
absorbieron cientos de toneladas de partículas radiactivas. Sólo el
territorio de Belarrús ya absorbió el 70% de los radionucleidos, algunos
de los cuales, como el cesio 137, permanecen activos durante más de 30 años.
La lenta contaminación de la población afecta a 80% de la misma debido
al consumo de productos alimenticios envenenados. Desde que se produjo la catástrofe,
mi instituto practica controles sistemáticos de salud en los niños
por medio de espectrómetros especiales. El profesor Yuri Bandajevski fue el
primero en establecer una relación entre la acumulación de radionucleidos
en el organismo y las enfermedades de los genes. La contaminación es pues
responsable de numerosas patologías no reconocidas por las organizaciones
internacionales.
¿Cuáles son esas patologías?
Después de realizar miles de autopsias, Yuri Bandajevski y su equipo demostraron
que el cesio 137 se acumulaba en los tejidos musculares, empezando por el corazón:
70% de los 2.000 niños controlados en la zona contaminada de Gomel padecen
dolencias cardiacas. La concentración de cesio en los riñones provoca
disfunciones graves desde una edad muy temprana. El cesio acumulado en los músculos
del ojo ocasiona cataratas: en 1997, en Svetlovici, cerca de Gomel, 25% de los menores
de 13 a 15 años sufrían esa afección. Durante el embarazo, la
placenta de las futuras madres almacena el cesio. El feto recibe radiaciones y, cuando
nace el bebé, lo amamantan con leche contaminada. De ahí diversas patologías,
como el llamado “sida de Chernobil”, una deficiencia inmunitaria. Por último,
la combinación de los radionucleidos con el plomo (material utilizado en 1986
para apagar el incendio y que se depositó en el suelo) provocó retrasos
mentales y enfermedades gastrointestinales. Vamos hacia una catástrofe nacional.
¿Qué necesita su país con mayor urgencia?
Casi 500.000 niños y dos millones de adultos viven en las zonas contaminadas.
Es preciso crear brigadas móviles equipadas con espectrómetros para
controlarlos, a ellos y lo que comen. Por falta de medios, mi instituto sólo
lo hace muy parcialmente. El gobierno presiona además para evitar que circulen
informaciones que estima “molestas”, y amenaza con clausurarlo. A los niños
contaminados hay que enviarlos a regiones limpias al menos dos veces
al año durante un mes, y tratarlos con medicamentos a base de pectina. Eficaces
y poco caros, esos comprimidos se producen en Ucrania, pero no en nuestro país.
Es necesario crear centros para las madres jóvenes, donde puedan comer “limpio”
durante el embarazo y la lactancia.
¿Por qué su gobierno no da la voz de alarma?
Belarrús está sola frente a una catástrofe de la que no
es responsable. Ni Rusia ni Ucrania, donde se encuentra Chernobil, nos han prestado
ayuda. Ahora bien, nuestro presupuesto nacional sólo permite un socorro mínimo
a la víctimas y el lema de nuestros funcionarios es “después de nosotros,
el diluvio”. No se dieron cuenta de la magnitud del problema. Mintieron a decenas
de miles de rusos venidos de “puntos difíciles” de la antigua Unión
Soviética para instalarse en nuestras zonas contaminadas.1
Siguen mintiendo a sus propios conciudadanos. Eso se llama adoptar la estrategia
del avestruz. Sólo una ayuda internacional masiva y un decidido apoyo logístico
del gobierno permitirían la supervivencia de mi pueblo a largo plazo.
1. Tras el derrumbe de la Unión
Soviética, 25 millones de rusos se encontraron fuera de las nuevas fronteras
de Rusia, sobre todo en Asia Central y en el Cáucaso, donde la guerra hizo
estragos y sigue arreciando. El gobierno belarruso los alentó a instalarse
en las regiones contaminadas, otorgándoles vivienda, trabajo y permiso de
residencia.
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