
Los niños timoreses
estudian en escuelas sin tejado destruidas por las milicias anti-independentistas.

Timor Oriental
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Fechas clave
1520: Invasión
portuguesa de Timor Oriental
25-4-1974: El triunfo de la Revolución de los claveles en Portugal abre
el proceso de descolonización.
1975: La guerra civil concluye con la proclamación de la independencia
por parte del Fretilin (Frente Revolucionario de Timor Este independiente).
17-7-1976: El presidente indonesio Suharto firma la anexión de Timor Oriental
como
provincia el país. Comienza la resistencia contra el ocupante bajo el mando
de Nicolau Lobato.
Diciembre de 1978:
Lobato muere en combate. Le sucede Xanana Gusmão.
12-11-1991: Tropas indonesias matan a 271 personas en el cementerio de Santa
Cruz, en Dili, cuando asistían al entierro
de un activista por la independencia. Occidente condena la matanza.
20-11-1992:
Arresto de Gusmão en la capital timoresa. Es condenado a cadena
perpetua, que se le conmuta por 20 años de prisión.
Octubre de 1996: El obispo de Dili, Carlos Ximenes Belo, y el portavoz de la
resistencia en el exterior, José Ramos Horta, son galardonados con el Premio
Nobel de la Paz. Se reanuda la causa de Timor.
Mayo de 1998:
Dimite Suharto y le sucede Yusuf Habibie. La guerrilla timoresa intensifica sus
actividades, fuertemente reprimidas por tropas indonesias.
27-1-1999: Indonesia anuncia el vuelco en su
política hacia Timor Oriental. Propone una autonomía que en caso de
ser rechazada abriría la puerta a la independencia.
6-5-1999:
Portugal e Indonesia alcanzan un acuerdo, con la mediación de la ONU,
para celebrar un referéndum que
permita a los timoreses decidir sobre su futuro.
30-8-1999: Los timoreses votan masivamente en el referéndum. El 78,5%
de los electores rechaza la autonomía. El camino a la independencia queda
abierto. El ejército y las milicias proindonesias reaccionan atacando a los
civiles y destruyendo numerosas infraestructuras.
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Empieza el curso en Timor
Oriental. Aunque los medios son escasos, el entusiasmo no falta. Encuentro con uno
de los protagonistas.
Un curso escolar sin profesores, sin escuelas
ni universidades, sólo con alumnos. Ese es el desafío que ha tenido
que afrontar Armeido Maya, antiguo rector de la Universidad de Timor y hoy máximo
responsable de la educación superior en la isla. “Si lográbamos hacerlo
cuando estábamos ocupados por Indonesia, ¡imagínese de lo que
no seremos capaces ahora que gozamos de libertad!”.
Maya tiene 42 años. Nació en Timor Oriental cuando era una colonia
portuguesa. En 1975, tras dos semanas de independencia, el país fue ocupado
por Indonesia. “Tuve que renunciar a mis planes, que pasaban por ingresar en el seminario
de los jesuitas en Dili, la capital. Tenía 18 años y muchas ganas de
aprender, pero durante dos años y medio, con mi madre y mis hermanos, elegí
permanecer en la jungla, en el mato, formando parte de la resistencia clandestina”.
Cuando dejó la guerrilla del Frente Revolucionario de Timor Este Independiente
(Fretilin) y regresó a Dili fue torturado por los ocupantes. Vivió
entonces una crisis de vocación y renunció al sacerdocio, pero no a
la independencia de su país.
Hoy, los problemas que se le plantean son de otro orden. “El 95% de los edificios
escolares fue destruido por los indonesios hace poco más de un año,
tras conocerse el resultado del referéndum que confirmó nuestro deseo
de independencia”. Y es difícil reconstruir en un país pobre. “La colaboración
de la iglesia católica es básica”, reconoce Maya, él mismo formado
en la Universidad Católica, en Java. “Estuve allí cinco años,
estudiando Historia y Geografía”. En Timor Oriental, el 90% de la población
es católica y se identifica con una iglesia que supo estar al lado de su pueblo
durante los 24 años de sangrienta ocupación indonesia que dejaron 300.000
muertos. De ahí que un arzobispo, Carlos Ximenes Belo, compartiera el premio
Nobel de la Paz 1996 con el líder político José Ramos Horta.
“El sector de la Educación necesita de primeros auxilios”, explica Maya. “Dentro
de una primera fase queremos impartir cursos de informática, derechos humanos
e idiomas inglés y portugués. Ello corresponde a necesidades de capacitación,
de educación no formal.” El problema de los idiomas es notable, pues en Timor
Oriental casi todo el mundo habla el bahasa de los invasores indonesios, mientras
que el tetun local choca con sus numerosas variantes dialectales. “En la educación
primaria y secundaria el bahasa irá siendo sustituido por el tetun y el portugués,
mientras que en la superior lo será por el portugués y el inglés.”
Pero ese planteamiento de coexistencia lingüística puede toparse con
la realidad, como de hecho el conjunto del sistema previsto: “El inicio de las clases
de este curso ha habido que supeditarlo a que las aulas tuviesen techo y a la provisión
de libros y material”, dice Maya, admitiendo que tampoco sobran los profesores. “El
50% de quienes decían poder dar clases de primaria y secundaria no superaron
un examen básico de capacidad.” Y la situación no es mejor en la Universidad.
“Tenemos 5.000 personas que quieren seguir cursos de Agronomía, Educación,
Economía o Ciencias Políticas, que son nuestras cuatro facultades,
pero sólo podemos ofrecer 1.000 plazas, porque 3.000 ya está comprometidas
para quienes no pudieron continuar sus estudios el año pasado. Y sólo
dispongo de 90 profesores para las cuatro facultades.”
La cuestión de los contenidos también inquieta. “Hay que contar la
historia de nuestro país a los niños, pero contársela con la
ayuda de un libro escrito a partir de valores democráticos, que respete la
verdad de los hechos. Estamos trabajando en un proyecto de manual de Historia con
la colaboración de profesores extranjeros. Tiene que estar disponible antes
de un año.” Luego llegará el momento de leerlo bajo techos de chapa,
en clases con suelo de tierra, en locales que nadie pensó nunca que servirían
de refugio al saber. El jesuita Jacob Filomeno, al frente del servicio de refugiados,
de momento sólo constata: “Cada día tengo 2.000 niños en el
jardín que esperan recibir clases.”
El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha enviado a Timor Oriental
material por valor de 490.000 dólares, sobre todo a través “de unos
paquetes especiales, que ya demostraron su utilidad en Somalia y Rwanda”, dice Pilar
Aguilar, la máxima responsable de la organización en la isla, refiriéndose
a un kit de material didáctico concebido por la UNESCO. “Cada paquete, valorado
en 300 dólares, contiene material para 80 alumnos, un profesor y el trabajo
en clase, en una clase que puede ser al aire libre”, añade Aguilar.
Todo este esfuerzo por abordar con normalidad una situación desesperada no
fatiga a Armeido Maya, que sólo lamenta no tener tiempo para jugar al ajedrez
y leer. En los caminos, por las calles pululan cerdos, gallinas y búfalos
mientras surcan el cielo helicópteros que muchas miradas siguen con inquietud.
“Entre 1993 y 1997, de regreso de Nueva Zelandia, donde amplié estudios interesándome
por la Sociología y la Economía, me ocupé otra vez de la Universidad
de Dili y la situación era peor. No hablo de miseria, sino de libertad. Me
pincharon varias veces los neumáticos del coche, recibí amenazas telefónicas
y me hicieron saber que mi vida corría peligro. Tuve que exiliarme en Minnesota
en Estados Unidos. ¡Yo, un tipo de los trópicos, habituado a vivir a
más de 30 grados centígrados, perdido ahí, en un lugar del que
recuerdo con espanto la nieve!”. Maya ha tenido que exiliarse varias veces, en función
de cómo evolucionaba la situación en la isla, pero en su horizonte
siempre ha figurado el retorno.
El nuevo regreso a la patria, tras la caída de Suharto, tampoco fue fácil.
“Después del 30 de agosto tuvimos que escondernos de nuevo en las montañas.
No tuve tiempo ni de celebrar mi luna de miel. Pero ahora estoy de nuevo aquí,
y esta vez es la definitiva.” Maya confía en que su voluntad de regreso sea
compartida por otros muchos estudiantes o ex estudiantes. “La mayoría de los
que han ido a estudiar a Nueva Zelandia o Australia volverán. Estoy convencido.
Los necesitamos para construir el país, sus conocimientos son imprescindibles
para sus compatriotas, para los miles de niños que han de ser escolarizados.”
Confusión
a un año de las elecciones
La situación es
confusa y provisional. Queda referido el carácter casi babélico de
la pequeña comunidad timoresa. Cuando se acude al mercado el mosaico de lenguas
tiene su calco en las tres monedas: el dólar estadounidense, que ha sido adoptado
como moneda oficial, y la rupia indonesia y el dólar australiano, que también
funcionan como monedas propias aunque lo sean de países vecinos. “Antes de
que se cumpla el plazo de un año se celebrarán elecciones, y un gobierno
timorés ocupará la plaza y las funciones del administrador general,
el brasileño Sergio Vieira de Mello, que está actuando como un regente.”
La actual administración es compleja e incluye a personajes del CNRT (Centro
de Resistencia Timoresa) como el propio Maya, que es a su vez funcionario del ministerio
de Educación, y personal de la UNTAET (Administración Transitoria de
las Naciones Unidas en Timor Este). “Trabajamos contra reloj. Además de la
ayuda del UNICEF, hemos recibido 13 millones de dólares del Banco Mundial
que han servido para las reparaciones más urgentes, para garantizar algunos
cursos de capacitación para los maestros y pagarles el salario.”
Maya emplea un eufemismo al hablar de salario. Su voluntad le lleva a desafiar todas
las dificultades, incluida el hambre. Prefiere no hablar de ello, pero lo cierto
es que UNICEF también atiende las necesidades alimentarias más inmediatas
de alumnos y profesores, pues entre unos y otros no faltan quienes acuden a la escuela
con el estómago vacío, en unas condiciones de falta de energía
que no permiten mantener la concentración mucho rato. “Pero somos libres”,
repite sonriendo Armeido Maya.
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