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Clase de pintura en una de las escuelas de la red Objetivo.
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Se
considera a la UNESCO como un foro en el que fomentar y sustentar la responsabilidad
primera y fundamental que tiene el Estado de garantizar el derecho a una educación
de calidad para todos.
Koichiro
Matsuura, director general de la UNESCO (1937-)
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Cifras claves, Brasil
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Población total: (millones , 1999): 168
Tasa de alfabetización:
(% 1998): 84,5
Tasa de escolarización
bruta: (% 1997)
- Primaria: 125
- Secundaria: 62
- Superior: 15
Alumnos de primaria y
secundaria que estudian
en establecimientos privados: (% 1997): 12,2
Fuentes: Banco Mundial, PNUD, OCDE. |
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En pocos decenios, esta empresa
pionera de la enseñanza en Brasil se ha convertido en una red de cientos de
escuelas reservadas a las clases medias y altas.
Tras 35 años de existencia, Objetivo es uno de los
grupos de enseñanza más florecientes de Brasil. El número de
alumnos de sus 400 establecimientos diseminados por todo el país sólo
es superado por la enseñanza pública. ¿Cuál es el secreto?
En Objetivo la meta es conseguir que los alumnos aprueben. Y lo consiguen. Tanto
en primaria como en secundaria la tasa de repetición de curso es inferior
al 1%, muy por debajo de la media nacional, que afecta al 21,3% de los alumnos de
primaria y al 40,1% de los de secundaria, según datos del ministerio de Educación.
Aunque en los últimos años la participación de la iniciativa
privada en la educación brasileña ha disminuido (de 10,5% en 1996 a
8,2% en 2000), Objetivo imparte educación a casi 380.000 alumnos desde preescolar
hasta la universidad. La empresa trabaja en red y, además de sus propias escuelas
–13 sólo en São Paulo, su sede principal– tiene franquicias en lugares
tan distantes como Brasilia, Goiania, Manaos, Campinas o Bauru.
Según el profesor Alfredo Fernandes, coordinador pedagógico de Objetivo,
“el éxito se debe a que somos una escuela alegre, abierta al diálogo
con la sociedad y los alumnos”, afirma.
Lo que hoy es una vasta red educativa comenzó en 1965 como un curso preparatorio
para el examen de ingreso que exigen las universidades brasileñas. Gracias
a un porcentaje de aprobados de casi 90%, su prestigio creció rápidamente.
En 1970, estimulado por los excelentes resultados financieros, Objetivo fundó
un centro de enseñanza regular, pues el cursillo preuniversitario no forma
parte del sistema de educación.
Grandes inversiones en tecnología
y equipos
La expansión fue rápida. En
1972 se inauguraron las primeras facultades –que 16 años después se
transformarían en la Universidade Paulista (Unip), que hoy tiene 53.000 alumnos–
y en 1975 abrieron sus puertas las primeras escuelas Objetivo de preescolar y enseñanza
primaria.
La escuela acoge tanto a los buenos alumnos como a los problemáticos, procurando
adaptarlos al mundo escolar. “Tras muchas discusiones, optamos por ofrecer una escuela
abierta y no selectiva, en la que todos tuviesen la posibilidad de expresarse. A
mi juicio, esa actitud receptiva es lo que más nos diferencia de las demás
escuelas privadas”, afirma Fernandes. De ahí la ausencia de exámenes
de admisión. Paradójicamente, esta característica ha sido el
principal blanco de las críticas que se han formulado contra Objetivo. “Como
facilitábamos el ingreso y la permanencia de los alumnos se nos atribuyó
un interés exclusivamente financiero”, explica Fernandes. Lo cierto es que,
en un país con un elevado índice de pobreza, los precios de la escolaridad
(de 215 a 355 dólares mensuales según el nivel) suponen una barrera
considerable.
La carestía de las matrículas lleva a muchos especialistas a mirar
estas escuelas con recelo. “Critico abiertamente la mercantilización de la
educación”, afirma Dermeval Saviani, profesor de filosofía e historia
de la educación en la Universidad Estatal de Campinas. “La educación
es una necesidad social que por naturaleza es incompatible con la iniciativa privada”,
afirma. A su juicio, Objetivo es un ejemplo representativo. “Con los beneficios importantes
que obtiene en la enseñanza superior, el grupo podría invertir en otros
niveles de enseñanza de menor costo. Pero no sucede así. Como mantener
toda esa estructura exige una gran inversión, Objetivo desatiende a la población
más pobre”, explica. Según él, ésta es una característica
común a todas las escuelas privadas con fines lucrativos, sólo accesibles
a alumnos de clase media y alta.
El hecho de ser una empresa próspera permite a Objetivo invertir en tecnología
y equipos inaccesibles para otras escuelas. Prácticamente todos sus establecimientos
cuentan con laboratorios de informática, bibliotecas o campos de deportes
y proponen actividades extraescolares como yudo, música y artes visuales.
“Ello nos permite salir de la rutina y aprender más”, afirma Bianca Sgai Franco,
una alumna de 14 años.
Además de disponer de material didáctico propio –manuales, programas
informáticos y Cd-rom–, algunas escuelas llevan a cabo proyectos pioneros,
como el de las vinculadas a la naturaleza. Fundada en 1988, la Escuela del Mar, situada
en Angra dos Reis, estado de Rio de Janeiro, ofrece la posibilidad de estudiar la
vida marina. La Escuela de la Naturaleza, en plena selva amazónica, sigue
ese mismo modelo.
Otro proyecto de éxito es el Programa Objetivo de Incentivo al Talento (Poit),
que se ocupa de alumnos con aptitudes especiales o superdotados. “Inscribí
a mi hija en una escuela Objetivo porque proponía el Poit. Ahora participa
en actividades de robótica, tecnología y arte. Es interesantísimo”,
dice Maria Cecilia Novaes Augusto, madre de una niña superdotada de 11 años.
“Hay una apertura muy grande hacia los padres”, afirma Silvana Da Costa, que estudió
en Objetivo y hoy es madre de tres alumnas. Para ella y su esposo, que han tenido
que cambiar ocho veces de estado por causas laborales, es básico que Objetivo
tenga establecimientos en todo el país.
Para el profesor Fernandes, la mayor diferencia con el sistema público de
educación reside en la formación de los profesores. “En Brasil es un
problema crónico”, dice. “Todos los años organizamos al menos cinco
reuniones regionales con profesores de otros estados”, afirma Deborah Cristina Catarinacho,
profesora de portugués. “Objetivo te atrapa. Somos una familia donde todos
te hacen progresar.” resume Adriana Venturi, maestra de preescolar.
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