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La enseñanza privada, ¿una oportunidad para los pobres?

James Tooley, profesor de Políticas Educativas de la Universidad de Newcastle (Reino Unido).
photo
© Alain Le Quernec, Francia










Para saber más

• The Probe Team: Public Report on Basic Education in India, Oxford University Press, 1999, Oxford
(Reino Unido)
• Tooley, James: The Global
Education Industry,
IEA/IFC, 1999, Londres (Reino Unido)
• Tooley, James: Reclaiming
Education,
Continuum / Cassell, 2000, Londres (Reino Unido).





En los países en desarrollo proliferan los centros privados de enseñanza y las empresas que ofrecen formación a los desfavorecidos. Veamos un ejemplo indio.

A menudo se piensa que los establecimientos escolares privados sólo atienden a una elite y que su expansión contribuiría a acentuar las desigualdades. Sin embargo, estudios recientes llevan a la conclusión opuesta. Si queremos ayudar a los más desfavorecidos, debemos estimular la iniciativa privada en el plano de la educación.
Ciertas experiencias en la India demuestran que el sector educativo privado responde a las necesidades de las familias pobres. Pero la India no es un caso único y el mismo fenómeno se presenta en todos los países en desarrollo.
Un informe sobre la educación básica, o PROBE, encargado por el gobierno indio en 1999, da un cuadro muy sombrío de las deficiencias de aquélla. Quienes efectuaron la encuesta inspeccionaron al azar diversos establecimientos, a los que llegaron sin anunciarse: sólo en 53% de las escuelas visitadas se llevaban a cabo “actividades de enseñanza”; en un tercio de éstas el director estaba ausente. Los autores del informe observaron con inquietud que la baja del nivel de la enseñanza no se debía a una falta de medios de los profesores, sino a “negligencia lisa y llana”. Revelaron varios casos de docentes irresponsables que “cierran su escuela durante varios meses seguidos”, numerosos ejemplos de profesores borrachos y de directores que exigen a los alumnos que efectúen labores domésticas. Un hecho revelador es que establecimientos bastante bien equipados en cuanto a locales y material, y cuyas clases no eran excesivamente numerosas, tampoco funcionaban normalmente.

La alternativa privada
¿Existen alternativas?¿Alguien puede hacerlo mejor que el gobierno dados los recursos de que éste dispone? El PROBE destaca que las escuelas privadas que acogen a niños desfavorecidos no sufren los problemas antes mencionados. En la gran mayoría de los establecimientos privados, elegidos también al azar y visitados sin previo aviso, éstos observaron “una actividad febril en las clases”.
El PROBE señala que la mayor parte de los padres, si pudieran permitírselo, preferirían enviar a sus hijos a instituciones privadas, ya que éstas pueden ser sancionadas. “El personal docente debe rendir cuentas de sus actividades al director, que puede despedirlo, y a los padres, que pueden retirar a sus hijos.” Las posibilidad de hacer efectiva la responsabilidad no existe en las escuelas públicas, “diferencia que la inmensa mayoría de los padres advierte con claridad meridiana.”
Al lector tal vez le extrañe saber que hay establecimientos privados destinados a familias pobres. Yo mismo descubrí su existencia con motivo de un estudio realizado en el terreno por la Sociedad Financiera Internacional, brazo financiero privado del Banco Mundial. Esta investigación se ocupaba de ciertos establecimientos afiliados a la Federación de Escuelas Privadas, cuya sede se encuentra en Hyderabad. La Federación agrupa a 500 escuelas primarias que acogen a niños de familias pobres que viven en chabolas o en zonas rurales. Dos cosas me impresionaron: el espíritu de empresa que reina en esos establecimientos, administradas como firmas con fines de lucro y sin depender para nada de ayudas estatales o humanitarias, y la dedicación con que trabaja su personal, cuyos responsables son calificados por lo demás de “trabajadores sociales”. Sin embargo, esas escuelas están sometidas a una reglamentación inadecuada y demasiado restrictiva. Un ejemplo permite demostrarlo: para ser autorizado un establecimiento ha de depositar 50.000 rupias (unos 1.200 dólares) en una cuenta bloqueada. Se trata de una suma enorme, teniendo en cuenta que los gastos mensuales de escolaridad por alumno oscilan entre 0,60 y 3,50 dólares.
No todo el mundo puede permitirse pagar 10 dólares al año, pero sin embargo esa suma está al alcance de un número considerable de familias de ingresos modestos. Es más, la mayor parte de las escuelas ofrece un número importante de plazas gratuitas (hasta 20%) a los alumnos más pobres. Se otorgan a petición de las familias tras una investigación informal acerca de sus ingresos en la comunidad a que pertenecen.
Todo ello parece indicar que la reforma de la educación pública no es tal vez la solución más adecuada para responder a las familias pobres. Al contrario, es preciso reformar el marco legislativo a fin de que prosperen los establecimientos privados destinados a los más desfavorecidos. Hay que impulsar un sistema de becas o de “bonos de educación” privados, financiados por mecenas, nacionales o no, y un sistema público equivalente a fin de que los padres puedan utilizar su “asignación escolar” en establecimientos con buenos resultados en vez de desperdiciarla.

Impulsar la enseñanza privada puede favorecer a los más pobres
Es evidente que la enseñanza privada en los países en desarrollo no interesa solamente a las clases más pobres. Son numerosas las empresas de gran envergadura dedicadas a la educación que realizan una labor de gran interés. Y esta acción termina por beneficiar también a los sectores más modestos. Así, una sociedad india, el Instituto Nacional de Tecnología de la Información (NITT), encarna un tipo de innovación apasionante en el sector de la enseñanza. Con su competidora Aptech, representa más de 70% del mercado de la formación para la utilización de las tecnologías de la información, estimado en 1.100 millones de rupias. El NITT es propietario de 40 centros en las grandes ciudades de la India y otros mil, con franquicias, están afiliados a él en todo el país. También tiene centros de formación en todas partes del mundo, en Estados Unidos, en la región Asia-Pacífico y en Asia Central, en Japón, en Europa y en Africa.
El NITT ha creado cursos de formación innovadores y con una relación costo-rendimiento que han interesado a varios estados indios. El de Tamil Nadu, deseoso de dar preparación en informática a todos los alumnos de secundaria, fue el primero en lanzarse a la aventura. El gobierno dedicó a este programa 22 millones de dólares en cinco años. Elaboró un contrato modelo para que empresas privadas competentes se ocuparan de esa formación, suministrando el software y el hardware, mientras el estado proporcionaba electricidad y aulas. En una primera fase, suscribió 43 contratos con 666 escuelas, 371 de las cuales fueron confiadas al NITT. Numerosas clases se convirtieron en centros del NITT, abiertos a alumnos durante el día y utilizados por los titulares de franquicias por las tardes.
En tiempos más recientes, el NITT se ha esforzado por llegar a una población de niños analfabetos y no escolarizados valiéndose de Internet. Algunas semanas después de haber instalado un quiosco Internet en una chabola, los investigadores del instituto comprobaron que los niños habían adquirido por sí solos una competencia considerable en el manejo de ese instrumento. El NITT procura ahora explotar comercialmente esta experiencia y se sirve de las armas del sector privado para que los más pobres también se beneficien de las tecnologías modernas.
Tales experiencias encuentran eco en otros países en desarrollo. Cada vez, el sector privado resulta más dinámico que el sector público para responder a las necesidades de las poblaciones desfavorecidas, brindándoles una enseñanza innovadora, eficaz y de calidad. El sector privado puede contribuir a instaurar una mayor equidad e influir en las políticas educativas, siempre que los gobiernos, tanto de los países en desarrollo y como de los países ricos, lo vean como un colaborador y no como una amenaza.