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2. La oferta y la demanda
| El imparable ascenso de Objetivo | La escuela privada, una oportunidad para los pobres | Sudáfrica: la carrera por los diplomas exportables | Cuando los padres intervienen | La “tercera vía” de las escuelas Edison | Campus reales y campus virtuales |
Sudáfrica: la carrera por los diplomas exportables

Karen MacGregor, periodista sudafricana.

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Un aula de informática para adultos al oeste de la provincia del Cabo, Sudáfrica.







En los Estados grandes, la educación pública siempre será mediocre, por la misma razón que en las cocinas grandes la comida suele ser mala.

Friedrich Nietzsche, filósofo alemán
(1844-1900)






Cifras claves, Sudáfrica

Población total: (millones, 1999): 42
Tasa de alfabetización: (% 1998): 84,6
Tasa de escolarización
bruta: (% 1997)
- Primaria: 133
- Secundaria: 95
- Superior: 17
Alumnos de primaria y
secundaria que estudian en establecimientos privados: (% 1997): 3,3

Fuentes: Banco Mundial, PNUD, OCDE.

En Sudáfrica, la educación privada nacional y extranjera satisface una demanda creciente, pero no se compromete con el desarrollo local.

Lebo Sekoto, una mujer de 28 años en plena ascensión social, trabaja como asesora en recursos humanos en una importante empresa minera de Pretoria, pero aspira a obtener un empleo en el extranjero gracias a la universidad De Montfort. Esta universidad británica, con 65% de estudiantes negros, es uno de los centenares de establecimientos de enseñanza superior, nacionales o extranjeros, que funcionan en Sudáfrica.
Lebo está a punto de terminar allí una maestría en administración de empresas. “Quiero ampliar mis horizontes, trabajar en una multinacional y adquirir experiencia en el Reino Unido. Por eso me pareció bueno obtener un diploma exportable.” Nacida en el gueto negro de Soweto, Lebo ha pasado la mayor parte de su vida estudiando. Obtuvo un diploma de gestión en un instituto politécnico, luego una licenciatura en psicología industrial y gestión en la Universidad a distancia de Sudáfrica, y ahora sigue esta maestría a tiempo parcial vía Internet. “Las empresas me ven primero como una muchacha negra, sin tomar en cuenta mis aptitudes. Para escalar posiciones y acceder a un cargo ejecutivo, hay que tener tres veces más diplomas y experiencia que los hombres.”
En Sudáfrica son escasas las instituciones sin ánimo de lucro que aspiran a cultivar talentos en el ámbito de la administración de empresas. Casi todas las demás, locales o extranjeras, lo que buscan es la rentabilidad. De Montfort fue el primer establecimiento privado registrado bajo la nueva legislación, destinada a regular la expansión y controlar la calidad de la enseñanza superior privada que amenaza la viabilidad de numerosas instituciones estatales.
“Nuestro sector público es inmaduro, por eso estamos poniendo en marcha nuevas políticas para transformarlo”, afirma la profesora Nasima Badsha, subdirectora general de Enseñanza Superior. “La mayor parte del sector privado, que persigue beneficios y está sometido a las leyes del mercado, no actúa como nosotros con un compromiso en favor de la apertura, la igualdad, la calidad y el desarrollo de los recursos humanos.”

La erosión de un sistema
No se conoce el número exacto de establecimientos privados instalados en Sudáfrica. En la enseñanza superior ya han sido reconocidos –o van a serlo– unos cien de los más de 200 que han solicitado licencia de funcionamiento. Los institutos privados de enseñanza superior acogen a más de 20.000 estudiantes en jornada completa, mientras que en el sector público, en 1999, se registraban 564.000 matrículas. Por otra parte, varios cientos de miles de estudiantes se inscriben en cursos privados de enseñanza superior a tiempo parcial.
La proliferación de institutos extranjeros empezó después de las primeras elecciones democráticas realizadas en 1994. Con el fin del apartheid, los estudiantes de color abandonaron los establecimientos “negros”, escasamente subvencionados, en provecho de instituciones inicialmente destinadas a los “blancos”, mucho mejor dotadas. Buena parte de los alumnos blancos de clase media optaron por los establecimientos privados porque temían –aunque lo negasen– el deterioro de la calidad de la enseñanza y una falta de seguridad en el sector público.
Con una tasa de desempleo de casi 30% y una economía que sólo absorbe 56% de los egresados de las mejores universidades –y 25% de los de las menos prestigiosas–, los estudiantes buscan los diplomas “vendibles”, que ofrecen los institutos politécnicos y los establecimientos privados especializados. Muchos estiman que los diplomas extranjeros son más apreciados y exportables que los nacionales, mientras que para otros constituyen un pasaporte para emigrar a los países ricos.
En virtud de la ley de 1997 sobre la enseñanza superior, las instituciones privadas deben solicitar el reconocimiento de sus diplomas y ser autorizadas por el ministerio de Educación, el cual se basa en las exigencias de viabilidad financiera y calidad.
“Los establecimientos extranjeros representan una amenaza para las universidades estatales”, afirma la profesora Badsha. Operan en ámbitos muy concretos, como la informática, la administración de empresas y el comercio, cursos particularmente lucrativos, pero sin asumir la responsabilidad de impartir una formación más general.
Las universidades del Estado perdieron así programas rentables que les permitían subvencionar disciplinas costosas como música, arte, ingeniería y medicina, esenciales para el desarrollo cultural, social y económico del país.
Las instituciones extranjeras atraen también a los profesores más competentes del sector público, pues pagan remuneraciones más elevadas e imponen gastos de escolaridad que sólo pueden sufragar los grupos más acaudalados. Ello acarrea una nueva forma de apartheid, según la profesora Badsha. “Intentamos dejar a un lado las cuestiones de raza y clase para tratar de crear auténticas instituciones sudafricanas.”
Por eso el gobierno está estudiando una modificación de la ley para restringir la instalación de establecimientos extranjeros en Sudáfrica. Así, antes de otorgar una autorización, los servicios competentes deberán determinar si el nuevo establecimiento es útil para el sistema público de enseñanza y si amplía la gama de las orientaciones propuestas. Aunque la Constitución sudafricana prohíbe toda discriminación contra las instituciones extranjeras, algunas de ellas han amenazado con someter el asunto a la Organización Mundial del Comercio. Muchas otras se fueron del país.
El ministro de Educación, Kader Asmel, rechaza enérgicamente las acusaciones de que esta reglamentación obedece a un programa “proteccionista estrecho o a una actitud chauvinista”. La meta perseguida, explica, es proteger la utilización eficaz y responsable de los recursos públicos. “No deseamos permanecer impermeables a toda transformación supranacional, ni elevar nuevos muros a nuestro alrededor. Pero no podemos contemplar impasibles la erosión de nuestro sistema.”