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2. La oferta y la demanda
| El imparable ascenso de Objetivo | La escuela privada, una oportunidad para los pobres | Sudáfrica: la carrera por los diplomas exportables | La “tercera vía” de las escuelas Edison | Campus reales y campus virtuales |
Cuando los padres intervienen

Pedro A. Noguera, profesor del Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Harvard.

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Dayton, Ohio: padres y alumnos se manifiestan a favor de la libre elección de escuelas.









Cifras claves,
Estados Unidos

Población total: (millones, 1999): 273
Tasa de alfabetización: (% 1998): 99
Tasa de escolarización bruta: (% 1997)
- Primaria: 102
- Secundaria: 97
- Superior: 81
Alumnos de primaria y
secundaria que estudian
en establecimientos privados: (% 1997): 25

Fuentes: Banco Mundial, PNUD, OCDE.

En Estados Unidos hay padres que quieren gastar una suma equivalente a sus impuestos para enviar a sus hijos a centros privados. Análisis crítico de la controversia sobre los “bonos de educación”.

El primer sistema de educación pública del mundo industrializado es objeto de múltiples ataques. Se estima que en las grandes ciudades su gestión, ineficaz y burocrática, está más preocupada por cumplir reglamentos que por la calidad de la enseñanza. Los profesores, los alumnos y los padres, en particular en los barrios pobres, son considerados responsables de la “mediocridad que amenaza nuestro futuro como nación y como pueblo”.
Nunca una campaña presidencial ha dado tanta importancia a la enseñanza. Todo el país estuvo pendiente del debate entre Al Gore y George Bush en el curso del cual ambos candidatos definieron sus posturas respectivas. El demócrata prometió inyectar 115.000 millones de dólares adicionales a un sistema que reclama innovación y responsabilidad. El republicano juró, por su parte, desmantelarlo en provecho de establecimientos privados sometidos a la ley del mercado.
El proyecto tan controvertido de los “bonos de educación” es uno de los ejes del debate. Su principio es sencillo: en vez de pagar impuestos destinados a financiar las escuelas públicas de su barrio, los padres pueden optar por emplear esos fondos para enviar a sus hijos a un establecimiento privado. Florida, pionera, instauró esta política a nivel estatal desde 1998, en tanto que California y Michigan votarán sobre el tema en noviembre de 2000. En California el proyecto es apoyado, entre otros, por Tim Draper, un hombre de negocios de Silicon Valley. La idea es crear becas de 4.000 dólares por año y por alumno (el estado gasta actualmente 5.627), otorgadas a todo niño que sus padres quieran enviar a un establecimiento privado o religioso.
Los sindicatos de profesores, pese a ser poderosos, permanecen al margen del debate. Tenidos por partidarios acérrimos del statu quo, se han dejado arrastrar a una actitud defensiva y han tratado de impedir las reformas más radicales al tiempo que reclaman mejores remuneraciones y protección social, reconocida insuficiente por todos. Si bien la American Federation of Teachers y la National Education Association siguen desempeñando un papel decisivo en las elecciones de los estados, su influencia en el debate sobre la reforma de la enseñanza ha sido insignificante.
Los partidarios de la privatización son las grandes empresas –creen que el sistema existente no tiene arreglo–, los integristas religiosos –quieren controlar mejor lo que se enseña a sus hijos– y un número creciente de padres de clase media que ya han optado por la enseñanza privada y que se resisten a financiar un sistema público que no utilizan. En la mayoría de los estados y salvo contadas excepciones, esta coalición no ha logrado obtener el apoyo necesario para que se adopten programas de privatización. Pero la situación está cambiando.
Algunos sectores del electorado que antes eran favorables a la educación pública parecen hoy dispuestos a apoyar reformas radicales encaminadas a sustituir el sistema actual por modelos que, en su mayor parte, aún no se han definido ni experimentado. Un estudio realizado recientemente por el Joint Center for Political and Economic Studies (Grupo Mixto de Estudios Políticos y Económicos) indica que 88% de las familias negras norteamericanas son partidarias de medidas que permitan a los padres escoger la escolaridad, con un porcentaje aún más alto (95%) entre las familias cuyos ingresos no superan 15.000 dólares anuales. Los hijos de éstas constituyeron durante mucho tiempo un “mercado cautivo” y se vieron obligados a realizar sus estudios en los peores establecimientos. Ahora los planes de privatización abren perspectivas de acceso a una educación de mejor calidad.
¿Cómo explicar esta tendencia tan marcada? Es evidente que la educación pública tiene aún muchos puntos a su favor. El derecho a la educación no está consagrado en la Constitución de Estados Unidos, pero actualmente se reconoce en el mundo entero. Además, numerosas conquistas en favor de los derechos civiles de las minorías étnicas o lingüísticas, de los minusválidos y, en una época más reciente, de los homosexuales, se consolidaron en primer término en la educación pública antes de extenderse a otros sectores de la sociedad. Los establecimientos escolares estadounidenses dependen de las autoridades locales y en todo el país se advierte que los ciudadanos cuentan cada vez más con esos establecimientos para resolver numerosos problemas sociales.
Sin embargo, en razón del deterioro de la enseñanza pública, lo que está en tela de juicio es el sistema en su conjunto. Los drásticos recortes presupuestarios de los años ochenta obligaron a numerosas escuelas a suprimir asignaturas como artes plásticas, música y gimnasia, a aumentar el número de alumnos por clase y a reducir la labor de tutoría. El personal docente y administrativo ha de hacer frente a innumerables problemas sociales, relacionados en general con la pobreza creciente de los niños, el mal estado de los centros y las tensas relaciones de trabajo.
Esta situación empuja a la clase media a abandonar los establecimientos escolares urbanos y son numerosas las escuelas que son vistas como último recurso. Los alumnos de color o latinoamericanos son proporcionalmente mucho más numerosos en esas escuelas en decadencia. Es lógico que en ese contexto los padres se interesen por los “bonos de educación”.
El temor, los prejuicios frente a las minorías y la llegada de nuevos inmigrantes contribuyeron también al éxodo de la minoría blanca. En estados como California, Florida y Nueva York la matrícula en las escuelas públicas aumentó considerablemente con la llegada de numerosos alumnos asiáticos y latinoamericanos. Como la composición de la población escolar ha cambiado, los electores, por lo general blancos y de una media de edad elevada, son reacios a pagar impuestos para financiar la enseñanza pública.

Educación pública: la mejora inmediata
Pese a sus numerosas deficiencias, los establecimientos públicos de educación constituyen para las familias modestas uno de los escasos vehículos con que cuentan para integrarse y ascender socialmente. Existe el riesgo de que el sistema de bonos de educación haga que las mejores escuelas se tornen aún más elitistas: el incremento de las solicitudes de matrícula les permitirá aumentar el costo de los estudios y el acceso a ellas será aún más difícil para las familias de pocos recursos. ¿Qué sucederá con los establecimientos y los alumnos que se queden atrás? Como su financiación depende esencialmente del número de alumnos matriculados, parece poco probable que las escuelas mal consideradas reciban los fondos necesarios para progresar. Los asesores jurídicos del gobierno de California proyectan imponer reducciones apreciables al presupuesto de las escuelas públicas si los menores que asisten ya a establecimientos privados reciben bonos y si 5% de los alumnos del sector público utilizan los bonos para marcharse.
La privatización del sistema educativo provocará una situación diametralmente diferente de la actual: el acceso a una formación de buen nivel dependerá de los individuos y no de los gobiernos. Los adalides de la privatización recuerdan que se crearon nuevas líneas aéreas tras la desregulación de ese sector en los años ochenta. Olvidan que en su mayoría esas líneas ya no existen y que las que se mantienen ofrecen, por lo general, un servicio de peor calidad, aunque menos oneroso. Sostienen también que las nuevas escuelas no podrán ser peores que algunos establecimientos públicos. Sin embargo, éstos están obligados a respetar ciertas normas legales (acceso de los alumnos, formación de profesores) y nada asegura que las escuelas privadas sean sometidas a exigencias similares.
Al parecer, los partidarios de la privatización están tomando ventaja. En semejante clima, los defensores de la educación pública no pueden contentarse con afirmar que es posible mejorar el sistema de enseñanza: deben probarlo.