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Educación y desigualdad
Entrevista realizada por Cynthia Guttman, periodista del Correo de la UNESCO.
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© Alain Le Quernec, Francia







Invertir en conocimiento es lo más rentable.

Benjamin Franklin,
político y científico estadounidense.
(1706-1790)

La e-educación empieza a alejar a los estudiantes de las universidades públicas. Según Gajaraj Dhanarajan, director del Commonwealth of Learning1, con el tiempo esta tendencia podría acentuar las desigualdades sociales.

Los diplomas en línea propuestos por universidades extranjeras, ¿debilitan los sistemas nacionales de educación?
Aún no han tenido un gran impacto porque la mayor parte de la población de los países en desarrollo no está en condiciones de sufragar este tipo de cursos. Incluso tratándose de programas fuertemente subvencionados, como la Universidad Virtual Africana, su costo es prohibitivo. Cada materia, cuyos cursos se difunden desde el Canadá, el Reino Unido o Estados Unidos, cuesta entre 200 y 300 dólares, lo que equivale al sueldo mensual de un profesor universitario en ciertos países.

¿Y a más largo plazo?
Dondequiera que progrese la enseñanza virtual concebida en el extranjero, las universidades nacionales correrán un riesgo de desestabilización. Sólo los privilegiados, es decir los que ya hayan recibido la mejor enseñanza secundaria, podrán seguir ese tipo de cursos. Esos diplomas seducen a los jóvenes que quieren partir a trabajar al extranjero y también son muy apreciados por los empleadores nacionales. Van a surgir entonces dos tipos de estudiantes. La elite, que obtendrá diplomas bien conceptuados internacionalmente, y los demás, que habrán de contentarse con las universidades locales. Esa división debiera provocar resentimientos. Por otra parte, es probable que los profesores universitarios locales se sientan frustrados si sólo cuentan con alumnos de la segunda categoría.

¿Piensa que la cohesión nacional se encuentra amenazada?
Sí, pues en numerosos países en desarrollo se estima que la educación superior es vital para la construcción de la nación. Ahora bien, temo que haya un desfase cada vez mayor entre la enseñanza deslocalizada y las necesidades del país. En realidad, asistimos a una nueva forma de dumping: esos cursos, elaborados para un contexto nacional muy concreto, se revenden a precios reducidos en el mundo entero.

¿Qué pueden hacer los gobiernos?
Poca cosa sin que se les acuse de atentar contra la libre circulación de la información. Es muy difícil imponer a esas instituciones extranjeras virtuales las normas de calidad vigentes en un país y las pautas aplicables a los programas. Los gobiernos podrían gravar con impuestos a los mercaderes del saber, pero, en última instancia, el que pagaría sería el consumidor. E imponer tributos a los usuarios tampoco es fácil de justificar, pues éstos tendrían derecho a afirmar que ya les cuesta muy caro tener acceso a una enseñanza de un nivel que no existe en su país. En cambio, los gobiernos podrían adoptar una postura moral muy estricta diciendo que sí al libre mercado, pero siempre que una parte apreciable de los programas favorezca el desarrollo de competencias que se ajusten a sus necesidades. Claro está que tendrían que exponer estos argumentos de manera convincente ante instancias internacionales como la Organización Mundial del Comercio.

¿Cómo podría mejorar el nivel de los establecimientos de educación locales?
Hay que desarrollar las capacidades locales y, sobre todo, poner la enseñanza al alcance de aquéllos que no tienen acceso a los campus universitarios. La e-educación no es la única solución. En el mundo en desarrollo, hay universidades abiertas que logran ya, por diversos medios, difundir el saber en los pueblos con la colaboración de mentores que ayudan, en el lugar, a los estudiantes. Las universidades de los países en desarrollo deberían adoptar sistemáticamente dos modos de funcionamiento para responder las necesidades de la población que no se encuentra en los campus. Si la educación en línea forma parte de sus instrumentos, tanto mejor. Pero nuestro objetivo número uno tendría que ser mejorar el acceso al saber en el plano internacional. Y la forma de lograrlo no es convertir a la educación en una actividad comercial.



1 El Commonwealth of Learning es una organización internacional cuya misión es ampliar el acceso a la educación a distancia. www.col.org