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Bangladesh: la revolución biológica

Kamal Mostafa Majumder, periodista residente en Dacca.
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Una de las múltiples granjas de agricultura biológica surgidas en Bangladesh.







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Bangladesh










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Cifras claves, Bangladesh

Población total:
127 millones (1999)
PNB per capita:
370 dólares (1999)
Porcentaje de agricultores
en la población activa total:
56% (2000)
Porcentaje de la agricultura en el PIB:
21% (1999).

Fuentes: Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y Banco Mundial.
Cada vez más campesinos son conscientes de que la agricultura biológica no sólo es económicamente viable, sino que contribuye a mejorar la salud y permite un mayor control de las semillas y de los recursos genéticos.

Hace algún tiempo, los arrozales de Mohamed Reazuddin eran atacados por plagas que reducían los rendimientos, a pesar de la gran cantidad de fertilizantes y pesticidas que utilizaba. Sus cosechas sólo comenzaron a mejorar cuando decidió abandonar esos productos. Este hombre de 60 años, padre de siete hijos y vecino de Tangail, al noroeste de Dacca, vuelve a encarar el futuro con optimismo. Mohamed es uno de los cerca de 25.000 agricultores de Bangladesh que se han unido al movimiento Nayakrishi Andolon, creado para ayudar a los agricultores afectados por las desastrosas inundaciones de septiembre de 1998.
Este movimiento no sólo aboga por una agricultura alternativa –sin pesticidas ni productos químicos– sino también por un enfoque centrado en la comunidad, que integre la sabiduría tradicional y las innovaciones científicas.
“Insistimos en que la agricultura no es una industria”, afirma Farhad Mazhar, coordinador de UBINIG (Estrategia de Investigación sobre Alternativas de Desarrollo), la ONG que lidera el movimiento, “es una práctica cultural, una forma de vida en armonía con la naturaleza”.
Los enormes daños causados por las inundaciones de 1998 llevaron a UBINIG a emprender un análisis profundo de la agricultura moderna, introducida 30 años antes en Asia por la Revolución Verde, con su séquito de fertilizantes químicos, pesticidas, simientes de alto rendimiento y sistemas de riego. A principios de los 90, el movimiento llevó a cabo una investigación a gran escala que reveló el declive de la fertilidad de la tierra, el incremento del uso de fertilizantes y una serie de problemas de salud y de nutrición. El estudio hizo hincapié también en la disminución de la cantidad y la diversidad de las especies de pescado locales. Además, se concluyó que las variedades de arroz de alto rendimiento no servían para producir la biomasa necesaria para alimentar al ganado.

La recuperación de la cadena ecológica
El propósito de Nayakrishi Andolon es recuperar poco a poco toda esta cadena ecológica. Afiliarse al movimiento significa aceptar una serie de principios que van desde el rechazo de los pesticidas hasta la rotación de cultivos.
Al principio no fue fácil lograr adeptos. “La primera vez que los enviados de la UBINIG nos dijeron que cultiváramos sin utilizar ningún producto químico, pensamos que habían perdido la cabeza,” recuerda Reja Begum, del pueblo de Kandapara. “Nos dijeron que podíamos fertilizar la tierra con abono vegetal y nos enseñaron cómo prepararlo en algo más de un mes. Aunque el rendimiento de nuestros cultivos fue un poco inferior al de los obtenidos con productos químicos, al calcular costes nos dimos cuenta de que salíamos ganando.”
El movimiento atrajo a los agricultores más pobres del país, que poseían menos de media hectárea y estaban ansiosos por introducir nuevas prácticas. La mayoría de ellos se habían visto obligados a vender parcelas de tierra para costear los fertilizantes y los pesticidas, cuyo precio no dejaba de aumentar. Hoy día, estos agricultores constituyen cerca del 75% de los seguidores del movimiento.

Lirios acuáticos para abonar la tierra
La UBINIG trabaja directamente con los agricultores, ya sea en sus propios campos u organizando cursillos y reuniones. Los agricultores han aprendido a mejorar la calidad de su tierra utilizando nuevos nutrientes naturales, como el abono elaborado con lirios acuáticos.
Gracias a los cultivos que fijan el nitrógeno, como las lentejas o las habas, han aumentado también el rendimiento de la caña de azúcar. Además del arroz, han empezado a cultivar varias legumbres, oleaginosas y cereales que forman parte de su dieta. Las variedades de arroz autóctono han resurgido, así como algunas variedades de pescado, lo que proporciona una mayor seguridad alimenticia a las familias. Según un estudio del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), desde que se aplican las normas de Nayakrishi el número de reses ha aumentado entre un 100% y un 200%, y los ingresos en metálico entre un 50% y un 200%. Se ha comprobado asimismo que los cultivos mixtos son tres veces más productivos que los monocultivos.
El control de las simientes es una baza fundamental para las comunidades agrícolas. Los agricultores Nayakrishi están dispuestos a utilizar variedades “de alto rendimiento” mientras puedan recoger y guardar las semillas. Todas ellas se almacenan en centros comunitarios situados en cada pueblo. Cuando llega la época de siembra, se distribuyen gratuitamente a los agricultores. Éstos deben devolver el doble tras la cosecha, excepto cuando ésta no haya sido buena. Estos centros gestionados colectivamente han creado vínculos muy estrechos entre los agricultores. Las mujeres, expertas en conservación y germinación de las simientes, lideran su gestión. La biodiversidad, además, está en auge: el Instituto Central de Semillas tiene una asombrosa colección de 1.036 variedades de 356 especies de cereales, verduras, frutas, árboles, enredaderas y arbustos.
Contra todo pronóstico, y con muy poco apoyo nacional, los cultivos biológicos se van extendiendo. Los agricultores con mayores tierras están empezando a reconocer su viabilidad económica. El método Nayakrishi está siendo aplicado por ONG más pequeñas en todo el país y se está estableciendo una red en Nepal, India y Pakistán.
Además, al mismo tiempo que se extiende la notoriedad de Nayakrishi, los alimentos biológicos se consideran más nutritivos y su costo aumenta en los mercados locales. Según el PNUD, “el impacto más importante, aparte de las mejoras ecológicas, ha sido devolver la confianza a la comunidad agrícola.”
Farhad Mazhar, coordinador de la UNIBIG, ha invitado al gobierno a contribuir al desarrollo del movimiento, asegurando que ello beneficiará a las familias locales y proporcionará mayores resultados en el extranjero. “Bangladesh es un país económicamente pobre, pero ecológicamente rico”, dice, antes de pronosticar con una fe inquebrantable: “Si lográramos mantener y desarrollar esta riqueza ecológica, podríamos alimentar a Europa.”

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