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China: los campos se vacían

Anne Loussouarn, periodista francesa residente en Beijing.

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Campesinos chinos trabajando en la provincia de Guizu.






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China


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Cifras claves, China

Población total:
1.200 millones (1999)
PNB per capita:
780 dólares (1999)
Porcentaje de agricultores
en la población activa total:
67% (2000)
74% (1980)
Porcentaje de la agricultura en el PIB:
17% (1999)
30% (1980)

Fuentes: Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y Banco Mundial.





“En las espaldas de los
campesinos pueden
leerse las disputas de
los señores.”

Proverbio ruso

La tributación excesiva y la disminución de los ingresos han provocado la partida de unos cien millones de campesinos hacia las ciudades. Se estima que esta tendencia se va a mantener mientras que la agitación aumenta en los campos.

La aldea de Yuandu, a 70 kilómetros de la capital provincial de Nanchang, parece tranquila. Campesinos viejos con casacas raídas pasean sus búfalos. Las mujeres aventan y arrojan las espigas de arroz a la carretera para que, al pasar, los escasos coches que toman ese camino separen la paja del grano. La cosecha ha terminado. Cada cual se dispone a pasar un invierno inactivo o a partir a trabajar a una ciudad vecina: es la rutina del campesino chino.
Sin embargo, hace cinco meses, el 17 de agosto de 2000, los habitantes de Yuandu, acompañados por campesinos de aldeas vecinas, participaban en una manifestación violenta. Su motivos de queja no han desaparecido: administración local demasiado complicada, tributación abusiva, baja de los ingresos… “Hay 300 funcionarios en esta comuna, 30 bastarían. Eso nos quitaría un gran peso de encima”, afirma indignada una anciana que lava ropa en un charco. Cultiva 5 mu de tierra (1 mu = 0,066 ha), una superficie relativamente importante, pues la densidad media de la población en las zonas agrarias se acerca a 700 habitantes/km
2.
Esta mujer se alimenta esencialmente de su propia producción, de la cual solamente 20% a 30% se vende en los mercados y le reporta un beneficio anual de 3.000 yuans (más o menos 300 dólares). Pero ha pagado más de 100 dólares de impuesto territorial, unos 80 por abonos y pesticidas y alrededor de 30 de participación en los gastos de riego. Sumados a otros gastos menores, el balance contable de un año de trabajo arroja una ganancia de poco más de 40 dólares. Ni siquiera lo suficiente para pagar el colegio de sus hijos, y menos aún para comer carne, que sólo figura en el menú tres veces al año. “Pido prestado a mis hermanas, que lavan ropa en un hotel en Nanchang”, precisa.
Los jóvenes ya se han ido de la aldea. “Muchos tratan de ceder sus tierras. Pero, ¿quién las querría?”, pregunta un viejo. Las pequeñas fábricas rurales, poco competitivas frente a los complejos industriales urbanos, no son más que la sombra de sí mismas. “Ya ni siquiera pueden pagar a sus obreros. Sólo los directivos reciben salarios”, cuenta un chófer de Fengcheng, la ciudad más próxima.
Se estima que la tributación excesiva impuesta a los agricultores se debe a las presiones que sufren las autoridades locales, que se ven obligadas a veces a sobrepasar la tasa máxima de imposición, fijada en 5% por Beijing. En una carta publicada por el Nanfang Zhoumo, Li Changping, secretario del Partido en la aldea de Qipan, en Hupeh, indica que 80% de los campesinos se endeudan para pagar sus impuestos. Pero, al parecer, las autoridades no pueden hacer otra cosa: el déficit de las finanzas comunales ha aumentado de 100.000 a 150.000 yuans anuales. La burocracia local pasó de 120 a 340 funcionarios en 10 años. Y sobre todo, en ese mismo periodo, el costo del desarrollo económico y el funcionamiento de la comuna aumentaron: mantenimiento de las infraestructuras y del sistema de regadío, subvenciones a las escuelas, apoyo a la industria local, sustento de las milicias locales, por no hablar del enriquecimiento fraudulento de ciertos dirigentes locales, denunciado por la prensa y la dirección del Partido.Si el peso de los impuestos ha desencadenado tales movimientos, el descontento en los campos se debe sobre todo al marasmo económico de los años noventa, tras la euforia consecutiva a la “descolectivización” de los campos al término de la década anterior.

Un auge económico efímero
Las tierras, que siguen siendo propiedad colectiva, se alquilan desde entonces a las familias por un plazo de 30 años. Como contrapartida, éstas entregan una cuota de su producción al Estado, que paga por ella un precio fijado de antemano, y el resto pueden venderlo en los mercados libres. Gracias a estos incentivos a los campesinos, el rendimiento de cereales por hectárea se incrementó en más de 50% entre 1975 y 1985, según las estadísticas de la FAO.
Simultáneamente, el número de cultivadores bajó mucho. Buena parte de este excedente de mano de obra liberado por la descolectivización se empleó en las fábricas de las aldeas, creadas también en esa época. Su producción aumentó cerca de 20% al año y alrededor de 120 millones de personas todavía trabajan en ellas. Por otra parte, se estima que a fines de los años ochenta, de 50 a 60 millones de campesinos partieron en busca de un trabajo más lucrativo a las ciudades, donde el nivel de vida es siempre más alto y la manera de vivir corresponde mejor a las expectativas de la juventud. Sin embargo, durante ese periodo, las transformaciones profundas registradas en los campos trajeron consigo un enriquecimiento inesperado de los campesinos.
Pero ese auge duró poco, pues el aumento de la productividad desembocó en una superproducción que acarreó una baja de los precios catastrófica. Entre 1984 y 1996, los costos de pesticidas y abonos aumentaron casi 15% al año. Las exigencias tributarias se endurecieron y el ingreso permaneció estacionario, llegando incluso a retroceder de algunos años a esta parte, según varios expertos chinos. La situación del campesinado se tornó crítica y el éxodo rural se intensificó. Se estima que hoy afecta a un total de 80 a 100 millones de campesinos y campesinas. Aunque el sistema del huku —esa especie de pasaporte interior que ata a los chinos a su lugar de nacimiento— frena el traslado de mano de obra hacia las ciudades, se estima que la “desruralización” continuará creciendo.

China y la incorporación a la OMC
A juicio de los investigadores chinos, esta crisis agraria es consecuencia de una liberalización inacabada, menos profunda que en las ciudades. Actualmente, el rendimiento de los cereales es inferior a la mitad del de Francia, por ejemplo. Los precios de los cereales aún no son absolutamente libres. El capital escasea debido a la dificultad del acceso a los préstamos bancarios. Por último, los campesinos no ejercen un verdadero control sobre sus tierras. “En realidad, algunos gobiernos locales los obligan a sembrar lo que reporta mayores beneficios a fin de aumentar los ingresos fiscales. Pero como todo el mundo hace lo mismo, los precios se vienen abajo al año siguiente y el que pierde en definitiva es el campesino”, explica Dang Guoying, investigador de la Academia de Ciencias Sociales.
Además, China está a punto de someterse a las reglas del mercado mundial incorporándose a la OMC. Para los campesinos, ello podría significar un duro golpe. No les será fácil defenderse de la probable importación de productos agrícolas, dado que algunos precios de los artículos chinos son superiores a los del mercado mundial: 44% en el caso del trigo, 67% tratándose del maíz, 26% para el arroz y 17% respecto del algodón en abril de 1999, según el Diario de las reformas chino, considerado una autoridad en los medios económicos. Algunos expertos estiman que, a largo plazo, China podría utilizar su situación ventajosa exportando productos que exigen abundante mano de obra como frutas, legumbres, hortalizas o productos piscícolas. Pero, según las proyecciones de la FAO, la población agrícola disminuirá en 60 millones durante el actual decenio.
¿Serán capaces los campesinos de amortiguar el golpe gracias al papel social que cumplen? Desde 1988, las aldeas pueden elegir sus comités al margen del Partido y han conquistado el derecho a una mayor autogestión económica. “Se asiste a una multiplicación de lugares de discusión en las aldeas”, estima Jean Louis Rocca, especialista en movimientos sociales. “Los habitantes de las aldeas han aprendido a bloquear las iniciativas de los cantones”, destaca el investigador Liu Yawei, “acudiendo directamente a las instancias superiores, e invitando incluso a periodistas de la famosa emisión de la televisión central, Focus (Jaodian Fangtan) a investigar supuestos casos de corrupción e injusticias flagrantes.” Por último, nadie ha olvidado que en el curso de la historia tres veces milenaria de China, las nongmin qiyi, las sublevaciones campesinas, precipitaron a veces el ocaso de las dinastías…

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