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Por una agricultura
familiar
mejorada
Moussa
Para Diallo, presidente de la Federación de Campesinos de Futa-Djalón,
presidente de las organizaciones campesinas de Guinea Conakry. |
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En nuestro país,
en la región de Futa-Djalón, los campesinos –y las campesinas, puesto
que participan en pie de igualdad en las faenas agrícolas– poseen granjas
muy pequeñas. En este macizo montañoso al norte de Guinea Conakry que
se da en llamar el “Arca de agua” de África Occidental, cultivan sólo
unos cientos de metros cuadrados. Durante la estación de lluvias cosechan
arroz y maíz para su consumo, así como tomates, patatas y cebollas
para la venta. Como promedio, obtienen cada año entre 200 y 300 dólares
de beneficio, gracias a los cuales procuran sustento a su familia.
Estamos lejos de todo: para conseguir un simple perno que hace falta para una máquina,
hay que ir a veces a buscarlo hasta la capital, Conakry. No tenemos títulos
oficiales de propiedad, lo que nos pone en una situación muy vulnerable frente
a cualquier individuo o al Estado cuando éstos reivindican nuestras tierras.
Carecemos de brazos suficientes: la juventud, en particular los muchachos, parte
masivamente, a menudo al extranjero. Sobre todo, nos hacen falta fondos para modernizar
nuestras granjas: las instituciones públicas de crédito y los bancos
privados nos prestan a un interés del orden de 30%. Y, sin embargo, pese a
todos estos inconvenientes, hemos logrado producir artículos que se han vuelto
competitivos en el mercado interior, no sólo respecto de los productores del
país, sino de los productores mundiales, ya que el mercado se ha liberalizado
totalmente desde hace unos diez años.
Cuando nos lanzamos, nada nos detiene. Hacemos lo que decimos. No mentimos a la gente.
Les ofrecemos resultados. Por eso tenemos éxito.
La Federación de Campesinos de Futa-Djalón, fundada en 1992, cuenta
hoy 12.500 miembros, de los que 70% son mujeres. Consigue los mejores precios para
comprar semillas y abonos, lo cual beneficia a sus miembros. Construye almacenes
de grano, carreteras y puentes y realiza también actividades de alfabetización.
Sus 18 especialistas ayudan a los campesinos a mejorar sus técnicas de cultivo,
pero no dan abasto. En la Federación también se dictan cursos sobre
rudimentos de contabilidad y se enseñan técnicas indispensables para
negociar la venta de productos con los comerciantes. Algunos organismos de cooperación
extranjeros y ciertas ONG nos brindan asimismo ayudas diversas, que ascienden a unos
40 dólares por año y socio.
Nos ha hecho falta tiempo, porque en realidad lo que hacemos es desarrollo. Aunque
los que nos financian exijan a veces resultados rápidos, sabemos que si nos
precipitamos fracasaremos. El resultado está a la vista: actualmente nuestros
rendimientos de patatas se elevan a 30 quintales por hectárea. Entre 1992
y 1998, logramos que el gobierno bloqueara la importación de este producto
durante el periodo en que vendíamos nuestra cosecha. Pero ya no necesitamos
esta veda.
La agricultura industrial resulta cara para el bajo presupuesto del consumidor. Además,
ha fracasado porque los agricultores no sólo son actores económicos,
sino también actores sociales, culturales, ambientales. Por consiguiente,
los países en desarrollo deben utilizar otra vía, una “tercera vía”,
la de la agricultura familiar mejorada.
Guinea Conakry aún no es autosuficiente: continúa importando arroz
del Sudeste asiático. Pero, ¿es posible seguir recurriendo al exterior
para alimentar a nuestra población, estando nosotros aquí para eso? |
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