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Colombia en fechas

Colombia: la pugna entre dos modelos

Entrevista realizada por Asbel López, periodista del Correo de la UNESCO.
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“Carro-bomba“, obra del pintor colombiano Fernando Botero.






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Colombia








“Por muy malo que sea un gobierno, siempre hay algo aún peor: la supresión del gobierno.”

Hippolyte Taine, filósofo e historiador francés (1828-1893)









Cifras clave

Población:
41,5 millones (1999)
PNB/habitante:
2.250 dólares (1999)
Evolución anual
del PNB/habitante:
1,5 % (1990-98)
Esperanza de vida
al nacer:
70 años (1998)
Tasa de analfabetismo
de los adultos:
8,8 % (1998)

Fuentes: Banco Mundial, PNUD.
Para el economista y filósofo colombiano Libardo Sarmiento, la fragilidad del Estado colombiano por las luchas internas ha permitido que grupos armados creen auténticos “Estados dentro del Estado”.

En Colombia, la violencia se cobró el año 2000 la vida de 38.000 personas y ocasionó cerca de 380.000 desplazados. ¿Qué hace el Estado?
E
n Colombia no existe un Estado de derecho clásico, tal como se conoce en las democracias occidentales. Tampoco existe un consenso acerca del tipo de Estado que se requiere para salir de la actual crisis. Lo que hay es un esbozo de Estado, manejado por elites excluyentes, y algunos proyectos de Estado. Somos un país veleta.

¿Esos intentos se dirigen en el mismo sentido?
En los últimos años, el país se ha debatido entre dos modelos opuestos: uno liberal de derecho clásico que responda a la necesidad de implementar un modelo neoliberal, esto es, un Estado liviano y eficiente, centrado en el fortalecimiento del capital privado. Las consecuencias de este modelo han sido una profunda crisis de la agricultura y la industria, y el progresivo detrimento del bienestar de la población.
De otro lado están quienes aspiran a construir un auténtico Estado social de derecho con una relativa descentralización y participación ciudadana, garantizando el respeto de los derechos sociales, que figura en la Constitución de 1991. Se trata de un Estado más intervencionista, garante no sólo de los derechos civiles y políticos, sino también los sociales, económicos y culturales. Un Estado más ecologista, que ponga en marcha una verdadera democracia participativa y no meramente delegativa.
Este antagonismo ha generado una profunda polarización, en medio de una guerra interna que ha experimentado una vertiginosa escalada desde 1995. Y por el momento, ni el uno ni el otro han logrado concretarse. De ahí el alto grado de ilegitimidad y debilidad en que ha caído el Estado colombiano.

¿Qué consecuencias acarrea esto?
Frente a esta ausencia de Estado, han surgido grupos para-estatales cuyo papel consiste en regular la vida política, social, económica y militar en amplias regiones, produciendo una “balcanización” del territorio. Estos grupos dirimen conflictos y generan su propio sistema de normas vinculantes. Todo esto, claro está, al margen de las instituciones legales. Los paramilitares y los grupos insurgentes de izquierda controlan vastas zonas del territorio, mientras la delincuencia organizada hace lo propio en sectores de las grandes ciudades. En ciertos casos estos grupos se convierten en auténticos Estados dentro del Estado, con todo lo que ello implica: dictar y ejercer la ley, cobrar impuestos a los comerciantes, a los industriales y a los terratenientes, llegando incluso a regular la vida cotidiana de los ciudadanos. El resultado es un territorio fragmentado donde no existe relación alguna entre Estado y nación.

¿Qué quiere decir cuando afirma que “el Estado colombiano no es un garante de normas vinculantes”?
Cada ciudadano opera con su propio código de conducta y no reconoce el de los demás. Quien es legal y no tiene nexos con los grupos de poder, no sobrevive. Esto ocurre en todos los órdenes, incluso cuando se hace fila para realizar un trámite administrativo.
Por eso creo que en Colombia el problema no es solamente de narcotráfico, sino también de una institucionalidad y una cultura que se ha ido consolidando con base en la ilegalidad y la fuerza, incluyendo la armada. Hoy es el tráfico de drogas o de personas, la corrupción con los recursos públicos, pero mañana puede ser cualquier otro elemento ilícito que produzca dinero fácil.

¿Colombia no es tampoco entonces un Estado-nación?
Ni lo es, ni tampoco creo que pueda llegar a serlo en las actuales circunstancias debido al alto grado de fragmentación y de ausencia de legitimidad del Estado. Según la idea clásica de los Estados-nación, el Estado responde a los intereses de la nación. Pero en Colombia el Estado ha respondido a intereses oligárquicos, exceptuando un breve período a mediados del siglo XIX. No existe un sentido político colectivo de nación. Debido a las configuraciones históricas regionales —en particular el conflicto permanente entre intereses federales e intereses centralistas y a la fragilidad de las instituciones—, no se ha logrado consolidar un Estado nacional construido desde abajo, desde lo local y lo regional.

En las democracias avanzadas, lo que se espera del Estado es que cumpla su papel de arbitraje entre los intereses de poderosos grupos de presión. ¿Desempeña esta función el Estado colombiano?
En nuestro país la orientación de las políticas públicas está estrechamente ligada a intereses corporativistas y privados. Los grupos de poder manejan el Estado para sus propios intereses, ya sea sectores económicos, grupos políticos, militares e incluso algunos sectores sindicales como el estatal. Por tanto, las políticas, las leyes y el gasto públicos no representan de manera global los intereses de todos los colombianos. No es un Estado con una orientación colectiva y democrática hacia el bien común.
Todo esto, que puede parecer muy teórico, tiene no obstante graves consecuencias en la vida cotidiana de los colombianos.
Sin duda. Para la población tiene unos grandes costos desarrollar cualquier tipo de actividad, ya sea económica o laboral, pues no cuenta con un capital social de confianza. El ciudadano parte del principio de que no puede contar con un respaldo real del Estado, sabe que éste no va a defenderle sus derechos constitucionales.

¿Podría darnos algunos ejemplos?
No existen garantías para los partidos políticos de oposición. En los últimos quince años, fueron asesinados más de 3.000 militantes de izquierda de la Unión Patriótica. El índice de impunidad por violaciones a la ley es del 90%. La justicia es además profundamente clasista: mientras hoy día se encuentran hacinados en las cárceles más de 50.000 colombianos de origen modesto, a las personas pudientes vinculadas con casos de corrupción se les asigna como prisión su propia residencia. Un ejemplo más: todos los políticos comprometidos por el escándalo de la elección del presidente Ernesto Samper (1994-1998), cuya campaña fue financiada con dineros del narcotráfico, fueron claramente favorecidos por este sistema legal elitista.

¿Qué es lo que mantiene unido al país?
Aunque suene contradictorio, lo único que ha logrado convertirse en un amarre para las instituciones en medio de todo este conflicto ha sido el manejo del presupuesto público como si fuera una “repartija”, un botín de guerra para distribuir entre los políticos regionales.

En materia de consolidación de un Estado social democrático de derecho, el reto para los colombianos es grande...
Tenemos las mismas urgencias de las sociedades modernas globalizadas, sin haber logrado materializar ni un Estado ni una nación, sin que se hayan llevado a cabo las grandes reformas democráticas, en materia de libertades fundamentales y derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales, ambientales y de autodeterminación. Es una sociedad con muchos grupos enfrentados, pero sin un centro o proyecto común.
Los derechos humanos y la paz con justicia social deben animar la orientación de este proyecto común. La democracia participativa y la autonomía local y regional son la garantía para la refundación de un Estado y una nación colombiana, de cara a las nuevas exigencias de una sociedad globalizada. El otro gran reto del país está en la educación, en la construcción de instituciones sustentadas en el bien común, en la construcción de lo público-democrático y en la ciudadanía moderna.

Colombia en fechas

1948-1957: Tras una guerra civil en la que murieron 300.000 personas, conservadores y liberales suscriben un pacto de alternancia en el poder previsto hasta 1978. La exclusión del resto de los partidos favorece el surgimiento de grupos guerrilleros como el Movimiento 19 de Abril (M-19), el pro-soviético Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
1980:
El creciente poder de los narcos amenaza con socavar la autoridad del gobierno.
1984: Se declara el estado de sitio ante la escalada de violencia política causada por las drogas.
1986:
La Unión Patriótica (UP), brazo armado de las FARC, consigue escaños en las elecciones generales. Escuadrones paramilitares comienzan una campaña de asesinatos de los políticos de la UP. Los traficantes forman ejércitos propios para luchar contra las guerrillas.
1989:
El M-19 funda un partido político.
1994:
Ernesto Samper conquista la presidencia en medio de denuncias de contribuciones a su campaña del cartel de Cali, lo que provoca una larga crisis política y tensiones con Estados Unidos.
1996:
La Asamblea Legislativa vota a favor de no acusar al presidente Samper.
1998-1999:
El conservador Andrés Pastrana es elegido presidente y propone un ambicioso plan de paz que deja bajo control de las FARC un área del tamaño de Suiza. 2000: Estados Unidos aprueba enviar una ayuda militar por valor de 1.300 millones de dólares como parte del Plan Colombia de lucha contra la droga. Las FARC suspenden el diálogo de paz y advierten que retomarán la acción militar.
2001:
Negociaciones para ceder tierra al ELN.

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