Le Courrier

sommaire

d'ici...

Opinion

Notre planete

Education

Droits humains

Cultures

Medias

Entretien

dossier
| El Estado desde abajo | Colombia: la pugna entre dos modelos | El olor del dinero en Mogadiscio | Los ciclistas, héroes de Bumba | Haití: la “gente de fuera” | Lecciones de supervivencia | Unidos por la tradición |

El peso del crimen organizado

Las mafias prefieren los países en crisis

Entrevista realizada por Michel Bessières, periodista del Correo de la UNESCO.
photo
Sicilia, 1981: parientes y policías aguardan a que un juez autorice el levantamiento de un cadáver.




El peso del crimen organizado

He aquí algunos datos tomados de un informe de un grupo de expertos del gobierno de Estados Unidos:
Blanqueo de dinero: Anualmente se blanquea un billón de dólares, la mitad procedente del tráfico de drogas. Un ex director del Fondo Monetario Internacional estimaba que el blanqueo representaba 2 a 5% del producto mundial bruto, o sea un total de 800.000 millones y 2 billones de dólares.
Droga: En 1999, los estadounidenses gastaron 63.000 millones de dólares en drogas ilícitas.
Tráfico de seres humanos: En 1997 se introdujeron ilegalmente en Estados Unidos 50.000 mujeres y niños, es decir 6 a 7% del total mundial. Al parecer, un tercio de este tráfico procede del Sudeste Asiático (225.000 mujeres y niños, aproximadamente).
También en 1997, las Naciones Unidas estimaban que el tráfico clandestino de mano de obra afectaba a 4 millones de personas en el mundo, con una cifra de negocios de 7.000 millones de dólares.
Materias primas: Se calcula que el comercio ilícito de materias primas aporta entre 5.000 y 8.000 dólares de beneficios a organizaciones criminales. Cerca de 75% de la producción mundial de diamantes en bruto procede de Africa y representa 5.200 millones de dólares anuales. En 1998, 13% de la producción total de diamantes africanos fue extraída de manera ilegal por parte de movimientos insurgentes.
En Rusia, la extracción y venta de 300 toneladas de ámbar, parcialmente en manos de organizaciones criminales, da una ganancia anual estimada en 1.000 millones de dólares, según la prensa.
Automóviles: Se calcula que el mercado de vehículos robados representa entre 10.000 millones y 15.000 millones de dólares al año.
Piratería: Los actos de piratería en alta mar acarrean al parecer pérdidas financieras que ascienden a 450 millones de dólares anuales.



“El mayor de todos los demonios es un gobierno débil.”

Benjamin Disraeli,
primer ministro británico
(1804-1881)

El crimen organizado florece donde las relaciones entre las instituciones y la sociedad están deterioradas, según Alex P. Schmid, responsable del departamento para la prevención del terrorismo de Naciones Unidas, en Viena.

Cuando el Estado se debilita, ¿es frecuente que el crimen organizado ocupe su lugar?
La aparición del crimen organizado es sintomático de un malestar generalizado de la sociedad, que no se expresa necesariamente en un debilitamiento del Estado. Existen Estados fuertes en sociedades débiles y viceversa. Estado, sociedad, fuerte, débil… Se pueden combinar estos términos al gusto de cada cual. El Estado fuerte, como tal, es perfectamente compatible con la existencia de organizaciones criminales. Por lo demás, no es excepcional que el Estado sea el instrumento de regímenes criminales.

Diría usted más bien que el terreno es propicio cuando el contrato social que vincula la sociedad con el Estado es demasiado desigual o ha sido cuestionado…
Sí. Eso se ve claramente en ciertas situaciones, por ejemplo al término de los conflictos. Veamos lo sucedido en Kosovo: la presencia de una administración de las Naciones Unidas no basta para acabar con el crimen organizado. En términos más generales, cuando las relaciones entre el Estado y la sociedad se deterioran, aumenta la influencia de sociedades paralelas de todo tipo, que se sustraen –al menos en parte– a la ley general. Así sucede en el plano político con los movimientos de liberación; en el religioso, con las sectas milenaristas; en el criminal, con la mafia o las tríadas. Son muchos los países que viven una fase de transición que puede fortalecer a la larga la democracia. Pero mientras transcurre esta etapa, su situación beneficia al crimen organizado. Su suerte es, con todo, más envidiable que la de los países acaparados por regímenes militares “cleptocráticos”.

¿Gracias a qué mecanismos logra afianzar su influencia el crimen organizado?
En primer lugar, las convergencias de métodos facilitan su coexistencia con los Estados. Algunos servicios secretos emplean las mismas prácticas clandestinas que las organizaciones criminales: corrupción, chantaje, eliminación física... Otro tanto sucede, en tiempos de guerra, con los movimientos de resistencia. Incluso victoriosos, no todos llegan al poder. Algunos de sus miembros se transforman en delincuentes. Por lo demás, se conocen muchos casos en los que el crimen organizado y sectores completos del Estado mantienen, en la sombra, relaciones de intereses. A cambio de una impunidad, al menos relativa, el primero proporciona electores y financia las campañas electorales. Suele ser necesario que un régimen se derrumbe, para que pueda medirse la importancia del crimen de cuello blanco —o caqui. Así se vio en Nigeria, tras la desaparición del dictador Sani Abacha: su enriquecimiento personal se cifra en miles de millones de dólares.

¿Constituye entonces una seria amenaza la criminalidad de cuello blanco?
Es obra de personajes que se encuentran en las más altas esferas del Estado. Saben mantener una aparente legitimidad, manipular las leyes y las instituciones. Ninguna figura del hampa tiene esta técnica. Numerosos Estados nacidos tras el derrumbe del bloque soviético fueron saqueados en gran escala por antiguos burócratas o aventureros de nuevo cuño. Hubo agentes de los servicios secretos que utilizaron sus redes con fines criminales. Se estima que en la actualidad la mafia rusa opera en más de 50 países.

A menudo da la impresión de que el poder de la mafia sobre una sociedad es irreversible. ¿Es entonces el suyo un combate sin esperanzas?
No. Los casos son sumamente diversos: algunas organizaciones se derrumban, otras se mantienen durante varias generaciones. Las mafias –sociedades secretas estructuradas jerárquicamente que respetan la ley del silencio– no son más que una expresión del crimen organizado. Existen hoy redes mucho más flexibles, constituidas en torno a un proyecto y que se reconstituye en otro sitio con otros actores. También surgen grupos criminales dentro de las comunidades de inmigrantes cuyas condiciones de vida son difíciles. Según las situaciones, la segunda generación se integra en la sociedad o prosigue las actividades ilegales. También sucede que nuevos grupos eliminen a sus predecesores. En Europa del Este, la mafia albanesa reemplaza actualmente a la mafia turca en el control de las redes de distribución de heroína desde los Balcanes.
Desde el punto de vista policial es más fácil combatir a una mafia extranjera. Una vez que la policía ha sido infiltrada y que los elementos corrompidos empiezan a eliminar a los policías honestos, la lucha se hace más difícil. La prioridad consiste entonces en “limpiar” la policía.

¿Es la democracia un arma eficaz contra las mafias?
Sería una ingenuidad afirmar que no existen actividades mafiosas en los países democráticos. Las sociedades abiertas ofrecen excelentes oportunidades al crimen organizado. Por consiguiente, éstas han de eliminar la corrupción dentro de la policía, dotarse de servicios de información eficaces y suscitar una amplia adhesión de la opinión pública en la lucha contra la criminalidad. Además, ciertos remedios han dado resultados: reducir las dimensiones del mercado negro, controlar la inmigración con métodos legítimos, combatir el desempleo. Es indispensable, además, que los que ocupan cargos de elección popular y los altos funcionarios rindan cuentas, que la corrupción y el blanqueo de dinero se combatan enérgicamente. Cuando los que ejercen el poder son irreprochables y se preocupan por el bien común, la lucha contra el crimen organizado gana en eficacia. La situación actual de Palermo demuestra que es posible invertir la tendencia, incluso en el feudo de la mafia.

La reducción generalizada del papel del Estado, ¿crea una correlación de fuerzas más favorable para las mafias?
Las privatizaciones y desregulaciones han abierto nuevas posibilidades al crimen organizado. La evolución de los mercados financieros internacionales desde los años 70 permite blanquear dinero a escala mundial. En muchos países, las empresas privadas de seguridad tienen más personal que la policía, sin ajustarse al mismo marco legal. Esta tendencia es inquietante, a juzgar por la pésima fama de algunas de esas empresas.

Con las tecnologías de la información, los criminales pueden preparar sus fechorías, realizarlas en otras latitudes y depositar su botín en cuentas off-shore en el otro extremo del planeta. ¿Qué hacer?
La comunidad internacional ha hecho frente a ese desafío. En diciembre de 2000, 124 países firmaron en Palermo la Convención contra el crimen organizado, que facilita la cooperación entre Estados. Está actualmente en estudio una convención contra la corrupción, y la Unión Europea trabaja en un proyecto regional contra la cibercriminalidad. Los Estados y las sociedades deben dotarse de los medios necesarios para combatir el crimen organizado. Y utilizar las Naciones Unidas como foro para coordinar sus esfuerzos.

Top