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Todos los
caminos llevan al voto
Fotografías
de Isabelle Eshraghi, texto de Haya al-Mughni. Isabelle Eshraghi es una fotógrafa
francesa. Haya al-Mughni es una socióloga kuwaití, autora de Women
in Kuwait: The Politics of Gender (Londres, Saqi Books, 2001). |
| Desde
el final de la Guerra del Golfo, las mujeres de Kuwait han hecho grandes avances
en su campaña para obtener el derecho de voto, una causa que defienden hasta
las activistas islamistas más enfervorizadas. |
Hasta hace cincuenta
años, eran pocas las mujeres kuwaitíes que recibían alguna formación,
aparte de una somera educación religiosa. Las que pertenecían a familias
acomodadas vivían confinadas en sus patios, en un sector de la casa sin ventanas
para que no pudieran oírse sus voces desde fuera. La suerte de las pertenecientes
a medios más modestos era un poco más llevadera: unas trabajaban como
comadronas, casamenteras, costureras y maestras coránicas, otras se dedicaban
al comercio ambulante o tenían un puesto en el mercado. Sin embargo, todas
las mujeres estaban obligadas a cubrirse en público con un largo manto negro
(el abbayat) y a taparse el rostro con un grueso velo también negro, el boshiat.
La transformación de Kuwait de una pequeña comunidad marinera dependiente
del comercio en uno de los principales países productores de petróleo
fue el punto de partida de los cambios. La rapidísima expansión económica
generó una demanda de mano de obra instruida, y el Estado puso la educación
al alcance de todos los ciudadanos. Las mujeres instruidas se convirtieron en un
símbolo de la modernidad, suprimieron el velo negro tradicional, acudieron
a la universidad y rivalizaron con los hombres en el mercado de trabajo. En los años
90, las mujeres representaban 35% de la mano de obra potencial del país, y
la gran mayoría trabajaban como maestras, médicas, ingenieras y abogadas.
Pese a estos avances espectaculares, las mujeres de Kuwait siguen siendo legalmente
consideradas como meros miembros de una familia, con sus derechos y deberes definidos
en función de sus papeles de madre, de hija o de viuda. La Constitución
no establece diferencias entre mujeres y hombres en relación con los derechos
de ciudadanía, pero diversas leyes promulgadas en el marco de esa Constitución
son discriminatorias. La Ley de Voto de 1962, por ejemplo, limita el derecho de voto
y de presentarse a las elecciones a los hombres.
Después de la Guerra del Golfo, el movimiento femenino de Kuwait hizo de este
problema su caballo de batalla, sentando las bases de una alianza entre militantes
feministas islamistas y liberales. Para justificar su demanda de derechos políticos,
las sufragistas hicieron valer el comportamiento heroico de las mujeres durante la
ocupación iraquí. Las mujeres que permanecieron en Kuwait durante la
ocupación participaron en la resistencia armada y pusieron sus vidas en peligro
pasando clandestinamente alimentos, dinero y medicamentos por los controles militares.
Muchas fueron descubiertas, torturadas y condenadas a muerte.
Olvidando esos sacrificios, el Parlamento, exclusivamente masculino, continuó
mostrándose reticente a conceder a las mujeres la totalidad de los derechos
de ciudadanía. En noviembre de 1999, una coalición islamista-tribalista
logró anular un decreto del soberano de Kuwait, el jeque Jaber Al Ahmed Al
Sabah, en virtud del cual las mujeres habrían tenido derecho a presentarse
como candidatas y a votar en las elecciones parlamentarias y municipales.
Los adversarios se acogen a interpretaciones restrictivas de la ley religiosa para
denegar a las mujeres los derechos de ciudadanía. Pero el auténtico
motor de sus acciones es una profunda ansiedad ante el estancamiento de la economía.
El desempleo creciente entre los jóvenes kuwaitíes ha dejado algo quebrantada
la identidad masculina y su capacidad para mantener a la familia. La masculinidad
está en crisis. No sólo las mujeres empiezan a dominar algunos sectores
del mercado de trabajo, sino que también ocupan puestos de poder en el gobierno
y la industria. Los cargos de rector de la Universidad de Kuwait, subsecretario del
ministerio de Educación Superior y director gerente de la industria petrolera
están ocupados por mujeres. El sufragio femenino socavaría la supremacía
masculina y reforzaría el poder de las mujeres en la esfera pública.
Así pues, a lo largo de todo el decenio de 1990, los islamistas y los beduinos
que los apoyan se han valido de diversos argumentos para mantener a la mujer confinada
en su identidad tradicional. Según ellos, el aumento de los divorcios y de
la delincuencia infantil se deben a que la mujer ha abandonado su papel de siempre.
La coalición islamista-tribalista llegó a forzar al Parlamento a aprobar
una ley que autorizaba a las madres trabajadoras a jubilarse prematuramente, con
objeto de dejar más empleos libres para los hombres.
No obstante, las mujeres kuwaitíes no están dispuestas a ceder terreno.
Tras la anulación del decreto antes mencionado, las militantes presentaron
seis querellas contra el ministerio del Interior por no haberles permitido inscribirse
en el censo para votar, todo ello con ánimo de forzar una reforma de la Ley
de Voto.
La educación ha modificado el punto de vista de las propias mujeres sobre
sí mismas y sobre su función en la sociedad. Hasta las islamistas más
enardecidas abogan por el derecho de la mujer a votar y a participar en la vida pública.
A diferencia de las militantes liberales, que establecieron alianzas con agrupaciones
democráticas de hombres, las islamistas optaron por actuar desde el interior
de los movimientos religiosos, que durante casi dos decenios vienen actuando como
day’at (predicadores), convirtiendo a las muchachas al Islam y ensalzando las virtudes
de una sociedad moral, e incluso lograron popularizar el velo islámico.
De hecho, la participación en los movimientos islamistas ha dado a la mujer
nuevas formas de poder y visibilidad. La idealización de su función
de madres y educadoras ha reforzado su autoridad en el hogar. Al mismo tiempo, al
exaltar la importancia del recato femenino, las islamistas se han ganado el respeto
de todos en el foro.
Las militantes islamistas comparten con los hombres el sueño de una sociedad
islámica regida por la religión. Sin embargo, su sociedad ideal difiere
del orden machista en el que las mujeres se ven privadas del derecho de voto y sus
funciones son sólo las que su constitución biológica les impone.
Las islamistas suscriben hoy una concepción más autónoma de
la sociedad islámica y de los papeles que corresponden a uno y otro género.
El hecho de trabajar dentro de movimientos religiosos les ha permitido entablar un
diálogo sobre los derechos de la mujer y crear un nuevo modelo de feminidad
musulmana.
El militantismo femenino en Kuwait refleja hoy la diversidad de las opciones y aspiraciones
de las mujeres en su lucha por la equidad entre los sexos. |
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Cifras
clave
Población:
2 millones
Superficie: 18.000 km2
Tasa de alfabetización: Mujeres: 78,5%. Hombres: 83,2%
PNB per cápita en dólares: Mujeres: 13.347. Hombres: 34.466
Fuentes:
Banco Mundial, PNUD (1998, 1999).

Kuwait
Fechas
1899:
Firma de un acuerdo de protectorado con Gran Bretaña.
1961: Kuwait adquiere su plena independencia.
Agosto de 1990: Tropas iraquíes invaden el país.
Febrero de 1991: Una coalición de las fuerzas de la ONU y Estados Unidos
libera Kuwait.
1994: Irak comunica a la ONU que reconoce la soberanía de Kuwait, su integridad
territorial y sus límites internacionales.
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