
Base de escucha en Menwith Hill, Reino Unido.

Localización de los puntos de escucha de la Red Echelon. |
El
periodista que dio a conocer Echelon, una amplia red de espionaje electrónico,
revela hasta qué punto la vigilancia internacional nos afecta a todos.
En los lugares más
remotos del planeta proliferan unas semiesferas blancas de 30 a 50 metros de diámetro.
Como constelaciones de gigantescas pelotas de golf, brotan en los arrozales del norte
de Japón y en los viñedos de la Isla del Sur de Nueva Zelandia.
Constituyen la señal más ostensible de las redes electrónicas
ocultas que vigilan el mundo. Cada semiesfera está repleta de antenas de seguimiento
por satélite que absorben y examinan silenciosamente millones de faxes, llamadas
telefónicas, mensajes de correo electrónico y datos informatizados.
Sin que los emisores lo sepan, estos mensajes pasan de los montículos a redes
informáticas y a auditores que pueden encontrarse en el otro confín
del mundo.
Como éste se ha globalizado y las comunicaciones son decisivas para la actividad
humana, esas redes de escucha han aumentado de manera exponencial. Forman parte de
los llamados sistemas de captación de señales o sigint, manejados por
un puñado de países avanzados.
Durante muchos años, la existencia de las redes de sigint permaneció
en secreto: en los países interesados la ley desaconsejaba e incluso prohibía
toda alusión a ellas. Actualmente, el Parlamento Europeo está realizando
una cuidadosa investigación sobre las organizaciones de sigint y cómo
pueden vulnerar los derechos humanos o interferir en el comercio internacional. La
preocupación europea se centra en Echelon, un sistema que conecta las estaciones
de escucha de diez países a fin de interceptar y procesar las comunicaciones
internacionales por satélite. Echelon es sólo un eslabón de
una inmensa red controlada por Estados Unidos y sus aliados de habla inglesa –el
Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelandia– denominada UKUSA en virtud
de un acuerdo secreto que constituyó dicha alianza en 1948. Es muy poco lo
que se sustrae al control de UKUSA, que intercepta mensajes transmitidos por Internet,
cables submarinos y radioemisoras, así como los procedentes de los equipos
de vigilancia instalados en las embajadas. Funciona incluso en el espacio, por medio
de una flota de satélites orbitales.
La historia de los sistemas como Echelon es tan antigua como la propia radio. El
primer escándalo internacional sobre escuchas subrepticias estalló
en 1920, cuando el Senado estadounidense descubrió que unos agentes británicos
copiaban todo telegrama internacional despachado por las empresas telegráficas
de Estados Unidos. Las redes internacionales actuales se tendieron en las etapas
iniciales de la Guerra Fría, cuando muchas naciones occidentales empezaron
a vigilar conjuntamente a la Unión Soviética.
Realidad
y fantasía
Pero,
¿qué es lo que se escucha?, y, ¿por qué razón?
Oficialmente, los gobiernos sólo admiten que la vigilancia tenga por objeto
neutralizar ciertos peligros unánimemente aceptados, como la proliferación
de armas, el tráfico de drogas, el terrorismo y el crimen organizado. Pero
ésta es sólo la parte visible del iceberg. El objetivo principal es
conocer las comunicaciones diplomáticas y los planes militares de los demás
gobiernos y conseguir información de carácter comercial, considerada
prioritaria. Amnistía Internacional y Greenpeace figuran también entre
las organizaciones que interesa observar.
UKUSA es la red más extensa del mundo, pero Francia, Alemania y la Federación
de Rusia cuentan con sistemas similares, así como los países escandinavos
y algunos de Oriente Medio, como Israel, Arabia Saudí y los Estados del Golfo
Pérsico. Los presupuestos de todas las agencias sigint de los gobiernos suponen
probablemente un desembolso anual de 20.000 millones de dólares, según
los cálculos que yo mismo hice para un informe del Parlamento Europeo publicado
en 2000.
Pese al extraordinario alcance de Echelon y de los sistemas equivalentes, es falso
que podrían interceptar “la totalidad de las comunicaciones por correo electrónico,
teléfono y fax”. Tampoco son capaces de reconocer el contenido de todas las
comunicaciones telefónicas. Y es pura fantasía que el mero hecho de
que dactilografiar una palabra clave como “bomba” en un e-mail ponga en marcha una
grabadora de cinta magnética en alguna base secreta. De cada millón
de comunicaciones telefónicas o mensajes que se intercepten, menos de diez
servirán para obtener información. Y la mayoría de las comunicaciones
personales se ignoran, salvo las de personas “importantes”, como políticos,
hombres de negocios de primer plano, y sus familias.
Pero, gracias a la red UKUSA, es posible tener acceso a la mayor parte de las comunicaciones
por satélite en el mundo y tratarlas, transmitiendo su contenido a los Estados
clientes. El sistema proporciona a los países participantes una enorme ventaja
política, totalmente injusta, ya que en su mayoría las naciones en
desarrollo no pueden financiar la asistencia técnica ni el equipo indispensables
para preservar la confidencialidad y seguridad de sus redes.
El asunto empezó a conocerse en los años 70, cuando quedaron al descubierto
los servicios de inteligencia estadounidenses a raíz del escándalo
del Watergate, provocado por el empleo de dispositivos electrónicos clandestinos
de escucha por el presidente Richard Nixon contra sus adversarios en las elecciones.
Desde entonces, un número creciente de denuncias han revelado la magnitud
y los efectos del espionaje sigint.
Escribí por primera vez sobre el espionaje electrónico en Inglaterra
en los años 70. Estaba terminando una licenciatura universitaria en física
y observé en el campo la presencia de misteriosos transmisores de radio y
satélite. En 1976, revelé la dimensión británica de las
actividades de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), que las
investigaciones del Congreso habían dejado al descubierto el año anterior.
Causó estupefacción a los funcionarios responsables que se hubiera
violado el sacrosanto principio del secreto eterno e indivisible. Poco después
de la publicación del artículo, mi coautor estadounidense fue expulsado
de Gran Bretaña por constituir una “amenaza contra la seguridad nacional”.
Junto con otro periodista y la persona que nos había dado la información,
fui detenido por orden de las autoridades, pero éstas no se atrevieron a acusarnos
de espionaje. Nuestro “crimen” había sido espiar las actividades del gobierno
para informar al pueblo. Si la denuncia hubiera prosperado, habríamos sido
condenados a largas penas de prisión.
En los veinte años siguientes, el secreto oficial perdió rigor en Estados
Unidos. Las investigaciones del Congreso en particular arrojaron luz sobre las actividades
de las agencias sigint. En Gran Bretaña, en los años 80, la controvertida
prohibición de sindicalizarse impuesta a los trabajadores de la Dirección
Central de Comunicaciones del Estado (GCHQ) se volvió contra las autoridades
al poner en evidencia sus actividades de espionaje.
El desarrollo de Internet ha dado nuevo impulso a esta tendencia. Actualmente, incluso
la GCHQ y la NSA han creado sitios en la red a fin de garantizar a los ciudadanos
de los países de la UKUSA que no están sometidos a ningún control.
Pero estas salvaguardas no se aplican al resto del mundo, cuyos ciudadanos se ven
privados por omisión del derecho a la intimidad. Los países que interceptan
tales comunicaciones son libres de utilizar a su antojo la información obtenida.
El
miedo a expresarse
Este
comportamiento viola la Declaración Universal de Derechos Humanos, así
como el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y de las
Libertades Fundamentales y el Convenio Internacional de Telecomunicaciones, que garantizan
la confidencialidad de ese tipo de comunicaciones. Y lo cierto es que la lista de
tratados burlados por las agencias sigint va en aumento.
Si bien lo más probable es que los individuos nunca sepan que han sido espiados,
esas acciones pueden costar muy caro a sus países o las organizaciones a que
pertenecen. Cuando se celebran negociaciones comerciales, las agencias sigint son
capaces de interceptar los mensajes de una nación productora y descubrir el
punto más bajo al que pueden llegar. Esos informes confidenciales permiten
a los negociadores del mundo desarrollado obligar a esos países a rebajar
los precios hasta su mínima expresión. Recientemente, diversos gobiernos
han utilizado las redes contra organizaciones de defensa del medio ambiente o que
protestan contra las injusticias en el comercio internacional.
Para paliar el creciente rechazo que despiertan estas actividades, Estados Unidos
ha tratado de ampliar su círculo de colaboradores a países como Suiza
y Dinamarca. Aunque la conciencia y la preocupación de la población
van en aumento, no basta con estar alerta: si los países y los pueblos quieren
integrarse en pie de igualdad en la infraestructura global de la información,
es urgente aunar esfuerzos.

http://www.europarl.eu.int/stoa/publi/default_es.htm
Sabía
usted que…
Echelon puede llegar a interceptar hasta tres mil millones de comunicaciones
al día (conversaciones telefónicas, mensajes por correo electrónico,
ficheros de Internet, transmisiones por satélite, etc.), comprendidos dos
millones de llamadas telefónicas por minuto, y filtra aproximadamente 90%
de todo lo que circula por Internet.
http://www.echelonwatch.org |