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Canadá: un país de aulas informatizadas

Escuela y tecnología: la hora de la reflexión
Entrevista realizada por Cynthia Guttman periodista del Correo de la UNESCO.

Palabra
de estudiante

Para averiguar si la tecnología favorece o entorpece la enseñanza, CERI creó una red internacional que consta de 29 estudiantes de entre 17 y 20 años de edad, que culminó en una mesa redonda en diciembre de 2000. Pese a que procedían de lugares diferentes, Estados Unidos, Europa o el Pacífico, todos coincidieron en que Internet es un poderoso medio de aprendizaje. Pero algunos expresaron su frustración con frases como: “Los profesores nos dicen que busquemos en Internet, pero luego no nos dan tiempo para ello”, “A veces nos dan una dirección y descubrimos que no existe”; “Muy a menudo nos quedamos sin lección porque hay problemas técnicos”, “El método tradicional de búsqueda (en la enciclopedia) es más rápido y más seguro”. Además de una mejor formación para sus profesores y mejores programas, los estudiantes propusieron algunas medidas para acortar las distancias entre la escuela y el hogar.

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http://bert.eds.udel.edu/
oecd/roundtables

Las escuelas deben dar todavía un gran salto cuantitativo si quieren preparar a los alumnos para vivir en la “sociedad de la información”, afirma Edwyn James, del Centro para la Innovación y la Investigación de la Educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Los países de la OCDE dedican 1 a 2% de sus presupuestos de educación a tecnología de la comunicación y la información (ICT). ¿En qué medida hemos logrado convertirlas en auténticos instrumentos?
En términos relativos, la educación no ha comenzado aún a preguntarse cuáles son las implicaciones, y son enormes. Por término medio, los países de la OCDE gastan aproximadamente 0,25% de sus presupuestos de educación en investigación y desarrollo, frente al 7% dedicado a ciertos sectores industriales. Como consecuencia, todavía sabemos poco sobre los efectos de la ICT en el aprendizaje individual, y los profesores siguen careciendo de la preparación adecuada para utilizar estos nuevos instrumentos.

Es decir, ¿que las escuelas se están equipando sin pensar demasiado en cual será el paso siguiente?
Ésta es la paradoja. La ICT puede ayudar a los alumnos a desarrollar toda una serie de capacidades que exige la economía moderna, como aprender a aprender, resolver problemas, saber cómo conseguir y evaluar la información… pero nada de esto se refleja en el programa de estudios. Los profesores no van a pedir e intercambiar ideas con otras escuelas y otras personas de manera ilimitada. Los exámenes de fin de estudios secundarios siguen basándose en un corpus de conocimientos y en la capacidad de demostrarlos. ¿Por qué irían a invertir los profesores tiempo en desarrollar nuevas técnicas que no son suficientemente valoradas por el sistema? Al mismo tiempo, si lo hicieran, correrían el riesgo de perjudicar a sus alumnos en los exámenes.

Pese a todo, ¿no está la ICT modificando el papel de los maestros?
Me repugna la idea de que el profesor se limite a estar presente cuando un alumno tiene problemas. Indica una experiencia educativa sin rumbo fijo. Aprender es una ejercicio planificado. El ritmo del cambio que anuncia la tecnología informática nos ha vuelto más conscientes que nunca de que el conocimiento evoluciona. No podemos considerar al maestro como a alguien que sale de la universidad y repite las mismas lecciones durante los cuarenta años siguientes. Los profesores tienen que desarrollar más vínculos con las universidades y estar suficientemente conectados con la sociedad para saber a quién dirigirse y preguntar sobre una base de respeto mutuo.

¿Cómo se podría mejorar la formación?
Los educadores deben aprender a utilizar la ICT. Si el desarrollo profesional pudiese producirse en línea y dotar a los profesores de los recursos necesarios para integrar la ICT, éstos comenzarían a confiar en estas tecnologías. Los programas informáticos de mala calidad son otro gran obstáculo. La manera de avanzar es facilitar el diálogo entre empresas y profesores para decidir qué tipo de programa se requiere y cuál es realizable tanto técnica como económicamente. Pero esto no ha hecho más que empezar.

¿Es la ICT económicamente viable?
La mayoría de las computadoras tiene un período de vida cinco años, en el mejor de los casos. ¿Cómo justificar la inversión de enormes sumas de dinero en hardware en una escuela que sólo abre seis horas al día, 40 semanas al año, si en cinco años el material estará obsoleto? Algunas universidades tienen servicios abiertos todo el día y permiten a sus usuarios conectarse cuando lo deseen. También las escuelas podrían permitir el acceso al resto de la comunidad. Por ejemplo, los alumnos con más conocimientos técnicos podrían recibir una modesta remuneración por trabajar en la escuela por la tarde. Hay que ver a las escuelas como parte de una comunidad, con relaciones en uno y otro sentido, y no como una entidad amurallada.

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