
Un buceador estudia las pérdidas sufridas por un arrecife de coral.

www.coral.org
Clive Wilkinson (ed.), Status of Coral Reefs of the World: 2000, Australian
Institute for Marine Science |
Amenazados
por la contaminación, la pesca excesiva y el calentamiento del planeta, los
arrecifes coralinos, vitales para millones de seres humanos, se están muriendo
a una velocidad alarmante.
En la reunión
de expertos en biología marina celebrada recientemente en Bali, se hizo un
diagnóstico inquietante sobre la situación de los polícromos
bosques submarinos de coral: en los últimos decenios, más de la cuarta
parte han sido destruidos por la actividad humana. Al ritmo actual, nuestra generación
será testigo de la desaparición de por lo menos 57% de esas formaciones.
Esta destrucción representa también una amenaza para el sustento de
500 millones de personas en el Sur y el Sudeste de Asia, en África Oriental
y en el Caribe, ya que un arrecife sano puede suministrar anualmente más de
15 toneladas anuales de pescado y marisco por kilómetro cuadrado, suficiente
para alimentar a 2.500 personas.
Los habitantes del litoral necesitan sus arrecifes para atraer al turismo, fomentar
la pesca y proteger las costas de la erosión y las tempestades. En las Islas
Vírgenes Británicas, 45% de los ingresos y más de la mitad de
los puestos de trabajo dependen del turismo. Si no fuera por los arrecifes, el agua
se llenaría de algas y las olas terminarían por llevarse las playas,
lo que significaría 130 millones de dólares de pérdidas.
Resultado de más de 50 millones de años de evolución, los arrecifes
coralinos son uno de los sistemas más frágiles y complejos de la biodiversidad
de la Tierra: los naturalistas han inventariado en ellos más de 800 especies
de corales hermatípicos y 4.000 de peces. Es posible que los arrecifes lleguen
a albergar, en total, una cuarta parte de las especies marinas; además, hacen
las veces de nido para los alevines.
¿Por qué desaparecen ahora con más rapidez que nunca? La pesca
excesiva los ha diezmado considerablemente en Malasia, Viet Nam, Indonesia y Filipinas.
Con la eliminación de los peces que las devoraban, las algas han cundido desmesuradamente
y han exterminado los corales, provocando una reacción en cadena de extinciones
locales que neutralizan la capacidad de recuperación del arrecife. Hay varias
técnicas particularmente nefastas. La pesca con explosivos (que se hacen estallar
en los arrecifes para matar a los peces) ha dañado gravemente los corales
de África Oriental. Y la pesca con cianuro de sodio no resulta mejor. Este
producto químico vuelve a los peces tropicales más torpes y lentos
y, por consiguiente, más fáciles de capturar, pero al mismo tiempo
acaba con los corales y otros animales de los arrecifes.
Pese a los esfuerzos para erradicarla, la pesca con cianuro se ha intensificado:
los restaurantes asiáticos y los acuarios estadounidenses pagan muy bien los
peces tropicales vivos. Desde la aparición de esta técnica en los años
60, la cantidad de cianuro vertida en los arrecifes coralinos solamente en Filipinas
sobrepasa el millón de kilos.
Pero la pesca es sólo un aspecto. Los arrecifes sufren también los
efectos de la contaminación industrial, los sedimentos acarreados por los
ríos a causa de la deforestación y los abonos. La extracción
de coral, los barcos y las nuevas construcciones destrozan sus delicadas estructuras
y provocan el desprendimiento de grandes fragmentos. Como los corales hermatípicos
sólo crecen entre 1,3 y 10,2 cm al año, cada explosión, cada
objeto arrastrado pueden anular un siglo de formación del arrecife.
El calentamiento del planeta agrava la situación. Los corales no sólo
son frágiles, sino también muy sensibles a los cambios de temperatura.
Cuando los vendavales del Niño, que en 1998 calentaron las aguas tropicales
de África al Pacífico, pasando por Indonesia y Filipinas, los arrecifes
se tornaron más pálidos y adquirieron un extraño color hueso,
fenómeno al que se dio el nombre de “blanqueo”. Numerosos arrecifes blanqueados
terminan siendo eliminados por las algas, grandes rivales de los corales hermatípicos.
Según estimaciones de la Red Mundial de Vigilancia de los Arrecifes Coralinos,
el blanqueo destruyó 16% de éstos en 1998. En el Océano Índico,
Maldivas, Sri Lanka y el oeste de la India, este fenómeno tuvo efectos catastróficos
en los arrecifes, ya dañados por la sedimentación y la contaminación
procedentes de las industrias del litoral y el desbroce. Es muy improbable que los
que siguen expuestos a los efectos desastrosos de la intervención del hombre
lleguen a recuperarse. Si, como está previsto, prosigue el calentamiento del
planeta, en un plazo de 30 a 50 años los arrecifes coralinos habrán
dejado de existir.
Desarrollo
económico y protección de los corales
Es
cierto que las comunidades locales poco pueden hacer contra el calentamiento del
planeta, pero, en cambio, están en condiciones de conjugar el crecimiento
económico con la protección de los corales. En el parque marino de
la isla de Bonaire (Antillas Neerlandesas), creado en 1979, ésta no impide
el desarrollo del turismo. Varios guardias velan en el perímetro del parque
por el respeto de la prohibición de recoger corales y de practicar la pesca
submarina y comercial. Como desde 1992 se cobra una entrada a los visitantes. Bonaire
ha sido uno de los primeros parques del mundo en autofinanciarse, en vez de depender
de las fundaciones o los impuestos.
Actualmente, Bonaire alberga algunos de los corales más sanos de la región.
Cerca de 30.000 personas visitan el parque todos los años, afluencia que alimenta
la industria turística. Gracias a los esfuerzos permanentes de sus guardias,
la isla podrá conservar hermosos corales e incrementar sus ingresos.
Bonaire no es más que uno de los 400 parques marinos concebidos para proteger
los arrecifes. Desgraciadamente, son muchos los que existen sólo en el papel,
pues no disponen del apoyo ni de los fondos indispensables para lograr que se respete
la ley. A menudo están aislados geográficamente y se encuentran cerca
de costas en malas condiciones: por consiguiente, la erosión y los productos
químicos del exterior penetran en el lugar y atacan los corales.
Dadas las dificultades financieras de los países en desarrollo, el medio más
eficaz de proteger los arrecifes es la colaboración entre Estados, organismos
de asistencia internacional, ONG y fundaciones. Así podrán crearse
parques marinos que funcionen mejor, y cuyos recursos controlen las comunidades locales
con el apoyo de organizaciones más experimentadas y con más medios.
Para los países ricos, estos remansos de biodiversidad presentan otra ventaja:
albergan productos químicos valiosos para el progreso de la medicina. El más
importante es la azidotimidina, muy utilizada en los países industrializados
contra el sida. Procede de una substancia química secretada por una esponja
del Caribe, que retarda el desarrollo del virus. Se ignora cuántos otros derivados
de los animales del arrecife coralino podrían salvar también vidas.
Razón de más para redoblar su protección. |