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Fútbol con causa
Fotografías de Tim Hetherington, texto de Lucía Iglesias Kuntz. Tim Hetherington es fotógrafo británico. Lucía Iglesias Kuntz es periodista del Correo de la UNESCO.

Para la juventud liberiana, el fútbol es más que un mero deporte: contribuye a dejar atrás una sangrienta guerra civil y soñar con un futuro mejor, como el de su ídolo, George Weah.
George Weah ha llegado lejos. De su infancia en Monrovia, la capital de Liberia donde se crió con su abuela y sus 13 hermanos, al balón de Oro y las grandes ligas europeas: Francia, Italia, Inglaterra… Ciento cincuenta goles en más de 300 partidos. Todo un recorrido. De niño, soñaba con ser como Pelé. Quince años después de su salida del país, miles de liberianos sueñan con ser como él.
Al principio no le fue fácil: “Jugábamos hasta caer la noche, los días pasaban jugando al fútbol. Y, como no teníamos entrenador, improvisábamos, calentábamos juntos, corríamos juntos. Cada uno aportaba lo que podía para comprar camisetas y balones.” Hoy, lleva reloj de oro y conduce un Mercedes. Y también es generoso. Más de una vez ha puesto de su bolsillo para pagar deudas de la Federación Liberiana o para equipar a sus compañeros. Además de jugador, es director técnico y patrocinador de la selección. Es consciente de que es un símbolo en África, aunque no le pesa: “Es normal, todos los niños tienen ídolos.”
La pasión por el fútbol ha resucitado en Liberia hace muy poco. A la fuerza, puesto que hasta 1997 el país estuvo envuelto en una guerra fratricida. En uno de los conflictos más sangrientos que ha conocido África, entre 1990 y 1997 murieron 150.000 personas y más de la mitad de la población del país tuvo que emigrar o desplazarse (véase recuadro). En esa época, los jóvenes tenían otras cuentas que arreglar, y no lo hacían con el balón, sino con fusiles, vengando a sus padres o hermanos, luchando como niños soldados. Hoy, ex combatientes de facciones rivales visten la misma camiseta, son iguales ante el balón e iguales en su fervor por el fútbol. Gracias a la televisión, siguen al dedillo los campeonatos europeos o sudamericanos. Todos saben quién es Ronaldo y cuántos goles ha marcado Mister George esta temporada en el Olympique de Marseille.
Cada partido de la selección es un acontecimiento. A veces, la afluencia supera en 20.000 personas la capacidad del estadio de Monrovia. “Vienen también mujeres y niñas. Yo diría que al cincuenta por ciento”, dice Weah. A veces tiene que intervenir la policía. Pero, en caso de victoria, y últimamente Liberia, contra todo pronóstico, ha conseguido varias (frente a Nigeria, Ghana o Sierra Leona) salen a la calle a festejar, esperan horas la salida de los futbolistas en busca de un autógrafo.
Pero la pasión de los liberianos no es sólo pasión de hinchas. También juegan. Ajenos al glamour de los estadios y los contratos millonarios, patean balones en terrenos baldíos, en plazas, en playas donde, oxidados, los buques de guerra son testigos de un pasado no tan lejano. Muchos no tienen botines, ni monedas con las que hinchar el balón, pero, sin embargo, jugar les sirve. En un país empobrecido, sin empleo y sin infraestructuras, quizá el fútbol no sea la mejor ni la única terapia, pero es un camino a seguir. El propio Weah cree firmemente que el fútbol puede marcar la diferencia: “No soy un político, pero las personas con problemas, o incluso los países en guerra pueden resolver sus querellas en el terreno de juego. Ya ha ocurrido muchas veces.”
Una de las mil leyendas del fútbol afirma que en los años sesenta Nigeria y Biafra acordaron una tregua para ver jugar al rey Pelé. Y alguien tan poco sospechoso de conformismo como Albert Camus, arquero del equipo de la Universidad de Argelia, escribió una vez: “Todo lo que sé de moral se lo debo al fútbol.”
El mejor futbolista africano de todos los tiempos lo resume así: “Para llegar a algo hay que desearlo. No hay que consumir drogas y es necesario mucho esfuerzo y concentración.” Quizá alguno de estos niños, hinchas de equipos con nombres como Invincible Eleven o Young Survivors tenga algo de eso. Pero, con la fuerza de su juventud y de sus piernas, lo que sí tienen es ganas de correr por un porvenir mejor, como el de aquel niño de Monrovia que soñaba con ser Pelé.

Liberia
Liberia:
Población: 3 millones de habitantes.
Superficie:
111.400 km
2
Esperanza de vida al nacer:
47 años
Tasa de analfabetismo en adultos:
49%
PNB per cápita:
150-200 dólares (estimación)
Fuentes: Banco Mundial y The Economist Intelligence Unit.

Fechas clave:
1847: Fundación de la República Libre e Independiente de Liberia
1980:
Asesinato del presidente William Tolbert en un golpe militar dirigido por Samuel Doe, que queda como jefe de Estado y comandante en jefe del ejército.
1990:
Fuerzas rebeldes del Frente Patriótico Nacional de Liberia de Charles Taylor y del Frente Independiente Patriótico Nacional, dirigido por Prince Johnson, se alzan en armas en el norte del país y van avanzando hacia el sur hasta enfrentarse en Monrovia con las fuerzas del presidente Doe, asesinado en septiembre.
En noviembre, la Comunidad Económica de Estados del Oeste de África (ECOWAS) logra que las fuerzas del gobierno y las dos facciones rebeldes firmen un alto el fuego, envía una fuerza de pacificación al país y nombra un gobierno provisional dirigido por Amos Sawyer. Charles Taylor se autodeclara presidente, al igual que Harry Moniba, segundo en el gobierno de Doe.
1991:
Taylor, Johnson y el comandante de las fuerzas armadas de Liberia pactan un segundo alto el fuego. En octubre, Taylor firma un acuerdo que permite a las fuerzas de la ECOWAS desarmar a las tropas y convocar elecciones. Sin embargo, surgen nuevos grupos armados y los combates continúan.
1992:
El Consejo de Seguridad de la ONU decreta un embargo de armas y apoya la acción de ECOWAS.
Julio de 1993: Inicio en Ginebra de una ronda de negociaciones de paz. A pesar de la firma de un acuerdo de paz en julio, los enfrentamientos siguen.
Agosto de 1995:
Firma del undécimo acuerdo de paz, seguido de nuevas luchas.
1996:
Todas las facciones acuerdan un alto el fuego incondicional al que sigue la firma de un acuerdo de paz.
1997:
Termina la guerra con un saldo de más de 150.000 muertos y un millón de desplazados. Comienzan el desarme y el retorno de refugiados. ECOWAS mantiene en el país una fuerza de pacificación, la ECOMOG. Charles Taylor es elegido presidente por amplia mayoría.
2001: Elecciones presidenciales en fecha aún por determinar.

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Kunta Varney cabecea un balón. Su equipo, Millenium Stars, viajó al Reino Unido gracias al apoyo de la ONG Cafod.


Incluso en los estadios profesionales, las redes a menudo están agujereadas.



Los jugadores del Millenium Stars entran en la cancha tomados de la mano.

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photo Torneo infantil en Monrovia. Incluso los partidos amateurs atraen a multitudes.




photo Dos jóvenes juegan al fútbol en la playa de Popo.

Weah: magia en la cancha

Weah alza el Balón de Oro que recibió en 1995.
Nacido en Monrovia, Liberia,
el 1 de octubre de 1966.
1 m 85 cm, 83 kg.

Clubes sucesivos:
Liberia: Young Survivors (1983-84), Bongrange Bongmine (1984-85), Mighty Barole (1985-86), Invincible Eleven (1986-87)
Camerún: Tonnerre de Yaundé (1987-88)
Francia: AS Mónaco (1988-92), París Saint Germain (1992-95)
Italia: AC Milan (1995-enero de 2000)
Inglaterra: Chelsea (enero-junio de 2000), Manchester City (junio-octubre de 2000)
Francia: Olympique de Marseille (octubre de 2000).

Palmarés:
Campeón de liga camerunesa (1988), Campeón de liga francesa (1994), Tres Copas de Francia (1991, 1993, 1995), Dos campeonatos de Italia (1996 y 1999), Copa de la UEFA (Chelsea, 2000) Balón de Oro de la FIFA (1995), doble Balón de Oro africano (1989 y 1994).
150 goles en partidos oficiales europeos.

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