
Un arqueólogo explica a los campesinos la importancia de preservar los sitios.

Malí
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La
lista roja: una señal de alarma
En la actualidad,
ocho categorías de objetos arqueológicos africanos se encuentran particularmente
amenazadas por el saqueo: las terracotas Nok, las terracotas y los bronces de Ifé,
las estatuas de piedra de Esie (Nigeria), las terracotas, los bronces y la cerámica
del valle del Níger (Malí), las terracotas, los bronces y la cerámica
del sistema de Bura (Níger y Burkina Faso), las estatuas de piedra del norte
de Burkina Faso, las terracotas del norte de Ghana y de Côte d’Ivoire, y las
terracotas y bronces llamados Sao (Camerún, Chad, Nigeria).
El Icom, una ONG que mantiene estrechas relaciones con la Unesco ha establecido una
lista roja, en la que figuran todos estos objetos. Debe servir de “señal de
alarma” a los museos, los comerciantes, la policía y las aduanas sobre del
tráfico de obras de arte.
Instrumento de información y control, la lista roja indica la procedencia
y las características físicas de cada categoría de objetos,
así como las legislaciones nacionales e internacionales que los protegen.
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Malí
lleva veinte años librando una intensa batalla contra el saqueo arqueológico.
Respaldando al presidente de la República, toda la población, en especial
el campesinado, está empeñada en este combate.
Se ha acabado el saqueo
en el sitio arqueológico de Djenné-Djeno. No muy lejos, los habitantes
de Nombori han fundado su propio museo. Al igual que los de Fombori, en la región
de Mopti. Todos podrían haberse dejado tentar por el saqueo para mejorar sus
condiciones de vida precarias, pero ahora son conservadores. Los esfuerzos que ha
realizado Malí en los últimos decenios no han sido inútiles,
aunque el pillaje arqueológico diste mucho de haber sido erradicado…
Éste se remonta a los años 70. Anteriormente, el comercio de objetos
de arte se centraba en las estatuillas y máscaras de madera, las únicas
que tenían un valor estético y comercial en Occidente. Muy pronto el
pillaje cobró proporciones alarmantes, hasta el punto de que Malí,
junto con Nigeria y Níger, es uno de los países de África Occidental
cuyo patrimonio arqueológico ha sido más diezmado por el saqueo y el
tráfico ilícito.
Según un estudio realizado en 1989 por el Instituto de Ciencias Humanas de
Bamako, 17% de los 834 sitios inventariados en la región de los dogon sufrieron
este tipo de vandalismo, y 2% se perdieron para siempre para la investigación.
Los centenares de estatuillas de terracota del delta interior del Níger, llamadas
“de Djenné” por el nombre de la ciudad próxima al sitio arqueológico
de Djenné-Djeno, están dispersas por el mundo en colecciones privadas
y museos. Las famosas estatuillas “Bankoni”, así llamadas por una aldea de
los alrededores de Bamako, han corrido la misma suerte, como también las figurillas
de bronce, de un valor arqueológico inestimable, procedentes de los emplazamientos
del Méma, en la región de Ségu.
El
misterio que guardan las estatuas
El
genio de nuestras antiguas civilizaciones de tradición oral se expresó
esencialmente a través de la estatuaria, una de las fuentes de información
más valiosas sobre el pasado. Una de las pocas estatuillas encontradas durante
una excavación científica en el sitio de Djenné-Djeno reveló,
por ejemplo, la práctica de la inhumación en tinajas y otras tradiciones
animistas. Pero seguimos sin saber nada de las “Bankoni”, salvo que datan de los
siglos XIV y XV. Todas fueron descubiertas por los saqueadores. Las antiguas culturas
que nos legaron ese patrimonio seguirán siendo un misterio, aunque haya muchas
piezas en el mercado del arte.
Supuestos anticuarios a los que abastecen sus propias redes de saqueadores, campesinos
o bandas organizadas son los que esencialmente lo alimentan. Las antigüedades
se exportan a Francia, a Estados Unidos y, sobre todo, a Bélgica, el centro
más importante de este comercio.
Las autoridades malienses se percataron muy pronto de la gravedad de la situación.
Gracias al impulso del actual presidente, Alpha Oumar Konaré, que fue responsable
del patrimonio histórico y etnográfico de 1976 a 1978 y ministro de
Cultura de 1978 a 1980, se elaboró un marco jurídico a fin de luchar
eficazmente contra el pillaje y el tráfico y se promulgaron diversas leyes
a partir de 1985. En 1987, Malí ratificó la Convención de la
Unesco de 1970.
Al
rescate de la identidad cultural
Pero,
¿cómo interesar a la población? Se organizaron diversos encuentros,
que congregaron entre 50 y 100 personas pertenecientes a todas las categorías
sociales, sobre todo en las regiones más afectadas. Esas reuniones permitieron
explicar el alcance de las nuevas leyes y la importancia de los sitios para la historia
nacional y la identidad cultural. No siempre fue fácil. Las poblaciones rurales,
víctimas de sequías persistentes desde 1974, no entendían o
no siempre aceptaban el sentido de nuestras iniciativas. Pero fuimos perseverantes.
En 1993 franqueamos una nueva etapa: en Bandiagara, en Djenné y en Tombuctú,
la visita de misiones culturales favoreció la participación de la población
en la protección de su patrimonio. El resultado fue que los habitantes de
los suburbios de Djenné y de Tenenku montaron recientemente una obra teatral
y una exposición temporal que explican sus actividades. Algunos se pusieron
al servicio de la policía para intervenir en la protección de los sitios
arqueológicos.
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“La
devolución de una obra de arte o un documento al país donde fue creado
permite a un pueblo recuperar parte de su memoria y su identidad, y demuestra que
el diálogo entre las civilizaciones (…) continúa.”
Amadou-Mathar
M’bow, educador y ex Director General de la UNESCO (1921-)
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En las ciudades la prensa ha contribuido a la sensibilización. La exposición
Valles del Níger, presentada en el Museo Nacional de Bamako en 1994, reveló
al público nuestra extraordinaria riqueza arqueológica y puso de relieve
los peligros que la amenazan.
Malí no ha vacilado en detener, procesar y encarcelar a los culpables para
poner de manifiesto la gravedad del saqueo y del tráfico.
Pero la lucha en el plano nacional no podía dar los resultados esperados mientras
persistiera la fuerte demanda del mercado internacional. Era indispensable la cooperación
internacional. En el marco de la Convención de la Unesco de 1970, Malí
y Estados Unidos firmaron en 1997 un acuerdo de restricción de la importación
ilícita del patrimonio arqueológico del Valle del Níger y de
los objetos procedentes de las cuevas tellem de los acantilados de Bandiagara. Es
un caso único en el continente africano. Malí desea establecer una
cooperación bilateral con otros países importadores, como Francia,
que ya es parte en la Convención de la Unesco, o con Suiza y Bélgica,
cuando la hayan ratificado.
En cuanto a la cooperación profesional, Malí ha participado en talleres
regionales organizados por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) en Arusha en
1993, Bamako en 1994 y Kinshasa en 1995, con la asistencia de responsables de museos,
la policía y los servicios de aduanas.
En 1997 Malí estuvo presente también en el taller internacional de
Amsterdam, cuyo objetivo era fortalecer la solidaridad entre los países de
origen y los países importadores. Durante esa reunión se estableció
la Lista Roja del ICOM (ver
recuadro).
La solidaridad internacional es indispensable para controlar el mercado ilícito,
desarrollar la investigación arqueológica y preparar programas de educación.
La escasez de recursos humanos y financieros de un país como Malí,
que se debate en la pobreza, no le permite poner en marcha todos los programas indispensables
para atajar el saqueo. Hay que decir no al egoísmo. El patrimonio de los países
pobres merece tanto respeto como el de los ricos. |