
Vasijas antiguas recuperadas en 1995 por Roberto Conforti (a la izquierda).
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Michel
Hucorne*: se acabó el negocio en Bélgica
Durante mucho
tiempo, Bélgica tenía todas las bazas en su mano para salir gananciosa
en un negocio bastante rentable, el del arte africano. Los marchantes apreciaban
su situación ideal en el centro de Europa, su vieja relación con África,
sus expertos de primer orden, sus circuitos bien rodados y sus controles policiales
ineficaces gracias a un gran vacío jurídico.
Nigeria o Malí se esforzaban en vano por proteger sus terracotas, Burkina
Faso sus estatuillas de piedra y los ribereños del lago Chad, sus miniaturas.
Por una extraña paradoja, la exportación de esas obras fuera de África
estaba prohibida, pero su importación a Bélgica no era ilegal, al no
haber ninguna disposición que estipulara lo contrario.
Bruselas se enorgullecía de esta situación excepcional. La especulación
sobre los mejores ejemplares de la estatuaria Nok prosperaba y, a la vuelta de una
callejuela del centro de la ciudad, los coleccionistas sagaces podían examinar
piezas singulares, sustraídas del museo de Kinshasa al caer el régimen
de Mobutu.
Este pequeño reino iba a quedar conmocionado por la onda expansiva de un suceso
que no tendría que haberle afectado. En abril de 2000, el diario francés
Libération afirma que dos estatuillas Nok de Nigeria, adquiridas por el nuevo
museo francés de Arte Primitivo, son de procedencia ilícita. El asunto
es, básicamente, franco-africano. Pero se descubre que las estatuillas han
pasado por Bruselas. A finales de ese mismo año, un reportaje de la televisión
pública belga RTBF expone la situación del mercado de la capital. La
opinión pública reacciona. Un senador, François Roelants du
Vivier, interpela al Gobierno. Después de 30 años de una indiferencia
favorable a un comercio sin trabas, las autoridades deciden al fin ratificar la Convención
de la UNESCO.
* Autor
del reportaje “Nok en stock” para la RTBF.
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El
modelo italiano ha creado escuela
también fuera de las fronteras de la Unión Europea. |
La
policía italiana fue la primera en crear una brigada especializada en la represión
del tráfico de obras de arte. Sus agentes persiguen a las mafias del arte
hasta Jamaica, y sirven de modelo en Europa.
Hasta ahora hemos encontrado
unas 8.000 obras en el extranjero, y la cooperación policial internacional
ha sido esencial en todas las ocasiones”, explica el general Roberto Conforti. Para
ilustrar su teoría, el jefe de la brigada italiana de carabineros especializada
en la protección del patrimonio artístico cuenta el periplo de La Virgen,
un cuadro de Benozzo Gozzoli (1420-1479).
Robado en 1995 en la Pieve di Calci, una iglesia de la región de Pisa, el
lienzo desapareció sin dejar rastro. Hasta que un agente de Scotland Yard
que se había infiltrado en el hampa de la droga, creyó haber descubierto
a un sospechoso y avisó a la policía italiana, que identificó
a un conocido traficante. Gracias a los dispositivos de escucha instalados en su
domicilio, fue detenido en la entrada de una galería londinense con el cuadro
bajo el brazo.
El general Conforti recuerda a continuación la historia de 29 cuadros (entre
ellos un Perugino) robados en 1987 en el museo municipal de Betonna, un pueblo cercano
a Perugia. En el curso de la investigación colaboraron agentes de seis países
europeos y americanos. El resultado de la operación llegó tres años
más tarde: un ex senador jamaicano fue detenido en Kingston y condenado a
dos años de trabajos forzados. Los 29 cuadros recuperados no habían
sufrido ningún daño.
Los carabineros investigan también casos en el extranjero. En 1986, fue desvalijado
en Dublín un camión blindado que transportaba 18 lienzos propiedad
de un coleccionista irlandés por valor de 50 millones de libras esterlinas,
entre ellos un Vermeer, un Goya y un Rubens.
Redes
cruzadas
“Una
vez más era un caso en el que se cruzaban los circuitos del narcotráfico
y el blanqueo de dinero en paraísos fiscales como Antigua, en el Caribe, o
la Isla de Man, en Gran Bretaña”. En 1990, la policía turca encontró
uno de los lienzos en Estambul. Otros tres fueron a parar a Londres y la policía
inglesa los confiscó. Y cuatro más —entre ellos el Goya y el Vermeer—
que habían servido como aval en un préstamo solicitado por un diamantista,
fueron depositados en un banco de Luxemburgo. Los carabineros italianos los descubrieron
en el marco de una investigación sobre blanqueo de dinero. El Rubens y dos
cuadros más siguen sin aparecer.
La brigada italiana especializada en tráfico de obras de arte se fundó
en 1969 y es en su género la más antigua de Europa. Su creación
obedecía a las riquezas artísticas y arqueológicas de Italia
y a la magnitud del saqueo que sufren: en los últimos 30 años, los
carabineros han contabilizado más de 630.000 robos. Gracias a sus pesquisas,
se han podido recuperar 180.000 obras de arte y 360.000 objetos arqueológicos.
“En lo que se refiere a obras de arte, 40% de los robos afectan a las colecciones
privadas y a las iglesias”, explica un carabinero. “En estas últimas, no sólo
desaparecen cuadros, sino también objetos de culto, que están muy de
moda, y bancos, que una vez reciclados por los falsarios sirven como soporte para
falsificar pinturas, ya que, al analizar la madera, se comprueba que tiene efectivamente
varios siglos de antigüedad.”
La brigada de carbineros ha ido aumentando: los 145 agentes que había en un
principio serán pronto 185, repartidos en 11 ciudades de la Península.
“No somos ni arqueólogos ni historiadores del arte, simplemente hicimos un
curso de varios meses sobre el tema”, explica el general Conforti. “Somos investigadores
de alto nivel y, cuando precisamos la opinión de un experto, acudimos al ministerio
de Asuntos Culturales.” La brigada gestiona también un banco de datos consultable
por Internet, que es el más completo del mundo en la materia: contiene información
sobre más de un millón de obras de arte robadas, 300.000 de ellas fuera
de las fronteras italianas.
En los últimos años, la adhesión de los países europeos
a las convenciones internacionales (Unesco o Unidroit) ha facilitado la colaboración
policial. Y el ejemplo italiano ha servido a menudo como referencia. Francia dispone
ya de una estructura similar (aunque de menor envergadura) y España está
a punto de tenerla. En el Reino Unido, antes de tomar la decisión de adherir
a la Convención de 1970, el 14 de marzo de 2001, la cuestión fue objeto
de un debate nacional durante el cual el general Conforti fue invitado a exponer
su punto de vista en la Cámara de los Lores. Una primicia para un militar
italiano.
El modelo italiano ha creado escuela también fuera de las fronteras de la
Unión Europea: “Hemos formado a un equipo húngaro”, explica un carabinero.
“Los iraníes y los palestinos quieren seguir nuestros cursos de capacitación.
Recientemente, en Bangkok, la XI Sesión del Comité de la Unesco para
la restitutición de obras de arte aprobó nuestra recomendación
de prohibir la subasta de piezas arqueológicas por Internet.”
Aunque es imposible contabilizar los robos de piezas arqueológicas que se
producen en excavaciones clandestinas, se estima que en Italia están disminuyendo
gracias a la eficacia de la vigilancia. “Cada año nuestros servicios recuperan
30.000 objetos, lo que equivale a un museo entero”, agrega el mismo policía.
“Pero en otros lugares el pillaje empeora. Los expolios arqueo-lógicos se
desplazan hacia Libia, Líbano o Chipre.”
También en lo que se refiere a la pintura —antigua o moderna—, las operaciones
de los carabineros han cosechado éxitos rotundos. En tan sólo un mes,
recuperaron dos Van Gogh (El “Jardinier” y La “Arlésienne”) y un Cézanne
(El “Cabanon de Jourdain”, última obra del maestro francés antes de
su muerte), que habían sido robados en la Galería Nacional de Arte
Moderno de Roma. “No siempre tenemos tanto éxito”, aclara el general Conforti.
“No estaré satisfecho hasta que no encontremos La Natividad de Caravaggio
que desapareció en Palermo en 1969. Creemos saber que no ha sido destruida,
pero tememos que esté en manos de la Mafia.”
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“En
nuestro país, el tráfico ilícito de bienes culturales es un
auténtico cáncer que sólo puede equipararse al tráfico
de drogas. Es una red criminal con unas ramificaciones tales que ninguna acción
legal puede vencerla.”
Alberto
Massa,
ministro de Relaciones Exteriores de Perú.
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