Le Courrier

sommaire

d'ici...

Opinion

Notre planete

Education

Droits humains

Cultures

Medias

Entretien

dossier
2. La lucha por el pasado
|
Un país de asilo para el patrimonio afgano | Malí: los campesinos, aliados del patrimonio | La vuelta a casa del arte indígena | Europa en la escuela de carabineros | El Getty da ejemplo | Sipán, un señor en buenas manos |
Profesión: recuperar objetos robados

Entrevista realizada por Michel Bessières, periodista del Correo de la UNESCO.
photo
Ozgen Acar en su domicilio de Ankara.




photo
Túmulo lidio de Aktepe, donde fueron robadas 350 piezas de orfebrería.




“Confío en que, en el futuro, los vencedores aprenderán a no saquear las ciudades derrotadas aprovechándose de la desesperanza de sus pueblos para enriquecer sus patrias.”

Polibio, Historiador griego (202-120 A.C.)

El periodista Ozgen Acar ha dedicado su vida a recuperar obras maestras del patrimonio de Turquía, uno de los más saqueados del mundo.

Como periodista, ha descubierto usted varios casos de contrabando arqueológico. ¿Cómo se interesó por el tema?
En la universidad estudié Ciencias Políticas y Económicas. La arqueología es uno de mis pasatiempos favoritos. En julio de 1970 llegó a Turquía Peter Hopkirk, corresponsal del Sunday Times, y me propuso colaborar con él. Estaba siguiendo la pista de un importante tesoro de tiempos del rey Creso de Lidia (siglo VI a.C.) que había salido del país sin que nadie supiera cómo. El tesoro había sido adquirido por el Museo Metropolitano de Nueva York (MET), que lo ocultaba en uno de sus sótanos. El Met es una institución artística de renombre internacional y, si andaba en tratos con contrabandistas, el asunto interesaba a los medios de comunicación, de modo que empecé a investigar más a fondo.

El tesoro lidio fue devuelto a Turquía en 1993. ¿Por qué tomó tanto tiempo?
Entrevisté a los campesinos y a los funcionarios locales de la región del antiguo reino de Lidia. Durante 16 años no revelé nada, limitándome a investigar y recoger pruebas. Si se me hubiera ocurrido publicar algo al respecto, el Met habría aplazado la exhibición del tesoro al público. Ahora bien, tarde o temprano tendría que mostrarlo, ya que, entre 1966 y 1968, algunos mecenas muy acaudalados habían pagado 1,7 millones de dólares por la adquisición de esas piezas. El Met terminó por exponer 50 de las 350 piezas en 1984. Yo mismo pude contemplarlas y comprobar que correspondían a mis descripciones. Proseguí mis pesquisas hasta 1986, que es cuando publiqué lo que había descubierto en el diario para el que trabajo. El gobierno de Ankara presentó una demanda contra el museo ante el Tribunal Federal de Nueva York y, seis años después, el Met se vio obligado a devolver el tesoro.

A partir de esta experiencia, ¿podría explicarnos cómo funciona una red internacional de contrabando?
Cuatro campesinos habían encontrado el tesoro en un túmulo en la provincia de Usak, y se lo vendieron en Izmir a Ali Bayirlar, conocido contrabandista, que a su vez lo vendió al propietario de una galería de antigüedades de Nueva York, John J. Klejman. Al enterarse de que los campesinos habían ganado dinero con el tesoro, otros vecinos decidieron probar suerte. Por aquel entonces dos túmulos fueron despojados de sus frescos, que fueron asimismo enviados a Nueva York. Quiero insistir en un punto muy importante. Sigo enojado con Dietrich von Bothmer, conservador del departamento de antigüedades griegas y romanas, por haber comprado el tesoro para el Met, pero reconozco que si no hubiera adquirido la colección completa, habría sido imposible volver a reunir todas las piezas.

Los museos occidentales y los coleccionistas privados, ¿se han mostrado generalmente tan reacios a devolver los objetos robados como el Met?
En el decenio de 1980, la policía de Antalya desarticuló una banda de traficantes que habían desenterrado en Elmali un tesoro de monedas griegas del siglo V a.C. Ese tesoro era de tal importancia que fue denominado “Tesoro del Siglo”. Faltaban 1.900 monedas de plata, cuya pista fui rastreando hasta llegar a Edip Telli y Fuat Üzülmez, dos marchantes de Munich hasta entonces respetables. Éstos mantenían contactos con Nevzat Telli en Londres, a quien su negocio de tejidos servía de tapadera para el tráfico de drogas y antigüedades. Sin embargo, la policía y los jueces de Gran Bretaña y Alemania no intervinieron, porque en esa época, el comercio ilícito de antigüedades no constituía delito. Llegué a la conclusión de que el tesoro estaba en manos de William Koch, uno de los 400 hombres más ricos de Estados Unidos. Después de 10 años de pleitos, Koch, consciente de que iba a perder, decidió devolver el tesoro a Turquía.

Ha trabajado usted en otros muchos casos desde entonces…
Sí, y no creo que me vaya a quedar ocioso pronto. El patrimonio de Turquía está amenazado, como lo están los de Grecia, Chipre, Irak, Siria, Irán, India, Camboya o China. En Anatolia hay más ciudades griegas que en Grecia y más ciudades romanas que en Italia. El país tiene 50.000 pueblos, pero cuenta con 70.000 sitios preislámicos. Es casi imposible calcular con exactitud el valor monetario del tráfico ilegal. En 1989, una fundación cultural neoyorquina calculó que los ciudadanos estadounidenses habían gastado el año anterior cerca de 5.000 millones de dólares en obras de arte, de ellos, 2.000 millones en obras sacadas de contrabando, robadas o falsificadas. El valor total de los objetos sacados ilegalmente de Turquía se estimaba entre 300 y 400 millones de dólares, de los que sólo dos o tres millones, ni siquiera el 1%, sirvieron para retribuir a los saqueadores turcos.

¿Cuáles cree que son los medios más eficaces para impedir el tráfico ilícito?
Ante todo, es preciso modificar la actitud del comprador. Los pleitos ganados por Turquía en los tribunales han disuadido a museos y coleccionistas de adquirir objetos dudosos. No desean exponerse a un juicio, ni ver su nombre en los diarios ni perder dinero. El Met pagó 1,7 millones de dólares por su colección y Koch 3,5 millones de dólares por la suya. Ambos tuvieron que desembolsar por lo menos el doble para sufragar las costas del proceso. En segundo lugar, Turquía debe concertar acuerdos comprometiéndose a prestar obras a los museos que no las adquieran de contrabando. La tercera medida consiste en desenmascarar a las mafias de traficantes. Edip Telli, por ejemplo, tuvo que dejar el negocio. Su hermano fue encarcelado en Londres por tráfico de heroína. Varios anticuarios muy respetados de Estados Unidos perdieron la confianza en sus socios al darse cuenta de que eran en realidad contrabandistas.

Usted contribuyó al retorno a su país de obras de arte lidias, griegas o romanas. ¿Es Turquía su destino legítimo?
Todos esos objetos fueron fabricados en Anatolia. La vasija de Eufronios, expuesta en el Met, ¿pertenece a Italia o a Grecia? En todo caso, no a Estados Unidos. De todos modos, hemos de considerar la propiedad y la protección de las obras en nombre de toda la humanidad. En la actualidad, 42 museos de todo el mundo exhiben objetos procedentes de Troya. No sé cuántos hay en colecciones privadas. ¿Cómo puede un estudioso recorrerse esos 42 museos? Si se expusieran en un solo museo próximo a la antigua ciudad de Troya, todos saldríamos ganando.

También ha trabajado usted en Chipre, tanto en la parte turca como en la griega.
Contribuí a que se descubriera una operación de contrabando de frescos y mosaicos de iglesias bizantinas. Una vez más, se trata de un bien común de la humanidad. Mis artículos sobre un contrabandista turco ayudaron a la administración greco-chipriota a conseguir el retorno de objetos desde Indianápolis al sur de Chipre. En Londres descubrí dos ejemplares del Corán que habían sido robados a una fundación turca en la isla griega de Rodas y que fueron devueltos. También me topé con piezas micénicas de oro en una galería de Nueva York. Hablé del tema con diplomáticos de la embajada griega en Washington y les asesoré sobre la mejor manera de lograr su restitución sin incurrir en gastos de abogados.

¿Qué está investigando ahora?
He empezado a ocuparme de una estatua de ’Hércules cansado’, de la que una mitad se encuentra en el museo de Antalya (Turquía) y la otra en manos de coleccionistas estadounidenses. Por desgracia, Bill Clinton, antes de dejar la presidencia, designó a Shelby White, copropietaria de la estatua, miembro del grupo asesor oficial de lucha contra el pillaje. También estoy cubriendo los esfuerzos de las autoridades turcas para recuperar seis monedas de oro del Tesoro de Creso que están en manos de una galería francesa.

¿Ha recibido amenazas?
Sí, sobre todo telefónicas. Una vez trataron de secuestrarme cuando estaba de veraneo. Me han expulsado de muchas galerías de Nueva York, creyendo que era un agente secreto turco. También en mi país me he visto varias veces en los tribunales.

Top