
Ozgen Acar en su domicilio de Ankara.

Túmulo lidio de Aktepe, donde fueron robadas 350 piezas de orfebrería.
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“Confío
en que, en el futuro, los vencedores aprenderán a no saquear las ciudades
derrotadas aprovechándose de la desesperanza de sus pueblos para enriquecer
sus patrias.”
Polibio,
Historiador griego (202-120 A.C.)
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El
periodista Ozgen Acar ha dedicado su vida a recuperar obras maestras del patrimonio
de Turquía, uno de los más saqueados del mundo.
Como periodista,
ha descubierto usted varios casos de contrabando arqueológico. ¿Cómo
se interesó por el tema?
En la universidad estudié Ciencias Políticas y Económicas.
La arqueología es uno de mis pasatiempos favoritos. En julio de 1970 llegó
a Turquía Peter Hopkirk, corresponsal del Sunday Times, y me propuso colaborar
con él. Estaba siguiendo la pista de un importante tesoro de tiempos del rey
Creso de Lidia (siglo VI a.C.) que había salido del país sin que nadie
supiera cómo. El tesoro había sido adquirido por el Museo Metropolitano
de Nueva York (MET), que lo ocultaba en uno de sus sótanos. El Met es una
institución artística de renombre internacional y, si andaba en tratos
con contrabandistas, el asunto interesaba a los medios de comunicación, de
modo que empecé a investigar más a fondo.
El tesoro lidio fue devuelto a Turquía en 1993. ¿Por qué tomó
tanto tiempo?
Entrevisté a los campesinos y a los funcionarios locales de la región
del antiguo reino de Lidia. Durante 16 años no revelé nada, limitándome
a investigar y recoger pruebas. Si se me hubiera ocurrido publicar algo al respecto,
el Met habría aplazado la exhibición del tesoro al público.
Ahora bien, tarde o temprano tendría que mostrarlo, ya que, entre 1966 y 1968,
algunos mecenas muy acaudalados habían pagado 1,7 millones de dólares
por la adquisición de esas piezas. El Met terminó por exponer 50 de
las 350 piezas en 1984. Yo mismo pude contemplarlas y comprobar que correspondían
a mis descripciones. Proseguí mis pesquisas hasta 1986, que es cuando publiqué
lo que había descubierto en el diario para el que trabajo. El gobierno de
Ankara presentó una demanda contra el museo ante el Tribunal Federal de Nueva
York y, seis años después, el Met se vio obligado a devolver el tesoro.
A partir de esta experiencia, ¿podría explicarnos cómo funciona
una red internacional de contrabando?
Cuatro campesinos habían encontrado el tesoro en un túmulo en la
provincia de Usak, y se lo vendieron en Izmir a Ali Bayirlar, conocido contrabandista,
que a su vez lo vendió al propietario de una galería de antigüedades
de Nueva York, John J. Klejman. Al enterarse de que los campesinos habían
ganado dinero con el tesoro, otros vecinos decidieron probar suerte. Por aquel entonces
dos túmulos fueron despojados de sus frescos, que fueron asimismo enviados
a Nueva York. Quiero insistir en un punto muy importante. Sigo enojado con Dietrich
von Bothmer, conservador del departamento de antigüedades griegas y romanas,
por haber comprado el tesoro para el Met, pero reconozco que si no hubiera adquirido
la colección completa, habría sido imposible volver a reunir todas
las piezas.
Los museos occidentales y los coleccionistas privados, ¿se han mostrado generalmente
tan reacios a devolver los objetos robados como el Met?
En el decenio de 1980, la policía de Antalya desarticuló una banda
de traficantes que habían desenterrado en Elmali un tesoro de monedas griegas
del siglo V a.C. Ese tesoro era de tal importancia que fue denominado “Tesoro del
Siglo”. Faltaban 1.900 monedas de plata, cuya pista fui rastreando hasta llegar a
Edip Telli y Fuat Üzülmez, dos marchantes de Munich hasta entonces respetables.
Éstos mantenían contactos con Nevzat Telli en Londres, a quien su negocio
de tejidos servía de tapadera para el tráfico de drogas y antigüedades.
Sin embargo, la policía y los jueces de Gran Bretaña y Alemania no
intervinieron, porque en esa época, el comercio ilícito de antigüedades
no constituía delito. Llegué a la conclusión de que el tesoro
estaba en manos de William Koch, uno de los 400 hombres más ricos de Estados
Unidos. Después de 10 años de pleitos, Koch, consciente de que iba
a perder, decidió devolver el tesoro a Turquía.
Ha trabajado usted en otros muchos casos desde entonces…
Sí, y no creo que me vaya a quedar ocioso pronto. El patrimonio de Turquía
está amenazado, como lo están los de Grecia, Chipre, Irak, Siria, Irán,
India, Camboya o China. En Anatolia hay más ciudades griegas que en Grecia
y más ciudades romanas que en Italia. El país tiene 50.000 pueblos,
pero cuenta con 70.000 sitios preislámicos. Es casi imposible calcular con
exactitud el valor monetario del tráfico ilegal. En 1989, una fundación
cultural neoyorquina calculó que los ciudadanos estadounidenses habían
gastado el año anterior cerca de 5.000 millones de dólares en obras
de arte, de ellos, 2.000 millones en obras sacadas de contrabando, robadas o falsificadas.
El valor total de los objetos sacados ilegalmente de Turquía se estimaba entre
300 y 400 millones de dólares, de los que sólo dos o tres millones,
ni siquiera el 1%, sirvieron para retribuir a los saqueadores turcos.
¿Cuáles cree que son los medios más eficaces para impedir el
tráfico ilícito?
Ante todo, es preciso modificar la actitud del comprador. Los pleitos ganados
por Turquía en los tribunales han disuadido a museos y coleccionistas de adquirir
objetos dudosos. No desean exponerse a un juicio, ni ver su nombre en los diarios
ni perder dinero. El Met pagó 1,7 millones de dólares por su colección
y Koch 3,5 millones de dólares por la suya. Ambos tuvieron que desembolsar
por lo menos el doble para sufragar las costas del proceso. En segundo lugar, Turquía
debe concertar acuerdos comprometiéndose a prestar obras a los museos que
no las adquieran de contrabando. La tercera medida consiste en desenmascarar a las
mafias de traficantes. Edip Telli, por ejemplo, tuvo que dejar el negocio. Su hermano
fue encarcelado en Londres por tráfico de heroína. Varios anticuarios
muy respetados de Estados Unidos perdieron la confianza en sus socios al darse cuenta
de que eran en realidad contrabandistas.
Usted contribuyó al retorno a su país de obras de arte lidias, griegas
o romanas. ¿Es Turquía su destino legítimo?
Todos esos objetos fueron fabricados en Anatolia. La vasija de Eufronios, expuesta
en el Met, ¿pertenece a Italia o a Grecia? En todo caso, no a Estados Unidos.
De todos modos, hemos de considerar la propiedad y la protección de las obras
en nombre de toda la humanidad. En la actualidad, 42 museos de todo el mundo exhiben
objetos procedentes de Troya. No sé cuántos hay en colecciones privadas.
¿Cómo puede un estudioso recorrerse esos 42 museos? Si se expusieran
en un solo museo próximo a la antigua ciudad de Troya, todos saldríamos
ganando.
También ha trabajado usted en Chipre, tanto en la parte turca como en la griega.
Contribuí a que se descubriera una operación de contrabando de
frescos y mosaicos de iglesias bizantinas. Una vez más, se trata de un bien
común de la humanidad. Mis artículos sobre un contrabandista turco
ayudaron a la administración greco-chipriota a conseguir el retorno de objetos
desde Indianápolis al sur de Chipre. En Londres descubrí dos ejemplares
del Corán que habían sido robados a una fundación turca en la
isla griega de Rodas y que fueron devueltos. También me topé con piezas
micénicas de oro en una galería de Nueva York. Hablé del tema
con diplomáticos de la embajada griega en Washington y les asesoré
sobre la mejor manera de lograr su restitución sin incurrir en gastos de abogados.
¿Qué está investigando ahora?
He empezado a ocuparme de una estatua de ’Hércules cansado’, de la que
una mitad se encuentra en el museo de Antalya (Turquía) y la otra en manos
de coleccionistas estadounidenses. Por desgracia, Bill Clinton, antes de dejar la
presidencia, designó a Shelby White, copropietaria de la estatua, miembro
del grupo asesor oficial de lucha contra el pillaje. También estoy cubriendo
los esfuerzos de las autoridades turcas para recuperar seis monedas de oro del Tesoro
de Creso que están en manos de una galería francesa.
¿Ha recibido amenazas?
Sí, sobre todo telefónicas. Una vez trataron de secuestrarme cuando
estaba de veraneo. Me han expulsado de muchas galerías de Nueva York, creyendo
que era un agente secreto turco. También en mi país me he visto varias
veces en los tribunales. |