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Las excepciones de Côte d’Ivoire y Togo

África: si la radio va bien, todo va bien

Eyoum Nganguè, periodista camerunés.
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Entrevista callejera de radio Mdeke Luka, de la República Centroafricana.




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Debate en directo sobre la misión de la radio, celebrado en la sede de radio Mdeke Luka.



En cuanto una radio trata de apartarse de las posturas del gobierno, se sospecha que fomenta la rebelión.



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En el centro de África, la radio libre tiene diez años de retraso con respecto al Oeste.




Las excepciones de Côte d’Ivoire y Togo

A diferencia de los demás países de África Occidental, Côte d’Ivoire y Togo han seguido trayectorias idénticas a las de los países del Africa Central: transición democrática difícil, clima social negativo, falta de voluntad política de liberalizar las ondas o de hacer aplicar la legislación vigente.
En 1993, Côte d’Ivoire sólo concedió frecuencias FM a cinco radios, cuatro de ellas extranjeras (RFI, BBC, Africa Nº1 y Nostalgie) y una vinculada al gobierno. Sólo a partir de 1998 se otorgaron autorizaciones (52 hasta la fecha), con ciertas condiciones (perímetro de difusión limitado a 10 km, prohibición de transmitir programas políticos, publicidad reservada exclusivamente a las empresas locales), que eran otras tantas cortapisas a una auténtica explotación comercial de las radios.
En Togo, la ley sobre liberalización de las ondas fue adoptada el 30 de noviembre de 1990, pero el organismo regulador, la Autoridad Superior de los Medios Audiovisuales y la Comunicación, no ha dado ninguna autorización definitiva. Por consiguiente, las transmisiones de las radios privadas existentes son totalmente ilegales. Iniciativas como Kanal FM, creada en agosto de 1997, y Nana FM, lanzada al gran mercado de Lomé en agosto de 1999, intentan desarrollarse, pero sin atreverse a aventurarse en el terreno de la información política.
Esta incertidumbre en el plano jurídico permite al régimen togolés jactarse de un supuesto pluralismo radiofónico y, al mismo tiempo, controlar mejor las emisoras privadas, para disgusto de la Organización Togolesa de Radios y Televisiones Independientes (ORTI), que lucha por que se aclare la situación de las radios privadas en Lomé.

La radio, medio de información por excelencia de muchos africanos, sólo se desarrolla adecuadamente en terreno democrático. De ahí las enormes disparidades entre el centro y el oeste del continente.

En Chad hay seis radios privadas, en Malí son 100. ¿Cómo se explica esta desproporción gigantesca? Ambos países son comparables en más de un aspecto: tamaño casi idéntico (algo más de 1.200.000 km2), falta de acceso al mar, colonización francesa y prolongadas dictaduras militares tras la independencia en 1960. El año pasado figuraban los dos entre los países más pobres del mundo (PIB/habitante: Malí, 261 dólares; Chad, 240 dólares).
“La situación política desfavorable y las rémoras socioculturales” son los dos frenos al desarrollo del pluralismo radiofónico, según Gilbert Maoundodji, director de FM Liberté, la segunda radio independiente del Chad, abierta en 2000. “La acción colectiva, los valores de libertad, tolerancia y democracia no han sido aún asimilados cabalmente por los gobiernos. Esto provoca un bloqueo e impide toda iniciativa.”
Lo que ocurre es que el contexto político se refleja en las ondas. Malí, que tras las elecciones libres de 1992 se dotó de instituciones democráticas que funcionan satisfactoriamente, tuvo su primera emisora privada en marzo de 1991, Radio Bamakan, que abrió camino a la aparición de numerosas emisoras: Radio Liberté, Radio Kayira, Klédu FM, etc. Chad, por su parte, se conformó a comienzos de 1993 con una parodia de conferencia nacional, que sólo sirvió para consolidar al presidente Idriss Déby, en el poder por las armas. Allí, incluso a las radios confesionales les ha costado abrirse paso. La primera radio católica, La Voix du Paysan (La Voz del Campesino), apareció en 1996. La radio laica Dja FM sólo pudo iniciar sus transmisiones tres años más tarde. Por último, a esas iniciativas se suman FM Liberté, Radio Brakos, la recientísima Duji Lokar FM (Radio Lucero del Alba) y el proyecto de radio del semanario privado L’Observateur, que está a punto de concretarse.

La guerra no es el único obstáculo
El caso de Chad ilustra la situación en toda África Central, que parecía llevar bastante ventaja sobre sus vecinos occidentales cuando en 1980 apareció en Gabón Africa Nº1, la primera y única radio panafricana de lengua francesa. Pero desde la democratización de los Estados africanos, a comienzos de los años 90, en el oeste se produjo una fuerte expansión de las radios independientes, que llegaron a ser más de 400, mientras que la inversión privada en el sector audiovisual siguió siendo muy modesta en la parte central del continente. Hoy, debido a una inestabilidad crónica, ésta se ha quedado diez años atrás. La mayor parte de los países de África Central tienen focos residuales de conflictos armados, como la República Centroafricana o la República del Congo (Brazzaville), o están en guerra, como Rwanda, Burundi o la República Democrática del Congo (RDC).
En el este de la RDC, por ejemplo, los rebeldes tomaron las escasas radios privadas existentes antes de la guerra (agosto de 1998). El equipo emisor de la radio Muungano, trasladado a Uganda para “reparación”, en octubre de 2000, nunca regresó. Cuando no controlan el contenido de los programas, los rebeldes suprimen el material. Los métodos son igualmente radicales por parte del gobierno. En septiembre de 2000, Radio Télévision Kin Malébo (RTKM) fue lisa y llanamente nacionalizada, y tres cadenas privadas de televisión eliminadas. Sólo se toleran las radios religiosas, siempre que se abstengan de tratar temas políticos.
Donde la guerra no hace estragos, como en Guinea Ecuatorial, Gabón y Camerún, el pluralismo de los medios de comunicación se vulnera por otras causas, de tipo institucional. Desde 1990 y tras la adopción de la ley que rige la libertad de las transmisiones audiovisuales, Camerún recurrió a todo tipo de subterfugios para impedir la apertura de radios privadas, con excepción de las radios rurales y comunitarias puestas en funcionamiento por la Unesco o por el Organismo de Cooperación Cultural y Técnica (hoy Organismo Intergubernamental de la Francofonía). Así, las emisiones de Radio France Internationale (RFI), ampliamente difundidas a través del continente africano, eran inaudibles en FM en Yaundé hasta febrero de 2001. “Estábamos en contacto con Camerún desde 1992, en el marco de un acuerdo de cooperación que incluía la instalación de RFI en los bastiones técnicos de la radio nacional”, explica Hugues Salord, director de Asuntos Internacionales de RFI. “Desgraciadamente, no logramos concertarlo antes del decreto de 3 de abril de 2000, que benefició no sólo a RFI, sino también a África Nº 1, a la BBC y a varias radios privadas locales.”
No sólo la firma del decreto de aplicación de esta ley tardó diez años, sino que además los obstáculos no han desaparecido. Las autoridades han multiplicado las complicaciones administrativas, fijado plazos muy breves para la presentación de las candidaturas (cuatro meses) y exigido sumas exorbitantes para las licencias de explotación (unos 14.000 dólares, en un país en que el salario medio de un funcionario apenas sobrepasa 100 dólares). De ese modo quedaron eliminados la mayor parte de los proyectos, y Radio Soleil, una de las radios que funcionaban hasta entonces de manera experimental, tuvo que dejar de emitir el 8 de junio de 2000.

La radio, un medio estratégico
Por tratarse de un medio gratuito y accesible a todos, que llega a una proporción de la población mucho mayor que la prensa escrita (gracias a la utilización de las lenguas y dialectos locales), la radio inspira desconfianza y hostilidad a los dirigentes políticos. De ahí su tendencia a mantener el monopolio del Estado en el sector audiovisual, lo que les permite contrarrestar la acción de una prensa independiente, próxima a la oposición y a menudo virulenta. A su juicio, las ondas representan un elemento estratégico fundamental que están dispuestos a defender por todos los medios. Prueba de ello es que el 22 de febrero de 1994, los vehículos blindados del ejército de Gabón destruyeron las instalaciones de Radio Liberté, so pretexto de que servía de instrumento de propaganda a la oposición.
“¿Radio Liberté? Era Radio Diablo (…) El ejército y los servicios de seguridad (…) fueron a destruir sus instalaciones. Desde entonces hemos vuelto al juego limpio de la democracia”, escribe el presidente de Gabón, Omar Bongo, en su libro Blanc comme Nègre (Blanco como negro)1. Sus afirmaciones confirman la diabolización de las radios libres en África Central. El fantasma de la Radio Télévision des Mille Collines RTLM (Radiotelevisión de las Mil Colinas), que fue un factor decisivo de la movilización de los autores del genocidio de 1994 en Rwanda, deambula todavía por la región, y hoy sirve de pretexto a los dirigentes políticos reacios a aceptar la libertad de las ondas en su país. Olvidan que, al comienzo, esa radio estaba vinculada a las autoridades de Kigali. Como consecuencia, en cuanto una radio trata de apartarse de las posturas del gobierno, se sospecha que fomenta la rebelión o que incita al odio tribal. Para evitar este riesgo, Guinea Ecuatorial ha adoptado medidas radicales: ni una sola radio privada en su territorio.
Aparte del factor político, la debilidad de la sociedad civil ha contribuido mucho a frenar la aparición de radios independientes en la escena mediática de África Central. Las ONG locales y las asociaciones no asumen debidamente su papel. Intervienen poco en el debate político nacional. Ello acarrea una suerte de indiferencia de los proveedores de fondos extranjeros, que podrían fomentar la creación de radios, sobre todo mediante la formación de personal y la adquisición de material. “El año pasado obtuve una frecuencia, pero no dispongo de medios para procurarme material”, nos confió Begoto Oulatar, director de N’Djamena Bi-hebdo, el periódico más famoso de Chad.

Apertura alentadora
Los problemas económicos también entorpecen seriamente la actividad de las radios privadas en África Central. Las cadenas estatales son las que arramblan con la mayor parte de los fondos para publicidad, única fuente de ingresos de las radios independientes, que no pueden contar con los impuestos percibidos por la posesión de un receptor. Por temor a represalias, las empresas evitan transmitir sus anuncios por las ondas consideradas hostiles a las autoridades. En un coloquio sobre los medios pluralistas en África Central (Yaundé, 1999), Makaga Virginus, representante de la Radio Soleil gabonesa, surgida de las cenizas de Radio Liberté y suspendida cinco veces en cuatro años, achacaba la reticencia de las empresas a “la falta de complacencia de Radio Soleil hacia el poder central, estrechamente ligado a los círculos empresariales.” Así pues, la competencia entre el sector privado y el sector público pasa también por el bolsillo. Pero hay signos alentadores. Gracias a las nuevas tecnologías, el material se vuelve más liviano y más barato. El acceso directo a la información gracias a Internet inducirá posiblemente a las autoridades a aflojar los controles. Y es probable que el cambio de las mentalidades provocado por la aparición gradual de las radios extranjeras (RFI, BBC, Voz de América…) termine por atenuar la rigidez política.
Es probable que las radios locales creadas por organizaciones internacionales y no gubernamentales, como Radio Ndeke Luka, en la República Centroafricana, heredera de la radio de las Naciones Unidas en Bangui, o la RSF-Bonesah FM, fundada por antiguos responsables de Radio Umwizero (iniciativa de la Asociación para la Acción Humanitaria) en Burundi, también contribuyan a cambiar la situación. Tanto más cuanto que organismos internacionales como el Instituto Panos, el Grupo de Investigación e Intercambios Tecnológicos, GRET), la Fundación Hirondelle o Search for Common Ground que contribuyeron al pluralismo radiofónico en África Occidental, empiezan a interesarse por África Central.
El panorama audiovisual está cambiando en la mayoría de los países. En Camerún, por ejemplo, cuando la cadena de televisión privada TV Max, nacida en agosto de 2000, apenas había cumplido dos meses de vida, ya la cadena estatal reestructuraba sus programas. ¿Por qué las radios privadas no obtendrían un resultado semejante? Si la región se dota de una red de asociaciones y de ONG empeñadas en la promoción de las radios independientes, cabe esperar que África Central recupere el tiempo perdido. El festival Fréquences Libres Kinshasa 2001, organizado entre el 19 y el 22 del pasado mes de marzo por iniciativa de Réveil FM de Kinshasa, que congregó a varios operadores de África Central, sentó las bases de una organización regional de defensa de los derechos de las radios privadas.


plus
• Organismo Intergubernamental de la Francofonía, 13, quai André-Citroën, 75015 París, Francia Web:
http://agence.francophonie.org
• Instituto Panos París, 10, rue du Mail, 75002 París, Francia
Web:
http://www.globenet.org/panos
• GRET – Groupe de Recherche et d’Echanges Technologiques 211-213, rue La Fayette, 75010 París, Francia. Web:
http://www.gret.org
• Fundación Hirondelle, 3, rue Traversière, 1018 Lausana, Suiza.
Web:
http://www. hirondelle.org/
• Search for Common Ground, 1601 Connecticut Ave. N.W. Suite 200. Washington, DC 20009, Estados Unidos. Web:
http://www.sfcg.org

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