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Un combate desigual

Ang Chouléan, director de la autoridad encargada de la protección y gestión de la región de Angkor (Camboya).
















En Camboya, todo el mundo es consciente de la necesidad de proteger el patrimonio nacional, pero el presupuesto y los recursos humanos son absolutamente insuficientes para que la acción esté a la altura de las intenciones.
La salvaguardia del sitio de Angkor y del patrimonio de toda la provincia de Siem Reap es la que más ha avanzado. Desde la inscripción de Angkor en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1992 y la aprobación de la ley sobre la protección del patrimonio en 1996, se han adoptado diversas medidas, en particular la división en cinco zonas de protección, la creación de la Comisaría Especial para la Protección del Patrimonio y la constitución de una autoridad gubernamental (Apsara) encargada de la gestión del patrimonio de toda la provincia. Así pues, al menos en teoría, disponemos de instrumentos jurídicos que nos permiten administrar adecuadamente este sitio.
Sin embargo, no conviene engañarse. Dentro del parque arqueológico de Angkor, el pillaje y el robo no han sido totalmente erradicados. En el resto de la provincia de Siem Reap adquieren a veces proporciones dramáticas. La opinión pública se interesa esencialmente por los emplazamientos más destacados. Pero, ¡cuántos templos pequeños de ladrillo o arenisca han sufrido daños irreparables! Por ejemplo, en la región de Roluos, a 15 km de Angkor, todos los sitios considerados menores ha sido saqueados.
Al pillaje se suma otro tipo de deterioro que afecta al valor sagrado del emplazamiento. Recientemente, el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco dio la voz de alarma ante la instalación de lugares de diversión de tipo karaoke en una zona que debería en principio gozar del más alto grado de protección. Este fenómeno está estrechamente ligado al aumento de visitantes, cuyo ritmo sobrepasa el de la instalación de infraestructuras turísticas. Además, éstas deben respetar no sólo sus necesidades, sino también las características de un sitio en el que el carácter sagrado de los monumentos y la vida de los habitantes son todo uno.
Y, ¿qué decir del resto de Camboya, que no tiene la suerte de contar, como Angkor, con el apoyo de un Comité Internacional de Coordinación (CIC) ni goza de las mismas medidas de protección? También en ese caso la preocupación se centra en los grandes emplazamientos. Ahora bien, Camboya está tapizada de vestigios arqueológicos, y pocos han escapado a las excavaciones ilegales. Sólo citaré el caso de la necrópolis protohistórica de la aldea de Snay, saqueada a vista y paciencia de todo el mundo.
Tampoco está a salvo la artesanía: piezas de seda, telares, tablas para picar tabaco, laúdes tradicionales, viejos utensilios de cobre, son objetos codiciados por los amantes de las antigüedades. Y aún más grave es el destino de los manuscritos compuestos de fajos de hojas de latania, que algunos anticuarios cortan para aumentar sus beneficios. En cuanto a la cerámica, viaja hacia las tiendas de Phnom-Penh y la frontera con Tailandia. Pero es cierto que a menudo los anticuarios camboyanos creen de buena fe que sólo los objetos de piedra están protegidos por la ley.
¿Puede afirmarse que el Gobierno Real se ha dejado estar? Ciertamente, no. Pero el país, desangrado por un largo periodo de guerra y revoluciones, necesita tiempo para restablecer un Estado de derecho. Y hay que reconocer, sin caer en el pesimismo, que la gravedad del problema supera las posibilidades de Camboya.
En resumen, mucho camino queda por recorrer. Camboya no puede salir del paso sin la colaboración internacional, pues la razón de fondo y la verdadera raíz del problema es la demanda de los mercados occidental y japonés. Es sabido que piezas de arte jémer que han salido ilegalmente pueden encontrase incluso en los museos más famosos. El acuerdo firmado hace dos años entre Estados Unidos y el Gobierno Real para limitar la importación de piezas de arte jémer es trascendental y constituye un ejemplo al que deben seguir muchos otros.

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