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“Ponerse en el lugar de los demás”

Ecología: el imperialismo se disfraza de verde

Shiraz Sidhva, periodista del Correo de la UNESCO.
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“Sanciones comerciales.”








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En Ecuador, la protección de los manglares no afecta a la cría de camarones, que son un  medio de sustento para la población.
Según los países en desarrollo, la protección de los recursos mundiales permite a los países ricos seguir dominando el comercio internacional.

Durante casi un decenio, los esfuerzos internacionales por solucionar los problemas del medio ambiente se han visto frustrados por las profundas divergencias que oponen a países ricos y pobres. Los economistas y ecologistas de las naciones en desarrollo se quejan de que la agenda de las negociaciones sobre cuestiones medioambientales se decide casi exclusivamente en el Norte. Afirman que, so pretexto de salvar el planeta, el mundo industrializado ejerce un nuevo tipo de dominación: el “eco-imperialismo”.
Los países en desarrollo, como la India o China, siguen oponiéndose a los protocolos sobre el medio ambiente, como el Protocolo de Montreal de 1989, que prevé la reducción en 50% de la producción de gases CFC (gases clorofluorocarbonados utilizados, por ejemplo, en los frigoríficos) o el Mecanismo para un Desarrollo Limpio (Clean Development Mechanism, CDM), aprobado en el marco de las negociaciones sobre el cambio climático iniciadas a raíz del Protocolo de Kioto de 1997. “Estos protocolos son percibidos como medios para lograr que el Tercer Mundo pague por los daños causados principalmente por el Norte”, afirma el ecologista indio Vandana Shiva. La India y China representan 2% del consumo de CFC, frente a 29% de Estados Unidos. “Este ‘eco-imperialismo’ socava la soberanía nacional, además de suponer nuevos costos para los países ya antaño marginados por el colonialismo”, protesta Vandana Shiva.
El espectro del imperialismo seguramente enturbiará la próxima ronda de negociaciones sobre el cambio climático que se celebrará en julio en Bonn (Alemania), en la que los políticos concretarán las modalidades del CDM. Este mecanismo, ideado por los países industrializados para flexibilizar la reducción de emisiones aprobada en Kioto, es uno de los temas más delicados.
Las críticas suelen centrarse en que el mecanismo es el último de una serie de intentos por dominar a los países pobres, a los que prácticamente se está “sobornando” para que los ricos puedan seguir con sus prácticas habituales. La financiación de planes forestales y otros proyectos que fomentan la racionalización de la energía permitirán a los países industrializados no reducir sus propios gases con efecto de invernadero. Los ecologistas temen que la Amazonia y otros bosques primarios se conviertan en “sumideros de carbono” destinados a absorber la contaminación, sin tener en cuenta las necesidades de desarrollo de los países del Sur.

Medio ambiente y mercado
“La opinión del Norte sigue dominando en los debates sobre la crisis climática internacional”, explica Vandana Shiva. “El deterioro de la atmósfera se debe principalmente a la actividad industrial del Norte. Sin embargo, los debates parecen centrarse sobre todo en los países en desarrollo: el Norte rechaza toda responsabilidad adicional para limpiar la atmósfera. No es de extrañar que el Tercer Mundo ponga el grito en el cielo cuando se le pide que participe en los gastos.”
“Se pretende que todo el esfuerzo por lograr un cambio ecológico sea unilateral”, declara Chow Kee, representante de Malasia en las negociaciones.
Además, la tendencia a vincular las preocupaciones ecológicas con las estrategias comerciales fomenta aún más las acusaciones de imperialismo. “Los países ricos están tratando de impedir el crecimiento de naciones en desarrollo como la India, lo cual nos parece inaceptable,” declara el ministro indio de tecnología de la información, Pramod Mahajan. “Practican el proteccionismo con el pretexto de la protección medioambiental.” Los economistas afirman que las sanciones pueden suponer una mayor marginación económica de los países en desarrollo, que suelen carecer de medios para instalar onerosos sistemas de control de calidad.
La Convención de Basilea de 1989, por ejemplo, impuso restricciones sobre el comercio de desechos metálicos y materiales reciclables, alegando que eran nocivos para el medio ambiente. Los economistas afirman que estas restricciones impiden a los países pobres competir en el lucrativo mercado mundial de las piezas de computadora, desechos de metal y productos reciclables.
Existen otros ejemplos de imperialismo verde. A principios de los años 90, Malasia e Indonesia se enfrentaron a una ley austríaca sobre etiquetado ecológico que pretendía proteger los bosques húmedos asiáticos. Austria se negaba a importar madera que no procediera de selvas gestionadas de forma sostenible cuando ninguna restricción semejante se aplicaba a la madera de zonas templadas. El objetivo proteccionista quedó patente y Austria acabó revocando dicha ley.

La ecología, nueva religión laica
En los últimos diez años, Estados Unidos se ha visto acusado de proteccionismo en otras polémicas relacionadas con el comercio y el medio ambiente, por ejemplo, cuando prohibió las importaciones de atún mexicano, alegando que los delfines quedaban atrapados en las redes destinadas a los atunes. En 1996, los camarones procedentes de la India, Pakistán, Tailandia y Malasia corrieron la misma suerte con la excusa de que su pesca perjudicaba a la tortuga de mar. Es posible que las sanciones estuvieran motivadas por el deseo de proteger a los delfines y las tortugas, pero los países afectados sostenían que eran un pretexto para eliminar la competencia en el mercado pesquero internacional.
Deepak Lal, profesor de desarrollo internacional en la Universidad de California en Los Ángeles, cita estos ejemplos para calificar el movimiento ecológico de “nueva religión laica” en la que “los imperialistas verdes” tratan de imponer sus valores al mundo.
Según él, los embargos comerciales de la Convención de Basilea o los intentos de prohibir los alimentos genéticamente modificados tienen como objetivo excluir a los países más pobres de los mercados mundiales. “La política medioambiental no pretende sino detener el crecimiento del Tercer Mundo, lo que significa condenar al 75% de la población mundial a la pobreza permanente.”
En el Sur, algunas voces afirman que los controles medioambientales como el CDM no son totalmente nefastos. Según los expertos, los países en desarrollo recibirán entre 5.000 y 17.000 millones de dólares para subvencionar tecnologías beneficiosas para el medio ambiente. “El CDM nos brinda la oportunidad de invertir en proyectos que fomentan el desarrollo sostenible. Si de paso se reducen las emisiones, no deberíamos protestar por ello”, afirma R.K. Pachauri, del Tata Energy Research Institute de Nueva Delhi. “Como naciones soberanas, no debemos dudar a la hora de elegir proyectos, como los de energía renovable, en los que de todas formas nos interesa invertir.” Además, las normas del CDM están aún por definir, por lo que Pachauri insta a los países en desarrollo a no desperdiciar la oportunidad de influir en su redacción.
Sin embargo, Anil Agarwal, director del Centro de Ciencia y Medio Ambiente de Nueva Delhi, insiste en que el CDM ignora las preocupaciones de los países pobres y “sigue planteando cuándo y cómo los países en desarrollo se comprometerán a reducir sus emisiones.”
Ahora bien, no todos los expertos de los países en desarrollo se oponen a los controles medioambientales internacionales. El economista indio Swaminathan S. Aiyar afirma que, al igual que la colonización de los británicos aportó algunos elementos positivos a la India, como la democracia y los derechos civiles, los nuevos cruzados podrían difundir tecnologías muy útiles. “En vez de rechazar en bloque las propuestas de los imperialistas verdes, debemos aceptar sus aspectos positivos.”
Por último, algunos expertos estiman que los países en desarrollo tienen parte de la culpa. “El Norte sabe lo que quiere, toma iniciativas y llega a las negociaciones bien preparado. En cambio, los países en desarrollo carecen de organización y de objetivos claros”, lamenta Agarwal.
El medio ambiente no figura entre las prioridades de los políticos de los países en desarrollo, explica Pachauri.
Sin embargo, son conscientes de que van a ser los más perjudicados por el calentamiento del planeta. Por lo tanto, añade Agarwal, les corresponde idear los medios para proteger nuestro futuro común.

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