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De manteca
y agua: la Creación hindú
Sudhanva
Deshpande, director y actor de la compañía teatral Jana Natya Manch,
de Delhi. |

Brahma emerge del loto. |
En
los mitos clásicos del hinduismo no existe un vacío original, sólo
distintas fases de los dioses y del universo en ciclos perpetuos que se repiten como
las cosechas.
En el hinduismo no existe
un solo mito para explicar los orígenes, sino que hay tantos como textos,
y a veces un mismo texto contiene más de uno. Los más antiguos remontan
al Rig Veda, el primero de los cuatro Vedas, escrito a lo largo de los siglos, pero
anterior con toda seguridad al año 1000 a.C.
Contrariamente a una creencia bastante extendida, la mayor parte de los himnos védicos
–de los que existen en total 1.028, distribuidos en diez libros– no tienen para nada
carácter espiritual o metafísico, y son básicamente cantos de
alabanza a todo un panteón de dioses antropomorfos. Pero los libros primero
y décimo, que coinciden con la aparición del varna, la cuádruple
división jerárquica de la sociedad que pronto dio lugar a una proliferación
de castas, contienen también los himnos del origen.
En el más popular de todos ellos figura la primera referencia conocida al
varna. La creación es el resultado del sacrificio de Purusha (Hombre), el
ser primigenio que es todo cuanto existe, comprendido “cuanto ha sido y cuanto será”.
Al consumarse el sacrificio de Purusha, que tenía “mil cabezas, mil ojos y
mil pies”, la manteca clara que se formó se convirtió en los animales
que viven en la Tierra. De este mismo sacrificio nacieron los dioses, Indra (rey
amenazador), Agni (Fuego) y Vayu (Viento), así como el Sol y la Luna. La atmósfera
se formó a partir del ombligo de Purusha, de su cabeza surgió el paraíso,
de sus pies la tierra, de sus oídos el cielo. Tuvieron también aquí
su origen los cuatro varnas: de la boca, el brahman (sacerdote); de los brazos, el
kshatriya (guerrero); del muslo, el vaishya (pueblo llano); de los pies, el shudra
(sirviente).
El incesto primitivo, idea que reaparece con frecuencia en el hinduismo, es el otro
medio por el que se produce la creación en el Rig Veda. Una mitología
posterior sostiene que el primer hombre, Manu, engendró el género humano
con un acto incestuoso; el propio Manu era fruto de un incesto que se había
permitido el creador. En los textos mucho más tardíos conocidos con
el nombre de Puranas (entre 300 y 1500 d.C.), la historia de la creación es
más complicada: el creador del universo fue el dios Brahma, que había
surgido del océano primitivo y existía por sí mismo (swayambhu).
Brahma se transformó en un enorme jabalí (varaha) para hacer salir
la tierra de las profundidades del océano. El primer hombre, Manu, nació
directamente de Brahma. Era hermafrodita y tuvo dos hijos y tres hijas con su mitad
femenina.
Lo más sorprendente de todos estos relatos es que ninguno nos explica cómo
empezó el universo. No se habla de que las cosas hayan sido creadas de la
nada, simplemente la materia de que está hecho el universo es utilizada una
y otra vez en una serie de ciclos periódicos, como en una gigantesca empresa
preocupada por la ecología. En cierto sentido, es el resultado lógico
de la concepción hindú de los eternos ciclos del universo, que pasa
por cuatro fases sucesivas o yugas, sometido para siempre al ciclo de la regeneración
y la destrucción. Se atribuye a los cuatro yugas una duración respectiva
de 4.800, 3.600, 2.400 y 1.200 años divinos, cada uno de los cuales dura 360
años humanos. La calidad de la vida y la de los seres humanos va empeorando
progresivamente en cada yuga hasta llegar a la actual yuga sombría (kali),
que concluirá con un gran diluvio universal al que seguirán una nueva
edad de oro y la procreación del hombre por Manu.
Este gran ciclo cósmico que se muerde eternamente la cola, este monótono
subir y bajar de la marea en el que toda ilusión de movimiento hacia delante
es de hecho un retroceso, se ajusta perfectamente a la vida del campesino indio a
lo largo de los siglos. Tras los ardores del verano viene el diluvio del monzón,
que reaviva la eterna esperanza de que al fin se terminen el hambre, la miseria y
las privaciones. Así, cada ciclo agrícola es en realidad el gran ciclo
cósmico en un microcosmos. Prácticamente todas las fiestas de las distintas
regiones de la India coinciden con los momentos más importantes de ese ciclo
agrario, de modo que, aunque estoy escribiendo este artículo a finales de
marzo, en casi todo el país se está celebrando ahora, cuando la cosecha
está lista, el tradicional año nuevo indio.
¿Quién
puede decir?
En la medida en que la India sigue siendo una sociedad fundamentalmente agrícola,
esas festividades y los rituales que las acompañan forman parte integrante
de la vida de la población y no son meras ocasiones para que una minoría
urbana consuma más y más en un mercado mundializado. Sin embargo, esas
fiestas y ritos han sufrido una larguísima evolución y hoy día
se celebran y existen porque sí, sin principio ni fin, pues las más
de las veces no se piensa en su significado primigenio, cuando éste no ha
quedado sepultado por siglos y siglos de sedimentación cultural.
Sin embargo, las ideas persisten y resurgen de pronto cuando uno menos se lo espera.
La semana pasada fui a que me cortara el pelo el peluquero que me atiende desde que
tenía diez años. Se trata de un auténtico ritual que ha venido
evolucionando durante más de dos decenios. Primero me ofrece magnánimamente
té, y al final nunca me devuelve el cambio. Al mismo tiempo hablamos, claro
está, de política, deportes y cualquier otro tema de actualidad. Esta
vez le pedí que me contara cómo le habían explicado a él
el origen del universo. Se echó a reír y, mientras se me llevaba de
un tijeretazo un mechón de la frente, repuso: “¿Quién sabe cómo
fue creado todo? ¿Quién había allí para verlo? Incluso
los dioses nacieron cuando ya existía algo, así que, ¿quién
puede decir lo que sucedió cuando no existía nada?”
Mi peluquero no ha leído el Rig Veda. Pero, si algún día lo
lee, este himno lo dejará atónito:
No había entonces ni siquiera la nada, ni la existencia.
No había entonces aire, ni los cielos más allá.
¿Quién lo cubrió? ¿Dónde estaba? ¿A cargo
de quién?
¿Existía entonces agua cósmica, en profundidades insondables?
Pero, después de todo, ¿quién sabe y quién puede decir?
De dónde ha surgido todo y cómo tuvo lugar la creación
Los propios dioses son posteriores a la creación,
Así que, ¿quién sabe de verdad de dónde salió?
(Rig Veda, X, 129) |
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