
Los participantes en el Foro Social Mundial de Porto Alegre (enero de 2001) piensan
que Internet contribuirá a crear “otro mundo posible”.

© Dave Cutler/SIS, Paris
“Nada
está ganado de antemano, porque también nosotros tendremos que seducir
al público y ganarnos sus corazones y espíritus.” |
En
Porto Alegre, los militantes anti-mundialización atacaron a los megagrupos
de comunicación y definieron una estrategia de información alternativa
cuya arma principal es la Red.
La última semana
de enero de 2001, los organizadores del Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil,
esperaban a 2.000 participantes para debatir sobre “otro mundo posible”. Pero, para
su sorpresa, acudieron 5.000 personas. Esos organizadores, que pretenden ser también
visionarios, explicaron tal error de previsión por el “efecto Internet”. Un
mes antes de la inauguración del Foro, habían abierto un sitio de información
que, aunque muy rudimentario, sirvió de catapulta a la movilización.
Esta inesperada afluencia de público dio un argumento más a los enemigos
de la mundialización, que abogaban, sin hasta entonces demasiado eco, por
que “el lugar y la influencia” de la comunicación en general y de Internet
en particular fueran “un arma más en la lucha contra el neoliberalismo”, como
lo son ya la promoción del impuesto Tobin sobre las transacciones financieras
(véase El Correo de la UNESCO de febrero de 1999) la anulación
de la deuda del Tercer Mundo o el control de las organizaciones financieras mundiales.
Las conclusiones del taller de comunicación y ciudadanía, verdadero
motor de esa toma de conciencia, fueron claras: si no se pone remedio, el sector
de la comunicación se convertirá en un coto vedado de sus adversarios,
que ya habían hecho de él uno de los ejes esenciales de su revolución
económica y, sobre todo, “ideológica”.
El
segundo poder
En su discurso de apertura del taller, Ignacio Ramonet, director del mensual francés
Le Monde Diplomatique no pudo ser más claro: “Si el primer poder es el económico
y financiero, el segundo es el de los medios de comunicación… que son el aparato
ideológico de la mundialización.” Otros participantes en el seminario
juzgaron que la información dominante, “transformada esencialmente en mercancía
que ya no responde a ninguna otra regla que no sea la del mercado… es uniforme e
unidimensional, y procede de una fuente única”. Ramonet añadió
que el discurso de los grandes medios de comunicación es “emocional”, “impresionista”,
“sensacionalista”, “retórico” y “simplista”, está “dominado por la
inmediatez” y, en una palabra, es “infantilista”.
Para él, el “criterio supremo” de los “megagrupos” de comunicación
no es ya la verdad, sino el beneficio. “Venden consumidores a sus anunciantes”, denunció.
Las organizaciones presentes en Porto Alegre decidieron por lo tanto que ha llegado
el momento de librar batalla, con Internet como arma.
El primer frente abierto consiste en hacer una crítica de la información
vehiculada por esos “megagrupos”. Esta crítica no sólo ha de ser sistemática,
sino que también merece la mayor difusión posible. Un ejemplo de lo
que puede hacerse lo ofrece en Estados Unidos la organización Fair, verdadero
“perro guardián” de los medios de comunicación. Su tarea consiste en
demostrar que los temas que abordan y los puntos de vista que desarrollan son el
atributo de la élite económica y política, puesto que esos medios
de comunicación son propiedad de multinacionales y se financian mediante la
publicidad de otras multinacionales.
La
fuerza de Internet
Según Seth Ackerman, uno de los responsables de Fair, Internet tiene tres
atractivos de los que carece cualquier otro soporte de comunicación, incluida
su revista bimestral Extra! El primero es el acceso instantáneo a todo un
abanico de fuentes de información alternativas que unas veces permiten poner
de manifiesto que los grandes medios de comunicación pasan por alto hechos
importantes y otras examinar con mayor precisión el enfoque que les dan. El
segundo tiene que ver con la difusión a muy bajo costo, y prácticamente
en tiempo real, de sus críticas entre los abonados a su sitio Internet, y
el tercero es que implica a éstos últimos en la misión de la
organización –la llamada interactividad– incitándolos a enviar por
correo electrónico mensajes de protesta a los medios a los que Fair pone en
su punto de mira: “Gracias a Internet, nuestra actividad ha dado un salto cuantitativo
de una amplitud tal que ha influido también en su calidad”, explica Ackerman.
El segundo frente que quieren abrir las organizaciones anti-globalización
es mucho más vasto y ambicioso: hacer de Internet el soporte de una “contra-información”
o “información alternativa” que llegue a una audiencia muy amplia, algo que
todos los soportes anteriores que se fijaron ese objetivo (prensa escrita, radio
o televisión) nunca lograron hacer más que en círculos muy estrechos
de militantes y simpatizantes convencidos de antemano.
“La gran novedad de Internet y su principal atractivo”, subraya Jean-Pierre Marthoz,
de Human Rights Watch 1, “es que su precio de entrada es infinitamente más
asequible que el de cualquier otro soporte. Los obstáculos técnicos,
políticos –cómo escapar a una posible censura– y sobre todo financieros
–de inversión y gastos de funcionamiento– son infinitamente menores que los
que se alzan ante alguien que quisiera lanzar un periódico o una cadena de
radio o televisión. Internet abre el camino a una pluralidad de voces hasta
ahora desconocida.”
Antonio Martins, responsable de la edición brasileña de Le Monde diplomatique
añade que el número de canales de difusión disponibles en la
Red es casi ilimitado, en tanto que el espectro de las ondas hertzianas ha de repartirse
entre un número reducido de usuarios. En suma, Internet puede cambiar profundamente
las cosas en el plano informativo porque su potencial de fuentes de información
no tiene parangón. Según Henri Maler, de ACRIMED (Acción Crítica
Medios), las repercusiones de esta novedad son tanto más fuertes cuanto que
una de las críticas más frecuentes que se hace a las “multinacionales
que controlan el mundo de la comunicación” es su carácter “monofuente”:
se apoyan en un número cada vez más restringido de fuentes de información
debido al enorme costo que supone tener una red de corresponsales.
De ahí un primer tipo de respuesta que estudiaron una treintena de periodistas
y escritores reunidos en Bangalore (India) en diciembre de 2000. Partiendo del hecho
de que, en el mundo entero, periodistas profesionales “desalentados” o “desilusionados”
quieren reencontrarse con “la nobleza de su oficio, basada en un compromiso social
y democrático”, del que sus empleadores les han privado negándose a
publicar “esos artículos que el lector pide y no ve publicados”, se fijaron
como objetivo “ocupar el espacio público de información… para constituir
una masa crítica de información alternativa”, es decir, “reportajes
de prensa escrita y audiovisual que contribuyan a crear una alternativa socio-económica,
cultural y política” a la mundialización actual. La ambición
es inmensa: lanzar un servicio noticioso de pago en Internet que logre “servir de
contrapeso a la información estereotipada de los medios dominantes”. Este
producto, técnicamente irreprochable, se situaría en “una red informativa
complementaria”.
La
verdad y su eco
Como afirma Ignacio Ramonet, “para comunicar bien, es necesario un conjunto de competencias.
Se puede estar en posesión de la verdad y no tener estrictamente ningún
eco por no saber comunicarla. Creer que la verdad se impondrá por sí
misma supone tener una actitud arrogante y de desprecio hacia los ciudadanos. Y eso
se paga con la incomunicación”.
“La multiplicación de emisores, o pluralismo de fuentes, no necesariamente
implica la llegada de una avalancha de información de calidad, es decir, resultante
de un proceso profundo de verificación, selección y contextualización
realizado para dar un sentido a esa información”, añade Jean-Pierre
Marthoz. “En cualquier caso, el proceso implica siempre que intervengan mediadores
que quizá no sean periodistas en el sentido clásico del término,
sino ‘paraperiodistas’.” Como ejemplo, cita el sitio Internet de su organización,
que se ha convertido en un soporte informativo de consulta casi obligada para todos
aquéllos que quieran estar al tanto de la situación de los derechos
humanos en el mundo. Unos diez mil internautas lo visitan diariamente por la simple
razón, según Marthoz, de que su información procede de expertos
fiables y ha sido tratada por comunicadores confirmados.
Fiabilidad
de la Red
Por lo tanto, para esta corriente dominante de información alternativa en
la Red, la búsqueda de audiencia parece ligada a una credibilidad que, por
su parte, exige la mediación de profesionales que pueden ser de un “tercer
tipo”. “Eso ya está pasado de moda”, replica Roberto Savio, uno de los artífices
de este tipo de información, que promueve desde 1964 Inter Press Service,
la agencia mundial de prensa que dirige. Aunque ésta cuenta hoy con una red
de corresponsales presentes en más de 100 países y más de 30.000
ONG están suscritas a sus servicios en línea, Savio se dispone a abandonar
su dirección para emprender nuevas aventuras. A su modo de ver, la sociedad
civil, y en particular los jóvenes, sienten rechazo hacia cualquier institución
o empresa que funcione de modo vertical. Para él, pretender utilizar Internet
como vector de un contrapoder informativo en el que el periodista siga teniendo un
papel clave –en lo cima de la pirámide– en la producción de información
destinada al público –en la base– es dirigirse hacia el fracaso. Es más,
esa pretensión reposa en un contrasentido: reproducir en Internet el modelo
vertical de la “sociedad de la información” imperante en los otros medios
de comunicación, cuando en realidad la Red abre las puertas a un modelo horizontal
de “sociedad de la comunicación”.
En Brasil, la RITS (Rede de Informações para o Terceiro Setor) es una
de las nuevas redes de comunicación que defienden que con la llegada de Internet
el viejo eslogan revolucionario de “dar la palabra al pueblo” se hará al fin
realidad. “Hagamos que se exprese la gente que vive los hechos”, proclaman sus responsables,
que de paso se ahorrarían el costo exorbitante de un ejército de periodistas.
Efectivamente, sus socios, unas 200 organizaciones del Tercer Sector (ni público
ni privado) que intercambian unos 10.000 mensajes por semana, se expresan en ella
sin ningún control ni restricción técnica. Su única barrera
es un código de conducta que reglamenta lo que puede difundirse en el sitio.
Pero, con o sin mediador, técnicamente trabajada o en bruto, ¿la información
alternativa logrará hacerse un sitio por el mero hecho de serlo? Para Ramonet
hay indicios que permiten ser optimistas: “El nivel general de educación se
eleva al tiempo que el de los medios de comunicación baja; llega un momento
en que ambos se cruzan y cada vez más grupos y categorías sociales
quedan insatisfechos por ese discurso infantilizante” que él achaca a los
grandes medios de comunicación. Antonio Martins, que estima que “nada está
ganado de antemano, porque también nosotros tendremos que seducir al público
y ganarnos sus corazones y espíritus”, insiste en que Internet permitiría
lanzarse a la batalla con las mismas armas que los grandes medios, algo imposible
en la prensa escrita o audiovisual. Por su parte, Jean-Pierre Marthoz es más
escéptico: “Internet no tiene por qué escapar al llamado ‘efecto quiosco’.
Al igual que el lector corriente compra primero las publicaciones que más
se ven en los quioscos, el internauta corriente se dirige en primer lugar a los portales
más conocidos (Yahoo!, Google etc.).
Pluralidad
de emisores
Y éstos hacen su propia selección de información, al igual que
los medios tradicionales.” Para él, “si bien en Internet la cantidad de emisores
es muy amplia, éstos actúan como una especie de embudo”. Así,
Marthoz pronostica que “la aportación esencial de Internet no será
convertirse en un auténtico contrapoder informativo, sino más bien
influir en los grandes medios de comunicación, inmensamente mayor que la que
pudieran tener una prensa escrita o audiovisual alternativas, porque un sitio alternativo
es inmediatamente visible en todo el planeta”. Prueba de ello es que toda la prensa
mundial, incluida la más prestigiosa, se nutrió de información
sobre la guerra en Chechenia visitando el sitio Internet de Human Rights Watch, donde
buscaban incluso “noticias calientes”.
En cuanto a Henri Maler, desconfía de la “mística de Internet” y afirma
que “básicamente, el que el inmenso potencial democrático de la Red
se haga o no realidad no depende de la Red misma. En la guerra entre información
mercantilizada e información ciudadana alternativa, el espacio público
que esta última conquiste será mayor o menor en función de la
presión de las fuerzas alternativas que la impulsen”. Dicho de otra manera,
de lo que se trata es de saber quién, entre Internet y la mundialización,
será el huevo y quién la gallina.
1. Jean-Pierre
Marthoz, director europeo de la información de la ONG Human Rights Watch,
es autor de Et maintenant le monde en bref, éditions Complexes, Bruxelles,
1999, y de una contribución publicada en el volumen Droits de l’Homme et
Internet, éditions Orbicom/Unesco, 1998.

En la página abierta por los organizadores del Foro Social Mundial
(www.forumsocialmondial.org.br) pueden leerse las
conclusiones de sus trabajos, así como en el sitio de la Agencia Latinoamericana
de Información (www.alainet.org)
La dirección Internet de Fair es: www.fair.org
Otros sitios que publican críticas de los grandes medios son MediaChannel
(www.mediachannel.org) y ACRIMED (www.samizdat.net/acrimed).
La dirección de Human Rights Watch es: www.hrw.org
Aunque los participantes en la reunión de Bangalore todavía no han
publicado sus trabajos en línea, entre los grandes sitios generalistas de
información alternativa puedenconsultarse: One World (www.oneworld.net) e Indymedia (www.indymedia.org).
La dirección de Inter Press Service es: www.ips.org y la de la Rede de Informações
para o Terceiro Setor es: www.rits.org/br |