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¿Qué es el voluntariado?

Una inversión en favor del cambio
Justin Davis Smith, director del Instituto de Investigación sobre el Voluntariado, con sede en Londres (www.ivr.org.uk).
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Un doctor voluntario de la ONG Casa Alianza examina a niños de la calle en Guatemala.







¿Qué es el voluntariado?

Para algunos, la palabra voluntariado evoca imágenes de personas que socorren a los menos afortunados –brindando ayuda a los niños, los enfermos, las personas mayores o los ciegos. Para otros, significa participar en campañas en favor del cambio –sumándose a acciones locales de defensa del medio ambiente o apoyando un movimiento mundial para eliminar las minas terrestres. Para otros aún, está ligado a la lucha por la supervivencia –y consiste en trabajar con amigos y vecinos para procurarse los productos esenciales para el sustento diario.
Cualquiera que sea la forma que adopte, la actividad voluntaria se diferencia del trabajo remunerado y del esparcimiento en tres aspectos. Primero, su finalidad primordial no es obtener una retribución pecuniaria. Segundo, se efectúa libremente y sin ningún tipo de coacción. Tercero, el voluntariado ha de beneficiar a la comunidad, aunque puede procurar a quien lo practica una gratificación que no se expresa en términos materiales. Aunque en algunas sociedades abunda el trabajo voluntario más que en otras, no debemos emplear un enfoque estrictamente aritmético para medir esta actividad. Dada la diversidad de formas que adopta, corremos el riesgo de exagerar las diferencias entre países industrializados —que quizás sean más ricos en voluntariado oficial— y los países en desarrollo, donde la tradición informal de ese tipo de actividad suele ser más fuerte.



La historia es sólo voluntad del hombre.

Jorge Guillén, poeta español (1893-1984)

Los gobiernos empiezan a entender las ventajas económicas y sociales del voluntariado, pero no deberían apoyarse en él como un recurso transitorio para eliminar los males de la sociedad.

Como un reconocimiento elocuente del papel del voluntariado en la sociedad, la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunirá en diciembre para debatir la forma en que los gobiernos pueden prestar un apoyo más eficaz a aquéllos que contribuyen al bienestar de sus comunidades sin una retribución financiera, justa culminación del Año Internacional de los Voluntarios que ha despertado una intensa movilización en 130 países.
No es de extrañar que los gobiernos del mundo empiecen a tomar conciencia de los beneficios económicos y sociales del voluntariado. En el Reino Unido, por ejemplo, la contribución de los voluntarios a la economía se evalúa en 64.000 millones de dólares, en tanto que en Canadá el valor económico de ese aporte se cifra en 16.000 millones de dólares. Un estudio comparativo reciente entre 22 países llegó a la conclusión de que, calculado en horas, el trabajo de los voluntarios equivale al de 10,5 millones de empleados de jornada completa.
Pero es peligroso tener en cuenta solamente la justificación económica del voluntariado, aunque puede ayudar a la valorización de éste. Los gobiernos pueden sentir la tentación de reemplazar a los trabajadores remunerados por voluntarios para ahorrar dinero. En primer lugar, desconocen así el hecho de que el voluntariado requiere una inversión y una formación para dar beneficios: un estudio realizado recientemente en Europa estimaba que cada dólar invertido en voluntariado redituaba ocho.

El capital social
Lo que es más importante es que cada vez más elementos acreditan que el voluntariado es beneficioso para la sociedad. Los especialistas han elaborado la noción de capital social para describir los vínculos y conexiones que se crean entre los individuos gracias al voluntariado. Según algunos estudios, en una sociedad rica en capital social se observarán índices más bajos de criminalidad, niveles más reducidos de abandono escolar y de conflictos interraciales e índices más elevados de desarrollo económico.
Si bien este capital tiene un papel que cumplir en la creación de comunidades vigorosas y activas, sólo puede dar el máximo de rendimiento si se cumplen ciertas condiciones. El voluntariado funciona mejor en un contexto en que el sector público es sano y dispone de recursos suficientes. No es un substitutivo de los servicios gubernamentales, sino más bien un complemento esencial que añade valor a los servicios prestados por profesionales remunerados. Por tratarse de un componente esencial de las sociedades sanas y democráticas, a los gobiernos ha de interesarles fomentarlo, incluso cuando los voluntarios participen en campañas que se opongan abiertamente a políticas estatales.
Los beneficios para los propios voluntarios no han de subestimarse. Solía afirmarse que el voluntariado suponía una relación basada en la noción de dádiva. Actualmente la mayoría lo considera como un intercambio, en el que tanto el que da como el que recibe se benefician. Y los voluntarios no dejan de citar una larga lista de ventajas que van de la posibilidad de hacer amistades a adquirir una capacitación útil y una perspectiva diferente para mirar la vida.
El voluntariado resulta particularmente útil para quienes son víctimas de la exclusión social. Los incapacitados que participan en este tipo de actividades pueden contribuir a la integración social y destruir el estereotipo negativo que los considera beneficiarios pasivos de cuidados. A los jóvenes, el voluntariado les ofrece oportunidades de superación personal y de afrontar riesgos, así como un valioso aprendizaje de la ciudadanía. Para los ciudadanos de más edad, puede favorecer el proceso de “envejecimiento activo” –¡algunos investigadores han llegado a afirmar que es bueno para la salud! En resumen, el voluntariado es una típica situación en la que todos ganan.

No siempre es fácil
Sin embargo, persisten ciertos obstáculos: en algunos países no existe la libertad de asociación, mientras que en otros la legislación se opone a la actividad de ciertos grupos, como los desocupados. Asimismo las organizaciones suelen no estar en condiciones de sufragar los gastos de viaje de los voluntarios, lo que perjudica a los de ingresos más modestos. Por último, ciertas actitudes, como la de quienes consideran al voluntariado antiguo y pasado de moda, pueden representar un obstáculo, al igual que ciertas barreras institucionales: la reticencia de algunas organizaciones a dar a los voluntarios la oportunidad de participar.
En la eliminación de esos obstáculos, los gobiernos pueden cumplir un papel decisivo, brindando una base —legal, fiscal e institucional— que permita la actividad voluntaria. En este sentido, el gobierno de los Países Bajos ha decidido examinar detenidamente toda nueva legislación a fin de que tenga el máximo de impacto favorable en el voluntariado. La acción de los gobiernos será también un elemento clave al financiar la organización o la infraestructura de tecnologías de la información indispensables, en los planos nacional y local, para que el voluntariado pueda florecer. Como principales empleadores, a los poderes públicos les cabe también incitar a su personal a participar decididamente en actividades de la comunidad a que pertenecen. Teniendo en cuenta la conciencia creciente de las ventajas del voluntariado para la moral del personal, la constitución de equipos y la imagen de los negocios, son cada vez más los empleadores —en el sector público y en el privado— que incitan a su personal a incorporarse a actividades de esta índole.
Por ejemplo, la Compañía de Gas de Osaka (Japón) lanzó un programa llamado “Chiisa na Tomoshibi” (La lamparita) en 1981. En 1994, una proporción apreciable de su personal (13.500 personas) se sumó al programa de trabajo voluntario, con empleados destacados en diversos servicios comunitarios. También se alentó a los trabajadores jubilados y a las familias del personal a participar en las actividades.
Aunque a los gobiernos les corresponde impulsar políticas favorables a la actividad voluntaria, es también necesario que reconozcan sus limitaciones. El movimiento voluntario, con razón, es muy celoso de su independencia, y cualquier intento de controlar su actividad por parte del Estado ha de provocar una fuerte resistencia.

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