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Año
Internacional
de los Voluntarios
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Somos
voluntarios por multitud de motivos, desde mejorar el currículum hasta conocer
gente. Así lo explica el experto español en psicología social
Fernando Chacón Fuertes1.
¿Qué
mueve a los voluntarios?
No es fácil estudiar las motivaciones porque éstas responden a variables
internas muy difíciles de observar. La única fuente de información
que tenemos es el propio voluntario. Pero todos los estudios que se han hecho, sobre
todo los de los profesores Allen M. Omoto y Mark Snyder2, revelan dos
tipos de razones principales. La que todos ellos citan primero es una especie de
obligación moral, que puede ser también religiosa, de contribuir a
solucionar un problema. Son los voluntarios que podríamos llamar altruistas,
que yo prefiero llamar “heterocentrados”, o centrados en los demás. Los segundos
son los egoístas o “autocentrados” cuyo afán es conseguir algo para
sí.
Pero estos motivos no se excluyen unos a otros…
No, claro, no hay “voluntarios puros”, casi todos actúan movidos por una combinación
de causas, aunque domine una u otra.
¿Cuáles son esas causas?
Los autores que acabo de citar observan cinco; la primera es la expresión
de los propios valores internos. Así, si alguien se considera una persona
humanitaria y tiene una conducta congruente con ese valor de humanidad, se siente
bien. El segundo motivo, bastante amplio, es la búsqueda de conocimiento.
Hay gente que viaja al Tercer Mundo para saber cómo se ven las cosas desde
allí, e incluso algunos hacen trabajo desinteresado por adquirir curriculum.
La tercera razón es la utilitarista. El voluntariado se usa como medio para
conseguir otro objetivo, que suele ser las relaciones sociales. Se conocen así
personas parecidas a uno. El cuarto grupo de motivos es lo que llamamos identificación
con la comunidad. Es el caso de alguien que se identifica con un grupo o una problemática
concreta y se inscribe en ella haciendo una especie de activismo de esa causa. Se
trata de los típicos voluntarios que lo son en un tema —los enfermos mentales,
el cáncer, el sida…— pero no lo serían en otro. En el caso del sida
es muy claro: hay personas que deciden trabajar en la lucha contra esa enfermedad
como una medida de reconocimiento de derechos y sobre todo como una identificación
con los colectivos que más la padecen. Y el último grupo de motivos,
mucho menos frecuentes y más difíciles de explicar, es lo que los psicólogos
llamamos la defensa del yo. Cuando una persona tiene un miedo o una ansiedad determinados
a veces utiliza el voluntariado como medio de enfrentarse a ello. Es el ejemplo de
un homosexual que se implica en una actividad de lucha contra el sida. También
puede tratarse de una defensa ante miedos o ansiedades más generales, e incluso
algunos colegas míos sugieren a sus pacientes que se involucren en alguna
actividad voluntaria para distraerse o huir de sus propias ansiedades. Y no se lo
digo muy orgulloso, porque es algo que personalmente no me gusta.
¿Por qué?
Creo que el objetivo de los programas de voluntariado es ayudar a las personas que
están en esos programas, no ayudar a los voluntarios.
¿Hay más mujeres u hombres voluntarios?
En su motivación, los hombres que deciden ser voluntarios no difieren sustancialmente
de las mujeres, aunque sí sabemos que en general hay más mujeres voluntarias
que hombres, sobre todo en acción social y en salud. Aunque en protección
ciudadana abundan más los hombres.
¿Hay alguna explicación para ello?
Nos guste o no, tiene mucho que ver con los roles tradicionales: la mujer cuida,
atiende, mientras que el hombre apaga fuegos o ayuda en los desastres.
¿Son los voluntarios diferentes de un lugar a otro?
No conozco ningún estudio transcultural del voluntariado, pero diversos estudios
nacionales sí parecen indicar ciertas diferencias. En sociedades orientales,
como la japonesa, se trabaja más por el grupo, por la comunidad. Se habla
más de atender al grupo y del sentimiento del deber. En las sociedades occidentales
de corte anglosajón las acciones tienden a ser más individualistas.
1. Catedrático
de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid y presidente
del Colegio Oficial de Psicólogos.
2. Profesores respectivamente de la Universidad de Kansas y de la de Minnesota. |