
Kevin Petrie en el taller de su garaje. |
Miles
de jubilados británicos vuelven a sentirse jóvenes reparando herramientas
en mal estado que envían a artesanos de África.
creamos Tools for Self-Reliance
(Herramientas para la autonomía) en 1979 con un puñado de voluntarios
a partir de una idea simple: recoger herramientas en mal estado, repararlas y enviarlas
a artesanos de aldeas africanas. Mi interés por las herramientas creció
al mismo tiempo que mi desilusión frente a los grandes proyectos destinados
al Tercer Mundo. Había visto que en África Occidental, por ejemplo,
ciertas empresas extranjeras obtienen enormes beneficios en nombre del desarrollo.
El personal expatriado, gracias al cual se suponía que la situación
iba a cambiar, cobraba salarios exorbitantes, tenía personal de servicio y
otras ventajas que se sumaban a la deuda del Tercer Mundo. A menudo, esta ayuda parecía
paralizar a los habitantes del país e impedirles para mejorar su destino.
En Etiopía, vi costosas palas niveladoras, donadas por organizaciones humanitarias,
que enmohecían arrumbadas por falta de combustible y repuestos. Al mismo tiempo,
miles de etíopes no tenían trabajo y pasaban hambre. Me dije entonces
que había que hacer las cosas de otro modo.
Un buen día, en Uganda, oí a un representante de una organización
humanitaria quejarse de que le robaban las herramientas. Pensé que sería
porque esa maquinaria permitía a esa gente ganarse el sustento. Visité
a artesanos de las aldeas y me di cuenta de que su material se encontraba en un estado
lamentable. Había cuchillos afilados hasta el último centímetro
y martillos convertidos en muñones de metal. La idea de una organización
que ayudara a esas personas se justificaba plenamente.
De regreso a casa, mi madre observó que en nuestra calle numerosas personas
guardaban herramientas durante toda una vida en el cobertizo de sus jardines. Comencé
a imaginarme cuántas máquinas de coser, sierras y martillos inutilizados
podrían recuperarse en todo el país… Empezamos en 1979 con algunos
voluntarios, alumnos del Instituto Politécnico. Nuestro local era una sala
parroquial abandonada, en Portsmouth, sin calefacción, ni agua corriente,
ni gas, y sin muebles, pero estábamos encantados. Allí limpiamos las
primeras 240 herramientas, recogidas entre personas que vivían cerca de la
prisión de Kingston.
Hoy en día enviamos anualmente herramientas por un valor de más de
500.000 libras a organizaciones de Tanzania, Zimbabwe, Uganda, Mozambique, Sierra
Leona y Ghana. Fomentamos también la producción local apoyando programas
de formación de herreros en zonas rurales de Tanzania, Zimbabwe y Sierra Leona,
que utilizan nuestro material pesado para fabricar y reparar herramientas allí.
Así, producen muchas más piezas que las que nosotros podríamos
enviarles.
Un
proyecto original
Tools
for Self-Reliance se apoya en un núcleo importante de voluntarios sin los
que nuestra acción sería imposible. Para muchos de ellos, trabajar
con nosotros ha sido como empezar una vida nueva.
Muchos hombres se encierran en casa cuando se jubilan, lo que a menudo desespera
a sus mujeres. Sin embargo, parecen dispuestos a trabajar gustosamente en nuestros
talleres, y actualmente representan la mitad de las personas que colaboran en los
70 grupos de nuestra asociación. Una vez por semana, en todo el país,
se reúnen para lijar, reparar, afilar, engrasar y empaquetar las herramientas,
que quedan como nuevas (incluso mejores que las actuales, pues el acero de antes
era de excelente calidad), antes de enviarlas a África.
Algunos de estos voluntarios son antiguos mecánicos, ingenieros o albañiles.
Están orgullosos de transmitir sus competencias a los más jóvenes.
“Tienen en común una gran pericia”, destaca Tony Care, coordinador de la asociación
en Gales. “Son metódicos y minuciosos. Saben de qué son capaces y de
qué no. Les gusta emprender una tarea difícil y se niegan a abandonarla
a medio camino.” A veces surge cierta nostalgia, como cuando un voluntario toma una
herramienta mohosa y exclama: ¡No había visto una así desde la
Segunda Guerra Mundial!
Los voluntarios no sólo se interesan por el aspecto práctico de su
trabajo. En su mayoría participan en el proyecto porque aprecian el propósito
que lo inspira. “Tools for Self-Reliance es una acción realmente encomiable.
Es el proyecto de ayuda mutua más original y revolucionario que conozco”,
afirma John Watley, nuestro especialista en máquinas de coser, ex secretario
de la municipalidad de Andover, en Hampshire, de 84 años. Derek Taylor, de
72 años, comparte este enfoque: “Hace unos años, mi hijo murió
en un accidente de automóvil”, explica. “Mi mujer y yo nos dimos cuenta de
que el dinero no es todo. Antes, lo único que nos importaba era la familia.
Ahora nos hemos abierto a los demás, y se han convertido en nuestra familia.”
Tools for Self-Reliance es además una fuente de amistades: “Hablamos de la
vida, de política y de arte con personas que han viajado a África,
por ejemplo”, cuenta un habitante de Southampton. “¡Es tan inte-
resante, que reparamos las herramientas sin darnos cuenta!”
No todos nuestros voluntarios son jubilados; hay estudiantes que vienen a trabajar
con nosotros como parte de su formación. Además, todos los años
organizamos talleres internacionales de verano para preparar lotes completos de herramientas.
Como otros, Kevin Petrie descubrió un nuevo centro de interés después
de su jubilación. Contable y profesor en su vida profesional, hoy tiene 85
años y empezó a reunir y arreglar herramientas hace 15. Desde entonces,
ha reparado 11.500 piezas magníficas, sobre todo de carpintería. Miembro
del consejo de administración de Tools for Self-Reliance, viajó a Tanzania,
por su cuenta, para ver cómo utilizaban los artesanos el material enviado
de Inglaterra. Julius Nyerere, ex Presidente de la República, lo invitó
a su casa para analizar el papel de los artesanos y de las herramientas en el desarrollo.
Posteriormente, Petrie recorrió varias aldeas, donde su entusiasmo le valió
el apodo de Mzee kijana, “el anciano juvenil”.
Cuando pregunté a su mujer qué pensaba de los miles de horas que había
pasado en su garaje en vez de preocuparse del jardín, sonrió. “Está
feliz cuando se ocupa de esas herramientas”, me contestó. “Es nuestra contribución
a crear un mundo mejor.” |