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Niños encadenados

ONG: los gladiadores de la libertad
Louise Corradini con Asbel López, periodistas del Correo de la UNESCO.
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Una fábrica de tizas en Mandsaur, India.
Presentes en el terreno y en los foros internacionales, las organizaciones no gubernamentales constituyen una luz de esperanza para cientos de miles de niños esclavos.

A las 5 de la mañana, cuando los niños aún no se despiertan para ir a la escuela, Abula se levantaba y caminaba 6 kilómetros descalzo por un sendero de barro y piedras para ir a trabajar a una plantación de café en Bouafle (Côte d’Ivoire). Cuando llegaba, mojado y exhausto, el capataz le mostraba el sector que debía plantar ese día: “Había que trabajar rápido porque nos amenazaban con castigarnos y dejarnos sin comer si no terminábamos con la cuota asignada”, asegura ese pequeño de 12 años.
“Si no podíamos trabajar por enfermedad, teníamos miedo de sufrir tormentos físicos. Un día vi cómo torturaban a dos amigos que quisieron huir. Ambos enfermaron de gravedad y murieron”, recuerda.
Abula fue rescatado de las garras de la esclavitud por Anti-Slavery International, fundada en Londres en 1839, que se proclama como la ONG más antigua del mundo.
Junto con algunos organismos internacionales —como la OIT, UNICEF y la Unión Europea—, las ONG ejercen una acción muy eficaz para luchar contra la esclavitud infantil. Por lo general, no se limitan a presionar a gobiernos y organismos internacionales para alertarlos sobre las peores formas de trabajo infantil. Su tarea más valiosa consiste en rescatar y rehabilitar a miles de niños sometidos a condiciones inhumanas de explotación.
Existe una estrecha cooperación entre ONG de ambos hemisferios. Las organizaciones del sur reúnen pruebas y testimonios, mientras que las del norte proporcionan notoriedad internacional al tema. Esa cooperación permite organizar campañas internacionales de difusión. La más espectacular fue la Marcha de los Niños: en 1998, varios grupos que partieron de Asia, América Latina y Africa se concentraron frente a la sede de la OIT en Ginebra para denunciar la explotación infantil en el mundo.
Anti-Slavery International, por ejemplo, ahora se propone presionar a gobiernos y líderes políticos para que las principales organizaciones internacionales incluyan el tema de la esclavitud infantil en sus agendas y políticas de acción. Para ello está en permanente contacto con ONG de los países del sur y financia programas para que puedan investigar de cerca la situación en el terreno.
Este es el caso de Child Workers in Asia (CWA), una ONG con sede en Bangkok que recientemente denunció el caso de una menor sometida a una salvaje explotación.
Como el africano Abula, Devi Lina Sari también se levanta antes del amanecer para ir a trabajar a una plantación de azúcar en Medan (Indonesia): “Salgo a las 6 de la mañana todos los días, menos los domingos. Comienzo a las 7 y termino a las 4 de la tarde con una pausa de una hora a mediodía”, sostiene esa pequeña de 14 años.
Como a todos los niños de su edad, le gustaría jugar con sus amigos, pero después de cortar caña durante 8 horas queda tan agotada que no tiene energías ni ganas para divertirse.
“Si me corto con el machete, el jefe paga los medicamentos, pero luego tengo que reembolsarle el dinero que gastó. Si no trabajo porque estoy enferma, no cobro salario”, precisa.
Cuando Child Workers in Asia (CWA) identifica a un niño que realiza trabajos en condiciones de explotación, un miembro de la ONG se presenta con un policía y una trabajadora social para liberarlo y devolverlo a los padres —si el niño fue raptado—, o entregarlo a un centro de rehabilitación o a una familia voluntaria si fue vendido. Para los menores que han vivido esta traumática experiencia, el proceso de rehabilitación dura entre 3 y 6 meses.
La peor de las formas de esclavi-tud infantil es, sin duda, la explotación sexual de los niños.
María, una hondureña de 12 años, fue secuestrada en Río Abajo, vendida en Guatemala y desde allí trasladada a México, donde fue comprada por el propietario de un bar que la obligaba a prostituirse con 20 hombres por día.
Ese caso patético fue descubierto por Casa Alianza. La organización, fundada en 1981 en Guatemala, es la sección latinoamericana de Covenant House, una ONG con sede en Nueva York.
Inicialmente, Casa Alianza se dedicó a defender y rehabilitar niños de la calle en América Central. Pero, desde hace 4 años, se concentra en denunciar el tráfico y la explotación sexual y comercial de los niños, un fenómeno que incluye la pornografía infantil, el turismo sexual y las relaciones sexuales remuneradas con menores. Una tarea ciclópea y eficaz: el juez especial para delitos sexuales de Costa Rica reconoce que 60% de los casos que atiende fueron denunciados por Casa Alianza.

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