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Mariano Herrera: “La difícil situación de los maestros”

Adelante con Bolívar
Fabrice Losego, periodista (con información adicional del Correo de la UNESCO)

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Un mural con el héroe cubano José Martí y el libertador Simón Bolívar adorna una nueva escuela para niños pobres.










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Comida gratuita servida por soldados en una escuela bolivariana.







Para el “nuevo modelo revolucionario” de educación, la mundialización es una “amenaza colonialista”.

Atacando la corrupción y los intereses creados, el Gobierno de Venezuela ha emprendido una reforma de la educación de vasto alcance. Algunos la califican de adoctrinamiento, mientras otros aplauden la voluntad de sacar a flote un sistema moribundo.

La revolución venezolana está en marcha, y su estandarte es la educación. Tras su ascenso arrollador al poder en febrero de 1999, Hugo Chávez, un ex teniente coronel que había encabezado un golpe de estado frustrado siete años antes, lanzó una reforma de la educación sin precedentes en los doscientos años de historia del país.
¿Por qué la educación? El Ministro de esa cartera, Héctor Navarro, afirmó hace poco que probablemente éste sea el campo de batalla más importante del proceso de cambio. A lo largo de su campaña, Chávez sacó partido del repudio que inspiraba al público un sistema político dominado por los mismos dos partidos durante cuarenta años. Después de una votación favorable, se promulgó una nueva constitución. Se cambió el nombre del país, que pasó a llamarse República Bolivariana de Venezuela en homenaje a Simón Bolívar, el padre de la independencia en el siglo XIX, y uno de los principales mentores intelectuales de Chávez. Luego el gobierno emprendió una transformación radical del sistema educativo. Uno de sus principales objetivos era luchar contra una “oligarquía” integrada por las clases privilegiadas y la Iglesia, a las que el Presidente acusa de robar la educación a los pobres.
Los sectores marginales fueron la base del electorado de Chávez y son mayoría. Hace veinte años, Venezuela había alcanzado uno de los índices de calidad de vida más elevados de América Latina. Hoy se estima que dos terceras partes de su población (14,6 millones) viven por debajo del límite de pobreza y que otros 7,5 millones de personas (31%) son consideradas indigentes (no pueden satisfacer sus necesidades esenciales).
La crisis ha afectado a la educación. Los gastos en este sector disminuyeron de 7,4% del PNB en 1983 a 3,8% en 1998. La proporción de alumnos que han completado los estudios primarios se mantiene en 84%, muy por debajo del promedio de América Latina, que es de 94%. “En los últimos veinte años Venezuela ha vivido una transición, pasando de una ’educación de castas a una educación de masas’, ampliando considerablemente el acceso a la enseñanza y las oportunidades que ésta ofrece”, se afirma en una evaluación preparada para la Unesco en 2000. Se observa, sin embargo, que “se ha registrado un deterioro de ciertos índices, como el de repetición y el de abandono, y también en cuanto a la calidad y la pertinencia del programa… La enseñanza privada ha adquirido la categoría de “canal de excelencia”. Según Abraham Zalzaman, uno de los autores del informe, “es necesario transformar a fondo todo el sistema de educación. Cualitativamente, es sumamente débil”.

Rincones bolivarianos
En este contexto, Chávez suprimió los gastos de matrícula en la educación pública, envió a las fuerzas armadas a las comunidades locales para que repararan y construyeran escuelas y hospitales, y lanzó un programa piloto dirigido a los niños desfavorecidos. Según fuentes gubernamentales, esta iniciativa ha permitido ya la matrícula de un millón de niños, cifra que, ha prometido el Presidente, se habrá duplicado a fin de año. Durante su visita a Venezuela en enero de 2001, el Director General de la Unesco, Koichiro Matsuura, elogió los serios esfuerzos de Venezuela para promover la enseñanza básica, que se reflejan en un aumento de los gastos de educación a 6% del PNB, muy por encima del promedio de 3,9% de los países en desarrollo.
Hasta la fecha, de los 20.000 establecimientos primarios y secundarios del país, cerca de 2.000 fueron declarados bolivarianos. Sus características esenciales son las siguientes: ofrecen ocho horas de clases diarias (la mayor parte de las escuelas sólo funcionan medio día), alimentación gratuita, atención médica y actividades deportivas. Los símbolos patrióticos han pasado a ser objetos de culto en muchos de ellos. En las aulas hay “rincones bolivarianos”, en los que están presentes la bandera, la letra del himno nacional y la efigie del líder de la independencia. La bandera se iza todas las mañanas ante los niños y en clase se enseñan a éstos los “principios bolivarianos”, como ordena la Constitución.
Uno de los principales artífices del proyecto es Carlos Lanz, un sociólogo y ex guerrillero que permaneció ocho años preso por haber participado en el secuestro de un hombre de negocios estadounidense en los años setenta. Lanz no reniega de su pasado subversivo, pero afirma que “no hay ninguna relación entre la lucha armada de esa época y las proposiciones de reforma de la educación formuladas por el actual gobierno.”
La orientación ideológica del proyecto es sin embargo inequívoca. Para el “nuevo modelo revolucionario de educación” la mundialización es una “amenaza colonialista… con graves consecuencias para la memoria colectiva y la identidad nacional”. El proyecto deplora que las computadoras y la televisión hayan “impuesto valores”, empleando “una forma sutil de dominación y colonización”. Para hacer frente a esta embestida, el texto aboga por una escuela que sea un “espacio de resistencia y contrahegemonía culturales”, un lugar donde “se reconquisten la herencia y las raíces indoafricanas del país”. Según Carlos Casanova, profesor de filosofía de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, esta orientación significa “una pérdida de la estructura occidental de la sociedad venezolana y una negación del pasado hispánico de ésta”.
A fin de imponer una mayor eficiencia en el país y para “crear un ejército de venezolanos patriotas” se obliga a los alumnos de la enseñanza secundaria a seguir un entrenamiento premilitar”. Un manual dirigido a los niños de 14 años los pone en guardia contra la “inmigración irracional”, en particular la procedente de la vecina Colombia. Hay otros temas polémicos. En su afán de “democratizar la educación”, el proyecto propicia la creación de “comunidades educativas” que dirijan las escuelas. Así se ampliará el sistema actual, integrado por los padres, los profesores y el director del establecimiento, a la comunidad en general, desde los clubes deportivos locales a las asociaciones de vecinos.”
Las asociaciones de escuelas privadas, la Iglesia y los sindicatos de profesores están indignados. En enero de 2001, unos 5.000 padres y profesores desfilaron por las calles gritando “Chávez, no te metas con mis hijos” y acusando al régimen de adoctrinar a la juventud, como en Cuba. “El nuevo régimen está tratando de ’infiltrarse’ en las escuelas para introducir su mensaje ideológico”, dice Leonardo Carvajal, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, que también se burla de la idea de las comunidades educativas. “Cada una tendrá su presidente, elegido entre cualquiera de los vecinos, trátese de un carnicero, un carpintero o de un miembro de grupos vinculados al régimen”, afirma. Carvajal fue el iniciador de una contrapropuesta de ley sobre la educación que fue sometida a la Asamblea Nacional. Los intelectuales se están movilizando contra los intentos de reescribir los textos de historia de modo que reflejen los puntos de vista del Presidente. “Chávez pretende borrar todo lo ocurrido entre Bolívar y él”, afirma el historiador y educador Guillermo Morón.
La firma de un “acuerdo de cooperación integrada” entre Venezuela y Cuba en materia de educación no ha ayudado a calmar los ánimos. A cambio de 53.000 barriles de petróleo diarios a bajo precio, el país con mejores resultados en las pruebas internacionales de educación en América Latina proporciona a Venezuela asesores para la formación de maestros y otros servicios. Un equipo de 27 “expertos” cubanos fue invitado a dirigir una “Campaña Bolivariana de Alfabetización” en todo el país, a la vez que 1.600 profesores venezolanos viajaron a la isla para estudiar el modelo cubano de educación. Una fundación dependiente del Ministerio de Educación patrocinó recientemente un concurso de ensayos a nivel nacional sobre el tema “Che Guevara, un ejemplo para la juventud”.
La Unión de Profesores también está furiosa con el Decreto 1.011, que crea una nueva categoría de inspectores superiores de educación, con amplias atribuciones para recomendar despidos. El gobierno sostiene que son necesarios porque los supervisores inamovibles no denuncian las prácticas corruptas, pero a los políticos de oposición les preocupa que el decreto mencionado se utilice para desahuciar a los profesores que “resisten a la ideología antiimperialista, antielitista y anticorrupción de Chávez”.

¿Revolución o reforma?
Algunos expertos en educación experimentados insisten en que se ponga coto a la retórica. “Estamos muy lejos de una segunda Cuba”, afirma Abraham Zalzaman, presidente del Instituto de Estudios en Tecnología Educativa y coautor de la evaluación de la UNESCO. “Hemos firmado acuerdos con Cuba del mismo modo que con Europa y Estados Unidos en otros aspectos.” No cabe extrañarse de la oposición al decreto 1.011. “Por primera vez se trata el tema de la corrupción. Más que un servicio, la enseñanza privada ha pasado a ser un negocio…Si hubiese un sistema de supervisión digno de llamarse así, numerosas escuelas deberían cerrar”, afirmó, refiriéndose al soborno de funcionarios para eludir la reglamentación que rige la apertura de esos establecimientos.
Algunos lamentan que hasta la fecha el proyecto no haya abordado los detalles del aprendizaje. “Es un proyecto sectario políticamente”, declara Mariano Herrera, coordinador del Centro de Investigaciones Culturales y Educativas. “Antes que nada, nuestros niños necesitan aprender a leer y escribir. Las tesis antioccidentales sobre las finalidades de la educación son contrarias a la noción de transmisión de valores universales y de respeto a las demás culturas.”
Carlos Lanz defiende la posición del gobierno: “Su error (de los opositores al proyecto) es ser neutrales. Hablan como nosotros de formar ciudadanos, pero sin reconocer los conflictos, los intereses y las relaciones de poder inherentes a la sociedad. Para ellos, no hay débiles ni fuertes, mientras que nosotros tomamos partido abiertamente por los desfavorecidos, los oprimidos. Tenemos que situarnos en el contexto de la revolución venezolana, que es antioligárquica y antifeudal. Y la educación ha de reflejar esas características.”
“El discurso es sumamente agresivo”, reconoce Zalzaman. “Muchos de los cambios propuestos no han sido fundamentados debidamente. Pero la reforma no tiene nada de revolucionario. Es un paso hacia la modernización. Por primera vez en 40 años, hemos iniciado un auténtico debate político. Es un análisis que va a revitalizar al país y permitir que se oiga al 84% que vive en la pobreza. Lógicamente, la clase media se siente amenazada.”

Mariano Herrera*: “La difícil situación de los maestros”

¿Cuál es la situación de la educación en Venezuela?
Muy mala. Por ejemplo, 40% de los jóvenes de 15 a 24 años abandona la escuela antes de pasar a la enseñanza secundaria. Hay dos millones de jóvenes de 10 a 24 años que no van a la escuela ni tienen trabajo. Pero la culpa no es sólo del sistema educativo. La extrema pobreza, que afecta a más de la mitad de la población venezolana, es un factor importante de exclusión escolar.
Muchos sostienen que los maestros no han recibido la formación adecuada…
No están debidamente capacitados para enseñar a leer y escribir, que es lo esencial. En 1980, hubo una reforma. De un curso breve, de dos años de duración, centrado en problemas prácticos como los que plantean las clases con niños de poca edad, pasamos a una formación universitaria de cinco años mucho más teórica. La universidad forma sobre todo profesores de inglés, de biología y de literatura y ofrece numerosas especializaciones en el área de la educación. Pero cuando se trata de enseñar a leer y escribir, el personal docente joven se siente perdido.
Y los alumnos sólo estudian 900 horas al año...
Así es en la mayoría de los países de América Latina. No hay establecimientos suficientes para todo el mundo. En 1961, cuando se restableció la democracia, hubo que adoptar medidas urgentes y se lanzó un “plan de alfabetización masiva”. Se construyeron escuelas “de emergencia” porque el retraso era grande y había que actuar con rapidez. El problema es que los locales de emergencia poco a poco se convirtieron en definitivos; ahora tenemos escuelas con techos de zinc, con 60° C de temperatura. Para hacer frente a la escasez de establecimientos, se inventó el doble turno, en virtud del cual cada día asisten a la escuela dos grupos diferentes de alumnos. Los maestros suelen verse obligados a correr de una a otra hasta tres veces en el mismo día para poder ganar una remuneración decente.
¿Por qué Venezuela no invirtió más en educación en el momento del auge del petróleo?
En muchos países en desarrollo sucedió lo mismo, sobe todo en América Latina. Gracias al petróleo, Venezuela, de la noche a la mañana, pasó a ser un país rico, si se tiene en cuenta el ingreso por habitante, pero siguió perteneciendo al mundo en desarrollo si se consideran los fondos asignados a la educación. Se creó entonces un sistema elitista, que favoreció la expansión de las universidades en perjuicio de la enseñanza primaria y secundaria. Hoy, las universidades del país absorben casi 50% del presupuesto total de educación.

* Coordinador General del Centro de investigaciones Culturales y Educativas (Caracas).

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