 |
|
|
No hay peor
ciego que el que no quiere ver
P.
Sainath, periodista indio independiente. |

Un día de cosecha aporta a esta mujer apenas 30 centavos de dólar.

Dos hombres transportan a un hermano al hospital, a 40 kilómetros
de distancia.
|
Sobre
el autor
Periodista
y escritor, P. Sainath ganó el primer premio al periodismo sobre derechos
humanos, otorgado por Amnistía Internacional en junio 2000. Ese galardón
se sumó a numerosas recompensas de prestigio que había ganado anteriormente,
entre ellas el Premio Lorenzo Natali de la Comisión Europea en 1994.
Sainath obtuvo reconocimiento internacional después de pasar dos años
y medio recorriendo las regiones más pobres de India en bicicleta para escribir
artículos sobre una categoría social frecuentemente olvidada por la
prensa. Ese trabajo sirvió de base para su libro más importante, Everybody
Loves a Good Drought, Penguin Books, 1996 (Todos aprecian una buena sequía),
un retrato devastador sobre el fracaso de las políticas de desarrollo del
gobierno indio.
Ese documento, que fue traducido en tres lenguas indias y también en sueco
y finlandés, acaba de llegar a su octava edición. Durante dos años,
también fue el ensayo más vendido de un autor indio. A pesar de su
contenido extremadamente crítico, sus reportajes fueron utilizados como casos
de estudio por alumnos de la elite de la administración pública india.
Actualmente escribe una serie de reportajes sobre los dalits, antiguamente llamados
"intocables", que siguen siendo el grupo más discriminado y marginalizado
del país.
Cuando no viaja, Sainath enseña en el instituto Sophia Politechnic de Bombay.
Recientemente fue invitado a dictar cátedras en universidades de Australia,
Canadá y Estados Unidos.
|
|
¿Por
qué los periódicos del sudeste asiático no publican en primera
plana casos de gente que se muere de hambre o la falta de agua potable? Un periodista
indio lucha contra la ruptura que advierte entre la realidad y los medios de comunicación.
A
comienzos
de mayo de este año, la Suprema Corte india tuvo que intervenir para que el
hambre pudiera regresar a la primera plana de la prensa. Es un caso sorprendente.
¿Quién habría imaginado que una publicación necesita
que la justicia le diga que el hambre sigue siendo un tema importante en este país
y en el resto del sudeste asiático?
India, Pakistán y Bangladesh declararon en los últimos años
que poseían un excedente de 50 millones de toneladas de alimentos. Pese a
todo, entre los tres vecinos reúnen la mitad del hambre del mundo. En el mismo
decenio en que se registraron los excedentes, también se multiplicaron el
hambre y el desempleo. Sin embargo, pocos fueron los medios de comunicación
que pensaron que la paradoja merecía ser estudiada. India, con 45 millones
de toneladas de grano almacenado sin vender, tenía decenas de historias que
merecían la atención de la prensa. La mayoría de ellas sigue
esperando.
Desde mediados de los años 90, se produjo un gran número de suicidios
de agricultores en varias regiones, particularmente en Andhra Pradesh, en el sur
del país. En 1996-97, por ejemplo, en ese estado se suicidaron más
de 400 agricultores porque estaban asfixiados por las deudas y eran incapaces de
dar de comer a sus familias. Hubo pocos artículos informando sobre ese fenómeno,
pero —en todo caso— ningún periódico de circulación nacional
lo destacó en primera plana. Cifras recientes del gobierno demuestran que
en Anantapur, uno de los distritos de Andhra, entre 1997 y 2000 se suicidaron 1.826
personas, sobre todo agricultores con pequeñas propiedades inferiores a una
hectárea. Una vez más, los medios de comunicación optaron por
mirar en otra dirección, permitiendo que las autoridades manipularan informes
sobre las razones de esas muertes.
A fines de 2000, era evidente que India atravesaba por la peor crisis agrícola
de los dos últimos decenios. Pero ni un solo periódico nacional destacó
a un periodista para cubrir ese hecho crucial a tiempo completo. Poco importa si
centenares de millones de indios dependen de la agricultura para vivir.
Finalmente, la Unión Popular para las Libertades Civiles (PUCL) del estado
de Rajastán presentó una denuncia en nombre del interés público
ante la Corte Suprema de India sobre la cuestión del hambre, destacando la
paradoja que existía entre graneros colmados y estómagos vacíos.
A comienzos de mayo la Corte ordenó a seis gobiernos estatales que explicaran
por qué las cosas iban tan mal.
Hamburguesas
y moda
Los
periódicos se limitaron a informar sobre el pronunciamiento de la Corte. Pero
nadie escribió sobre la crisis ni fue a hablar con los pobres sobre su miseria.
En el decenio pasado, la prensa india —obsesionada por los temas más triviales—
dedicó enorme espacio a explicar que la floreciente clase media india por
fin tenía acceso a las hamburguesas McDonald’s y a las marcas más sofisticadas
de la moda internacional. O a escribir sobre la proliferación de clínicas
para adelgazar y concursos de belleza. Ésos son temas que generan rédito
publicitario, no las desagradables historias sobre gente muriendo de hambre o la
falta de agua potable aun en el corazón de las grandes ciudades. Las contradicciones
de India se reflejan en la prensa. Por un lado, están los grupos humanos excedidos
en peso que pagan miles de rupias para adelgazar en clínicas especializadas;
por el otro, hay miles de personas que mueren de hambre. Los medios de comunicación
prefieren la primera parte de la realidad e ignoran la segunda.
Abundan los ejemplos de la ceguera que aflige a gran parte del periodismo del sudeste
asiático. En 1991, cuando India liberalizó la industria automotriz,
la prensa dedicó docenas de portadas a hablar de la revolución del
automóvil. La gente rica compró cada vez más coches, que agregaron
a los que ya poseían. Sin embargo, en 1998, había apenas cinco millones
de vehículos para una población de mil millones. La prensa, en cambio,
apenas se refirió al aumento de la polución, la ausencia de los servicios
públicos que necesita el país para transportar a quienes nunca podrán
comprar un automóvil ni a la brusca caída de las ventas de bicicletas,
tradicional indicador del bienestar de las clases rurales.
A veces se publican historias que rompen el corazón lamentando la suerte de
los pobres, pero los periódicos nunca establecen un vínculo entre la
pobreza y las políticas que la generan, que yo llamo fundamentalismo de mercado
y sus correspondientes programas de ajustes estructurales.
¿Por qué hay esa falta de interés por cuestiones cruciales como
la pobreza?
¿Cómo se explica la desconexión entre medios masivos de comunicación
y realidad de las masas?
Durante el decenio de 1990, los medios de comunicación perdieron su carácter
de foro público. Esto obedece, sobre todo, a la creciente concentración
de la prensa india en manos de un reducido grupo de empresas. Siete grandes compañías
controlan la totalidad de la circulación de la poderosa prensa en inglés
en el país. El Times of India, por ejemplo, tiene el monopolio del lectorado
inglés en la gigantesca región de Bombay, con más de 14 millones
de personas. También domina la prensa en indi y en maharatta.
The Times es claro y sin ambigüedades en su línea editorial. Los concursos
de belleza tienen prioridad en las portadas. Los suicidios de agricultores, no. La
mayoría de los otros diarios indios sigue la filosofía de The Times,
que se inspira en la del australiano Rupert Murdoch, zar de la prensa anglosajona:
un periódico es un negocio como cualquier otro, no un foro público.
Si
Gandhi viviera
La
propiedad monopólica impuso un código de valores totalmente opuesto
al papel tradicional de la prensa india. Históricamente, la prensa india cubrió
con seriedad los temas que hoy ignora. El periodismo indio fue hijo de la lucha por
la independencia nacional. Mahatma Gandhi, Jawaharlal Nehru y otros combatientes
de la libertad también fueron periodistas y editores que publicaron sus propios
periódicos. Ellos y muchos otros ejercieron un periodismo radical que colocó
constantemente a la defensiva al Raj británico. La prensa de los decenios
de 1920, 1930 y 1940 podrá haber estado muy mal equipada y algunos podrían
llamarla panfletaria, pero fue capaz de reflejar la realidad mucho mejor que los
periodistas actuales.
Hoy, con raras excepciones, los periódicos indios más importantes son
víctimas de las políticas empresarias: rentabilidad y publicidad no
riman con noticias importantes para la sociedad. Esto se refleja en los reportajes
que las empresas encargan a sus periodistas. Los artículos sobre la vida ordinaria
de la gente desaparecen de la prensa a ritmo acelerado.Sin embargo, hay corresponsales
a tiempo completo para cubrir moda, glamour, diseño e ¡inclusive para
decirle al lector adónde ir a comer! En una sociedad donde menos de 2% de
la población tiene inversiones, un diario no especializado en temas financieros
tiene 11 personas dedicadas a cubrir negocios. Ninguno tiene un periodista encargado
de seguir en forma permanente los temas de pobreza, desempleo o vivienda.
Sin sorpresas, los medios de comunicación demostraron estar cada vez peor
dispuestos a cubrir el proceso de desarrollo. Mientras más elitistas se vuelvan,
menos capaces serán de hacer esta tarea. La ecuación es simple: cuanto
más comercial es un periódico —en su pertenencia o su cultura—, menos
espacio atribuye en sus páginas a las cuestiones de interés público.
Esto lo explica claramente el libro The Media Monopoly (El monopolio de la prensa),
de Ben Bagdikian, que muestra el increíble poder de los conglomerados mediáticos
en el mundo. Unos pocos grupos —como el imperio Newscorp, que dirige Rupert Murdoch,
y AOL, de Time Warner— deciden lo que la mayoría de los países deben
ver, oír o leer.
Cuando los medios de comunicación obedecen sólo a la exigencia de multiplicar
sus utilidades, es muy difícil que puedan ponerse al servicio del interés
público. Acorralado por los intereses empresariales, el periodismo termina
devastado. Y en un mundo ordenado por el fundamentalismo mercantil, la insinuación
de que algo podría estar fundamentalmente equivocado en la economía
neoliberal —con globalización o privatización— es una herejía.
Si Gandhi estuviera vivo, sería acusado de peligroso izquierdista descabellado.
La
prensa puede exigir cambios
En
los años 90 se registró un rápido aumento de la desigualdad
en el mundo, como demostraron los sucesivos informes de las Naciones Unidas sobre
Desarrollo Humano. Ocasionalmente, eso puede ser publicado, pero jamás se
cuestiona la filosofía social y económica ni los parámetros
que generan esa desigualdad.
Aun así, la prensa india puede hacer mucho más.
Los periodistas deben poner a la gente y sus necesidades en el corazón de
sus reportajes, y acordar una mejor cobertura a los procesos políticos rurales.
En lugar de consagrar columnas a la politiquería, deberían ocuparse
de la acción política y los conflictos de clase. Unos pocos buenos
periodistas se mantienen fuera de ese terreno por temor, quizás justificado,
de ser catalogados como “políticos” (léase izquierdistas). Sin embargo,
evadir la realidad (en India vive la mayor cantidad de gente en condiciones de extrema
pobreza) no ayuda a nadie. Una sociedad que no se conoce a sí misma no puede
hacer frente a sus problemas.
La prensa, cuando funciona, puede exigir cambios y a veces tiene éxito. Los
gobiernos reaccionan, sobre todo cuando la prensa habla en voz alta para hacerse
oír. Basta tomar el ejemplo de los reportajes sobre las muertes por hambre
ocurridas en los años 80 en Jkalahandi, Bihar, que obligaron a dos primeros
ministros a visitar el lugar.
Hace décadas, comentando el sombrío papel de la prensa de Estados Unidos
en un error judicial, un abogado en Estados Unidos dijo que el periodismo había
dejado de “señalar la debilidad de la sociedad”. Esto representa una excelente
definición del objetivo mínimo que debe proponerse una prensa decente.
Es una obligación que la prensa india asume cada vez menos; pero debe tratar
de hacerlo. Por lo menos hay algunos periodistas que lo creen; éstos deben
hacer mayores esfuerzos para denunciar esas debilidades. Sólo entonces podremos
hablar de una evolución significativa. |
|
La
prensa en la mayor democracia
del mundo
A pesar de
sus deficiencias, la prensa india refleja la inmensa diversidad del país con
un total de 43.828 publicaciones, de las cuales 4.890 son diarios. Los periódicos
se publican en 18 lenguas principales, y más de 81 lenguas y dialectos secundarios.
La mayoría de los periódicos utiliza el hindi, lengua nacional.
El Times of India es el principal diario del país con una circulación
de más de 1,3 millones de ejemplares por día. Con 1,12 millones de
ejemplares lo sigue El Malayala Manorama, publicado en malayalam, lengua que
se habla en el estado de Kerala. El tercer lugar lo ocupa Gujarat Samachar,
editado en gujarati, con 859.015 ejemplares.
Todos esos periódicos pertenecen a editoriales que poseen numerosas publicaciones
en varios idiomas. A pesar de esos tirajes siderales, sólo 12,6 % de los mil
millones de indios tiene acceso a los medios de comunicación impresos.
Fuentes:
Oficina de Información sobre la Prensa (Press Information Bureau), Gobierno
de India y Asociación Mundial de Periódicos (World Association of Newspapers),
París.
|
|
|
 |