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Construir vínculos solidarios
Sharon Capeling-Alakija, coordinadora Ejecutiva del programa de Voluntarios de Naciones Unidas, con sede en Bonn.

Año Internacional
de los Voluntarios











El Año Internacional de los Voluntarios 2001 tiene como objetivo supremo suscitar un amplio reconocimiento de la labor de los millones de personas que, gracias a sus actividades voluntarias, contribuyen de manera significativa a la cohesión social en el mundo. Todos ellos aportan luz, aunque esa luz haya estado velada durante demasiado tiempo. Por eso alentamos a los gobiernos a tomar medidas favorables al voluntariado y considerarlo en su justo valor, como una parte importante de lo que hoy llamamos “capital social”.
Existen poderosas razones para interesarse cada vez más de cerca en la incidencia del voluntariado: en los últimos decenios, hemos sido testigos de cómo las guerras y los conflictos civiles expulsaban a familias enteras de sus casas. Privados de referencias, esos refugiados y deplazados tuvieron que empezar de nuevo junto a vecinos que no forzosamente compartían sus tradiciones y valores culturales. La actividad desinteresada de esas víctimas de conflictos, a menudo apoyados por voluntarios ajenos a sus comunidades, contribuía así a reinventar la cohesión social en esos nuevos lugares de vida. Pero los conflictos no son la única causa de ruptura de la cohesión social. En numerosos países en desarrollo, la afluencia de grupos de migrantes a zonas urbanas puede tener un efecto idéntico. Y en todos los casos, debemos explorar el potencial del voluntariado para mejorar nuestra eficacia en la construcción de la cohesión social.
A lo largo de los años, el voluntariado ha dejado además de ser considerado un proceso de dirección única, de Norte a Sur. Estamos aprendiendo a conjugar las fuerzas de los voluntarios locales e internacionales de todas las nacionalidades, a unir sus competencias para el bienestar de las comunidades. Algunos trabajan en el seno de organismos, otros lo hacen de manera informal y espontánea.
Durante mucho tiempo hemos menospreciado las contribuciones de las asociaciones de ayuda mutua que trabajan a escala local. Sus esfuerzos están escritos en tinta invisible, pero diversos estudios nos dan una idea más correcta de sus logros y proponen pistas a las autoridades, al sistema de las Naciones Unidas y a otros contribuyentes externos para crear un contexto favorable para su desarrollo.
Asimismo, el voluntariado corporativo es cada vez más prometedor. Los trabajadores reciben de sus empresas tiempo libre para intervenir desinteresadamente en sus comunidades o, en periodos más cortos, en el extranjero, ampliando a la vez su experiencia. Este fenómeno está ganando amplitud, aunque el sector privado puede hacer todavía mucho más en este terreno. Con ello conseguirá equipos de trabajo más sólidos, mejor formados y más unidos. También es alentador ver a las nuevas olas de voluntarios que, utilizando sus ordenadores, regalan su tiempo a organizaciones del mundo entero mediante el servicio de voluntariado en línea que coordinan los Voluntarios de las Naciones Unidas (
http://app.netaid.org/OV). Amas de casa, estudiantes, profesores y empleados utilizan así su tiempo de la mejor manera posible: para ayudar a los demás.
Pero cuidado, en tanto que voluntarios debemos contrarrestar algunos malos impulsos de nuestras sociedades, denunciando las actuaciones de racistas y extremistas que, en nombre de la cohesión, organizan violentas campañas de odio.
Ha llegado el momento de construir redes planetarias que faciliten y promuevan la acción voluntaria. Ésta es la razón de ser de este Año Internacional de los Voluntarios 2001, que apoyan ya cerca de 15.000 indiviudos y asociaciones. Estamos hablando de una comunidad de voluntarios en plena expansión que merece ser escuchada, comprendida en sus logros y tomada en serio, porque su contribución a la sociedad es formidable.

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