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Librarse de la vida

Wybo Algra, periodista del diario neerlandés Trouw.
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Eutanasia, el derecho de elegir.











“Cuando el espíritu sufre, también el cuerpo sufre.”

Paracelso, alquimista y médico suizo (1493-1541)

Los avances de la medicina nos permiten vivir más tiempo, aunque con resultados no siempre satisfactorios. En los Países Bajos, la eutanasia activa es ahora legal. Pero, ¿hasta dónde puede llegar esta práctica?

¿
Vale menos un ser humano en los Países Bajos que en el resto del mundo? ¿Pierde aquí algo de su significado cuando se vuelve viejo y decrépito? Podría pensarse que es así, ya que este pequeño país de Europa Occidental, de 16 millones de habitantes, es el único del mundo donde los médicos pueden legalmente practicar la eutanasia activa a sus pacientes.
En abril de 2001, el Senado neerlandés dio luz verde a la nueva ley sobre la eutanasia. Esta decisión, resultado previsible de un cuarto de siglo de debates, causó sensación en el resto del mundo. La ley no hizo más que reconocer que no es delito que los facultativos practiquen la eutanasia siempre que cumplan estrictamente ciertos requisitos de atención médica adecuada, algo que de por sí ya se estaba convirtiendo en lo normal. Basta que el paciente esté padeciendo un sufrimiento insoportable e incurable y haya decidido poner término a su vida sin ninguna presión exterior.
Como afirmó recientemente en Trouw la teóloga holandesa Annelies van Heyst, una vida ordinaria ya provoca suficiente sufrimiento tal como es. Sin embargo, lamentó que, junto con la glorificación del dolor, también se hayan suprimido otros ritos colectivos y símbolos de consuelo de la Cristiandad: “Nuestra cultura se basa en el éxito y la realización de sí mismo. Hay que ser rápido, brillante, sano… y cuando surge algún escollo en el camino, pensamos que la vida nos está jugando una mala pasada.”
“Degradante” y “humillante”… desde los primeros litigios de los años setenta y ochenta la eutanasia se justificó para combatir términos como éstos. Aludían en primer lugar al deterioro físico, a las terribles escaras que provoca la permanencia en cama, a la incontinencia y a la falta de movilidad. Una cultura que da cada vez más importancia a conservar un cuerpo impecable y hermoso es cada vez menos capaz de enfrentar semejantes males: tal vez ésa sea una de las explicaciones, aunque bastante cínica, del apoyo a la eutanasia.
De hecho, los partidarios de la eutanasia invocan el libre albedrío y la compasión. Estiman que el facultativo tiene el deber de aliviar el sufrimiento, y la consecuencia última de esta obligación es provocar la muerte cuando sea solicitada. Un argumento frecuente es que los propios médicos causan grandes padecimientos con sus esfuerzos por conservar un cuerpo viejo y enfermo.
En el pasado, las personas mayores morían a menudo a raíz de procesos infecciosos graves, como la tuberculosis. Actualmente, tienen que vivir años con un organismo que se va extinguiendo poco a poco hasta que una enfermedad incurable acaba con ellos. Todo el mundo tiene derecho a seguir viviendo hasta el final, afirman los que apoyan la eutanasia, pero no se debe obligar a nadie a sobrevivir contra su voluntad.
Aunque otros muchos países europeos tienen también poblaciones envejecidas, no parecen dispuestos a seguir los pasos de los neerlandeses. En los Países Bajos, la ley fue aprobada gracias a un extraordinario concurso de circunstancias. Se necesitó en primer lugar una organización de mucho peso, la Dutch Voluntary Euthanasia Society, que cuenta con unos 100.000 miembros, entre ellos numerosas personalidades desatacadas. En segundo lugar, un pequeño grupo de políticos influyentes, empeñados durante años en obtener la legalización de la eutanasia, encontró apoyo en la coalición izquierdista-liberal actualmente en el gobierno. Por último, hacía tiempo que los médicos neerlandeses deseaban ser considerados a la vez trabajadores médicos, psicológicos y sociales.
Sin embargo, esta alianza única de médicos, políticos y pacientes, corre ahora peligro de romperse. Los médicos estiman que la nueva ley es la etapa última a la que pueda llegarse, y que “no hay que ir más lejos”. Pero el Ministro de Salud neerlandés, Els Bolt, declaró que deseaba iniciar un debate sobre la forma de dar a personas de edad que simplemente están cansadas de la vida un medio de poner término a ésta, aunque no padezcan ninguna enfermedad terminal. Y cuenta para ello con todo el apoyo de la Voluntary Euthanasia Society, que se expresa en estos términos: “¿Qué ocurre cuando una persona tiene que pasar el resto de su vida totalmente sola porque la muerte le ha arrebatado a cuantos la rodeaban.
Más de 80% de la población neerlandesa es favorable a la eutanasia siempre y cuando la practique un facultativo cumpliendo con todas las exigencias legales. En cambio, el entusiasmo es mucho menor cuando se trata de defender la “píldora del suicidio”, relativamente fácil de obtener por los que se sienten viejos y están cansados de la vida. Según un sondeo reciente, 46% de los neerlandeses se oponen a esta idea, con una proporción importante de mayores de 60 años. Los médicos dudan de que el reconocimiento del libre albedrío pueda llegar tan lejos. Frank Koerselman, un conocido psiquiatra, sostenía recientemente que “la autonomía es una ideología, relativamente fanática incluso, que tiende a dejar de lado los límites entre la vida y la muerte”.
A mediados de los años noventa, los médicos neerlandeses ponían fin a la vida de unas 3.200 personas al año, cifra equivalente a 2,6% del total de fallecimientos. El envejecimiento de la población y los avances de la medicina aumentarán indudablemente la demanda de eutanasia, pero no sin límites: está demostrado que los médicos rechazan dos de cada tres peticiones porque no consideran que estar cansado de la vida o “no querer ser una carga” sean causas válidas. En las mayoría de los casos, en los Países Bajos la eutanasia sigue aplicándose a pacientes aquejados de cáncer terminal, y lo más probable es que esta tendencia persista en los años venideros. Los médicos, recordaba Koerselman, “están para ayudar cuando hay trastornos funcionales biológicos. Y para hacerlo disponen de instrumentos como los medicamentos y la psicoterapia. El sufrimiento es lo único que lleva a la gente a consultar al médico. Es ya una gran suerte que a veces éste pueda aliviarlo”.

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