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3. Escapar al destino
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Ilusiones, escalpelos y estereotipos| La belleza al alcance del bisturí | Belleza y ceguera |Órganos de compraventa |La mente, ese dilema|Librarse de la vida |
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© Erling Mandelmann/Rapho, Paris
Recetas para la inmortalidad
Recopilado por Ivan Briscoe, periodista del Correo de la UNESCO.

No hay ninguna fórmula mágica para vivir más de cien años, sino un par de recetas relativamente eficaces, aunque muy poco agradables.

La alimentación

“Hay que comer para vivir y no vivir para comer”. Los dietistas coinciden hoy con Molière. Comer entre cinco y nueve platos diarios de frutas y verduras frescas asegura la longevidad. Siempre y cuando uno abandone al mismo tiempo las pizzas, los pasteles, los fritos y las carnes, todo lo que aumenta el colesterol. Son muy recomendados, en cambio, el brécol (por los antioxidantes), los cereales (por la fibra), las espinacas al vapor, el pollo sin piel y la leche descremada.
  Claro que también puede citarse el ejemplo de algunos disidentes de esta línea dura, como David Henderson, que falleció en 1998 a los 109 años. La dieta de este campesino escocés se basaba en avena cocida con leche, ciruelas, embutidos y ginebra. No hay que extrañarse por la ginebra: hay quienes defienden el consumo moderado de champaña y oporto. La mala noticia es que todos los experimentos de laboratorio coinciden en la conclusión: el secreto de la longevidad consiste en comer poco, muy poco. Los animales que pasan hambre y frío y que son agresivos suelen vivir más.


Los medicamentos

Apreciar la longevidad es una cosa, sacrificarse por ella es otra, sobre todo cuando hay que seguir dietas a base de coliflor y raíces chinas. La gente paga lo que sea con tal de no envejecer y conservar al mismo tiempo el placer de la comida. De ahí que los laboratorios hayan inundado el lucrativo y creciente mercado de la longevidad con productos innovadores.
  La estrella es en la actualidad la DHEA (dehydroepiandrosterona), una hormona secretada por las glándulas suprarrenales, que se transforma en estrógenos y testosterona. Según sus defensores, la DHEA tonifica la piel, refuerza los huesos y aumenta la capacidad sexual. Se desconocen, sin embargo, sus repercusiones en el resto del organismo, en particular en el hígado. Por lo demás, sus consecuencias son las mismas que las de las otras hormonas: podría desarrollar los senos en los hombres y el sistema piloso en las mujeres.

Los complementos nutritivos

Cuando las células no logran asimilar eficazmente los alimentos, generan moléculas que “oxidan” el cuerpo. Así como el metal se enmohece, el cuerpo se debilita y el material genético se deteriora. Para afrontar este problema, se puede recurrir a un arsenal de productos que van desde las vitaminas A, C y E hasta el betacaroteno, pasando por las plantas y otras sustancias. El ginkgo, por ejemplo, mejora la actividad cerebral.
  También tienen muchos adeptos el ginseng, el arándano, la lecitina de soja y las hojas de espino blanco. Hay quienes son partidarios del ajo y la cebolla, ya sea crudos, triturados en aceite, en zumo o macerados en alcohol. Y si se mezclan estas infusiones, mayores son aún sus virtudes.


Los adelantos genéticos

Cumplir cien años, 120 años, puede ser la regla en un futuro no muy lejano. Esto es lo que algunos científicos creen a raíz de los extraordinarios conocimientos sobre el funcionamiento del organismo que está revelando la descodificación del genoma humano.
  Se prevé que los cambios más transcendentales se deberán a tres técnicas diferentes: el cultivo de tejidos, la producción de órganos en laboratorio y la clonación terapéutica. La vía más prometedora parece ser la de las células madre: extraídas a veces del feto, multifuncionales, pueden reemplazar las neuronas enfermas, reconstruir la médula espinal y los tejidos orgánicos.
  Por su parte, los que tienen una fe ciega en los progresos de la ciencia, prefieren reservar un refrigerador para conservar su cerebro cuando se mueran y un robot para depositar en él la conciencia. Pero si nada de esto lo convence, no se preocupe: su remedio son un par de líneas de Jorge Luis Borges: “Saber que uno es inmortal es a la vez divino, terrible e incomprensible.”

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