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4. Cibercuerpos
De la era de la biología a la de la informática|
El francés ciberpunk

Marc Millanvoye, periodista francés.
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El artista ciberpunk australiano Stelarc en plena exhibición.
Tiene la tecnología en la piel y asegura que la implantación de chips electrónicos y metales le permitió liberarse de la droga y reconstruirse.

El joven Z.L. tiene unos 30 años y posee una tienda de piercing en el sur de Francia. Luce la cabeza rapada, el torso desnudo y un tatuaje en el brazo derecho que representa una maraña de caños, órganos biológicos y piezas metálicas. Cuando sonríe, descubre una encantadora dentadura en cromo-cobalto y sueña con reconstruir su esqueleto en acero. Por lo pronto, comenzó su metamorfosis con la implantación subcutánea de cinco bolitas de teflón entre los pectorales.
Este ex punk, que atravesó un período de autodestrucción cuando se drogaba, encontró la “sabiduría” –explica– en la afirmación del cuerpo tecnológico. Z.L. es un ciberpunk.
Una moda internacional
El movimiento ciberpunk tiene otros adeptos. En Australia, un artista llamado Stelarc se implantó una tercera oreja de teflón, único metal tolerado por el organismo. En Estados Unidos, numerosas personas –y no sólo artistas– apelaron a la técnica de implantes subcutáneos que practican Steve Hayworth y John Cobb. En Francia, la ley prohíbe todo atentado a la integridad del cuerpo, salvo por razones terapéuticas.
“Cuando me drogaba en algún tugurio, también atentaba contra mi integridad física”, explica Z.L. “La ley no establece diferencias entre la adicción a la droga y la reconstrucción positiva... Entonces, oficialmente, me hago los implantes en el extranjero.”
Z.L. se refiere a los escritos apocalípticos de autores ciberpunks como Bruce Sterling o William Gibson. Para ellos, nuestros cuerpos nos resultan extraños. Sólo existen en la medida en que acogen una multitud de huéspedes parásitos, sean de orden físico, tecnológico e incluso virtual.
Cada vez más la tecnología se convierte en una prolongación del cuerpo. Para convencerse de esa evolución sólo hay que pensar en los ordenadores portátiles, teléfonos móviles, chips e incluso pulseras electrónicas para los prisioneros autorizados a abandonar la cárcel por un fin de semana.
Atento lector de las publicaciones más sofisticadas y de los informes científicos del MIT (Massachusetts Institute of Technology), Z.L. está convencido de que rápidamente se podrán integrar las nuevas tecnologías al cuerpo humano. Él mismo aprendió las técnicas de implante.
“El Estado utiliza las tecnología para aumentar su control sobre los ciudadanos. Cuando se implanten los primeros chips electrónicos bajo la piel de los prisioneros, probablemente dentro de unos cinco años, yo estaré en condiciones de retirarlos, de alterar su funcionamiento e incluso de propagar virus para ridiculizar a Big Brother...”, asegura.
Primer body artist que se dedica a practicar implantes en Francia, su trabajo es –todavía– poco conocido. Z.L. no opera a cualquiera y aún menos si su paciente no tiene razones profundas. El factor decisivo son las motivaciones filosóficas, artísticas o políticas de sus clientes. A su criterio, la tecnología debe ser sinónimo de liberación y no de sometimiento.
En la línea de los trabajos iniciados por el profesor Kevin Warwick, pionero de las investigaciones sobre los implantes y las nanotecnologías, Z.L. decidió dar el paso decisivo y concretar su mutación definitiva en hombre-ciborg.
“En este momento –revela– trabajo sobre la posibilidad de implantarme un chip electrónico en el brazo, lo que me permitirá, por ejemplo, manejar mi ordenador a distancia. Quiero integrar las tecnologías a mi cuerpo, no continuar sometido a la máquina. Esto le puede parecer una locura. Pero dentro de diez años todos pedirán ser implantados para aumentar nuestro saber, nuestra inteligencia y nuestra memoria... Yo sólo les llevo una pequeña ventaja.”

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