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Preservar la magia

Tesoros intangibles, impulso real

Asbel López, periodista del Correo de la UNESCO.
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Carnaval de Oruro, Bolivia.
Una nueva era comienza para las 19 manifestaciones culturales proclamadas Obras Maestras de la Lista del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Integrar la selección confiere numerosos beneficios.

En mayo pasado, durante la ceremonia de proclamación de la Lista del Patrimonio Oral e Inmaterial de la UNESCO en París, varios españoles salieron del salón con un teléfono móvil en la mano dando gritos de júbilo. Corrían a informar que “El Misterio de Elche” ya era Obra Maestra. En esa ciudad del sureste de España la noticia corrió de boca en boca y en pocos minutos cientos de ilicitanos salieron a festejar con fuegos artificiales, adelantándose a la celebración prevista por el ayuntamiento para el día siguiente.
Tanto alborozo podría parecer excesivo, pues Elche ya figuraba en el Patrimonio de la Humanidad con El Palmeral, un bosque de palmeras que data de la invasión árabe hace más de mil años, cuando la ciudad era musulmana. El Palmeral, sin embargo, no pone a palpitar el corazón de miles de ilicitanos como el Misteri d’Elx (en valenciano). Cada año, 300 voluntarios representan en la Basílica de Santa María de Elche la muerte, asunción y coronación de la Virgen. Ese drama musical sagrado que se celebra los días 14 y 15 de agosto se confunde con la identidad cultural y lingüística de Elche, que ha logrado mantener viva esa tradición desde el siglo XV.

El orgullo de ser reconocido
La primera repercusión de figurar en la Lista del Patrimonio Inmaterial es local: interesa a la gente que porta en su sangre una parte esencial de estas obras. Como los cinco indígenas que aún hablan la lengua zápara en la selva amazónica, o los narradores de la plaza de Xemmáa el Fna de Marrakech. Para todos ellos es motivo de orgullo que sea reconocido a nivel internacional aquello que representa su más arraigada identidad.
Las repercusiones también son nacionales: la prensa acabó en algunos casos con varios decenios de indiferencia e incluso de anonimato hacia estas manifestaciones. India ha redescubierto el teatro sánscrito Kuttiyattam, representado hoy por cinco familias Chakyar. En China se ha comenzado a hablar en todo el país de otra ópera: la Kunqu, la más antigua e importante tradición teatral china. Si bien esas obras eran valiosas antes de la proclamación, con ella “adquieren una nueva dimensión”, afirma Noriko Aikawa, directora de la sección del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO. Esta súbita celebridad es clave para conseguir recursos financieros, movilizar a las instancias públicas y estimular la cooperación internacional. Éste es el caso, por ejemplo, de la cultura garifuna en Centroamérica, seleccionada por su lenguaje, música y danza.
Una promoción espontánea
Esos descendientes de esclavos rebeldes africanos viven diseminados en Belice (que presentó la candidatura), Honduras, Nicaragua y Guatemala. Para no dejar morir la lengua, profesores del Consejo Nacional Garifuna de Belice viajaron a enseñarla en territorio nicaragüense. Roy Cayetano, viceministro de Desarrollo Rural y Cultura de ese país, explica que, tras la proclamación, funcionarios del Ministerio de Cultura de Nicaragua le propusieron darle a esta colaboración espontánea una dimensión oficial. Esta iniciativa es muy importante para sacar adelante un ambicioso proyecto de estandarización de la ortografía garifuna, un instrumento muy útil para las más de 11.000 personas que conforman esa cultura y que están dispersas en diez comunidades de cuatro países distintos.
Adicionalmente, la UNESCO brindará apoyo financiero a los planes de acción presentados en las respectivas candidaturas para preservar y promover estos frágiles tesoros.

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