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Reclutas del Ejército de Dios, de los gemelos Htoo.

Soldados del ejército del ex traficante de drogas Khun Sa.

Myanmar
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Cifras
claves, Myanmar
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Población
(en millones
de habitantes): 45
Superficie (en miles de km2): 677
Producto Bruto Interno
(dólares per cápita): 1.027
Esperanza de vida
(años): 56
Adultos alfabetizados
(%): 84
Población menor de 15 años (% del total): 33
Fuente:
Banco Mundial, PNUD. Datos de 1999 |
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En
Myanmar, las prolongadas guerras civiles y étnicas han arrastrado a miles
de niños a los campos de batalla. Son utilizados como combatientes de primera
línea o como “barredores” de minas.
Brang Ja (no es su verdadero
nombre) tenía sólo 16 años cuando se alistó en el ejército
de Myanmar en 1997. Pero no fue él quien lo decidió. Cuando se dirigía
hacia el Norte del país para visitar a su madre fue detenido por la policía
en la ciudad de Mandalay porque no llevaba documentos de identidad.
Dos meses más tarde, la policía militar lo visitó en la prisión
y le ofreció liberarlo si se incorporaba al ejército. No tuvo más
remedio que aceptar por temor a permanecer encarcelado durante años. Uno de
los oficiales observó que estaba “en la mejor edad para iniciar el entrenamiento”.
Sin embargo, cuando llegó al campo de entrenamiento, en la ciudad norteña
de Shwebo, advirtió que entre los reclutas había niños de apenas
nueve años. Algunos habían tratado de fugarse, pero sin éxito.
Tras combatir en una de las guerras civiles contra los innumerables grupos étnicos
del país, Brang Ja logró huir a través de la selva hacia Tailandia,
donde relató sus experiencias.
Desde 1988, año en que los militares sofocaron brutalmente la insurrección
en favor de la democracia, los efectivos de las fuerzas armadas de Myanmar se han
duplicado, aumentando de unos 185.000 a 450.000 hombres. El objetivo oficial es constituir
un ejército de medio millón de hombres para aplastar la agitación
permanente de los grupos étnicos y reprimir toda manifestación de descontento
popular.
Myanmar (la antigua Birmania) es el único país de Asia Oriental cuyas
fuerzas armadas, en vez de disminuir, aumentan. Esta rápida expansión
ha sido posible gracias al reclutamiento sistemático de menores. Los observadores
estiman que por lo menos 50.000 niños se dedican a la actividad militar. Muchos
de ellos son raptados o enrolados contra su voluntad en el Tatmadaw (denominación
en birmano de las fuerzas armadas) y la mitad aproximadamente presta servicios en
los ejércitos privados de grupos étnicos.
Según la Coalición para Impedir el Reclutamiento de Niños Soldados
(ver
entrevista),
Myanmar “rivaliza con algunas regiones de África en ese aspecto, pues es uno
de los mayores reclutadores de menores soldados” en el mundo.
Guerreros
de 7 años
En 1992, un documento del Unicef denunciaba que niños de 14 años son
enrolados e instalados en campos de entrenamiento, donde se les da el nombre de “Ye
Nyunt Lunge”, o “Jóvenes retoños valerosos”.
A menudo se exige que estos reclutas realicen las mismas tareas que los adultos,
por lo que pueden ser golpeados o ejecutados si no lo logran. Suele utilizarse a
los niños como combatientes de primera línea o en ataques masivos peligrosos,
durante los cuales perecen cientos de ellos. Los hay que cavan trincheras, cocinan
o acarrean municiones y otros pertrechos. Según un informe titulado “¿Sin
infancia?”, de Images Asia, una ONG con sede en Chiang-Mai, la mayor parte de los
niños soldados nunca han asistido a la escuela o han sido retirados de ella
tras unos pocos años de escolaridad.
“Muchos de nosotros sólo teníamos 14 o 15 años”, afirma un niño
citado en el informe, que no da su nombre. “Había tres o cuatro soldados de
sólo 12 años que no podían llevar sus fusiles como se debe,
pues eran demasiado pequeños, pero tenían que someterse al mismo entrenamiento
que los soldados regulares. Chiko, a los 12 años, era asistente de un cabo.
Una vez fue golpeado violentamente por su superior y enviado al hospital. Quedó
ciego y semiparalizado… Vi cómo le pegaba el cabo…”
Los niños de la calle y los huérfanos son particularmente vulnerables
y se les enseña que el ejército es su único “padre y madre”.
El informe del Unicef identificó al menos un campo militar cerca de Kengtung,
en el estado oriental de Shan. Señala que allí se entrenaba a niños
de apenas siete años para ser utilizados como “cargadores, escudos humanos
o verdaderas máquinas barredoras de minas”. El informe de Images Asia está
lleno de ejemplos de atrocidades contra niños soldados en Myanmar. Aung Tay,
de 14 años, cuenta el caso de un comandante de batallón borracho que
baleó a tres niños mientras dormían porque no obedecieron su
orden de despertarse. “No se despertaron porque habían pasado la noche fabricando
ladrillos y estaban agotados”, afirma Aung Tay.
Testigos
del horror
El informe indica que la mayor parte de los niños soldados han presenciado
asesinatos o han sido obligados a matar y a saquear. Durante una ofensiva en Mawchi,
estado de Kayah, Aye Myint, de un batallón de menores soldados, relata lo
siguiente: “Penetramos en una aldea y dimos muerte a todos los varones por considerarlos
nuestros enemigos. Nos apoderamos de los cerdos y aves de corral y de todos los bienes
utilizables… y después incendiamos la aldea. Violamos a todas las mujeres
y, por último, las matamos.”
Algunos niños soldados se incorporan al ejército para proteger a sus
familias de los militares o procurarse un ingreso indispensable. Estos supuestos
“beneficios” rara vez se materializan. Reciben una remuneración irrisoria
o no se les paga, a causa de la corrupción imperante entre los militares.
La dura condición de los niños de Myanmar ha quedado de manifiesto
en informes recientes del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo.
La falta de oportunidades de educación es la consecuencia de la grave situación
económica y de los problemas que afectan al país.
Desde que Myanmar se independizó de Inglaterra en 1948, varias de las minorías
étnicas, que representan alrededor de 40% de la población, han luchado
por obtener su autonomía o la independencia. Por ello, Myanmar, un país
sin verdaderos enemigos externos, empezó ya en los años cincuenta a
constituir un ejército poderoso. En 1962, el ejército asumió
el poder mediante un golpe militar y empezó a gobernar por decreto, aboliendo
el frágil régimen parlamentario. Las fuerzas armadas introdujeron también
el sistema llamado “vía birmana hacia el socialismo”: una catástrofe
política y económica para la que fuera una de las naciones más
prósperas de Asia.
Las resoluciones adoptadas anualmente por las Naciones Unidas, que instan a los militares
a dialogar con la oposición, han dado escasos resultados, pese a los esfuerzos
de Razali Ismail, representante especial de las Naciones Unidas en Myanmar.
Desde el levantamiento de 1988, las autoridades militares han firmado acuerdos de
cese del fuego con más de 20 ejércitos de grupos étnicos rebeldes,
que han sido así “incorporados a la legalidad”. Sin embargo, muchos de esos
ejércitos siguen reclutando niños.
El peor de esos grupos es el Ejército Unido del Estado de Wa, EUEW, de los
traficantes de drogas, que controla una franja de territorio a lo largo de la frontera
con China. El grupo suspendió la lucha con el gobierno después de un
acuerdo de paz firmado en 1989. Actualmente sus dirigentes visitan con frecuencia
la capital, Rangún, así como Mandalay y otras ciudades, donde tienen
cuantiosas inversiones. Sin embargo, todavía parecen necesitar un ejército
para proteger los numerosos laboratorios de heroína y metanfetaminas que han
instalado dentro del territorio que controlan.
Una
vida de violencia
Según los organismos internacionales de lucha contra los narcóticos,
el EUEW es la organización de narcotraficantes mejor dotada de armas en el
mundo. Más de la mitad de su ejército de 20.000 hombres se compone
de niños, muchos de ellos de diez a doce años de edad.
Entre los ejércitos de grupos étnicos que persisten en su rebelión
figura el Unión Nacional de los Karen. Es sabido que esta organización
recluta a niños de muy corta edad y los obliga a combatir. A comienzos de
2000, otro grupo militar karen más pequeño llamado Ejército
de Dios causó expectación en el mundo tras haber atacado un hospital
en Rachaburi, en la frontera de Birmania con Tailandia.
El ejército guerrillero era dirigido por dos gemelos de 12 años, Johnny
y Luther Htoo, y la mayor parte de sus tropas eran niños que habían
quedado huérfanos por la guerra civil. Desde su nacimiento, esos menores han
visto sólo violencia. Y es muy probable que esta tragedia persista mientras
Myanmar siga siendo una zona de guerra. |