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El hebreo con esfuerzo

Namtip Aksornkool:
900 millones de analfabetos adultos

Nueva Zelandia: un remedio eficaz

Libby Middlebrook, redactor principal sobre educación de The New Zealand Herald.
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Un tutor (izquierda), junto a uno de sus alumnos maoríes.
Ningún país está a salvo de los problemas de analfabetismo. En Nueva Zelandia, el personal auxiliar de un asilo de ancianos mejora su rendimiento gracias a un nuevo programa de capacitación.

Cuando Julie Ahloo obtuvo su primer puesto de auxiliar hace cuatro años, apenas hablaba con sus compañeros de trabajo. Permanecía silenciosa a fin de ocultar sus dificultades para leer y entender los términos médicos de los tratamientos de los pacientes. Esta samoana de 34 años tampoco se atrevía a pedir ayuda, temerosa de ser despedida si sus superiores se daban cuenta de su bajo nivel de alfabetización.
En esa época, Julie Ahloo no era la única auxiliar con problemas de esa índole en el Hospital y Casa de Reposo Mercy Parklands de Auckland. En esa institución privada, con 94 camas, de propiedad de las hermanas mercedarias, se había observado un aumento de los errores y pequeñas omisiones en los planes de tratamiento de los pacientes, en los que el personal auxiliar debía consignar la alimentación de cada residente, su consumo de líquido y otros datos relacionados con su salud. Muchos de los 45 auxiliares también tenían problemas para leer los gráficos que detallaban las actividades semanales de los residentes, con indicación de fecha y hora.

Un proyecto comunitario
“Pensábamos que los gráficos eran muy fáciles de entender, pero empezamos a darnos cuenta de que muchos de nuestros empleados carecían de nociones elementales de matemáticas”, explicó Jacki Richardson, directora ejecutiva de Mercy Parklands. En un esfuerzo por mejorar el funcionamiento del establecimiento, se decidió ofrecer al personal cursos de alfabetización y de cálculo elemental, con el incentivo de obtener una prima salarial.
Richardson explicó que el establecimiento también quería infundir mayor confianza a su personal auxiliar, constituido sobre todo por mujeres maoríes y de las islas del Pacífico, generalmente no calificadas y que hablaban inglés como segunda lengua. Mercy Parklands se comprometió asimismo a ejecutar proyectos de extensión con participación de la comunidad, que podían beneficiar al personal y a sus familias.
Mercy Parklands recurrió a Workbase, el centro nacional de alfabetización y enseñanza de idiomas en el lugar de trabajo de Nueva Zelandia, a fin de elaborar un programa específico.
Creada en 1996, Workbase es una organización sin fines de lucro que opera en colaboración con las empresas, el sector educativo y el gobierno para mejorar el conocimiento del inglés, la alfabetización y las nociones de cálculo en el lugar de trabajo. Gracias a la participación de Nueva Zelandia en el International Adult Literacy Survey (Estudio Internacional sobre la Alfabetización de Adultos, 1998) de la OCDE, se observó que 40% de la personas empleadas por el sector privado del país están por debajo del nivel mínimo de alfabetización indispensable para la existencia y el trabajo de todos los días.
En la actualidad, las empresas de Nueva Zelandia utilizan unos 40 programas de alfabetización de Workbase, que cubren, entre otras actividades, el sector manufacturero, la silvicultura y la construcción. La finalidad de los programas, dirigidos sobre todo a la población maorí y de las islas el Pacífico, es ofrecer, además de la alfabetización, los conocimientos técnicos y la preparación indispensables en una determinada actividad. Desde 1997, más de 20 empleados de Mercy Parklands han asistido a cursos semanales con un tutor de Workbase. Doce auxiliares acaban de obtener el Certificado Nacional de Apoyo a las Personas de Edad.
Todos empezaron siguiendo cursos elementales de alfabetización, cálculo y comunicación oral, reconocidos por el sistema neozelandés de títulos y grados. “Al principio, algunos se sentían cohibidos de enseñarme sus respuestas”, recuerda la tutora Andy Mc Nich. Ahora forman un grupo realmente exuberante, seguro de sí mismo y lleno de ideas. Mc Nish, que pasa unos 30 minutos por semana con cada auxiliar, elabora un plan de estudios para cada uno de ellos, que comprende deberes y evaluaciones.

Mayor autoestima
También cuenta con la ayuda de una enfermera titulada del hospital, que ha recibido la formación necesaria como tutora. “Todo está vinculado con el trabajo; por ejemplo, si hacemos lectura, examinaremos el boletín del personal”, dice McNich, que trabaja con varias otras empresas como tutora de Workbase.
La recompensa de Mercy Parklands, que destina más de 30.000 dólares al año a la ejecución del programa, ha sido un menor número de errores y un aumento de la confianza y la motivación de su personal.
Según el personal más antiguo, los auxiliares se interesan más por el aspecto operacional de su cometido y no temen hacer sugerencias para el cuidado de los pacientes. Richardson afirmó también que la calidad de la documentación exigida por las autoridades de salud había mejorado enormemente. Los auxiliares están más cerca de los pacientes y son capaces de entender sus necesidades mucho mejor. Como han obtenido un resultado, han adquirido una confianza mucho mayor en sí mismos.
Cuatro años después de haber iniciado cursos de alfabetización básica y cálculo elemental gracias a Workbase, Julie Ahloo acaba de obtener su primer diploma: un Certificado Nacional de Apoyo a las Personas de Edad. Obtuvo un aumento de salario y puede ayudar a sus niños a aprender a leer y hacer sus deberes en casa. “Ahora soy alguien diferente”, afirma. “Mi autoestima solía ser muy baja; quería hablar pero no me atrevía. Hoy me siento segura y tengo más confianza”, declara Ahloo, que dejó la escuela a los 14 años sin ninguna calificación. Ahora está haciendo planes para estudiar enfermería.

Namtip Aksornkool*: 900 millones de analfabetos adultos

Cuando los pescadores marroquíes se capacitan mejor, cuando las mujeres en la India se independizan financieramente, cuando los campesinos de Rwanda salen adelante gracias a un programa de educación comunitario, cada vez una vida se transforma, y se obtiene una modesta victoria en la doble batalla contra la pobreza y el analfabetismo.
El Día Internacional de la Alfabetización, que se celebra todos los años el 8 de septiembre, da la oportunidad de reconocer esos logros, en particular gracias a varios premios prestigiosos, pero también de evaluar la situación. Nuestro planeta cuenta con 900 millones de analfabetos adultos, de los que dos tercios son mujeres, cifra que corre el riesgo de aumentar si los más de 110 millones de niños marginados de la escuela no reciben ningún tipo de educación.
Lo que está en juego es complejo: la alfabetización significa mucho más que aprender a leer, escribir y contar. Está estrechamente ligada a la dimensión económica, cultural y política de la vida de una persona. Frente a la expansión de la pobreza, al crecimiento constante del foso entre ricos y pobres, a la pandemia de VIH/sida, a la mundialización del comercio y a la explosión exponencial de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la tarea de alfabetizar se ha vuelto más ardua que nunca.
Hemos de ir más lejos que los programas, proyectos y campañas con un solo objetivo. La investigación y la experiencia acumulada nos han permitido entender mejor los mecanismos de adquisición de las primeras letras, sin embargo persisten los métodos anticuados de enseñanza y aprendizaje. La necesidad reiterada y reconocida hace tiempo de proceder a la alfabetización con un enfoque dual, que vincule la enseñanza escolar con la extraescolar, la alfabetización infantil con la de los adultos, rara vez se ha tenido en cuenta en la elaboración de políticas y en los programas.
Para que la labor de alfabetización valga la pena, debe actualizarse, tener metas precisas y ser útil a los que aprenden para resolver los problemas y las situaciones más apremiantes que enfrentan. Ha de ponerse a tono con las complejas transformaciones que afectan constantemente a su existencia. La independencia económica y el bienestar espiritual son sólo dos ejemplos de lo que la alfabetización puede ayudar a obtener. Sobre todo, ha de contribuir a que el individuo adquiera confianza en sí mismo y se haga cargo de su destino, brindándole las herramientas indispensables para hacer frente a todos los retos que puedan presentarse.
El Decenio Internacional de la Alfabetización de las Naciones Unidas, que pronto será lanzado, puede servir de incentivo para la inversión. La eliminación de la pobreza y la del analfabetismo son dos caras de la misma moneda, y en ambos frentes la voluntad política es la clave del éxito. El punto de partida es que sin alfabetización para todos la meta mundial de educación para todos sólo será una vana quimera.

* Especialista del programa de Alfabetización y Educación no Formal de la UNESCO.

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