
Aprendizaje del hebreo en una escuela para inmigrantes de Etiopía, en Israel. |
En
Israel, miles de inmigrantes etíopes están aprendiendo a leer y escribir.
Pero no empiezan en amhárico, su lengua materna, sino en hebreo.
Hay que lograr que sea
“pertinente”, insiste Meir Peretz, responsable de educación de adultos del
ministerio de Educación de Israel, al explicar un nuevo enfoque de la enseñanza
del hebreo a miles de inmigrantes etíopes analfabetos.
Desde comienzos de los ochenta, Israel ha acogido a decenas de miles de judíos
de Etiopía, valiéndose incluso de dos puentes aéreos espectaculares.
En los años noventa llegaron más de 40.000 y actualmente siguen aterrizando
unos cien por semana.
El gobierno dedica 30 millones de dólares anuales a enseñar hebreo
a los inmigrantes. No es tarea fácil tratándose de los etíopes,
ya que en una elevada proporción (90%) no saben leer ni escribir en su lengua
materna, el amhárico. Por su dimensión y su alcance, el proyecto, en
virtud del cual “un grupo de personas en su mayoría analfabetas están
tratando de aprender a leer, escribir y hablar en un idioma extranjero, no tiene
precedentes a nivel internacional”, afirma Peretz.
Hace varios años se dio cuenta de que el aprendizaje de memoria del vocabulario
y la gramática no daba resultado con la mayor parte de los adultos etíopes
matriculados en el curso obligatorio de diez meses que financia el Gobierno. Y sin
saber el idioma, esos inmigrantes no podían sumarse a la fuerza de trabajo
del país ni integrarse en la sociedad israelí.
Barreras
culturales
Un obstáculo importante es la enorme diferencia cultural existente entre el
estilo de vida rural de la mayoría de los etíopes y las costumbres
de un país de adopción de corte occidental, observa Peretz. “Si estoy
hablando con un anglófono que no sabe cómo se dice gafas en hebreo,
puedo indicarle cuál es la palabra. Pero cuando alguien ni siquiera sabe qué
son las gafas, entonces se me presenta un problema cultural.”
Peretz trata de sortear esta dificultad haciendo participar en el curso a inmigrantes
más veteranos de lengua amhárica, como Isayas Hawaz, durante una cuarta
parte de las 25 horas de clases semanales. Hawaz, de 25 años, llegó
hace cuatro y ahora ayuda a los maestros a traducir sus lecciones al amhárico
en un centro de integración en Mevasseret Zion, a las afueras de Jerusalén.
Hawaz asegura que el método de Peretz cambió totalmente su manera de
ver el aprendizaje del hebreo. “Al principio quería huir de la clase, porque
las lecciones que se nos daban sobre el alfabeto no tenían ningún sentido
para mí. Perdí toda confianza en mí mismo. Pero cuando los etíopes
más veteranos empezaron a traducir, todo se aclaró”, afirma.
El programa de Peretz también procura despertar el interés de los alumnos
haciendo más amenas las lecciones de idiomas con análisis de temas
de actualidad o aspectos culturales. “No es bueno esperar a que alguien aprenda el
hebreo para explicarle lo que está sucediendo en el país”, señala.
Regar
las semillas
En una tarde calurosa de julio en el centro de Mevasseret, la profesora Rina Rosler
habla sobre el Tisha Be’Av, un día de ayuno judío establecido recientemente
para conmemorar la destrucción del segundo templo sagrado en tiempos de los
romanos. Narra a los alumnos una leyenda sobre el origen del primer templo, según
la cual Dios eligió ese lugar porque allí se habían abrazado
dos hermanos enemigos. Escribe los verbos esenciales en hebreo en el pizarrón
y pide a los alumnos que los traduzcan al amhárico. “El templo sólo
podía ser construido …¿dónde?”, pregunta. “…Donde hubiera amor”,
responde Sana’it Farada, de 20 años, recién llegada de la región
de Gondar, en Etiopía.
Hoy, Mevasseret es escenario de frecuentes actos de violencia entre israelíes
y palestinos. Después de la clase, el adolescente Mandefo Mengistu observa
en hebreo que “los bombardeos recientes no son buenos”.
Lleno de confianza, Mengistu domina el idioma de manera excepcional. Noa Navot, directora
de los cursos de Mevasseret, estima que sólo la mitad de los alumnos que ya
han realizado estudios en Etiopía termina por aprender suficiente hebreo como
para obtener un trabajo. Navot piensa que las clases deberían prolongarse.
“Si plantas las semillas y no te preocupas de regarlas, se secan”, concluye. |