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Opinión
No hay motivo de alarma
Jerome Delli Priscoli.
Agua: ¿Conflicto o negociación?
La improbable guerra del agua
Entrevista a Aaron Wolf
Una escasez creciente
El agua que apaga el fuego
Amy Otchet
Con un poco de sentido común…
Gershon Baskin y Nader El Khatib
Historia de dos presas
György Moldova
Aguas turbulentas en Asia Central René Cagnat
Aplacar las iras del Nilo
Khaled Dawoud
Asia meridional: el reparto
de los colosos
Sanjoy Hazarika
Los secretos subterráneos del Kalahari
Amy Otchet
Negociar con la naturaleza: la próxima etapa
Michèle Ferenz y Lawrence E. Susskind
Agua: ¿Conflicto o negociación?
La coordinación de este Tema del mes ha corrido a cargo de Amy Otchet, periodista del Correo de la UNESCO.
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© : J.-L. et F. Ziegler/Bios/Still Pictures, Londres
Altos funcionarios de las Naciones Unidas y Jefes de Estado han expresado sus temores de que estallen guerras por el agua como las que se han desencadenado por el petróleo. Pero lo cierto es que ninguna fuerza militar en el mundo ha logrado “capturar” una cuenca fluvial y que la única guerra por el agua propiamente dicha tuvo lugar hace 4.500 años (p. 18-19). “Por su naturaleza, el agua está hecha para apagar los incendios, no para provocarlos”, afirma el jordano Munther Haddadin, que negoció uno de los acuerdos sobre el agua más memorables jamás suscritos (p. 22).
En Oriente Medio, a las naciones sedientas no les queda más remedio que cooperar. Pese al derramamiento de sangre entre israelíes y palestinos, ambas partes se reúnen regularmente para asegurar el abastecimiento de agua en Cisjordania, y prosiguen las conversaciones informales sobre un plan para compartir los recursos de la región (
p. 23-25).
Del Danubio (
p. 26-27) al Nilo (p. 30-31), son muchos los ríos caudalosos que fueron utilizados como instrumentos de la guerra fría. Sin embargo hoy en día, a medida que países como Egipto y Etiopía, o las repúblicas de Asia Central, se sacuden ese legado, lo cierto es que van aprendiendo a confiar unas en otras y a intercambiar los beneficios económicos del agua, como la energía hidroeléctrica o el abastecimiento necesario para el riego. Con sólo estudiar un acuífero o un río, Estados como Namibia y Botswana (p. 34-36), o la India y Bangladesh (p. 32-33), están superando sus mutuas suspicacias. La “hidrodiplomacia” no tiene fórmulas mágicas, pero, paulatinamente, juristas, técnicos y personas vinculadas al agua están constituyendo una nueva alianza. Juntos, buscan medios para compartir el único recurso natural irremplazable.

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