
Eslovaquia - Hungría

Manifestación
en Eslovaquia contra la presa de Gabcikovo.
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Cifras
claves
Cuenca
del Danubio
Longitud:
2.850 km.
Nacimiento: Confluencia de los ríos Breg y Brigach en la Selva Negra, Alemania.
Desembocadura: Mar Negro.
Países: Austria, Bulgaria, Croacia, Alemania, Hungría, Rumania, Eslovaquia,
Ucrania y Yugoslavia.
Población: 85 millones.
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Un
autor conocido por su sentido del humor da una visión sombría de un
conflicto político entre Hungría y Eslovaquia del que el Danubio es
rehén.
Hemos de dar gracias
a los ríos por darnos agua para beber, fertilizar nuestros campos y transportar
nuestros barcos. Sólo hay un problema: son particularmente aptos para servir
de frontera entre países. En vez de constituir un factor de unión entre
pueblos ligados por un destino común, naciones suspicaces, a menudo impulsadas
por enemistades políticas, se contemplan como fieras desde sus orillas opuestas.
He visto esa ponzoña entre Hungría y Eslovaquia fluir por las aguas
del Danubio.
El Danubio siempre ha sido causa de calamidades que han afectado alternativamente
a unos u otros. Los emperadores romanos Tiberio y Trajano fueron los primeros en
contratar ingenieros civiles para proteger sus márgenes de las veleidades
del Danubio. Muchos siguieron su ejemplo, pero sólo en el siglo XX los técnicos
lograron contar con la energía y la infraestructura indispensables para dominar
al río.
En 1951, los planes necesarios para construir una serie de presas a lo largo del
Danubio en Hungría y Checoslovaquia estaban bien encaminados. A la Unión
Soviética le interesaba mucho habilitar ciertos tramos poco profundos del
río que obstaculizaban el transporte de mercancías hacia Europa Oriental.
En ese tiempo, se estimaba científicamente probado que el Danubio no sólo
necesitaba una presa, sino varias. Más de una docena de ellas funcionaban
ya en Alemania y Austria, y estaba prevista la construcción de muchas más.
Se necesitarían otros 20 años para adoptar las disposiciones técnicas
y financieras indispensables, pero, en septiembre de 1977, la República de
Hungría y la República Socialista Checoslovaca firmaron un tratado,
que hoy se considera infamante, para la construcción del sistema de presas
Gabcikovo-Nagymaros.
Embalses
políticos
Era
evidente que la región padecía sequía. Las autoridades habían
contabilizado más de 100 días al año en el que las aguas no
llegaban a su nivel, lo que causaba daños a la flora silvestre y dejaba a
cientos de barcos varados en el río en un sector de 250 kilómetros
de longitud. Aunque el propósito inicial del proyecto era mejorar la navegación,
al intensificarse la crisis petrolera de los años setenta éste se hizo
extensivo a la energía hidroeléctrica.
En Dunakiliti se planeó la construcción de un embalse de gran tamaño,
a caballo entre los dos países. Desde allí, un canal de 17 km desviaría
90 a 95% de las aguas del Danubio hacia una presa y una central hidroeléctrica
en Gabcikovo, Checoslovaquia. Unos 100 km más abajo, en Nagymaros, Hungría,
otra planta energética y su presa nivelarían el caudal del río.
En 1978 se iniciaron las obras a partir de proyectos elaborados por especialistas
en hidráulica húngaros, eslovacos y austríacos, cuya capacidad
técnica no era posible poner en tela de juicio; aunque sí sus tendencias
políticas, como se vería más adelante.
A fines de los ochenta, las fuerzas que aspiraban a reemplazar el sistema socialista
en Europa Oriental, acechando en la sombra, esgrimieron como bandera de lucha los
problemas medioambientales y un blanco obvio de sus críticas fue la construcción
de las presas de Gabcikovo-Nagymaros. Era como abrir una brecha en la fortaleza del
sistema, por la que la oposición podría introducir su hacha demoledora.
Manifestaciones masivas de protesta invadieron las calles de Budapest y también
las riberas del Nagymaros. Alumnos de secundaria publicaron un anuncio ofreciendo
una semana de trabajo voluntario para restablecer el paisaje original una vez que
se suspendiera la construcción de la presa. Cualquiera que tuviese algo que
ver con el proyecto era tachado de estalinista o, pero aún, de traidor a la
patria.
Al acentuarse la presión del público, el gobierno húngaro decidió
suspender la construcción, que se encontraba a medio camino. El asunto culminó
cuando en 1990 asumió el poder un gobierno de derechas que revocó unilateralmente
el tratado.
Pero la parte checoslovaca no tuvo en cuenta a los húngaros y prosiguió
las obras río arriba. Las autoridades, también unilateralmente, decidieron
desviar hacia su territorio un tramo del Danubio de 25 kilómetros, que en
parte servía de frontera entre los dos países, y construir allí
otra presa en reemplazo de la prevista inicialmente para Hungría. Gabcikovo
no sería tan poderosa como se había proyectado, pero podría
funcionar.
Marchas de protesta similares a las realizadas en Hungría no tuvieron ningún
efecto. Al dividirse en dos Checoslovaquia, Eslovaquia consideró a Gabcikovo
como el símbolo de su nuevo Estado independiente, que nació oficialmente
en 1993.
Pero a fines de octubre de 1992, el Danubio fue desviado y el principal canal que
corre por el territorio húngaro perdió de pronto 90 a 95% de sus aguas.
Los letreros que indicaban anteriormente el nivel de éstas seguían
en su lugar sobre las tierras resecas. En las tierras circundantes, el nivel de las
aguas subterráneas disminuyó dos o tres metros en pocos días.
Los peces quedaron atrapados en la antigua cuenca y murieron asfixiados.
Del
conflicto a la negociación
Los
húngaros no podían creer el drama de que eran testigos. Algunos elementos
extremistas hablaron de dinamitar la presa que impedía el paso de las aguas,
acción que inevitablemente habría conducido a una guerra. Por fortuna,
la amenaza pronto dio paso a negociaciones impulsadas por la Unión Europea,
sumamente inquieta ante la perspectiva de un derramamiento de sangre. Hubo conversaciones
entre ambas partes, pero la balanza se inclinó en favor de Eslovaquia. Ésta,
que controlaba la parte del león del caudal de las aguas y de la producción
de energía del río, apenas tuvo en cuenta las aspiraciones de Hungría.
En abril de 1993, el conflicto fue sometido a la Corte Internacional de Justicia
de La Haya.
Un año más tarde, en 1994, los socialistas volvieron al poder en Hungría
y difícilmente podían desvincularse del proceso, que era considerado
esencial: por primera vez la Corte dirimiría un conflicto medioambiental.
Pero el asunto que se ventilaba era político, y nada tenía que ver
con el agua. En 1997, la Corte dictó un fallo ambiguo, que ambas partes podían
estimar favorable a sus intereses. De acuerdo con el veredicto, el tratado de 1977
aún era válido, pero los dos contrincantes eran culpables por haber
procedido unilateralmente –Hungría por haberse retirado y Eslovaquia por proseguir
la construcción. Se les instó a celebrar conversaciones de buena fe,
y,
deseosos de incorporarse a la Unión Europea, ambos gobiernos pusieron manos
a la obra para probar a sus ricos vecinos occidentales que podían resolver
sus diferencias.
Una vez más, intervino la política. En Hungría, la oposición
de derechas, que clamaba venganza, unió sus fuerzas a las de los turbulentos
verdes y juntos organizaron manifestaciones masivas. Pero esta vez el gobierno socialista
estaba de rodillas, antes del golpe mortal que iba a recibir en las elecciones parlamentarias
celebradas en 1998.
En su programa, los elementos de derechas que dirigen el nuevo gobierno prometieron
resolver el problema del Danubio. Pero, tres años y medio después,
no han adoptado ninguna medida que valga la pena. Sin embargo, Hungría ha
gastado millones de dólares para desmantelar la presa a medio construir y
es posible que se vea obligada a destinar otros millones más a indemnizar
a Eslovaquia por no haber respetado sus compromisos. Siempre se habla de constituir
comisiones o de recurrir de nuevo a la Corte Internacional de Justicia –señal
inequívoca de que ninguno de los dos países está de veras dispuesto
a resolver la situación de una vez por todas. Inevitablemente, mostrarán
sus verdaderas intenciones muy pronto, ya que en ambos se celebrarán elecciones
parlamentarias en 2002.
Si hoy uno da un paseo por las orillas del Danubio verá que la región
de Gabcikovo en Eslovaquia es próspera, mientras que en el lado húngaro
las tierras que se suponía servirían para almacenar el agua han sido
invadidas por la vegetación. ¿Y el Danubio? No lleva agua, sino política. |