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La improbable guerra del aguaUna escasez creciente|El agua que apaga el fuego|Con un poco de sentido común…|Historia de dos presas|Aguas turbulentas en Asia Central|Aplacar las iras del Nilo|Los secretos subterráneos del Kalahari|Negociar con la naturaleza: la próxima etapa|

Cifras claves

Asia meridional: el reparto de los colosos

Sanjoy Hazarika, investigador del Centro de Estudios Políticos, organismo de reflexión independiente con sede en Nueva Delhi. Ex reportero del New York Times en Asia Meridional, es autor de cinco libros, el último de los cuales es Rites of Passage (Penguin, 2000).
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Cosechas perdidas tras el desbordamiento del Tsang-po, nombre que recibe el Brahmaputra en Tíbet.








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Asia meridional



Cifras claves

Cuenca del
Brahmaputra

Longitud: 2.900 km.
Nacimiento: Cordillera de Kailash, en el Himalaya.
Desembocadura: En el Golfo de Bengala, después de unirse con el Ganges.
Países: Bangladesh, China e India.
Población: 300 millones (incluyendo el Ganges).

Cuenca del Ganges

Longitud: 2.510 km.
Nacimiento: Glaciar de Gangotri, en el Himalaya.
Desembocadura: En el Golfo de Bengala, después de unirse con el Brahmaputra.
Países: India y Bangladesh.
Población: 300 millones (incluyendo el Brahmaputra).

Cuenca del Indo

Longitud: 3.180 km.
Nacimiento: Cordillera de Kailash, en el Himalaya.
Desembocadura: Mar de Arabia.
Países: China, India y Pakistán.
Población: 150 millones.

Tres de los ríos más caudalosos del mundo atraviesan el subcontinente indio. Pese a una historia de conflictos y de guerras, se han logrado acuerdos importantes. Pero ahora están surgiendo nuevos litigios.

A la cooperación regional le cuesta abrirse paso en Asia Meridional. Desde 1947, hubo cuatro conflictos entre India y Pakistán, litigios en la frontera entre Bangladesh e India y numerosas acusaciones contra este último país de ejercer una exagerada influencia en los mercados y en la política regionales. Cuando en los años ochenta se creó la Asociación de Cooperación Regional de Asia Meridional (SAARC) como foro para debatir ante todo cuestiones comerciales, los temas litigiosos, como las negociaciones sobre el agua, no eran para nada de su competencia. Sin embargo, en los últimos años Asia Meridional, que ha firmado no menos de cinco tratados o acuerdos importantes, puede exhibir un récord sumamente positivo en materia de reparto de las aguas.
Existía en esos países un precedente: el Tratado sobre las Aguas del Indo, firmado entre India y Pakistán en 1960, constituye un hito en materia de resolución de conflictos sobre el agua. Esos litigios se remontan a la partición del subcontinente indio, en 1947. El Indo, que nace en la cadena del Himalaya de Cachemira por el lado indio, pasa por los estados áridos de Penjab y Sindh, antes de llegar a Pakistán y desembocar en el Mar de Arabia, al sur de Karachi. Los principales ríos que alimentan la cuenca del Indo quedaron en la India, por lo que es lógico que Pakistán se sintiera amenazado por la perspectiva de que ese país controlara la principal fuente de agua de sus tierras cultivables.
Impulsado por el Banco Mundial, el tratado, que se aplica a la zona regada más extensa de todos los sistemas fluviales del mundo, ha sobrevivido a dos guerras y representa un mecanismo eficaz de consulta y solución de conflictos mediante inspecciones e intercambio de datos y visitas.
En los años noventa se registraron nuevos progresos. En diciembre de 1996, los gobiernos recién elegidos de la India y Bangladesh decidieron superar años de animosidad por la distribución de las aguas del Ganges, uno de los ríos con mayor significación cultural y económica de la Tierra. El resultado fue un acuerdo de 30 años de duració, firmado en 1996, de reparto de aguas entre la India y Bangladesh.
Bangladesh, situado en la porción inferior y en el delta de una extensa cuenca hidrográfica, ha sido particularmente dependiente de la calidad y la cantidad de agua que le llega. En efecto, el aprovechamiento de los ríos en un país puede tener consecuencias de gran alcance para las naciones situadas aguas abajo. Cuando la India construyó en los años sesenta la Presa de Farakka, Bangladesh (Pakistán Oriental hasta su independencia en 1971) observaba impotente los estragos que produjo. En la estación seca, impedía que las aguas llegaran naturalmente al país, provocando una terrible escasez, y en la estación de las lluvias, los bruscos aumentos de caudal ocasionaban inundaciones y enormes daños en forma de pérdida de bienes y de vidas humanas.

Compartir la información
El principal objetivo de ese tratado de 30 años de duración es establecer la cantidad de agua que la India suministra a Bangladesh en la Presa de Farakka. Los acuerdos de reparto de las aguas, sobre todo durante la estación seca, determinan hasta la última gota, en función del caudal del río. El objetivo del tratado es lograr un “aprovechamiento óptimo” de las aguas de la región, basado en los principios de “equidad, juego limpio y ausencia de perjuicios para las partes”, con una cláusula en virtud de la cual los acuerdos deben revisarse cada cinco años.
Estimulada por el éxito del tratado con Bangladesh, la India zanjó en 1997 otro litigio ribereño, esta vez con Nepal. El Tratado del Río Mahakali soluciona el problema de los derechos de Nepal sobre el agua y la electricidad procedentes del lado indio, mejorando un convenio concluido en 1992. Al igual que el tratado referente al Ganges, el celebrado con Nepal se ocupa esencialmente de la utilización de las aguas y no de su conservación.
Aunque todos estos acuerdos apuntan a afianzar la cooperación regional en materia de reparto de aguas, otro conflicto parece perfilarse en el horizonte. Esta vez tiene por objeto el Brahmaputra, el otro gran río de la región, que atraviesa el Tíbet (China), la India y Bangladesh a lo largo de casi 3.000 kilómetros. Aunque el litigio no se ha hecho público, el problema de la necesidad de compartir la información ha enrarecido las relaciones entre las tres partes.
Las consecuencias han sido trágicas: en el verano de 2000 un muro de agua de 26 metros, originado en un corrimiento de tierras que siguió al derrumbamiento de una presa natural en el Tíbet, produjo un cataclismo que destruyó todos los puentes del Siang, que es como se llama el Brahmaputra en el estado indio fronterizo de Arunachal Pradesh. Hubo pocas desgracias humanas, pero los daños materiales fueron cuantiosos.

Desconfianza entre vecinos
Pocos días después, las inundaciones asolaron el Tíbet, la crecida llegó a Asam y, en una semana, devastó algunas zonas de Bangladesh. La creación de un sistema eficaz de alerta temprana a las inundaciones es, por consiguiente, uno de los objetivos que los tres gobiernos deben fijarse.
Según funcionarios indios, China no había facilitado ninguna información sobre el aumento de la presión del agua ni de las lluvias torrenciales que habían caído en la cuenca de captación río arriba, conocida en Tíbet con el nombre de Tsang-po.
También despertaban inquietud los supuestos planes chinos de desviar las aguas del Tsang-po mediante la excavación de túneles por medios nucleares. Al parecer se trata de una iniciativa de China cuyo objeto es medir la reacción internacional ante la posibilidad de que construya una presa en el río para aprovechar su enorme potencial de energía hidroeléctrica.
La cooperación en materia de aguas fluviales podría mejorar considerablemente las condiciones de vida de millones de personas. La principal razón de la falta de aprovechamiento adecuado es la mutua suspicacia y la desconfianza entre los vecinos. En el caso del Brahmaputra, a diferencia del Ganges, no se trata tanto de compartir las aguas sino de utilizar la vía fluvial en beneficio mutuo, sobre todo para el transporte, el comercio y la industria.
Un ejemplo: gracias a la cooperación se pudo transportar río abajo el famoso té de Asam hasta Bangladesh y enviarlo a otras regiones del mundo. El petróleo procedente de la refinería de Numaligarh, también en Asam, se puede exportar en barcazas para atender las necesidades de energía de Bangladesh. Medidas simples pero eficaces como éstas generarían empleo y revitalizarían la economía de comunidades marginadas.

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