
Cosechas perdidas tras el desbordamiento del Tsang-po, nombre que recibe el Brahmaputra
en Tíbet.

Asia meridional
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Cifras
claves
Cuenca
del
Brahmaputra
Longitud:
2.900 km.
Nacimiento: Cordillera de Kailash, en el Himalaya.
Desembocadura: En el Golfo de Bengala, después de unirse con el Ganges.
Países: Bangladesh, China e India.
Población: 300 millones (incluyendo el Ganges).
Cuenca
del Ganges
Longitud:
2.510 km.
Nacimiento: Glaciar de Gangotri, en el Himalaya.
Desembocadura: En el Golfo de Bengala, después de unirse con el Brahmaputra.
Países: India y Bangladesh.
Población: 300 millones (incluyendo el Brahmaputra).
Cuenca
del Indo
Longitud:
3.180 km.
Nacimiento: Cordillera de Kailash, en el Himalaya.
Desembocadura: Mar de Arabia.
Países: China, India y Pakistán.
Población: 150 millones.
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Tres
de los ríos más caudalosos del mundo atraviesan el subcontinente indio.
Pese a una historia de conflictos y de guerras, se han logrado acuerdos importantes.
Pero ahora están surgiendo nuevos litigios.
A la cooperación
regional le cuesta abrirse paso en Asia Meridional. Desde 1947, hubo cuatro conflictos
entre India y Pakistán, litigios en la frontera entre Bangladesh e India y
numerosas acusaciones contra este último país de ejercer una exagerada
influencia en los mercados y en la política regionales. Cuando en los años
ochenta se creó la Asociación de Cooperación Regional de Asia
Meridional (SAARC) como foro para debatir ante todo cuestiones comerciales, los temas
litigiosos, como las negociaciones sobre el agua, no eran para nada de su competencia.
Sin embargo, en los últimos años Asia Meridional, que ha firmado no
menos de cinco tratados o acuerdos importantes, puede exhibir un récord sumamente
positivo en materia de reparto de las aguas.
Existía en esos países un precedente: el Tratado sobre las Aguas del
Indo, firmado entre India y Pakistán en 1960, constituye un hito en materia
de resolución de conflictos sobre el agua. Esos litigios se remontan a la
partición del subcontinente indio, en 1947. El Indo, que nace en la cadena
del Himalaya de Cachemira por el lado indio, pasa por los estados áridos de
Penjab y Sindh, antes de llegar a Pakistán y desembocar en el Mar de Arabia,
al sur de Karachi. Los principales ríos que alimentan la cuenca del Indo quedaron
en la India, por lo que es lógico que Pakistán se sintiera amenazado
por la perspectiva de que ese país controlara la principal fuente de agua
de sus tierras cultivables.
Impulsado por el Banco Mundial, el tratado, que se aplica a la zona regada más
extensa de todos los sistemas fluviales del mundo, ha sobrevivido a dos guerras y
representa un mecanismo eficaz de consulta y solución de conflictos mediante
inspecciones e intercambio de datos y visitas.
En los años noventa se registraron nuevos progresos. En diciembre de 1996,
los gobiernos recién elegidos de la India y Bangladesh decidieron superar
años de animosidad por la distribución de las aguas del Ganges, uno
de los ríos con mayor significación cultural y económica de
la Tierra. El resultado fue un acuerdo de 30 años de duració, firmado
en 1996, de reparto de aguas entre la India y Bangladesh.
Bangladesh, situado en la porción inferior y en el delta de una extensa cuenca
hidrográfica, ha sido particularmente dependiente de la calidad y la cantidad
de agua que le llega. En efecto, el aprovechamiento de los ríos en un país
puede tener consecuencias de gran alcance para las naciones situadas aguas abajo.
Cuando la India construyó en los años sesenta la Presa de Farakka,
Bangladesh (Pakistán Oriental hasta su independencia en 1971) observaba impotente
los estragos que produjo. En la estación seca, impedía que las aguas
llegaran naturalmente al país, provocando una terrible escasez, y en la estación
de las lluvias, los bruscos aumentos de caudal ocasionaban inundaciones y enormes
daños en forma de pérdida de bienes y de vidas humanas.
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El
principal objetivo de ese tratado de 30 años de duración es establecer
la cantidad de agua que la India suministra a Bangladesh en la Presa de Farakka.
Los acuerdos de reparto de las aguas, sobre todo durante la estación seca,
determinan hasta la última gota, en función del caudal del río.
El objetivo del tratado es lograr un “aprovechamiento óptimo” de las aguas
de la región, basado en los principios de “equidad, juego limpio y ausencia
de perjuicios para las partes”, con una cláusula en virtud de la cual los
acuerdos deben revisarse cada cinco años.
Estimulada por el éxito del tratado con Bangladesh, la India zanjó
en 1997 otro litigio ribereño, esta vez con Nepal. El Tratado del Río
Mahakali soluciona el problema de los derechos de Nepal sobre el agua y la electricidad
procedentes del lado indio, mejorando un convenio concluido en 1992. Al igual que
el tratado referente al Ganges, el celebrado con Nepal se ocupa esencialmente de
la utilización de las aguas y no de su conservación.
Aunque todos estos acuerdos apuntan a afianzar la cooperación regional en
materia de reparto de aguas, otro conflicto parece perfilarse en el horizonte. Esta
vez tiene por objeto el Brahmaputra, el otro gran río de la región,
que atraviesa el Tíbet (China), la India y Bangladesh a lo largo de casi 3.000
kilómetros. Aunque el litigio no se ha hecho público, el problema de
la necesidad de compartir la información ha enrarecido las relaciones entre
las tres partes.
Las consecuencias han sido trágicas: en el verano de 2000 un muro de agua
de 26 metros, originado en un corrimiento de tierras que siguió al derrumbamiento
de una presa natural en el Tíbet, produjo un cataclismo que destruyó
todos los puentes del Siang, que es como se llama el Brahmaputra en el estado indio
fronterizo de Arunachal Pradesh. Hubo pocas desgracias humanas, pero los daños
materiales fueron cuantiosos.
Desconfianza
entre vecinos
Pocos
días después, las inundaciones asolaron el Tíbet, la crecida
llegó a Asam y, en una semana, devastó algunas zonas de Bangladesh.
La creación de un sistema eficaz de alerta temprana a las inundaciones es,
por consiguiente, uno de los objetivos que los tres gobiernos deben fijarse.
Según funcionarios indios, China no había facilitado ninguna información
sobre el aumento de la presión del agua ni de las lluvias torrenciales que
habían caído en la cuenca de captación río arriba, conocida
en Tíbet con el nombre de Tsang-po.
También despertaban inquietud los supuestos planes chinos de desviar las aguas
del Tsang-po mediante la excavación de túneles por medios nucleares.
Al parecer se trata de una iniciativa de China cuyo objeto es medir la reacción
internacional ante la posibilidad de que construya una presa en el río para
aprovechar su enorme potencial de energía hidroeléctrica.
La cooperación en materia de aguas fluviales podría mejorar considerablemente
las condiciones de vida de millones de personas. La principal razón de la
falta de aprovechamiento adecuado es la mutua suspicacia y la desconfianza entre
los vecinos. En el caso del Brahmaputra, a diferencia del Ganges, no se trata tanto
de compartir las aguas sino de utilizar la vía fluvial en beneficio mutuo,
sobre todo para el transporte, el comercio y la industria.
Un ejemplo: gracias a la cooperación se pudo transportar río abajo
el famoso té de Asam hasta Bangladesh y enviarlo a otras regiones del mundo.
El petróleo procedente de la refinería de Numaligarh, también
en Asam, se puede exportar en barcazas para atender las necesidades de energía
de Bangladesh. Medidas simples pero eficaces como éstas generarían
empleo y revitalizarían la economía de comunidades marginadas. |