Entrada

Sumario

Búsqueda

Suscripción

Contacto

Le Courrier

sommaire

dossier

d'ici...

Opinion

Notre planete

Education

Droits humains

Cultures

Medias

Entretien

Medias

El poder absoluto en pocas manos

Texto, sonido, vídeo: todos los medios en uno

John Vince, profesor de medios de comunicación digitales de la Universidad de Bournemouth, Reino Unido.
photo
Prototipo de reloj que permite telecargar y oír música por  Internet.
























Lo que uno hace con la TV es desconectar
su cerebro; con la computadora, tiene que conectarlo.
Un nuevo término de moda circula por los pasillos de los medios de comunicación del mundo: la “convergencia digital”. Pero, ¿será ésta capaz de cumplir su promesa de ofrecer comunicación e información en todo momento, en todo lugar y bajo cualquier forma?

En los últimos 40 años se ha producido un cambio extraordinario. Las computadoras, que eran máquinas lentas y caras controladas por tarjetas perforadas, se han convertido en poderosas unidades de bajo costo que no ocupan más espacio que un portadocumentos. Al mismo tiempo, ha invadido nuestro mundo una maraña de cables telefónicos, fibras ópticas, cables submarinos, enlaces por microondas, canales de televisión y comunicaciones por satélite.
En la intersección de ambos fenómenos se encuentra Internet, resultado directo del cruce entre la tecnología informática y la tecnología de la comunicación. Pero, a juicio de muchos, este fenómeno no es más que un primer hito de lo que promete convertirse en una gigantesca revolución de la forma en que los individuos se comunican, se distraen y trabajan. Hemos entrado en la era de la convergencia digital.
Según un artículo reciente del Scientific American, esa convergencia es en principio “la unión del audio, el vídeo y la transmisión de datos en una sola fuente, recibida en un solo aparato y facilitada mediante una sola conexión.” La tecnología digital ha proporcionado ya un mecanismo para integrar medios que hasta ahora necesitaban canales diferentes.
La plena convergencia digital augura un acceso a la información en tiempo real en cualquier lugar del mundo, y la posibilidad de comunicarse con alguien dondequiera que se encuentre mediante un texto, gráficos, vídeo y audio. De hecho, no parecen existir límites tecnológicos a las posibilidades que se abren. “La realidad del acceso a las redes digitales de banda ancha ‘por doquier, en cualquier momento’, va a dar más libertad y plenitud a nuestras vidas”, ha prometido Gerald Levin, director ejecutivo de AOL Time Warner. Pero la tecnología por sí sola no puede crear un mundo semejante: mientras los consumidores y las empresas no la adopten, es probable que la convergencia siga el mismo camino que varios de sus predecesores cuyos méritos se habían exagerado.
Actualmente, la computadora personal en el hogar es la principal interfaz de Internet. Pero son relativamente pocas las personas que tienen acceso a un PC, y menos aún los que pueden afirmar que resultan ideales para ese fin –se descomponen de pronto y se bloquean porque no fueron pensados para una utilización intensa de Internet. Cumplen esa función sólo porque eran la plataforma disponible cuando la red se popularizó.
Al prometer fusionar medios tan diversos como la televisión, el teléfono, los vídeos, la música y la transmisión de datos, la era de la convergencia digital resulta más prometedora que la ayer tan ponderada “superautopista de la información”. Pero también plantea interrogantes cruciales. ¿Qué servicios se necesitan? ¿Cuál es la plataforma ideal? ¿Será ésta plenamente interactiva? ¿Puede lo antiguo combinarse tan fácilmente con lo nuevo?
La base de toda aplicación digital es un sistema de codificación binario. El código binario permite asignar a los números, letras y caracteres reglas digitales únicas que pueden registrarse en cinta magnética, discos compactos, DVD y archivos informáticos. Estos códigos digitales se pueden transmitir fácilmente a través de alambres de cobre, fibra óptica u ondas radiofónicas. Y, por consiguiente, una vez reducidos a formato digital, los textos, el audio, los gráficos y el vídeo pueden ser procesados con gran precisión por una sola tecnología común.

Obstáculos casi insuperables
Pero no es tan sencillo dar forma a esa tecnología única. Actualmente hay tres grandes normas de transmisión por televisión, todas incompatibles entre sí. Pero esto no es nada comparado con la diversidad de tecnologías que sirven de soporte a Internet. Los problemas que plantea el diseño de plataformas y sistemas de comunicación aceptables en el mundo entero pueden parecer insuperables.
La Organización Internacional de Unificación de Normas (OIUN) cumple un papel decisivo en los esfuerzos por elaborar normas mundiales de codificación de la información audiovisual. Su grupo de expertos en Imágenes en Movimiento ha logrado progresos importantes gracias a normas sobre medios de almacenamiento y difusión, en tanto que MPEG-4, actualmente en fase de desarrollo, establecerá mecanismos para el almacenamiento, la transmisión y la manipulación interactiva de datos de vídeo, que es la esencia de lo que la convergencia digital promete ofrecer.
Incluso una vez que se impongan las normas, quedará otro obstáculo por salvar. Internet tiene el inconveniente de unos tiempos de respuesta largos e irregulares, ya que es una tecnología de extracción que opera en función de la exigencia de los usuarios. En cambio, en la tecnología de emisión, utilizada por la radio y la televisión, la relación se invierte: lo que hacen los servidores es simplemente enviar información a usuarios pasivos. Resulta muy difícil imaginar cómo funcionaría algún tipo de combinación entre ambas tecnologías. La actual tecnología de la red no podría servir de soporte a un sistema de televisión basado en la extracción, mientras que un sistema fundado en la emisión sólo duplicaría lo que ya tenemos: televisión o radio no interactivas.
Pero la fusión de Internet con la televisión plantea además el problema de definir los servicios ofrecidos. Steve Jobs, director ejecutivo de Apple, observa: “Lo que uno hace uno con la TV es desconectar su cerebro; con la computadora tiene que conectarlo.” La información, el esparcimiento y el descanso parecen ser necesidades bastante distintas. Y no está nada claro que a los consumidores les interese hacer algún tipo de esfuerzo mental relacionado con la informática cuando se instalan frente al televisor.
“Contrariamente a numerosas previsiones, hay muchas personas que no se sienten atraídas por los nuevos medios de comunicación, y ese sector de la población se reduce con más lentitud que los témpanos de la Antártida”, advertía recientemente Horst Stipp, director de investigación de la cadena de televisión NBC en Estados Unidos.
Además del problema de los hábitos de los consumidores, los costos de la infraestructura van a ser enormes y tendrán que sufragarlos los Estados o el sector privado antes de cargárselos a los usuarios. Las plataformas no tienen por qué ser caras. El teléfono móvil es un buen ejemplo de cómo un producto de gran complejidad tecnológica se vende casi por nada, pues su costo se recupera con el cobro de los servicios que presta.
Otros aspectos vitales son la creación del contenido digital y la protección del derecho de autor del mismo. Ya se ha visto que la televisión por satélite ofrece tantos canales que los programas han de repetirse indefinidamente para llenar el espacio disponible. Pero tal vez la convergencia digital resuelva ese problema al facilitar la creación de programas de televisión totalmente sintéticos, con decorados y actores virtuales. Se podría incluso pensar que esto ya ha empezado a suceder.
Salga el sol por donde salga, es evidente que la tecnología tendrá una importancia cada vez mayor en la vida cotidiana. Más allá de ésta, la convergencia digital afecta a los servicios, las prácticas industriales y los comportamientos sociales que configuran nuestra sociedad moderna. Tenemos al alcance de la mano la tecnología indispensable para fabricar los aparatos más complejos hasta ahora conocidos, pero si éstos resultan inutilizables debido a su dificultad para hacerlos funcionar, no sobrevivirán. Todo lo que ideemos ha de ser simple, fiable y útil. Tal vez sea aquí donde corresponda a la inteligencia artificial cumplir un papel importante.

Top