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UNESCO
Unidad Cultura de Paz (CPP)
Comunicación e Información
7, place de Fontenoy
75352 París 07 SP
FRANCIA
Tfo: (+33 1) 45 68 12 19
Fax: (+33 1) 45 68 55 57
e-mail: cofpeace@unesco.org
Internet: www.unesco.org/cpp

Declaración sobre la contribución de las mujeres
a una cultura de paz

(Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas
sobre la Mujer)
Beijing, China, 4-15 de septiembre de 1995

En el umbral del siglo XXI, un movimiento dinámico hacia una cultura de paz obtiene su inspiración y su esperanza de las percepciones y acciones de las mujeres.

Es importante sacar fuerzas de la diversidad cultural y volver a definir el concepto de seguridad de forma que abarque la seguridad ecológica, económica, social, cultural y personal. Es primordial sustituir las relaciones desiguales entre los géneros por una igualdad auténtica y práctica entre hombres y mujeres para que las democracias puedan ser realmente participativas.

El nuestro sigue siendo un planeta armado y belicoso. Simplemente en la primera mitad de este decenio, más de noventa conflagraciones de diversos tipos se han cobrado un gran número de vidas humanas, han retrasado el desarrollo social y económico y han reducido los recursos mundiales. Las mujeres siguen sufriendo violaciones sistemáticas de sus derechos humanos y permaneciendo, en buena medida, excluidas de los procesos de adopción de decisiones. En situaciones de guerra y ocupación militar, las mujeres son, hasta un grado alarmante, el blanco y las víctimas de atrocidades y agresiones.

Para combatir la guerra como expresión suprema de la cultura de violencia tenemos que resolver problemas como la violencia que se ejerce contra las mujeres en el hogar, los actos y reflejos de agresión e intolerancia en la vida cotidiana, la trivialización de la violencia en los medios de comunicación, la glorificación implícita de la guerra en la enseñanza de la historia, el tráfico de armas y de drogas, el terrorismo y la negación de los derechos humanos fundamentales y las libertades democráticas.

Una cultura de paz exige que hagamos frente a la violencia de la penuria económica y social. La pobreza y las injusticias sociales, como la exclusión y la discriminación, repercuten con especial fuerza en las mujeres. Es indispensable corregir las asimetrías flagrantes de riqueza y oportunidades dentro de cada país y entre los distintos países para atajar de raíz las causas de la violencia en el mundo.

La igualdad, el desarrollo y la paz están inextricablemente unidos. No puede haber paz duradera sin desarrollo, del mismo modo que no puede haber un desarrollo sostenible sin una plena igualdad entre hombres y mujeres.

El nuevo milenio ha de representar un nuevo comienzo. Hemos de esforzarnos por evitar la violencia en todos los niveles, examinar alternativas a los conflictos violentos y forjar actitudes de tolerancia e interés activo hacia los demás. La sociedad humana tiene capacidad para afrontar los conflictos de modo que se conviertan en parte de una dinámica de cambio positivo. Siempre y cuando se lleven a cabo con la plena participación de las mujeres, las acciones para poner fin a una cultura omnipresente de violencia no están fuera del alcance de las poblaciones y los gobiernos del mundo.

Los esfuerzos por alcanzar una cultura de paz deben basarse en la educación; como se afirma en la Constitución de la UNESCO: Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz.

Las niñas y mujeres constituyen una gran mayoría de los excluidos de la educación en todo el mundo. Garantizar la igualdad de acceso y de oportunidades entre los sexos en materia de educación es un requisito previo para lograr los cambios de actitudes y mentalidades de los que depende una cultura de paz.

La igualdad en la educación es la clave para cumplir otros requisitos de una cultura de paz, entre ellos los siguientes: el pleno respeto de los derechos humanos de las mujeres; la liberación y utilización del potencial creativo de las mujeres en todos los aspectos de la vida; la coparticipación en el poder y la igual participación en la adopción de decisiones por parte de mujeres y hombres; la reorientación de las políticas sociales y económicas para que las oportunidades sean las mismas y se establezcan modelos nuevos y más equitables de relaciones entre los géneros, todo lo cual presupone una reforma radical de las estructuras y los procesos sociales.

La capacidad de dirección de las mujeres debe aprovecharse plenamente y en beneficio de todos para avanzar hacia una cultura de paz. Su participación históricamente escasa en el gobierno ha dado lugar a una deformación de los conceptos y a una limitación de los procesos. En ámbitos como la prevención de los conflictos, el fomento del diálogo intercultural y la reparación de la injusticia socioeconómica, las mujeres pueden generar enfoques innovativos y sumamente necesarios para la edificación de la paz.

Las mujeres aportan a la causa de la paz entre los pueblos y las naciones experiencias, competencias y perspectivas diferentes. La función que cumplen las mujeres de dar y sustentar la vida les ha proporcionado aptitudes e ideas esenciales para unas relaciones humanas pacíficas y para el desarrollo social. Las mujeres se adhieren con menos facilidad que los hombres al mito de la eficacia de la violencia y pueden aportar una amplitud, una calidad y un equilibrio de visión nuevos con miras al esfuerzo común que supone pasar de una cultura de guerra a una cultura de paz.

Con este fin, los abajo firmantes nos comprometemos a :

· apoyar los esfuerzos nacionales e interna-cionales para garantizar la igualdad de acceso a todas las formas de oportunidades de aprendizaje, con objeto de facilitar el acceso de las mujeres al poder y a la adopción de decisiones;

· propiciar una educación de adecuada calidad que enseñe los derechos humanos de hombres y mujeres, las aptitudes para la resolución no violenta de los conflictos, el respeto del medio ambiente natural, el entendimiento intercultural y la conciencia de la interdependencia mundial, que son componentes fundamentales de una cultura de paz;

· fomentar nuevos enfoques del desarrollo que tengan en cuenta las prioridades y perspectivas de las mujeres;

· oponernos al uso abusivo de la religión y de prácticas culturales y tradicionales con fines discriminatorios;

· procurar reducir las repercusiones directas e indirectas de la cultura de guerra en las mujeres, en forma de violencia física y sexual o de abandono de los servicios sociales en favor de gastos militares excesivos;

· favorecer la libertad de expresión de las mujeres y su participación en los medios de comunicación, así como el empleo de un lenguaje y unas imágenes no sexistas;

· fomentar el conocimiento y la observancia de los instrumentos normativos internacionales sobre los derechos humanos de niñas y mujeres y difundirlos ampliamente para mejorar el bienestar de todos, hombres y mujeres, sin olvidar a los grupos más vulnerables de las sociedades;

· prestar nuestro apoyo a las estructuras gubernamentales e intergubernamentales y a las asociaciones de mujeres y ONG's empeñadas en el desarrollo de una cultura de paz basada en la igualdad entre mujeres y hombres.

· Las signatarias apelamos a las mujeres y a los hombres de buena voluntad y de distintos orígenes culturales, diferentes creencias religiosas y diversa procedencia étnica y social a que se unan a nosotros en un esfuerzo mundial por edificar, en la solidaridad y la compasión, una cultura de paz en el ámbito doméstico y en la esfera pública.

· Unicamente juntos, hombres y mujeres a la par y como compañeros, podemos superar los obstáculos y la inercia, el silencio y la frustación y lograr la perspicacia, la voluntad política, las ideas creativas y las acciones concretas necesarias para una transición mundial de una cultura de violencia a una cultura de paz.

 
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