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Clausura

 

LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA

PARA LA INTEGRACIÓN Y LA CULTURA DE PAZ

 

Participantes:

 

  • María Antonia Huerta, representante de los asistentes a la Conferencia
  • Arvelio García, representante de la UNESCO para Colombia y Ecuador
  • Pedro Henríquez Guajardo, Secretario Ejecutivo del Convenio Andrés Bello
  • Augusto Ramirez Ocampo, representante especial del director general de la UNESCO
  • Camilo Reyes, Ministro (E) de Relaciones Exteriores de Colombia

 

 

María Antonieta Huerta

 

En nombre de los participantes a esta Conferencia Internacional, quiero agradecer tanto al Convenio Andrés Bello como a la UNESCO, este espacio privilegiado de reflexión sobre una temática que normalmente ha estado ausente en estos últimos tiempos y que sin embargo tiene un aporte importante que hacer, como es la historia.

 

Creo que el debate que hemos tenido en estos días es de una profunda riqueza y que cada uno de nosotros sale renovado en muchos aspectos. Hemos recibido innumerables aportes de cada uno de los participantes, tanto en las comisiones, como en el trabajo colectivo y en la plenaria misma.

 

El compromiso que debemos asumir cada uno de nosotros será llevar adelante las transformaciones necesarias para hacer viable un desarrollo más integral en nuestros países, tarea extraordinariamente compleja, pero también rica y potenciadora. Tal vez será el desafío más importante que se nos presente en este fin de siglo, tanto profesional como personalmente.

 

En este sentido pienso que éste ha sido un espacio privilegiado, porque, en medio de una diversidad amplia y representativa, hemos podido trabajar temas sumamente complejos y significativos, que se perfilan como un aporte en el proceso tanto desde el punto de vista de la educación, como en el desarrollo mismo de la historia.

 

Espero que tengamos oportunidad de seguir el proceso y tener una cierta continuidad en la tarea que se ha iniciado.

 

Arvelio García

 

Es una gran satisfacción culminar esta reunión que nos ha dejado un legado incomparable de nuevas ideas de paz y futuros desafíos de integración. En nombre de la UNESCO me siento muy complacido de haber contribuido sustancialmente, junto con el Convenio Andrés Bello, a la concepción y organización de esta reunión la cual representa el primer paso de una empresa educativa. Ambas instituciones dedicamos muchas horas de trabajo y de reflexión para proponer a ustedes el esqueleto conceptual para este debate internacional que aquí se ha suscitado, y que esta Conferencia ha tocado magistralmente sin limitación de ningún tipo.

 

Mayor satisfacción y tranquilidad intelectual me produjo la alta calidad de las intervenciones que ustedes han presentado, y el debate técnico y político sobre el conjunto de la problemática de la enseñanza de la historia, las políticas educativas, el carácter científico de esta ciencia, sus implicaciones culturales y sus impactos en la sociedad de nuestros días.

 

Ustedes han desarrollado un nuevo debate a lo largo de estos días en torno a la enseñanza de la historia y sus obstáculos subjetivos y objetivos, que si bien la limitan, también generan una nueva perspectiva que se abre con espacios que iluminan la idea de avanzar por una cultura de paz y por el grandioso objetivo de lograr una más justa integración de nuestra región.

 

Esta Conferencia constituye un hito y al mismo tiempo un desafío nuevo y audaz, que es el de abordar la historia de una manera más profunda, vinculada a las realidades de nuestros tiempos, a las realidades de nuestros países. Creo que ese es un elemento nuevo en la discusión teórica y metodológica de la razón de ser de la historia en nuestro continente.

 

Para mi ha resultado de alto significado reunir a historiadores, académicos de la enseñanza de la historia, políticos, y otras personalidades diplomáticas y militares de los países de América Latina, con diversas tendencias, enfoques y visiones sobre esta importante ciencia de la sociedad. Pero más que todo, ha sido muy importante el que en esta Conferencia se haya producido un acercamiento entre nosotros, entre esas formas de pensar y esas formas de concebir el desarrollo histórico de nuestra región, entre aquellos factores que están imbricados en el desarrollo social y en la construcción de la paz. Nos hemos acercado a buscar esa identidad de nuestra historia común, pilar histórico-político que sustenta nuestros anhelos de integración.

 

Considero que los resultados de la Conferencia nos marca desafíos, porque no sólo estamos debatiendo la filosofía de la historia. Cuando empezamos a prepararla nos cuestionábamos sobre los resultados, sobre la propuesta de enfocar el tema de la historia en el aspecto de la filosofía, sobre quiénes somos, qué producimos y qué impacto tenemos los historiadores latinoamericanos, todos ellos cuestionamientos que se hacen actualmente alrededor de la historiología y la historiografía. Es un desafío porque ustedes han puesto sobre el tapete una nueva finalidad de la historia: ponerla hacia el futuro, recrea una nueva metodología de su enseñanza para los niños, niñas y jóvenes de nuestro continente.

 

No hemos pretendido en esta reunión pedir a la academia que deje su misión de investigar, ordenar y acercarse cada vez más a la verdad histórica de nuestra razón de ser latinoamericana. Tampoco ha sido la intención de las intervenciones señalar que para avanzar hacia una cultura de paz y una historia de la integración, se abandone la misión fundamental de escribir esta maravillosa ciencia del descubrimiento de los fantásticos eventos que ha vivido nuestra historia latinoamericana pasada y contemporánea. Creo que es un deber intelectual y moral. Debemos abordar con audacia la interpretación de los hechos, sus contextos y cómo estos se producen para hacer una mejor formación de nuestras sociedades. Es una nueva orientación para todos, para la UNESCO misma, que tiene que ver a futuro la gran responsabilidad de aquellos que elaboran los programas escolares, los libros de texto para la niñez y la juventud, la responsabilidad de orientar sobre un nuevo enfoque a todos aquellos que de una u otra manera tienen que ver con la formación social, política e histórica de nuestros jóvenes.

 

Hay una deuda que saldar en esta época, que marca una injusticia social: la desigualdad que tienen muchos niños al acceso a la educación y por ende al acceso al conocimiento de nuestra historia. También ha habido una complicidad histórica y política con la falta de calidad de la formación e información a nuestras juventudes sobre la real historia de nuestra América, lo que llama Luisa Angélica Sherezada Vicioso, las "ausencias en nuestra historia".

 

Los hechos no hablan por si solos. Los hechos históricos, cuando se relatan, están enmarcados en un contexto. No solamente la épica genera las desgracias, las violencias; cuando ha habido grandes guerras también se han presentado grandes florecimientos de la literatura, de la pintura, del desarrollo cultural de algunos pueblos, y eso merece también rescatarse.

 

Es derecho de los hombres, las mujeres y los niños vivir en paz, la cual no se forja sólo con la ausencia o la presencia de las armas, sino que se debe armar con el desarme de la violencia en la conciencia de nuestros jóvenes, de nuestros niños, en la conciencia popular. Debemos armar esa conciencia de información histórica que facilite la comprensión, la reflexión y la interpretación crítica de nuestro pasado histórico, y que haga énfasis en el futuro sobre una base integral.

 

Alguien señaló en el debate, que la historia como ciencia social es inamovible, que es un dinosaurio. Pensamos que se ha puesto de manifiesto un nuevo desafío: la manera como la historia puede aprovechar los medios de comunicación de masas para transmitir, informar, y llegar a las mayorías, así como compartir y universalizar la visión de los actores locales y ocultos, desde la perspectiva del relato de otra historia.

 

La enseñanza de la historia tiene el deber contemporáneo de formar a los docentes, trabajar con los periodistas, conmover a los escritores y a los comunicadores en la difusión de la nueva historia de la integración latinoamericana que necesita ser escrita: una historia que destaque los factores que han estado presentes en el anhelo de integración y de unidad latinoamericana que desearon Martí y que magistralmente soñó Bolívar.

 

Es necesario también crear un nuevo curriculum de educación no formal, de una educación sin fronteras en la historia para los niños, las niñas y nuestras sociedades. Una nueva cultura de la paz, es también una nueva cultura de la enseñanza de la historia. Ustedes nos colocan ahora en una situación totalmente nueva de cómo impulsar sus recomendaciones y propuestas.

 

Pedro Henríquez Guajardo

 

Entre las razones que nos llevaron a organizar esta Conferencia, y que me llevaron a mí a participar personalmente con mucha fruición en este tema, citaré algunos puntos que me parecen importantes.

 

El primero tiene relación con lo sustantivo de la Conferencia: nuestra conformación como naciones. He aprendido de los historiadores que el término "nación" tiene una connotación mucho más universal que el de "país". Lo digo porque las referencias que el Convenio Andrés Bello ha hecho tienen mucho que ver con lo aborigen, con lo africano, con lo europeo, con la gran diversidad que nos ampara en un continente extraordinariamente potencial y que tiene todas las posibilidades de hacer todo mejor, si lo hacemos en conjunto.

 

Sentar a la misma mesa a sectores que por muchos años en América Latina estuvieron divorciados, a pesar de que se desarrollaban simultáneamente, como el nivel político, el académico, las fuerzas armadas, significaba un reto. La dificultad inicial de organizar esta Conferencia radicaba principalmente en la forma de lograr que ella realmente tuviera un impacto, a pesar de que se trataba de la primera actividad oficial que se desarrollaba en el marco del proyecto de Estrategia de la Enseñanza de la Historia.

 

Sin embargo, hay posibilidades objetivas de conversar y discutir, en un plano de ideas, todo lo que nos inquieta. Uno concluye que la historia la hacemos entre todos y creo que su representación ha quedado reflejada en todos los participantes, no solamente los asistentes a la Conferencia, sino la gente anónima, nuestros funcionarios del Convenio Andrés Bello, nuestra gente de la UNESCO, la gente de todo Colombia y la gente en otros países que de alguna manera se sienten representados en esta reunión.

 

El segundo aspecto tiene que ver con la organización. El Convenio Andrés Bello ha tenido dificultades en su posicionamiento como organismo de integración internacional en el concierto de los países de América Latina. A partir de 1994 los países signatarios iniciaron un trabajo que le ha dado un sentido distinto a esta organización. La idea es que el CAB se constituya o aporte su grano de arena a un desarrollo del pensamiento de una referencia cultural para todas las transformaciones extraordinarias que estamos teniendo en este continente y en el mundo entero.

 

Para nosotros es sumamente importante la materia prima que podemos obtener de esta Conferencia, sobre todo en relación con un proyecto que además constituye el lineamiento hacia adelante de este organismo. El pensamiento renovado de la integración, es un proyecto que está descentralizado en su ejecución en Chile, y liderado en Bolivia por el Instituto Internacional de Integración, III. Hemos pensado que es muy importante desarrollar este pensamiento en ciencias sociales que ha sido tan dejado de lado en estos últimos tiempos en nuestro continente.

 

Esta Conferencia refleja el trabajo de apertura que el Convenio Andrés Bello ha venido desarrollando respecto de otras agencias internacionales. Nuestra entrega es muy honesta, muy abierta. La integración es el tema que hemos definido como el sentido que tiene el organismo hacia el futuro.

 

Augusto Ramírez Ocampo

 

Yo desearía unir mis palabras a las ya dichas, para relevar la trascendencia que ha tenido para la UNESCO y para el Convenio Andrés Bello, el haber sido capaces de convocar a un núcleo de personas provenientes de las distintas provincias del pensamiento y de la acción; políticos, intelectuales, historiadores, pedagogos, militares, para que pudiéramos reflexionar en conjunto sobre estos temas que creo van a signar el futuro de nuestra civilización, y seguramente a garantizar para ella tiempos mejores que los que nos ha tocado vivir en este siglo XX.

 

Raras veces podemos decir con tanta seguridad que los propósitos que motivaron a estas organizaciones para hacer la convocatoria se han cumplido de una manera tan cabal. La intensidad de nuestro debates, la manera como los ponentes, los coordinadores, los relatores, han trabajado para su éxito, se reflejan en el haz de conclusiones manifestadas. Allí es donde se puede medir la profundidad y la vastedad, al mismo tiempo, de lo que ha representado nuestro esfuerzo.

 

Haber presentado juntos la integración, la democracia y la cultura de la paz, ha sido un gran acierto, porque en la medida en que transcurrió la discusión, cada uno de esos conceptos tomó una dimensión nueva y además se correlacionó de una manera tan adecuada y perfecta, que parecería que cada uno de ellos ya vive para el otro.

 

En esa imagen que tenemos de nuestra Latinoamérica, sabemos bien que el porvenir le depara la posibilidad de volver a levantarse y sentarse en la mesa del diálogo donde se deciden los grandes problemas del mundo, de donde ha sido marginada, en donde hoy ciertamente no tiene una voz decisoria.

 

La integración nos hará participar en el mundo de los bloques económicos y políticos, con una voz autónoma y con nuestro pensamiento que tiene perfiles propios. La cultura de la paz nos dará la autoridad moral que requerimos para que nuestra voz sea escuchada con respeto. La profundización de la democracia que cada día también va acentuándose sin reversa en nuestro continente, permitirá seguir confirmando la tesis de que definitivamente para la gobernabilidad futura dentro del respeto de los derechos humanos, de la transparencia de la participación, del respeto por la dignidad de la persona, seguirá acrecentando lo que es realmente un aporte significativo de nuestro continente para la cultura universal.

 

En el momento de dar sus primeras palabras, el Ministro de Educación de Venezuela nos recordaba que no hay paz sin justicia, ni hay justicia con desigualdad entre individuos y naciones. En el proceso que hemos vivido, éste y los otros conceptos han demostrado una vez más que vamos por el buen camino, pero que ese camino necesita todavía de una elaboración continuada y los elementos e ingredientes que ustedes han dado en el curso de estos dos días, cumple ese propósito y llena de razones todos los conceptos y los proyectos que hemos fraguado.

 

Debo a la capacidad de información de María Cecilia Bermúdez, un importante dato que quiero también hacer partícipe hoy a toda la sala, porque demuestra hasta dónde el propósito se encuadra en una necesidad sentida de la humanidad actual, que no ha terminado de tranquilizarse con respecto a los riesgos de futuras recaídas en materia de guerra. Es el hecho de que la Asamblea General de las Naciones Unidas discute justo en estos momentos un proyecto de resolución del cual leeré solamente una de sus partes resolutivas: "Después de reflexionar sobre el tema de la cultura de la paz y sus ingredientes, resuelve convocar a la promoción de una cultura de paz basada en la convivencia pacífica entre las naciones y el respeto por los derechos humanos, los principios democráticos, la tolerancia, el diálogo, la diversidad cultural y la reconciliación, y los esfuerzos por promover el desarrollo humano sostenible, el libre flujo de la información, la plena participación de la mujer y una consideración integral para prevenir los conflictos y contribuir a la consolidación de la paz. Por lo tanto convienen convocar una sesión especial dedicada a la cultura de la paz en el año de 1999, para que elabore una declaración y un plan de acción sobre la cultura de la paz para el siglo XXI".

 

Este hecho confirma que realmente no están equivocados quienes promueven la necesidad de crear una cultura de paz en el mundo, una cultura que será la única que nos otorgará la seguridad humana integral de que aquí se ha hablado.

 

Quiero concluir con la expresión de un sueño, porque los sueños son el motor de las realidades futuras; las utopías son los aguijones para seguir viviendo, buscando y perfeccionando. Nadie puede caminar hacia adelante si no tiene un horizonte mayor que sus propias narices. No es posible vivir la emoción de la creación sin tener esos horizontes dilatados. Recordando la sabiduría de nuestros aborígenes, que se escribe ya en piedra para que se recuerde eternamente, decían ellos que cuando uno sueña solo, esos, son sólo sueños; pero cuando se sueña en compañía, los sueños comienzan a volverse realidad. Creo que lo que hemos hecho en estos días al soñar juntos, es convertir la utopía de la paz, en una perfecta realidad futura.

 

Camilo Reyes

 

Que la historia es el laboratorio de los tiempos sin duda queda demostrado cuando gracias a las revisiones que de ella hacemos, nos damos cuenta que los viajes a través del tiempo hacia el pasado, son experiencias cargadas de aprendizaje. En efecto, a partir de la revisión histórica determinamos los hechos que no se deben repetir y aquellos que nos proyectan hacia el futuro. Por ello la historia debe enseñarse con miras a las metas de la integración y de la paz. La historia nos brinda las claves necesarias para comprender la dimensión de muchos de nuestros sueños, pues es de su estudio que extraemos conceptos, proyectos, planes y ¿por qué no? aventuras del pensamiento que nos aproximan a descifrar las exigencias del futuro, las del porvenir, las de la globalización, las de la integración, las de la regionalización.

 

La historia se debe enseñar bajo la luz que nos regala la tolerancia, el pluralismo y la diversidad. Hoy no tenemos una, sino muchas historias y en razón de ello, nuestros oídos deben abrirse a las voces subyugadas durante siglos, que empiezan a relatar versiones que crecen junto a la historia oficial, a la historia tradicional.

 

No es una la historia, como no es una la experiencia que viven los pueblos de las diferentes latitudes del mundo. Hay que ir mucho más allá de la historia de los próceres, de los héroes vencedores o vencidos. Más bien enfrentamos el crucial momento en el que la historia ha recobrado su fundamental dimensión humana, el mismo en el que ha comenzado a escribirse acerca de los hombres y de las mujeres comunes que la protagonizan y son los primeros afectados por ella. Sólo así la historia se transforma en un elemento liberador y alcanza su dimensión constructiva.

 

De este modo llegamos a entender que la historia puede enseñarse y aprenderse para la paz y para la integración. Si comprendemos su dimensión plural, también lograremos asumir el reto que significa enseñarla con el propósito de construir el futuro. Sólo una historia que contribuya a la formación de mujeres y hombres capaces de verse a sí mismos como factores positivos y complementarios, pero sobre todo de contemplar a los demás, a los otros como agentes indispensables para la consecución de las metas comunes, es la historia que podrá ser. Es ésta la única historia que se proyecta, que rompe la condición estática del hecho narrado para dar paso al hecho transformado en escalón hacia el porvenir. Es ésta la historia que puede y debe impartirse y concebirse en las aulas, en los textos, en los foros, transformados todos en espacios creativos y en talleres dentro de los cuales se modele un destino de promesa.

 

Haciendo una analogía -ojalá injusta- entre Europa y América Latina, un raciocinio pesimista nos permitiría decir que este pobre siglo empezó y terminó en Sarajevo: cien años de historia, con demasiada frecuencia de odios y de violencia. Si con una iniciativa como la de ustedes a través de la verdadera enseñanza de la verdadera historia aprendiéramos a conocernos mejor, empezaríamos entonces un nuevo siglo porque todos sabemos que se odia lo que no comprendemos, lo que no conocemos. Iniciaríamos, lo digo primero que todo como colombiano, el siglo de la paz.