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LOS FACTORES HISTÓRICOS, POLÍTICOS Y SOCIALES, COMUNES A LA
FUNDACIÓN DE UNA CULTURA DE ENTENDIMIENTO Y PAZ REGIONAL



Expositores: Sr. Augusto Ramírez Ocampo. Representante Especial del Director General de la Unesco. P. Felipe Mac Gregor S.J. Presidente del Instituto de La Paz, Universidad del Pacífico. Lima. Sr. Pompeyo Márquez. Ministro de Estado de Venezuela. Presidente del Consejo Nacional de Fronteras. Periodista. Moderador: Sr. Arvelio García. Representante de la Unesco para Colombia y Ecuador. Augusto Ramírez Ocampo

He escogido una ecuación muy simple pero que es el verdadedero camino para llegar a la cultura de la paz. Esa ecuación gira sobre dos goznes: La integración y la democracia. La conjunción de integración y democracia tiene un corolario casi obligatorio que es la paz.

He basado mis reflexiones en un párrafo del libro preparado por Secab-CODECAL, sobre la enseñanza de la historia. En la encuesta que terminó hacia 1992, habla sobre el tema de la integración regional, en cuanto a la fallas que se encontraron en los estudios adelantados en nuestros países:

La meta de la integración: Cuando aparece esporádicamente, está muy difusa en los programas de estudio y en los textos escolares. La enseñanza de la historia no ha sido asumida como estrategia integracionista, ni en los programas ni en los textos. Continúan predominando los enfoques nacionalistas, fácticos y heróicos. Los asuntos de la región: cuando se les trata en los textos, aparecen manejados en contextos conflictivos, negativos y con fuertes cargas afectivas xenofóbicas. Son notorios los vacíos sobre organizaciones internacionales.

Todo esto pone de presente un aspecto que todavía no ha sido resuelto en los programas de historia en nuestros países y, más que ello, el efecto que tiene todavía el proceso de integración en América.

Uno de los grandes defectos que ha tenido el proceso, radica justamente en que le ha faltado opinión pública, le ha faltado que nos connaturalicemos con la idea de que sin la integración dentro de la vida contemporánea, nuestro desarrollo y progreso es casi imposible. En la preparación de nuestra juventud, aún no le hemos dado a la integración una categoría importante; es algo inexplicable porque constituye desde hace cerca de 30 años, un hecho político y económico en nuestra América, para no remontarnos al sueño de Bolívar, ni remitirnos a lo que fue la organización de América durante la época virreinal y colonial, y además, para no mencionar que la capitanía de Centroamérica conformó un sólo país; que Venezuela, Ecuador y Colombia también fueron un sólo país, así como Perú y Bolivia.

A partir de 1945, en los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial, Francia y Alemania dieron un gran paso al crear la comunidad del carbón y del acero. Esto marcó un hito profundo en la historia de la humanidad porque permitió cambiar fundamentalmente la historia del continente europeo. De un modesto propósito comercial se fue construyendo, como lo ha sido durante 50 años, el tránsito de la comunidad comercial a la Comunidad Económica Europea; y de la Comunidad Económica Europea -después de Maastrich- a la construcción de la verdadera Unión Europea, con una política internacional común; prácticamente con un ejército común que se maneja desde la OTAN, con la destrucción de las barreras arancelarias, con la práctica constante de unas políticas socio-económicas comunes, con la creación del Parlamento Europeo, ante el cual debe rendir sus responsabilidades políticas tanto la Comisión como el Consejo de Europa y, últimamente, con la creación ya inminente de la moneda común, está indicando hasta dónde la historia de las guerras es posible modificarla de manera sustantiva sobre la base del propósito de la integración.

En nuestro continente, para no ir muy lejos, hay un ejemplo de integración que no ha sido suficientemente apreciado y reconocido; ese ejemplo está en América Central. No hace muchos años, en 1983, México, Panamá, Venezuela y Colombia, iniciaron el denominado esfuerzo de Contadora para reunir a los países centroamericanos, en una situación en la cual los mecanismos que habitualmente se habían establecido no estaban rindiendo sus frutos. En el curso de 15 años, el rostro de América Central se ha transformado de una manera dramática: ha pasado de una situación de confrontación y de guerra, a una de paz y de construcción.

Era una América Central en donde algunos de sus países habían retrocedido hasta 40 años en su desarrollo; por ejemplo, sus ingresos per cápita estaban ubicados en situaciones que habían vivido 40 años atrás. Países que eran autosuficientes en alimentación, que eran modelos de trabajo, estaban rendidos por la guerra. El esfuerzo hecho en Contadora, la toma de conciencia que entonces se dio, hasta producir Esquípulas; la reconstrucción del Mercado Común Centroamericano que se había afectado fuertemente por efecto de la llamada guerra del fútbol, fue y produjo la reaparición maravillosa del proceso de integración.

Probablemente en América Central se siente aún más que en nuestros países suramericanos lo que eso significa desde el punto de vista económico, por el hecho de que algunas de sus economías son casi inviables si trabajan en forma independiente e individual. Desde la resurrección del Mercado Común Centroamericano, reemplazado ahora por el Sistema de Integración de Centroamérica, SICA, se han producido fenómenos de mucha enjundia, como por ejemplo, que los presidentes de América Central, durante toda su historia republicana se reunieron solamente en dos ocasiones, convocados una vez por el presidente Kennedy y otra por el presidente Johnson. Después de Contadora y Esquípulas, América Central estableció mecanismos permanentes de consulta presidencial hasta el punto en que, en menos de seis años, ya ha realizado 18 reuniones presidenciales y ha constituido también el Parlamento Centroamericano de Elección Popular.

Los frutos que ha dado ese esfuerzo de integración están a la vista: paz interna y externa en Centroamérica. El 29 de diciembre de 1996, como lo anunció el presidente Alvaro Arzú en la Cumbre de Santiago de Chile, se suscribirá el convenio de paz entre la URNG y el gobierno de Guatemala, poniendo así punto final a lo que ha sido una historia tormentosa de confrontaciones y de guerras en América Central; el istmo va a quedar libre de las afugias de la guerra.

Pero no solamente se ha logrado lo anterior. Desde entonces se han estructurado una serie de convenios y tratados sobre el desarrollo sostenible, sobre el modelo de desarrollo humano con calidad de vida y preservación de los recursos para las generaciones venideras. A finales de 1995 se suscribió el tratado de seguridad regional, que es paradigmático en cuanto a lo que se debería hacer, después de que se nos han quedado obsoletos los mecanismos de defensa de la seguridad colectiva. América Central ha hecho un esfuerzo extraordinario al sustituir la vieja concepción de lo que fue la seguridad nacional dentro del modelo de la postguerra, a este que ya enunciaron los países y que se refiere a la llamada "seguridad democrática".

Más cerca están los esfuerzos que se iniciaron bajo la inspiración de Raúl Prebich, en la época de la creación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, ALALC. La constitución del Grupo Andino, que se debió a la extraordinaria concepción de dos grandes colosos latinoamericanos: Carlos Lleras Restrepo y Eduardo Frei, con el propósito de nivelar la forma de negociación dentro de la ALALC y hacer vivir en la realidad algo que ya se ha convertido también en doctrina permanente: la diferencia de grados de desarrollo entre los países, que con tanta razón ponía de presente el señor Ministro de Educación de Venezuela como uno de los pivotes para intentar los procesos de igualdad y llegar a una paz equitativa.

Luego se construye Mercosur, que hoy sirve de locomotora al proceso de integración latinoamericana y que ha permitido superar las controversias entre Brasil y Argentina, que en un momento tuvo connotaciones muy interesantes y que incluso, los apartó de la ratificación del Tratado de Tlatelco porque estaban desarrollando sus potencias atómicas. Este esfuerzo de Mercosur empieza a dar resultados enormemente positivos.

Dentro de las Cumbres de Miami sobre la concepción de la Asociación de Libre Comercio de las Américas, hoy más que nunca es necesario que los países de América Latina tomen conciencia de la urgencia de unir sus caudales y establecer políticas comunes para efectos de entrar, primero en ese proceso hemisférico y luego en las posibilidades de negociación con el resto del mundo.

A partir del esfuerzo de Contadora y de lo que se llamó el Grupo de Apoyo a Contadora que estaba constituido por Argentina, Perú, Uruguay y Brasil, la diplomacia latinoamericana se volcó en un esfuerzo supremo para dar un cambio en los procesos de integración simplemente económica, a los procesos de integración política. Cualitativamente, América Latina ya empieza a dar ese paso, que es fundamental para estructurar la segunda parte de mi argumentación, y que se refiere al tema de la democracia.

Simultáneamente con los procesos de integración económica, lo que ocurrió en la década de los ochentas en América Latina fue simplemente extraordinario. El péndulo de la democracia vino a convertir nuestros países en países formalmente democráticos y permitió que hiciéramos por primera vez, en Cartagena de Indias, en 1985, la reforma de la Carta de la OEA, para comprometer la institución a fondo con la defensa de la democracia. Eso generó, una vez que fue ratificado el Protocolo de Cartagena de Indias, que en la reunión de 1991, en Santiago de Chile, se suscribiera el compromiso de América Latina con la democracia y que surgieran las acciones colectivas en su defensa, que no eran sino el trasunto de lo que ya se había marcado cuando el Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo resolvieron establecer, siguiendo el modelo europeo en esa materia, una especie de club de países democráticos para lo cual era indispensable contar con esa categoría para acceder a los procesos.

Hoy, después del Protocolo de Washington, suscrito en la órbita de nuestro sistema interamericano, podemos decir que el paradigma de la democracia es una profunda realidad jurídica en el continente. Este hecho, unido a la apertura comercial, ha permitido avanzar de manera notable en los procesos de integración económica y ha hecho que nuestra América se haya enrutado por un proceso consistente de integración política.

En esa materia, el Grupo de Río, además de tener representantes de todos los países latinoamericanos, cuenta hoy con un representante de América Central y otro del CARICOM. El Grupo ha declarado categóricamente que se mueve en la dirección de la creación de una comunidad latinoamericana de naciones. Iberoamérica, a través de las declaraciones hechas en la Organización de Estados Iberoamericanos y a través de las cumbres iberoamericanas, ha ratificado esa concepción.

Oscar Arias señalaba que una democracia no declara la guerra a otra democracia. Los mecanismos democráticos y participativos, si funcionan correctamente, inhiben esta posibilidad. En la gran mayoría de las constituciones latinoamericanas, cualquier declaratoria de guerra tiene que pasar por los parlamentos y esto hace prácticamente imposible que ocurran guerras entre países democráticos. La integración política, sin un esquema común de gobierno hace francamente imposible la guerra.

La propia Comunidad Europea fue excepcionalmente criticada en su momento, cuando estableció esa norma y cuando mantuvo durante mucho tiempo a España alejada de la posibilidad de entrar a la Comunidad Económica Europea porque no tenía un carácter democrático; lo mismo pasó con Grecia y ha sido el fenómeno de la discusión con Turquía. En América, con la defensa colectiva de la democracia, se ha hecho imposible la oportunidad de que ocurran golpes de cuartel o golpes de estado. La acción colectiva ha operado con una enorme velocidad cuando esta ha sido necesaria, y lo ha hecho con éxito.

La comunidad latinoamericana de naciones no puede lograrse sino en países afines en su sistema político; pero además, en el caso latinoamericano, también en sus orígenes comunes. No concibo una integración política profunda entre el CARICOM, por ejemplo, los países centroamericanos y los países suramericanos. En los países del Caribe hay que hacer la salvedad exacta de República Dominicana, Cuba y probablemente Haití; los países anglosajones evidentemente tienen un modelo de concepción y un modelo de estado distinto del nuestro.

El Grupo de Río ya ha presentado en las cumbres iberoamericanas, para efectos de constituir la comunidad latinoamericana de naciones, un instrumento que puede convertirse en el hilo conductor, desde el punto de vista de la opinión pública, para poder llegar a ese ideal. El Grupo propuso que se cree un parlamento latinoamericano. Aún no se ha llegado al punto de la elección popular del parlamento andino y del parlamento latinoamericano.

Tuve el honor de presentar en 1991, cuando fui constituyente, un proyecto de artículo que hoy es constitucional, en donde establecemos que la política internacional de Colombia se orientará básicamente con el propósito de llegar a la integración política, económica y social de América Latina, hasta constituir una comunidad latinoamericana de naciones. Este artículo constitucional existe hoy en cinco constituciones latinoamericanas, empezando por la del Brasil. Cuando iniciamos las negociaciones con la ALALC, los brasileños dijeron que antes de integrarse con los países de América Latina, lo que ellos necesitaban era integrarse internamente, porque en sí mismos eran un continente que tenía 120 millones de personas y que en un país tan extenso y diverso era una obligación buscar su integración interna.

Hoy esa tendencia brasileña, en buena medida por el efecto Mercosur, se ha abierto con un propósito completamente distinto: dar el paso hacia la comunidad latinoamericana de naciones. El Parlamento Latinoamericano y un equipo de las cancillerías del Grupo de Río están encargadas de elaborar los estatutos para crear la Comunidad. El próximo año se reune en Caracas la Cumbre Iberoamericana; oportunidad histórica de enorme trascendencia para poder materializar ese propósito latinoamericano, para que allí donde reposan los restos de nuestro libertador Simón Bolívar pueda quizás suscribirse ese pacto que él tanto ambicionó: ver a Latinoamérica como una patria de naciones.

¿Cómo sería Latinoamérica si pudiéramos conformar esta extraordinaria amalgama de diversidades en la unidad, establecer políticas internacionales y medios de defensa en común; donde desmanteláramos las barreras internas y le diéramos dinámica a nuestros valores culturales que trasladados en la integración dejarían de ser una relación de país a país para convertirse en una fuente inagotable de posibilidades que generan las regiones internamente consideradas, que nacen, renacen y se expresan en el contexto de una confederación de semejante tamaño?

Entonces podríamos decir que, integración más democracia genera inevitablemente una cultura de la paz: vivir en paz dentro de la diversidad, con tolerancia, con respeto hacia los demás, con convivencia pacífica en las diferencias y con la comunión de unas políticas sustanciales que nos amparen a todos. Derecho a la Paz, Enseñanza de la Paz, Cultura de Paz Padre Felipe Mac Gregor

Agradezco a las autoridades de la UNESCO y del Convenio Andrés Bello la oportunidad de compartir con ustedes estos días de reflexión, acogidos por la fina hospitalidad colombiana.

En el amplio tema de nuestras deliberaciones me parece que una acertada división del trabajo reserva para quienes tienen en sus manos la conducción de la política social, educativa e internacional de nuestros países tratar de las instituciones formales de la política, la educación o las relaciones internacionales. A quienes no tenemos esas responsabilidades nos toca ocuparnos, preferentemente, de instituciones no formales del naciente nuevo orden social.

De las muchas instituciones de este naciente nuevo orden social, escojo para esta exposición una institución formal y dos no formales. Instituciones formales son las regiones y las municipalidades en el derecho público administrativo de repúblicas unitarias como Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú o Venezuela y tienen un nuevo y más vigoroso papel.

En la sociedad civil tiene cada vez más importancia la educación no formal, según la terminología utilizada por la UNESCO desde hace muchos años.

También en la sociedad civil el valor cultural de la diversidad creativa de etnias y naciones es cada vez más reconocido, por eso hablamos de diversidad creativa, expresión utilizada por el Informe de la Comisión Mundial para explorar las relaciones entre cultura y desarrollo.

Del orden político-administrativo del Perú decía don Jorge Basadre hace casi cuarenta años: Fue como un tatuaje artificialmente grabado en la piel del Perú; dio importancia formal a lo nacional e ignoró la vida local que es la de la mayoría de los ciudadanos.

Hoy eso no es verdad: municipios y regiones adquieren conciencia de sí mismos sintiéndose partes del Perú, diferentes, no artificialmente iguales. Movimientos semejantes se detectan en la vida política de los países convocados a este encuentro por nuestros auspiciadores.

A la sociedad civil pertenece la educación no formal. Pertenece también a la sociedad civil la creativa diversidad cultural de nuestros países. Hay que reconocer en esa diversidad a la nueva cultura desde los márgenes, es decir, de los barrios y los asentamientos marginales de nuestras ciudades. La expresión "cultura desde los márgenes" ha sido acuñada por Xavier Albó, antropólogo boliviano.

Estas nuevas realidades son parte del naciente orden social en el que "cultura de paz" tiene su más pleno sentido porque es causa y efecto de un orden más auténticamente democrático en el que el derecho al desarrollo es, sobre todo, derecho al desarrollo y seguridad humanos y lleva consigo el derecho a la paz.

En la imposibilidad de tratar temas tan amplios como educación no formal o diversidad cultural, me ocuparé principalmente de la televisión como medio de educación no formal y de la cultura desde los márgenes.

La televisión como medio de educación no formal

En las clases a los estudiantes de comunicación social trato de exponer las ventajas y los riesgos de dos grandes poderes conquistados por el hombre en este siglo: el poder de la energía atómica y el poder de los medios de comunicación social.

La energía atómica ha abierto una amplia gama de posibilidades para el alumbrado público, el transporte, la medicina o la agricultura. Hiroshima, Nagasaki, Chernobyl, hablan de los peligros y riesgos de la energía atómica.

De igual modo, el poder de los medios de comunicación ha abierto una inmensa gama de posibilidades: educación a distancia, información, transacciones comerciales rápidas, mayor presencia en el mundo, etc. Al mismo tiempo, como dice Michael Spindler: "nos sentimos inundados, despojados de nuestra intimidad y sin poder para controlar los medios de comunicación social". (Citado en Our Creative Diversity, 1995, pág. 103).

mundo preocupación por el amplio espacio que ocupan la pornografía y la violencia en los contenidos transmitidos por las diversas redes de comunicación social (ibid., pág. 114).

manejan un gran poder con el que pueden construir o destruir, e inculcarles que su responsabilidad debe ser traducida en el deber de estar atentos, verificar constantemente si destruyen o construyen.

En una síntesis de seis libros que estudian, entre otros temas de la violencia en la región andina, el tema de violencia y medios de comunicación social, Tony Mifsud resumió en estas propuestas el posible y deseable papel de la televisión en la construcción de la paz:
  • "1. La configuración de un consenso social en torno al papel que deben cumplir los medios de comunicación social, rescatando su carácter de servicio público, definiendo un nuevo uso de su tecnología, superando su empleo como instrumento de poder político para entenderlos como mediador social por encima de intereses particulares, y considerando al receptor como un interlocutor con capacidad de participar activamente en el proceso y no como simple punto final de un proceso.
  • 2. La apertura a una nueva comprensión para entender el fenómeno a partir de él mismo y no desde las ideologías. Es necesario comprender que el consumo de los programas no es sólo dominación sino que también existe una seducción porque el perceptor saca una utilidad. Por tanto, el placer-entretenimiento es una categoría tan válida como la de formación-educación del mensaje y del medio. En esta perspectiva habría que pensar la educación como parte del espectáculo que hoy representan las formas comunicativas mass-mediáticas.
  • 3. La elaboración y la ejecución de estrategias pedagógicas para la lectura de los medios de comunicación social, comenzando con la superación de la mentalidad de contemplar a los medios exclusivamente como intencionados y con proyecto manipulador. Por tanto, esto significa desarrollar una conciencia crítica frente a los medios y sus mensajes para destruir los efectos de pseudo-realidad, analizar las consecuencias psicosociales, neutralizar el impacto seductor, reforzar la propia identidad, etc.
  • 4. La clarificación del papel del Estado como garante de servicio público y regulador de la sociedad, democratizando la estructura de la propiedad de los medios por la vía de la regulación y control social de parte del Estado y propiciando la participación más allá de los partidos y los grupos económicos.
  • 5. La formación del profesional de la comunicación orientada a hacer de él un mediador entre la realidad y el perceptor de esa realidad mediada, predominando el bien grupal." (Violencia en la Región Andina: Síntesis -APEP, Lima 1993, pp. 161-162).


  • Valor cultural de la diversidad creativa de etnias y naciones incluida la cultura desde los márgenes

    La cultura, descrita de diversas maneras por los especialistas, significa el haz de vivencias y relaciones que cada persona establece con su grupo social y con los diversos ámbitos de la experiencia de vivir y de morir: relaciones con la naturaleza (vivienda, indumentaria, alimentación, salud, tecnología, economía, etc.), relaciones con su propio grupo y con otros grupos (familia, vida social y política, paz, guerra), relaciones con la visión global del mundo (cosmovisión, estética, sistema de valores, religión), relaciones con la muerte y la vida más allá de la muerte.

    La cultura no es hereditaria, se aprende; la cultura identifica, da sentido de pertenencia a un grupo y por eso mismo lo diferencia de otros grupos.

    Todos los grupos humanos y sus instituciones y organizaciones pueden ser creativos. Esto no sólo significa que en el grupo hay individuos creativos sino que todo el grupo puede desarrollar nuevos modos de vivir juntos y dar nuevo sentido y dirección a su vida. La creatividad no se enseña ni se impone, pero puede ser impulsada por la educación. (Our Creative Diversity, 1995, p. 78).

    Según Xavier Albó, la cultura desde los márgenes afirma el sentido de pertenencia, característica esencial de toda cultura, pero es también la más necesitada del impulso reclamado por el Informe Nuestra Diversidad Creativa (ibid, p. 78).

    Según Albó, este impulso debe llevar a "crear instancias que amplien los niveles de convivencia, intercambio social y expresión cultural e incorporen elementos de la realidad barrial a los programas escolares, alimenten los medios locales de comunicación, etc. " (Violencia en la Región Andina: Síntesis -APEP, Lima 1993, p. 72)

    La afirmación del valor de la diversidad cultural es el reconocimiento en el orden social de los derechos humanos. En este caso, derechos culturales asociados a los derechos económicos y sociales extienden a las diversas culturas el principio de igualdad reconocido en todos los pactos y convenciones de los derechos sociales y culturales. Dice la "Declaración de los Principios de la Cooperación Cultural Internacional": "Artículo I 1. Toda cultura tiene una dignidad y un valor que deben ser respetados y protegidos. 2. Todo pueblo tiene el derecho y el deber de desarrollar su cultura. 3. En su fecunda variedad, en su diversidad y por la influencia recíproca que ejercen unas sobre otras, todas las culturas forman parte del patrimonio común de la humanidad. " Derecho al desarrollo

    Derecho es un término jurídico que expresa el reconocimiento por otro, de una capacidad propia y poseída por una persona. Las personas jurídicas, las naciones, los estados, las organizaciones sociales tienen derechos en sentido traslaticio.

    Conviene en estos tiempos en los que tan frecuentemente hablamos de derechos humanos, tener siempre presente que los derechos son las capacidades o poderes de las personas. "Tener poder" es ser capaz de cosas tan distintas como vivir, respirar, nadar, caminar, crear, hacer algo distinto, aprobar un examen, manejar un automóvil, gobernar un país.

    Las capacidades de cada persona son iguales y distintas a las de otras personas y esta igualdad y diversidad da belleza a la vida.

    Es inaceptable y falsa la idea de que los derechos nos los otorgan las declaraciones o en otros casos los Estados; esos son reconocimientos útiles y a veces indispensables para el ejercicio de nuestras capacidades, pero no son nuestras capacidades.

    Las personas tenemos una serie de capacidades, algunas agrupadas dan origen al reconocimiento de un derecho. Tal, por ejemplo, el derecho al desarrollo, es obvio que el crecimiento físico y psíquico de nuestra persona es un desarrollo, quizás el primer sentido del desarrollo.

    La aventura de vivir, crecer, desarrollar, no es solitaria, la hacemos con otras personas ligadas siempre al entorno natural.

    Recientemente, a partir de 1990, el derecho al desarrollo se ha clarificado añandiéndole "humano" como adjetivo calificativo. esta clarificación es sumamente importante porque durante mucho tiempo "económico" fue el adjetivo calificativo propio de desarrollo. Hoy hablamos de desarrollo humano y de seguridad humana.

    En el impulso para el desarrollo de los países muy pronto apareció la relación entre desarrollo y paz, sobre todo cuando se hablaba de "desarrollo económico". El derecho al desarrollo como el derecho a la paz forman parte de lo que los juristas llaman derechos de la tercera generación. El profesor Héctor Gross Espiell ha explicado con erudición y competencia los sujetos, el contenido y los alcances del derecho a la paz.

    Son sujetos de derecho a la paz, las personas, las comunidades nacionales, los Estados y la comunidad internacional de Estados.

    El ejercicio del derecho a la paz y el respeto del derecho de otros a la paz, exige todo un largo proceso de educación ciudadana personal y social.

    La UNESCO comprendió hace tiempo la necesidad de este proceso educativo para respetar la paz. En el documento de trabajo de la Conferencia que nos congrega, encontramos variadas referencias a los esfuerzos de la UNESCO en la educación para la paz.

    Cuando el respeto al derecho del otro a la paz se ha adentrado en nuestra intimidad, entonces decimos que nuestra visión cultural del mundo es una visión de paz, decimos que nuestra cultura es "cultura de paz". Cultura de paz

    El Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe (PROMEDLAC) fue lanzado por la UNESCO en 1989, en la reunión de Ministros de Educación de América Latina y el Caribe. En su anterior reunión, en 1987, en Bogotá, los Ministros de Educación, oída la explicación y propuesta del Ministro de Educación del Perú, pusieron en su agenda y en la de sus países, el tema "Cultura de Paz". Así entró "Cultura de Paz" al mundo de la UNESCO.

    En 1986, Año Internacional de la Paz, irónicamente año en que la violencia de Sendero Luminoso se hacía presente en la vida peruana, el Ministro de Educación del Perú nombró una Comisión Nacional Permanente de Educación para la Paz, de la que fui nombrado presidente. Éramos dieciseis profesores, trabajadores en educación primaria, secundaria, técnico-profesional o universitaria.

    Antes de proponer una educación para la paz decidimos escribir cada uno nuestra concepción de paz y exponerla. Fue una de las más ricas experiencias de mi vida. En las exposiciones, "violencia", "conflicto", "solución de conflictos", aparecían frecuentemente; encontrábamos casi habitual la solución violenta de los conflictos.

    Lentamente nuestras discusiones se fueron iluminando con un principio de realidad, la guerra no es el enemigo de la paz, el enemigo de la paz es la violencia, y una exploración de la moral autónoma. Nos preguntábamos hasta dónde puede resistir la moral autónoma a una moral heterónoma que, por ejemplo, obliga por la costumbre a resolver un conflicto por la vía violenta.

    El resultado de la búsqueda fue que debíamos empeñarnos en construir en nosotros, en nuestros alumnos, en nuestros conciudadanos, una nueva cultura a la que llamamos "cultura de paz" porque transforma el imperativo moral de una persona, sus valores y sus decisiones hasta convertirlos en una única decisión: nunca usar la violencia para resolver un conflicto.

    Un manual escolar con el título Cultura de Paz expuso didácticamente nuestra conclusiones. En dos años se imprimieron 40.000 ejemplares. El uso del manual fue boicoteado por grupos izquierdistas quienes veían en el libro un manual de amansamiento, casi como un intento de domesticar el instinto de venganza.

    Dos directores de la UNESCO, A. M. Bow y Federico Mayor, se convirtieron en impulsores de "Cultura de Paz". El actual director general propuso, como tema central de su segundo mandato, impulsar la "Cultura de Paz" y, elegido, estableció el Programa de Acción "Cultura de Paz".

    Lo demás es parte de una historia conocida por ustedes y en la que los actores no son sólo un grupo de maestros peruanos, sino maestros de América, de Europa y de África, bajo la firme conducción de la UNESCO. Pompeyo Márquez La Agenda Americana

    No le hemos dado la suficiente importancia a la Agenda que elaboraron los ministros de defensa en la reunión realizada en Washington y que posteriormente asumió en sus principales conclusiones el Secretario General de la OEA.

    En dicha Agenda figuran, entre otros aspectos, como problemas claves de nuestra época lo relacionado con el tema del narcotráfico, la subversión y los problemas limítrofes, fronterizos, pero no se mencionan los problemas de la salud y la educación en la gravedad que tienen hoy en nuestro continente.

    Para la hermosa meta trazada por la Organización Mundial de la Salud: "Salud para todos en el año 2000" y por la Unesco, "Educación para todos en el año 2000", valdría la pena que hiciésemos un balance para ver en qué momento nos encontramos, casi al final de siglo, porque, sin lugar a dudas, desde el punto de vista mundial se observan notables retrocesos en estas dos esferas que son vitales para poder hablar de democracia.

    La pregunta que hoy se hacen nuestros pueblos es: ¿Para qué la democracia, cuando aumenta la pobreza y las desigualdades y se crean situaciones verdaderamente lamentables en cada uno de nuestros países, con las diferencias que hay en los diversos órdenes, entre ellos, la educación?. Las fronteras

    La Agenda coloca el tema fronterizo y limítrofe en un lugar muy delicado, porque a partir de las exposiciones de calificados representantes de Estados Unidos, se ubican dichos temas como factores de confrontación y anuncian la posibilidad de tomar en sus manos dichas situaciones. Expreso mi desacuerdo con la conveniencia de una fuerza multinacional de paz de la OEA para los conflictos entre países. Me parece sumamente peligrosa y aspiro que se debata en esta reunión, en su momento, cuando sea presentada.

    El tema fronterizo ya lo vivimos crudamente cuando se dio la confrontación entre Ecuador y Perú. Ello demostró que el camino de los enfrentamientos bélicos no es el adecuado; debemos establecer el diálogo como mecanismo para dichos procesos. Cito el ejemplo vivo de Venezuela y Colombia que, independientemente de las dificultades que vivimos, es el diálogo el que predomina en nuestras relaciones.

    No hay integración que no pase por la frontera; si no se da la integración fronteriza, no es una integración verdadera; es allí donde se juega la soberanía, la integridad territorial y la paz, las 24 horas del día. Quienes hemos tenido la oportunidad de participar en el Parlamento Andino, nos encontramos con esta viva realidad: Son procesos naturales, lógicos que los da la geopolítica y, en consecuencia, hablar de integración fronteriza, de paz, de una cultura en la integración, es vital para todos estos procesos de los que estamos tratando en este seminario.

    El ex canciller Ramírez Ocampo señalaba algunos aspectos de lo que acontece en los procesos de integración en el continente, pero se ha demostrado también que se necesitaba transitar a lo largo de estas últimas décadas y que el propósito de la integración latinoamericana pasaba por la conformación de los bloques subregionales. No podíamos, como se pretendió con la ALALC en su momento, construir una integración por el techo; teníamos que sentar las bases buscando cuáles eran los lazos comunes que se encontraban subregionalmente en los países.

    Desde la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, ALALC, se habló del Mercado Común Centroamericano, del Mercado Común del Caribe, CARICOM, del Pacto Andino, y cómo éste último permitió superar diversas crisis, porque no fue un pacto exclusivamente económico sino que creó una red que estaba en un parlamento andino, en un tribunal andino, en el Convenio Andrés Bello, en una serie de mecanismos que llevaron a la Corporación Andina de Fomento o al Fondo Andino de Reservas. Fue precisamente ese tejido que se conformó a lo largo de los años, lo que permitió que el Pacto Andino no sucumbiese a pesar de todas las vicisitudes que le correspondió vivir; entre ellas, la separación del Perú. Se vivió una situación delicada desde el punto de vista de la integración andina que la salvó el estrechamiento de relaciones entre Venezuela y Colombia que sirvieron en aquel momento, después de la retirada del Perú, como soporte al proceso de integración. Es allí donde aparece la integración fronteriza como algo vital.

    Después del Pacto Andino viene Mercosur, pero hay que mirar más allá, a los finales del siglo XX, para entender que estamos a las puertas de un mercado común suramericano, que sería el gran soporte para toda la comunidad de naciones latinoamericanas. No sólo es Mercosur y la posibilidad de que se consolide, sino las negociaciones que adelantan los países andinos con Mercosur. Probablemente a más tardar en febrero de 1997, se firmará una carta de intención donde se establecerá el marco general entre el Pacto Andino y Mercosur; son nueve países suramericanos que van a determinar la creación de un mercado común.

    En esto hay que valorar los cambios que se han producido en Brasil, país que vivía un poco alejado de la realidad latinoamericana, pero que con el acuerdo entre Estados Unidos, Canadá y México, sintió la necesidad de buscar una relación con sus vecinos dentro del marco de Mercosur.

    En ese aspecto, vale la pena destacar la experiencia venezolana y la brasilera, por el ritmo del acercamiento que han logrado y por el papel que juegan los protocolos fronterizos suscritos entre los dos países y que hoy forman parte de la discusión global entre los países andinos y los que integran Mercosur. Vale la pena insistir que no hay paz si ésta no se da en las fronteras; no hay integración entre los países si hay dificultades en sus límites. La enseñanza de la historia

    La enseñanza de la historia está íntimamente ligada a la calidad de la educación. En Venezuela hay más de dos millones de jóvenes -entre los 14 y los 24 años- que no tienen acceso a la escuela y que están fuera del mercado de trabajo. Es una verdadera tragedia para cualquier país que quiera desarrollarse. La situación de Venezuela se repite en otros países del continente. Hay millones de niños abandonados en las calles que se convierten en una verdadera tragedia social. La UNESCO y el Convenio Andrés Bello han dado aportes muy importantes al respecto, pero falta trazar unas estrategias efectivas y concretas. No basta con tener un diagnóstico de la situación, porque en ello se ha avanzado notablemente; es necesario llegar a políticas claras, a estrategias, a realizaciones. No hay un balance de cómo esas políticas se han aplicado en los países del continente y es preocupante para todos aquellos que observamos cuál va a ser el porvenir, no sólo de nuestro país sino de Latinoamérica.

    Se ha argumentado suficientemente cómo tenemos que unirnos en la diversidad. Cada país tiene su propia especificidad, pero también tenemos todo aquello que ya se ha convertido en un lugar común: lazos generales que a través de la historia hemos ido construyendo en nuestros países latinoamericanos.

    Hay que ubicar el estudio de la historia en ese marco general. No es casualidad que la historia crítica y razonada casi desaparezca. En los programas de estudio no hay un énfasis adecuado de lo que significa el estudio de la historia. ¿Qué significado tiene ser historiador? ¿A quién se le ocurre ser profesor de historia? ¿Está devaluada la historia y la profesión?. En la jerarquía social ¿cuál es la ubicación que tiene hoy un profesor de historia? ¿Por qué los temas históricos no reciben uan atención adecuada?

    El propósito de buscar textos comunes, que están estudiando algunos especialistas de la materia, es verdaderamente loable, porque quien no conoce su pasado no puede vivir bien su presente y mucho menos construir su futuro; este es un axioma que lo demuestra la historia de la humanidad. Hay que definir cuáles son nuestros valores patrios desde el punto de vista nacional y desde la perspectiva de la patria latinoamericana.

    Se trata no sólo se hacer resurgir lo ético -que es lo que ocupa la parte principal de nuestros textos de historia- sino de alentar a las generaciones jóvenes al razonamiento y crítica de lo sucedido, a ver cuál fue el papel de los que podríamos calificar como héroes civiles que han contribuido con los héroes militares a hacer la historia.

    La enseñanza de la historia tiene que pasar por una modificación imparcial y en ella, los procesos de integración deben convertirse en parte importante de los programas de estudio: El conocimiento de todos los grupos, el porvenir de los mismos, las cátedras y los seminarios especiales, etc. No sólo está en marcha la Universidad Simón Bolívar que fue generada por el Pacto Andino, sino que también, en el caso de algunos países, se están construyendo universidades fronterizas que pueden desempeñar un papel fundamental con programas y seminarios especiales que tengan que ver con temas fronterizos y de integración.

    No puede haber progreso en un país que no tenga en cuenta el desarrollo de sus zonas fronterizas; al hacerlo, inexorablemente será un país integracionista porque la repercusión que tiene en el país vecino es automática e inmediata; es la experiencia que todos nosotros podemos transmitir en esta Conferencia. DEBATE Fernando Cajías Bolivia

    Las exposiciones que hemos escuchado, enriquecen nuestra percepción de lo que es la integración política, económica y social, pero también es importante tratar de integrar las mentalidades en lo que se refiere a historia y a educación. Si hablamos de educación, debemos recuperar el concepto de nacionalismo latinoamericano.

    La historia nos enseña que al nacer nuestras repúblicas, existían dos tipos de naciones: Las originarias, indígenas y otra nación que se incorpora al mundo afro-mestizo y criollo que podríamos llamar la nación latinoamericana. Una vez que se formaron las repúblicas, después de dos siglos de historia, hay naciones equivalentes a los nuevos estados: la nacionalidad chilena, colombiana, venezolana, etc.

    El gran desafío de la integración es: consolidar y ampliar el sentimiento de nación latinoamericana, transformar nuestros estados y consolidar el nacionalismo latinoamericano. Esta es una de las tareas que tenemos los historiadores, asumiendo la diversidad dentro de la singularidad de latinoamérica, sin llegar a la exageración de los alemanes del siglo XIX, que rescataron la idea de nación alemana en exceso.

    Hay que contribuir a la identidad y a la integración latinoamericana, reconociendo el colapso de los fundamentalismos existentes, como es el fundamentalismo indígena. Debemos renovar y fortalecer el mundo indígena como parte de nuestra diversidad, pero rompiendo los fundamentalismos, porque la verdadera integración no se alcanza sin una cultura democrática y un diálogo intercultural.

    La integración de mentalidades pasa por una educación histórica que muestra los rasgos comunes y fortalece el nacionalismo latinoamericano que se ha ido perdiendo poco a poco. José Luis Paine Chile

    El tema de La Enseñanza de la Historia para la Integración y la Cultura de la Paz implica una serie de desafíos y de destierro de viejos mitos. Un viejo mito es el de la frontera como barrera insalvable porque hoy son puentes y lugares comunes de cooperación.

    Al respecto, quiero consignar tres experiencias interesantes en esta Conferencia:

    La Junta del Acuerdo de Cartagena hace cuatro años destacó los problemas fronterizos a nivel técnico, político y social porque más allá de las dificultades limítrofes de productos, personas o mercancías, hay otras problemáticas de frontera que se pueden resolver con las soluciones que aporten las comunidades locales.

    La Comisión Suramericana de Paz y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, crearon una red de apoyo a la integración fronteriza en el norte de Chile, sur de Perú, Bolivia y noroeste argentino. Se ha trabajado con empresarios y con universidades de la región para determinar cuáles son los elementos que pueden ayudar para avanzar en el proceso de integración.

    El Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile tuvo la iniciativa de analizar las relaciones bilaterales Chile-Argentina. Desde hace más de un año, un grupo de historiadores de los dos países trabajan en este sentido, desplazándose de un país a otro para dar a conocer su visión sobre la historia local porque se ignoran los procesos históricos que se dieron en forma paralela en las diversas nacionalidades. Nicolás Cruz Chile

    Impresiona la demanda que la sociedad latinoamericana hace a los historiadores. Esta se podrá responder en la medida en que haya resultados en las investigaciones que se adelantan, en que se avance en el trabajo conjunto y se reflexione sobre lo que hacemos los profesionales de esta disciplina. Los procesos no son tan rápidos ni pueden generar respuestas inmediatas.

    Uno de los temas de vital importancia es el de las fronteras. La historia sobre éstas es una de las líneas de trabajo más novedosas y ha dado resultados positivos, pero más que abordar el tema en estos países, deberíamos iniciar investigaciones sobre las fronteras mismas. Hay un cúmulo importante de ciudades mixtas a lo largo de toda América que tienen conflictos limítrofes comunes, a nivel político o de entendimiento

    El apoyo que le puede dar la historiografía al proceso de integración debe ser parte estructural de una visión de la historia de la integración al interior de las naciones; es un proceso único que no se puede dividir. Chile, por ejemplo, tiene una historia de la capital y otra que es la de ciertos grupos, pero no conocemos esta historia desde la perspectiva de las regiones, de sus demandas y sus contracorrientes. Pedro Escalante El Salvador

    La experiencia centroamericana en el campo de la integración es una experiencia muy rica y veces desoladora. En Centroamérica no hemos vivido a fondo la integración y la cultura de paz, pero en El Salvador vamos más allá de las declaraciones formales y las buenas intenciones y hoy es una realidad la cultura de la paz.

    El Salvador pasó por períodos de un total oscurantismo. La guerra civil de doce años dejó al país en una situación desastrosa, sin embargo se recuperó pronto. Como consecuencia de esa guerra civil quedaron unas secuelas de violencia muy fuertes

    Centroamérica es una región con muchos problemas pero con grandes deseos de integración; en ella campean los odios y resquemores, pero también las hermandades. Se pasa de la exaltación a la locura porque su historia tiene muchos tintes trágicos; hay pequeños países disgregados y pobres, y en algunos casos como El Salvador, superpoblados.

    Hay que escribir nuevamente la historia de Centroamérica porque en la que existe se dan muchos matices en contra del vecino y grandes lirismos de hermandad. El único intento de escribir una historia compartida lo realizó la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, hace unos años; una historia de Centroamérica que reunía algo distinto a lo que estábamos acostumbrados. En el caso de El Salvador todavía están latentes los problemas fronterizos y una actitud negativa hacia Honduras.

    Nosotros como centroamericanos, a pesar de cómo nos cataloguen afuera, consideramos que, históricamente, Centroamérica está conformada por los cinco antiguos países del Reino de Guatemala, con una historia, una identidad y unas tristezas compartidas. Pero también somos países con una gran ilusión de salir adelante. Adrián Bonilla Ecuador

    Si entendemos la cultura de paz como una idea que implica no acudir a la violencia, es necesario establecer cuáles son las causas, circunstancias o contextos donde ésta se produce. ¿Es un problema de voluntad, de estructura, de cómo se construyen las relaciones entre las personas y los países? Si fuese un problema de estructuras o de sistemas, la voluntad o la declaración de buenas intenciones no es suficiente.

    No podemos decir -a nivel internacional- que la interdependencia es un estado del alma; ésta supone una serie de relaciones compartidas. La solución de los conflictos fronterizos entre Colombia y Venezuela, que son países que probablemente tienen el comercio más intenso de la región andina, es distinta -estructuralmente hablando- a la del Ecuador y Perú en donde menos del 5% de las exportaciones ecuatorianas van a Perú y menos del 1% del total de las exportaciones peruanas van a Ecuador. Entonces, la posibilidad de intervención de la sociedad civil obviamente es más limitada.

    Si el problema de Centroamérica -en términos de lo que hizo el Grupo de Contadora- tiene que ver con una estructura sistémica y con el hecho de cómo se reordenaron las fuerzas después de la guerra fría, podemos entender que aparezcan condiciones que favorecen una cultura de paz, pero también podemos entender el conflicto centroamericano dentro del contexto que significó la guerra fría durante la década de los setentas y los ochentas.

    El problema de la voluntad no elude el hecho de que todavía existen percepciones que significan la seguridad nacional, en términos de intereses y necesidades estatales; y en términos de que los estados existen por sí mismos y nadie los ayuda en el contexto internacional. Los estados se sienten más seguros mientras menos amenazados estén.

    Es necesario hacer un esfuerzo para identificar las causas de la violencia, tanto a nivel nacional como internacional, para poderle dar significado a la sociedad y a los individuos que la conforman. Diego Rivadeneira Ecuador

    Apoyo con entusiasmo el tema de la integración fronteriza. Es muy importante que en nuestros documentos se refleje la posición del señor Ministro de Fronteras, porque no creo que pueda haber verdadera integración si no se solucionan los problemas pendientes, las vivencias diarias, las interdependencias, los intereses comunes, la relaciones entre los gobiernos y los países, los temas del medio ambiente, la educación y el transporte. Sin ello no se podrá alcanzar la paz. Primero hay que buscar la integración para luego llegar a la paz, no al contrario.

    Destaco el tema planteado por el Padre Mac Gregor, sobre la importancia de los valores morales de la sociedad: El diálogo, el respeto al derecho ajeno como base para la paz. Quien no es capaz de sentir el dolor y las necesidades ajenas, no podrá dar ningún aporte a la paz. Margarita Giesecke Perú

    Se han hecho mucho intentos de grupos, intentos comunes de comercio. Haciendo un paralelo, en la formación de estados nace un mercado decimonónico europeo; en 1870 Perú había mandado 160 telegramas, mientras que Bélgica había mandado 6000. En 1873, un cable submarino en dos minutos traía la noticia del resultado de un juego de rugby, de la India a Londres. La gente en esa época estaba mucho más impactada por la manera como había llegado la noticia que por la noticia misma, pero esto es, en gran medida, lo que acelera el proceso de potencia económica. ¿En América Latina hemos cuantificado qué distancia hay entre las metas que nosotros tenemos para lograr la integración a nivel de mercados y de naciones? ¿Cuál es el abismo y cuál la meta?

    Si bien es cierto que la corrupción es un problema mundial, me da la impresión que en algunos países del Asia y de América Latina es como parte del sistema. ¿Qué reflexiones han hecho los ponentes en torno a la corrupción, como un sistema violento, desintegrador, enclavado en los sistemas de poder?

    Hay muchas demandas a los historiadores, a los profesores de historia. En Perú se entrenó durante dos años a 25 maestros, con un nuevo método de enseñanza de la historia. La validación duró 2 años en 1.000 colegios de Fe y Alegría. Se publicó un libro que se llama 'Tu historia, mi historia, nuestra historia' y ahora se necesitan dos años más para validar el libro. Los 25 maestros no recibieron ni un peso por el trabajo realizado. ¿Qué se les da a cambio? José Antonio Fernández España

    Personalmente no me parece increíble la ausencia de la conciencia integradora, sea en Europa o en América Latina. En Europa, debido al populismo y al déficit democrático de las instituciones europeas. En Latinoamérica es explicable la ausencia de interés público, de interés de los maestros, porque la mayoría de las reuniones en las que se habla de integración, son reuniones que se mueven a un alto nivel donde la gente común no está presente.

    Como ciudadano común, como sociedad civil, ¿qué me dan los procesos de integración? En el caso de América Latina hay un desequilibrio entre las agendas individuales, sociales, políticas, nacionales y las agendas de los diferentes instrumentos de integración regional. En el caso de Europa, lo que le ofrece la construcción europea al conjunto, es que se aprieten el cinturón para poder acceder a los requisitos del Tratado de Maastrich, cada vez más alejado de los intereses inmediatos de los ciudadanos que no encuentran la explicación a ¿por qué un doctor en historia no encuentra trabajo? ¿Por qué una Europa que integra; desintegra a marroquíes, a africanos en general, a los nuevos europeos rubios como los otros, y no encuentran trabajo?

    Tanto en América Latina como en Europa hay un componente común: hablamos de integración en determinados sitios, pero se sigue cantando el himno nacional todas las mañanas; el mapa del tiempo refleja el mapa de un país y, si se puede, se le ponen fronteras, como en el caso de España que recorta el mapa de Portugal del mapa del tiempo en España.

    Pero la vida cada vez está más impregnada de "globalidad", de blue jeans, de música de todas partes. Vivimos la globalidad por un lado, pero lo hacemos arcaicamente en nuestro país. Las zonas intermedias, los nuevos referentes de integración están ausentes, o son, como en el caso europeo, profundamente antipáticos porque ¿quién se enamora de Maastrich? Hacemos todo lo posible para que el proceso de integración cada día sea más antipático a los ciudadanos.

    Tanto en el seno del Convenio Andrés Bello, como en otras instituciones, ha habido pequeños ensayos para borrar las fronteras físicas. La historia del futuro se escribe también en las fronteras. Habría que promover programas de formación conjunta de maestros, que asistan los niños de uno y otro lado de las fronteras, que la gente se atreva a transgredirlas en las pequeñas cosas; que los ministros de educación tengan la osadía de mirar para otra parte si los niños de un país van a una escuela del país próximo. En el caso de las fronteras externas, vemos cómo Centroamérica las borra y al tiempo que lo hace, están creando fronteras internas.

    El juego de la cooperación internacional no debería estar ausente de este esfuerzo interno por la construcción de unas sociedades de paz. No puede ser que sigan cayendo paracaidistas que llegan a hacer proyectos, al margen de lo que sucede en las dinámicas internas. El paracaidismo en la cooperación internacional es un fenómeno digno de abordar en algún momento de este evento. Juan Miguel Bákula Perú

    Apoyo a las ideas expuestas en relación con la importancia que tiene la cooperación fronteriza. Todos sabemos que las fronteras crean una mentalidad y una psicología diferentes. Sólo se puede vivir y desarrollarse a través de una vecindad intensa, como es el caso del habitante fronterizo del Perú y Bolivia, del de Perú y Chile y del de Perú y el Ecuador. En este último caso, el poblador de esa vecindad no hablaba de fronteras, sino que se refería al que "está al otro lado de la raya". Esa simple expresión tiene una virtualidad de la cual todos deberíamos tomar nota.

    Hay necesidad de darle a la cooperación fronteriza una importancia particular que deriva del hecho de que esa cooperación es sólo el comienzo de la integración, porque en esta materia todavía estamos intentando acostumbrarnos al uso de la palabra. Integración es mucho más que cooperación; supone la creación de órganos de decisión, de órganos de gobierno que sean comunes y todavía en América estamos a una gran distancia de lograrlo.

    La cooperación fronteriza, como paso inicial, tiene que ser debidamente apreciada. Retomo el caso de las fronteras peruanas, porque tratándose de la frontera del Perú y el Ecuador hemos logrado convivir y cooperar para utilizar un elemento común, que es escaso: el agua. Esta da ocasión a conflictos en todas partes del mundo. En la frontera común entre el Perú y el Ecuador el agua es un elemento de acción recíproca. Augusto Ramírez Ocampo Colombia

    Apoyo todas las razones que se han expuesto sobre el tema fronterizo, que es vital. Es inverosímil que, por ejemplo, el Grupo Andino que tiene 25 años de creado, no haya sido capaz de superar el problema del tráfico fronterizo; seguimos con una lógica demente en donde pensamos todavía que hay que descargar los camiones "cuando llegan a la raya" y volver a cargar para que puedan pasar la frontera.

    Sobre las preguntas que hicieron los participantes en el debate, comento lo siguiente:

    1. Las distancias y la comunicación:

    Refiriéndome a los comentarios de Margarita Giesecke, es cierto, las distancias no son simplemente geográficas sino cómo se perciben. Evidentemente las distancias se han superado. Hoy nuestras realidades se mueven por la televisión. En eso, me parece que el padre Mac Gregor ha tocado un punto que a mi me preocupa extraordinariamente y que menciono con frecuencia: cómo la televisión que vemos los latinoamericanos está llena de violencia y fomenta la violencia.

    El acortar las distancias nos abrió la posibilidad de estar en todas partes, pero sin valores. Nuestros niños no hacen más que ver asesinatos. Según las estadísticas, en los Estados Unidos, un niño de 15 años ha visto perpetrar alrededor de 50 mil asesinatos; estamos montados no en una cultura de la guerra sino de la violencia.

    2. La corrupción como sistema de violencia

    El tema de la corrupción tiene, de contera, un efecto diabólico sobre la legitimidad de la democracia porque nosotros hemos advertido que la democracia tiene sobre las dictaduras, la virtud de la transparencia y que, por lo tanto, hace posible que los recursos efectivamente se manejen en beneficio del bien común. Lo que está ocurriendo en muchos de nuestros países es exactamente lo contrario; a tal punto ha llegado la situación que ya, por iniciativa del presidente venezolano Rafael Caldera, el año pasado se suscribió un convenio internacional, continental, en la lucha contra la corrupción.

    En un debate en que estamos enfrascados los colombianos en este momento, me asombro si lo comparo con lo que sucede en Alemania a nivel de corrupción. Allí se puede deducir del pago de los impuestos, como un costo más, el pago de las compras que corrompen; me parece que es inaudito que en la comunidad internacional pueda tolerarse algo semejante. Por lo menos en los Estados Unidos hay un código de conducta para las multinacionales, que las hace justificables en el caso de que acudan a esos expedientes. Pero mientras haya quienes puedan usar de sus recursos para corromper, vamos a tener que aceptar, dentro de esta veneración por los mercados, esa circunstancia tremenda.

    3. El porvenir de los historiadores

    Desde ayer ha aparecido el interrogante tremendo sobre el tema del porvenir de los historiadores, no por lo que decía Fukuyama, porque la historia no se ha acabado, si no por el problema de la falta de reconocimiento a los historiadores. La recomendación que da Margarita Giesecke para que nos miremos al ombligo, creo que es indispensable. Tenemos una enfermedad común y es que nos damos golpes de pecho, pero en el pecho de los demás y siempre le pasamos la responsabilidad a los otros sin reconocer nuestras propias fallas.

    4. La Comunidad Europea

    La Comunidad tiene todas las fallas que menciona José Antonio Fernández, pero hay una que a mi me preocupa en extremo, que es la de convertir el tema de la integración en un tema burocrático. Dicen por ejemplo, que los eurodiputados son hoy los mejor pagados de toda Europa y que no hacen nada; no legislan, pero constituyen un ingrediente fundamental para hacer participar al pueblo en el proceso de integración.

    Hay un aspecto difícil de trascender. Aquí se ha anotado cómo la integración sigue siendo un coto de caza particular de quienes están iniciados en el tema. Era lo que nos pasaba con los economistas, que hablaban una jerga incomprensible que no era del dominio del resto de los mortales. La integración hay que hacerla llegar a todos los niveles; hay que mostrar para qué sirve y no señalar simplemente sus dificultades, como por ejemplo, las huelgas de los campesinos franceses, o las importaciones de España, etc.

    ¿Cuánto ha significado para América Central bajar en El Salvador, de 68.000 efectivos a menos de la mitad? ¿Cuánto va a significar para Guatemala esa misma circunstancia, que implica alrededor del 1.5, al 2% del Producto que América Central no va a invertir en guerra? Yo creo que eso tiene unas compensaciones que superan con creces algunas de las dificultades transitorias. Pompeyo Márquez Venezuela

    Hay plena coincidencia sobre el papel de la integración fronteriza que, como decía Ramírez Ocampo, está llena de dificultades. Allí tenemos problemas de toda índole, pero precisamente eso es lo que hay que resolver, partiendo de la importancia que debe dársele dentro del proceso general de la integración. Ello implica -al hablar de una cultura de la integración-, comprender las especificidades de las fronteras, que son distintas a las de las capitales de los estados.

    En las fronteras no sólo se ve una integración económica sino también una integración familiar. Ya se dijo que hay un "después de la raya"; es la diferencia que hacen los estudiosos del tema, entre lo que es la línea fronteriza y la zona fronteriza. La línea fronteriza es un hecho divisorio, la zona fronteriza es la gente. En la zona fronteriza está la gente y tiene fluidez en su comunicación.

    El ejemplo que más conozco es el de Venezuela y Colombia. Por un lado tenemos esa dificultad en las fronteras, pero por otro, el comercio entre los dos países se acerca este año a los tres mil millones de dólares. Tenemos que movernos en distintos planos y no ver los procesos integracionistas como procesos lineales. Son procesos complejos, contradictorios y difíciles. La meta es el proceso de integración que no sólo es bilateral sino también multilateral y trata de abarcar a todo el continente. No hay que mirar sólo los problemas de la integración sino también sus aportes. ¿Qué deja la integración?

    Yo soy el alto comisionado en las negociaciones bilaterales con Colombia desde hace ocho años. Allí uno encuentra que hay empleo, que hay industrias que si se hubiesen confinado al mercado nacional hubieran tenido que cerrar, pero que al ampliar su ámbito, son industrias que han comenzado a reactivarse; eso significa empleo, significa que las economías de Colombia y Venezuela pueden aportar unas a otras, porque en la mayoría de los casos son complementarias, no contradictorias.

    Los procesos de integración pueden tener éxito cuando buscamos la complementariedad y esa complementariedad incluye la educación. La educación es tecnología, es competitividad; competitividad es mano de obra calificada y es técnica. Si no hay competitividad, no podemos acceder a los mercados. En consecuencia, estos son temas que a la hora de hacer énfasis en la paz, en la democracia y en todo lo que tiene que ver con el estudio de la historia, debemos jerarquizar.

    Podría hablar mucho más sobre el tema, pero lo que deseo es motivar a los investigadores y a los estudiosos de la historia. Lamentablemente en los avatares de la vida perdí una investigación que realizaba sobre el papel de los negros y de los indígenas en la lucha por la independencia. Nosotros revisamos los textos de historia y, cuando más, se hace mención a una de las sublevaciones pre independentistas en el caso venezolano, que acaba de cumplir 200 años. Pero éstas estuvieron precedidas de centenares de movimientos por todo el país. Al revisar los textos habria que incluir a aquellos actores que aún cuando no fueron soldados, se incorporaron luego al proceso independentista. Estamos en deuda con ellos porque apenas se mencionan en los textos históricos; habría que profundizar sobre el papel que desempeñaron

    Creo que es justo que a la hora de reivindicar lo ético y reivindicar el pasado, también reivindiquemos a aquellos actores casi olvidados y que nuestras jóvenes generaciones no valoran.
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    This page last updated: 11 November 1997
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